Colaboración FamiliyandMedia.eu – 29.01.2018

 

 

 

¿No te pasa a veces que llegas a casa en "piloto automático" con la cabeza en otro lado, pensando aún en el trabajo, mirando los chats de WhatsApp y sin darte cuenta no te comunicas con tu esposa(o) e hijos?

 

Si la respuesta es sí, ofrecemos a continuación unos consejos para mejorar la comunicación dentro de las paredes domésticas. Pues a menudo, los problemas de la vida cotidiana nos hacen descuidar las relaciones con las personas que más amamos.

 

¿Cómo reavivar una comunicación adormecida? He aquí 10 rápidos consejos:

 

1. Utiliza bien la tecnología

 

Los medios de comunicación modernos son grandes recursos para la familia, y nos permiten estar en contacto fácilmente: agilizan las actividades cotidianas y nos ayudan a gestionar la comunicación a distancia. Sin embargo, hay que poner atención para no sustituir con estos medios la comunicación cara a cara, y para no perdernos en ciertas chats que pueden destruir nuestra autoestima y crearnos ansiedad… ¿Un ejemplo? Los remolinos que se crean en los grupos de chat con otros padres… si no mantenemos bajo control la situación, se podría resentir nuestra salud mental.

 

2. Cultiva el diálogo dentro de la pareja

 

Cuando uno se convierte en padre o madre, verdaderamente entiende cuánto cuestan los hijos a nivel de energías… y si nos dejamos arrastrar por la atención de los niños, corremos el riesgo de olvidarnos de la relación de pareja. Y esto es muy dañino, en primer lugar para los cónyuges, pero también para los hijos.

 

Recordemos que los niños necesitan sobre todo un ambiente sereno, y dos padres unidos, que se quieran mucho. No tengas miedo a delegar alguna vez, y pide ayuda para poder pasar un poco de tiempo juntos.

 

3. No dejes las cuestiones pendientes

 

Si entre nosotros hay algo que se queda sin resolver, deja otras cosas (dentro de los límites de lo posible, por supuesto: la familia tiene que comer y los niños tiene que ser acompañados a la escuela), y aborda el problema. Mejor una mancha más en el suelo, que un nudo sin desatar en una relación de pareja...

 

4. Utiliza palabras amables

 

El estrés y las preocupaciones nos llevan a veces a alzar la voz, a decir las cosas con un tono descortés, a tratarnos con aire de suficiencia.

 

La familia es una máquina generadora de paciencia, pero a veces el engranaje se atasca. Alzar la voz es humano y nos puede pasar, especialmente cuando la jornada empieza mal y termina peor. Pero no nos acostumbremos, procuremos disculparnos, y a recomenzar de cero.

 

Recordemos también que los niños se fijan en la comunicación de los padres. Si nosotros procuramos cultivar la amabilidad, nuestros hijos irán en la misma dirección.

 

5. Sean expertos en compartir

 

A veces, la rutina puede llevarnos a hablar sólo de cuestiones prácticas (¿has tirado la basura?, ¿has pagado las cuentas?, ¿has comprado el pan?). Recordemos que la familia necesita una comunión auténtica. Hablemos de lo que nos sucede, contemos anécdotas, juguemos juntos. La familia no está compuesta de planetas aislados… hablar, incluso de cosas sin importancia, fortalece las relaciones.

 

6. Utilicen la ironía, también ante las dificultades

 

Cuando sucede algo imprevisto que trastorna nuestros planes (un fallo, un olvido, una factura), la primera reacción que tenemos es enfadarnos y traspasar nuestro estrés a los demás miembros de la familia. Recordemos que “lo que no mata, engorda”, y que todo lo que nos pasa enriquecerá de algún modo nuestra historia familiar y nos unirá más… ¡aprendamos a reírnos de los imprevistos!

 

7. Abrazos: no existe solo la comunicación verbal

 

¿Sabías que los abrazos son antidepresivos naturales, que proporcionan serenidad y equilibrio? ¡Probar para creer! No todo se resuelve con palabras.

 

8. Acuérdense de decir “gracias”

 

El Papa Francisco no se cansa nunca de repetir que es importante pedir disculpas y dar las “gracias” en la familia. ¿Cómo no darle razón? Recibir gratitud nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros. Si estamos agradecidos a alguien, digámoslo: nadie sabe leer en el pensamiento (sólo las mujeres lo consiguen alguna vez, pero también a ellas se les escapan cosas).

