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Vicente Prieto - El Confidencial
17.06.2013

 

La mayor parte de las personas que cuidan a familiares enfermos de manera continuada, sufren un importante desgaste emocional. Manifiestan que se sienten nerviosas, muy tensas, en alerta y preocupadas durante la mayor parte del día. Perciben que no tienen vida propia, que poco a poco van abandonando hábitos saludables, no duermen bien, no tienen ocio, no se cuidan físicamente. Salen con menos frecuencia con las amistades, no se sienten valorados ni comprendidos ni apoyados por el resto de la familia y van desarrollando un sentimiento de soledad y de tristeza intensos.

 

En general no podemos controlar que ocurran circunstancias adversas, como puede ser una enfermedad en un ser querido, pero sí aprender a controlar mejor las emociones, a facilitar el cambio de hábitos, a comunicarnos teniendo en cuenta al familiar, a aprender a cuidarnos para cuidar mejor, a tener objetivos e ilusiones, en definitiva a recuperar nuestra vida siendo esta actitud perfectamente compatible con la labor de cuidar. No estamos predeterminados a estar mal. Si pensamos de manera realista, si aprendemos a no anticipar escenarios negativos lograremos tener estados emocionales más estables durante más tiempo. Estrategias útiles para cuidar sin abandonarse a uno mismo:

 

Cuidar tiene que ser la consecuencia de una decisión y no de una obligación. Tenemos que planificar el tiempo que dedicaremos a cuidar, las actividades y cómo vamos a realizarlas. Todo esto tiene que ser compatible con otras áreas importantes en la vida del cuidador: descanso, trabajo, relaciones con el resto de familiares, amistades, ocio y sobre todo con el propio cuidado físico.

 

Aprendamos a gestionar nuestras emociones para cuidar desde la serenidad. La ansiedad podemos reducirla con la respiración abdominal, con la relajación muscular y cambiando nuestros pensamientos negativos por otros más realistas, basados en los datos y no en nuestra interpretación de la realidad. Vivamos y disfrutemos en el aquí y en el ahora con lo que tenemos sin mirar a lo que tendríamos que tener, a lo que hemos perdido. También es imprescindible controlar nuestra ira cuando interaccionamos con la persona dependiente. Tenemos que luchar contra la enfermedad y no contra la persona. Hagámonos la pregunta de ¿qué objetivo tengo en este momento con mi familiar enfermo? Y respondernos desde qué puedo aportar para facilitar calidad de vida y un instante de serenidad. La paciencia será un buen aliado para la persona que cuida.

 

La tristeza es una emoción frecuente y normal en las personas que cuidan porque tienen que enfrentarse a momentos difíciles, sobre todo cuando ven que su familiar sufre, que tiene dolor, que tiene alguna limitación importante. Es importante asumir la realidad y no sentirse culpable por no poder solucionar muchos de los aspectos de la enfermedad. Es aconsejable focalizar la atención no solo en resolver puntualmente algunas de las necesidades y demandas que le plantea el enfermo sino en otros aspectos que no tienen nada que ver con el proceso de cuidar, como puede ser una buena lectura, una conversación con un familiar o amigo sobre aspectos que pueda distraerle, realizar cosas que le gustan, entre otras cosas.

 

Confiemos en nuestros propios recursos para conseguir los objetivos que hemos previsto para cuidar. Sabemos que las habilidades más importantes del cuidador es dar afecto y estar cerca del enfermo desde el respeto y la comprensión. Escuchar, comprender, resolver problemas, promover cambios de comportamiento, motivar, tomar decisiones, expresar emociones, detectar necesidades, conocernos mejor, descubrir valores en el otro y en nosotros mismos, entre las más importantes.

 

Ponernos en marcha y hacer que las cosas ocurran. Pocas palabras y más acción. Tenemos que ser proactivos y dar los pasos necesarios para conseguir aquello que dependa directamente de nosotros mismos, que no es poca cosa.

 

Pediremos ayuda a la familia, amigos e instituciones cuando lo consideremos necesario. Si la situación de cuidar empieza a desbordarnos, si notamos que la sintomatología descrita anteriormente se intensifica y si nuestra vida va cambiando a peor, no esperemos a tener un desgaste emocional importante y tomemos las decisiones oportunas para cambiar esta situación pidiendo ayuda.

 

Cuidemos nuestra salud. Descansar, realizar ejercicio físico, tener una alimentación saludable, distraerse, acudir periódicamente a las visitas médicas, son estrategias que no podemos abandonar. Cuidar no significa descuidarse a uno mismo.

 

Utilicemos la escucha activa y seamos empáticos. La comunicación con el enfermo tiene que ser constructiva, cargada de positividad pero sin ocultar la realidad. Si el enfermo se siente escuchado y comprendido, su estado de ánimo será un poco más estable y tendrá el sentimiento de estar acompañado en todo el proceso de su enfermedad. También es importante expresar con claridad lo que pensamos y sentimos, de esta manera crearemos un clima de confianza con el enfermo y facilitará que éste pueda desahogarse cuando lo necesite.

 

Cuidar es una actitud, una forma de mirar a la persona enferma y no solo un plan de actividades que realizamos con el enfermo. Desarrollemos nuestras habilidades interpersonales para apoyar en todo momento al familiar con dificultades pero sin abandonarnos a nosotros mismos.

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