 

No demos nunca por descontado el bien que nos han hecho, no olvidemos agradecer explícitamente su ayuda a nuestros familiares, aunque solo sea encontrar la mesa preparada al volver del supermercado...

 

9. Compartir también nuestras fragilidades

 

¿Cuántas veces, por orgullo, vergüenza, miedo… nos ponemos una máscara? ¿Cuántas veces intentamos ocultar nuestras debilidades y nuestra tristeza? En cambio, la familia debe ser el primer lugar de acogida y en ella debe reinar la transparencia. Abrámonos y permitamos a las personas que queremos que se abran… un peso llevado entre dos, tres, cuatro, se divide… tantas veces cuantos son aquellos que lo comparten.

 

10. Saber decir “no” cuando es necesario

 

Aprendamos a decir que “no”, a corregirnos mutuamente, a seleccionar lo que va bien y lo que no para nuestra familia. Un “no” dicho con amor es mejor que un “sí” dicho por pereza.

 

¿Tienes alguna “regla” que añadir? Escríbela en los comentarios. Este decálogo puede ser ciertamente enriquecido por nuestras experiencias… una vez personalizado, ¿por qué no colgarlo en un lugar visible de la casa?

 

*Por Cecilia Galatolo. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

 

Revistamision.com - 04.12.2017

 

Foto: Freepik 

 

Cada vez es más frecuente que los niños cenen pronto para irse a la cama y que, una vez acostados, cenen los padres. También es habitual que, cuando los hijos son mayores, cada uno cene conforme llega a casa, en “compañía” de la televisión o de un dispositivo electrónico…

 

Con el objetivo de “rescatar” esta sana costumbre y de hacerla más placentera para aquellas familias que aún la siguen practicando, nació hace seis años una iniciativa interdisciplinar como parte del Proyecto Zero desarrollado por la Universidad de Harvard: The Family Dinner Project (FDP o, en español, Proyecto Cenas en Familia).

 

La terapeuta familiar Anne Fishel, cofundadora del proyecto FDP y autora del libro Home for Dinner: Mixing Food, Fun, and Conversation for a Happier Family and Healthier Kids (2015) –en español, ‘En casa para la cena: combina comida, ocio y conversación para que tu familia sea más feliz y tus hijos estén más sanos’–, asegura que las cenas son el evento de la rutina familiar “que más dividendos produce”.

 

A las familias que cenan juntas les irá bien

 

Fishel está convencida de que si las familias cenaran juntas, su trabajo como terapeuta familiar “sería innecesario”, pues está demostrado que “aquellas que cenan juntas padecen menos estrés y sus miembros se sienten mucho más unidos”.

 

Además, “al llegar a la adolescencia, los hijos de estas familias son menos propensos a padecer desórdenes alimenticios o depresión, así como a abusar de ciertas sustancias o a ejercer de forma precoz su sexualidad”, dice.

 

Por si fuera poco, Fishel añade un par de datos especialmente llamativos: “La conversación que tiene lugar alrededor de la mesa incrementa de un modo significativo el vocabulario de los niños, incluso más que leerles cuentos antes de dormir, y, además, mejora su rendimiento escolar”.

 

Por eso, FDP intenta que cada vez sean más las familias que puedan beneficiarse de estas ventajas. Y lo está logrando: “Más de un millón de familias en Estados Unidos ya han participado en alguna de las modalidades de FDP”, afirma.

 

Cenas más saludables

 

FDP se centra en sacar el máximo partido de todo lo que ocurre alrededor de la mesa familiar. Por una parte, la cena puede convertirse en un espacio de entretenimiento cotidiano y, a la vez, garantiza una alimentación más saludable.

 

Según Fishel, “está comprobado que, durante las cenas en familia, los niños comen menos grasa, azúcar y sal, y que aprenden a comer más verduras y vegetales, por lo que disminuye la probabilidad de que sufran obesidad. Además, se ha demostrado que cuando estos niños comienzan a hacerse cargo de su alimentación, mantienen estos hábitos saludables”, asegura.

 

Si no es posible cenar juntos, al menos desayunar o merendar

 

Para aprovechar estos múltiples beneficios, es suficiente con que la familia cene junta cinco días a la semana. Sin embargo, si para una familia es difícil reunirse a la hora de la cena, FDP les plantea que desayunen juntos, tomen la merienda o se reserven las comidas del fin de semana.

 

No hay una fórmula única, lo importante es establecer esta “cita familiar”, en un horario y un espacio previamente concertados.

 

¿Muy ocupados para cocinar?

 

Muchas familias dicen estar demasiado ocupadas o muy cansadas al final del día para ponerse a cocinar. En estos casos, Fishel recomienda cocinar el doble durante el fin de semana y congelar en recipientes lo que sobre para otro día de la semana.

 

Cuando se lamentan de que sus niños se resisten a comer, Fishel indica que no conviene caer en el “si te tomas el calabacín, podrás comer helado de postre”, pues esto los hace aún más quisquillosos con la comida. También aconseja no dejarlos picar entre horas ni comer en el coche.

 

En aquellos casos en los que los adolescentes de la familia se muestren reticentes a participar en las cenas, la terapeuta familiar sugiere “crear una atmósfera alegre y cálida durante la cena”, ¡y libre de tecnología!, pues “la tecnología es una de las mayores fuentes de tensión”.

 

Fishel ha estudiado el fenómeno y ha observado que los padres utilizan los dispositivos tecnológicos en la mesa el doble que sus hijos, así que propone que sean los adultos los primeros en modificar su comportamiento, y que “fijen parámetros claros: ‘vamos a dejar los móviles en una cesta’ o ‘solo vamos a usar el móvil para compartir entre nosotros (una foto graciosa, un e-mail…), pero no para comunicarnos con alguien que no esté con nosotros en la mesa”.

 

Que los niños participen desde la cocina 

 

Fishel recomienda que los niños participen en el proceso de planear y preparar las cenas para que las disfruten más.

 

“Cualquier tarea que implique que los niños toquen los alimentos, los mezclen o los elijan, los convierte en ‘accionistas’ de este proyecto y contribuye a que quieran cenar con más gusto”.

 

Por ejemplo, podemos pedirles que nos acompañen al supermercado y que elijan un vegetal interesante para, luego, poder cocinarlo juntos en casa”. Y concluye: “A la mayoría de los niños les gusta ayudar y debemos animarlos a hacerlo”.

 

Contar las historias de la familia

 

FDP anima a los participantes a contar historias sobre su familia durante las cenas, pues se ha descubierto que esta práctica genera grandes beneficios. Por ejemplo, “los niños que aprenden a contar historias son mejores lectores –explica Fishel–. Además, aquellos que conocen el pasado de su familia son más resilientes y tienen una mayor autoestima”.

 

El Proyecto emplea unas tarjetas con preguntas que ayudan a iniciar la conversación: invitan a los participantes a contar, por ejemplo, la historia de una receta familiar, la de alguien que haya superado una dificultad en su familia o la historia de amor de sus padres… En su página web sugieren preguntas adecuadas para cada grupo de edad.

 

*Publicado originariamente por Isabel Molina en www.revistamision.com

 

 

Por LaFamilia.info - 17.11.2017

 

 

Ni en América Latina ni en España tenemos la costumbre de celebrar el ‘Día de Acción de Gracias’ o  ‘Thanksgiving’; la fiesta más popular de Estados Unidos y Canadá. Es una fecha que refuerza valores tan importantes como la unión familiar, la solidaridad, el respeto y por supuesto el agradecimiento a Dios. 

 

¿De dónde nace esta celebración?

 

Buscando sobre el origen de la fecha encontramos que hay varias versiones. Una opinión corriente afirma que todo surgió en 1621 cuando un grupo de colonos de Plymouth, actual estado de Massachussetts, compartieron una comida con los indios “wampanoag” para celebrar la cosecha del otoño y agradecerles que les hubieran enseñado técnicas de cultivo y caza.

 

Sin embargo, no fue hasta 1863, en medio de la Guerra Civil, cuando el presidente Abraham Lincon proclamó Acción de Gracias como un día festivo a nivel nacional. Y finalmente se establece de manera oficial por el Congreso en 1941, bajo el mando del presidente Franklin D. Roosevelt.

 

Algunos estudiosos creen que los orígenes de Acción de Gracias se remontan a fechas anteriores a 1621 y lo datan en 1565, cuando el explorador español Pedro Menéndez de Avilés invitó a los miembros de la tribu local a una cena en St. Augustine, Florida, después de la celebración de una misa para agradecer a Dios la llegada segura de su tripulación, cuando colonos británicos llegaron a Berkeley Hundred en Virginia. 

 

Lo cierto es que las diferentes versiones se encuentran en un punto: el valor del agradecimiento, y esa es la reflexión a la que nos queremos referir. 

 

Un encuentro de familia

 

Este día se caracteriza porque los hogares están llenos de gente, hay una deliciosa cena con pavo horneado, las calles están vacías y las familias reunidas, todos viajan desde sus lugares de origen para este gran encuentro. Y en medio de la celebración con especial fervor, las familias agradecen a Dios por las bendiciones recibidas durante el año.

 

‘Thanksgiving’ es considerado un tiempo de reflexión, de unión familiar y de armonía; un momento oportuno para perdonar y vivir la solidaridad. Todos estos valores son los que tenemos que rescatar y mantenerlos vivos, pues lastimosamente el comercio ha ido opacando esta costumbre con el famoso ‘Black Friday’, un día de grandes ofertas posterior al de ‘Acción de Gracias’. 

 

Aprovechemos además esta bonita celebración de los estadounidenses para recibir el Adviento, tiempo en el cual nos preparamos para el nacimiento de Jesús.  

 

 

Catholicexchange.com - 20.11.2017

 

Foto: Freepik 

 

Con frecuencia damos por sentado que nuestra familia es unida y así se mantendrá por siempre. Y confiarse en esta actitud es uno de los grandes errores: si la planta no se riega se muere; lo mismo ocurre con las relaciones familiares, cualquiera que sea (esposos, padres e hijos o familia extendida). Si no trabajamos por nuestro hogar, es probable que llegue la frialdad, la falta de comunicación, el aislamiento y por último la separación.

 

Por eso caen tan bien estas “vitaminas” para reforzar la familia que propone el padre Brown -experto en familia y comunicación-, quien presenta diez sugerencias concretas para ayudar a todos a fortalecer y proteger la familia. 

 

1. Oración en familia

 

Una de las principales causas de peleas, lucha, amargura, frialdad y, finalmente de las separaciones es la falta de oración en la familia. Lo que el oxígeno es para los pulmones, la oración es para el alma. Por ello, la oración debe estar en el centro y en el corazón de la vida familiar. Como dijo el sacerdote Patrick Peyton: “La familia que reza unida permanece unida”.

 

2. El padre como cabeza de familia

 

Cuando sea posible el padre debe ser la cabeza de la familia y la madre el corazón mismo. Una familia sin cabeza es un Frankestein; una familia sin corazón está muerta. De este modo, el padre debe ser el “líder espiritual” de la familia, el ‘sacerdote’. Esto significa que el padre debe amar a su mujer e hijos. El mejor ejemplo es San José.

 

3. Perdón y misericordia

 

En muchas familias, la frialdad, la indiferencia y hasta la amargura impregnan todo el tejido familiar. Una de las razones de esto es la falta de perdón. Los miembros de la familia deben ser misericordiosos y perdonar, no sólo siete veces, sino setenta veces siete, es decir, siempre. Por ello, si uno quiere ser perdonado tiene que perdonar desde su corazón.

 

4. Palabras ganadoras y victoriosas: “lo siento”, “te perdono” 

 

El poeta británico Alexander Pope escribió: “Errar es humano, perdonar es divino”. Los miembros de la familia, cultivando una verdadera humildad de corazón, tienen que aprender a decir estas palabras: “Lo siento”. Y otra igualmente importante: “Te perdono”. Estas palabras dichas a menudo y desde la humildad pueden salvar familias.

 

5. Actitud de servicio

 

Todos y cada uno de los miembros de la familia no tienen que esperar ser servidos sino estar siempre listos para servir al resto de sus familiares. Amor y servicio son realmente sinónimos.

 

6. Dar las gracias

 

Es una sola palabra, a veces considerada insignificante, pero es una receta para la familia. Se trata de la palabra “gracias”. San Ignacio de Loyola afirmaba que “la esencia del pecado es la ingratitud”. Cultiva en tu familia una “actitud de gratitud”. 

 

7. Descansar de los dispositivos móviles

 

Uno de los momentos claves en la vida familiar tiene que ser el tiempo de la comida o la cena. Normalmente es cuando la familia está junta, comparte experiencias, pasa tiempo junta para así crecer en amor unos con otros. Una imagen cómica que refleja la vida real de muchas familias mostraba al padre viendo la televisión, la madre conectada a su tableta, el hijo jugando a un juego de ordenador y la hija adolescente mandando un mensaje con su teléfono móvil.

 

Por ello, a la hora de las comidas y las cenas, no es más que un pequeño rato, no debería haber teléfonos, ni tabletas, ni radio ni televisión. Cada persona tiene un valor infinito y su alma es inmortal. La televisión y los teléfonos pasarán y desaparecerán.

 

8. Aprender a escuchar

 

Qué difícil es realmente el arte de escuchar, especialmente a los miembros de la familia. El ritmo frenético y las prisas de ir de una actividad a otra marcan a muchas familias. Y así es difícil escuchar a un miembro de la familia que lo necesita o que simplemente quiere hablar. Y otra cosa, nunca se está lo suficientemente ocupado para no poder escuchar a los hijos.

 

9. Celebración

 

Jean Vanier, fundador de las comunidades católicas de El Arca, que trabajan con personas discapacitadas, dijo: “¡Las familias están llamadas a celebrar!”. Los cumpleaños, los aniversarios, fiestas como la Navidad y la Pascua y muchas más, son momentos festivos y exuberantes de celebración en el contexto de la familia.

 

“Hay que celebrar al otro en la familia". Para inyectar una buena dosis de alegría en la familia no hay nada mejor que tener el hábito de celebrar.

 

10. Consagración a María

 

Ed Broom afirma que en sus retiros ha presentado a María como un medio eficaz para llegar al Corazón de Jesús. La preparación y la consagración a la Virgen de toda la familia puede producir abundantes frutos, tales como paz, alegría, amor, felicidad, comprensión, paciencia, pureza, mansedumbre, amabilidad. 

 

*Publicado originalmente en catholicexchange.com. Traducido por ReL

 

ReL - 10.11.2017

 

Foto: Freepik 

 

Hirukide, la Federación de Familias Numerosas de Euskadi, tiene muy bien acostumbrados a los seguidores de sus campañas con videos promocionales que en ocasiones son auténticos cortos y han marcado un hito: sobre la compartición de las tareas del hogar, sobre la importancia de la familia en la superación de la crisis económica, sobre la rebelión adolescente ante los consejos paternos, sobre la valía 'profesional' del trabajo del ama de casa... El último aborda una cuestión de gran importancia personal, familiar y social: el papel de los abuelos en el hogar.

 

Y a esto se ha referido el Papa Francisco en varias oportunidades, en las cuales ha lamentado el comportamiento hacia ellos de la cultura del descarte: "Es feo ver a los ancianos descartados, es algo feo, es pecado. No se dice abiertamente, pero se hace". Además evoca su amor como centro de la familia: "Una de las cosas más bellas de la vida de familia, de nuestra vida humana de familia, es acariciar a un niño y dejarse acariciar por un abuelo y una abuela".

 

Los datos hablan por sí solos

 

Según un estudio de la Fundación Pfizer en 2014, ese papel de los abuelos en el hogar se ha incrementado a raíz de la reciente crisis económica, y el punto que más destacan los entrevistados (un 59,3%) entre las tareas asumidas es justo el de la interacción con sus nietos para cuidar de ellos. Y nada menos que un 18,4% responde, directamente, "hacer de padres".

 

 

 

Del mismo modo, según la Encuesta de Mayores que realizó el Imserso en 2010, la mitad de los abuelos cuida de sus nietos todos los días y dedican a ello una media de seis horas, lo que supone una influencia enorme para su educación.

 

Con los abuelos, somos +Familia

 

Todo ello está muy presente en el nuevo video de Hirukide, titulado Con los abuelos, somos +Familia, probablemente el más emotivo de todos los de la serie. 

 

 
 

 

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