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LaFamilia.info
27.02.2007

 

 

En cualquier tipo de organización, si se lleva una mala orientación y no existe autoridad, es lógico que sobrevenga el caos y se derrumbe la estabilidad. Esto es particularmente válido para la familia, célula primaria de la sociedad, en la cual las cosas marchan según la dirección que imprimen los padres.

 

Y es que ningún triunfo personal de cualquiera de los miembros de una familia, puede anteponerse al fracaso de una familia. Aunque frecuentemente los triunfos personales se miden por el éxito en los negocios, la afluencia social o la popularidad, estas son cosas pasajeras. Hay realizaciones más altas que sí reflejan un aporte permanente y perdurable a la sociedad: los hijos y la descendencia.  Ellos son la continuación de la sangre y del ser.

 

Si se quiere dejar un recuerdo en la posteridad, se debe trabajar en el futuro de la familia. Y la única forma de lograr resultados profundos y que dejen huella es haciendo énfasis en el aspecto espiritual de la familia. Están equivocados aquellos que piensan que las obligaciones con sus familias se reducen a atender los gastos domésticos. Esta es una de las principales causas en los fracasos de los hogares pues ¿de qué vale dejar una fortuna económica a los hijos, si no tienen la formación adecuada para hacer buen uso de esos bienes?

 

Pregúntese qué está logrando

 

Nunca es tarde para hacer una pausa en el camino y preguntarse si su familia triunfa como una organización en la que sus miembros están bien guiados hacia una meta y practican los valores y virtudes que se les han enseñado, o si los esfuerzos de la organización familiar están concentrados en lograr bienes materiales.

Analice cuántas horas le dedica a los negocios y si deja de darle tiempo a la familia por ocuparse en producir. Recuerde que las palabras de un padre o una madre a sus hijos al interior del hogar pueden dejar más huellas que una buena movida económica.

 

Tentaciones que inducen al fracaso

 

Tanto papá como mamá pueden caer en errores que no hacen otra cosa que perjudicar la unidad y la armonía de la familia. Estas son algunas de esas tentaciones comunes en las que debe evitarse caer:

 

MAMÁ

PAPÁ

Tentación del exclusivismo hacia los hijos, descuidando otros deberes del hogar.

Tentación del machismo: Cuando se considera a la esposa como un simple elemento ‘sexual-doméstico’.

Tentación del dominio: Cuando una madre pretende que el hijo siga dependiendo  de ella toda su vida y no lo deja desarrollarse como persona independiente.

Tentación de querer vivir su propia vida: Cuando no se hace partícipe a la esposa e hijos de los planes de diversión y entretenimiento, sino que elige salir con sus ‘amigotes’.

Tentación del propio abandono: Cuando una madre se dedica con tal intensidad al cuidado de la familia, que se descuida física y espiritualmente. El abandono intelectual es una de las barreras que se interponen entre padres e hijos.

Tentación de delegar responsabilidades: Cuando se deja la educación de los hijos a la esposa por la falsa creencia de que ‘el hombre provee y la mujer educa’.

La tentación del olvido conyugal: Es cuando se descuida al esposo por atender a los hijos. Este problema es, en muchas ocasiones, motivo de infidelidad y fracasos matrimoniales.

Tentación de estar siempre cansado: Con esta excusa se mantiene al margen de los trabajos y problemas del hogar sin mostrar interés por colaborarle a la esposa.

Tentación de la preferencia: Es la desigualdad en la distribución de afecto y atenciones a los hijos. Esto crea un gran resentimiento en la familia.

Tentación de la indiferencia: Cuando no hay detalles con la esposa e hijos y se olvidan ocasiones como aniversarios y cumpleaños, aparecen consecuencias dañinas para la unidad de la familia.

 

Existen además defectos que se dan en las actitudes de los padres hacia los hijos que llevan al fracaso de la familia como una institución exitosa. Algunos de ellos son:

 

Autoritarismo: Es el mandar por mandar. Es un defecto propio de padres sin carácter y egoístas, quienes no se interesan por escuchar a sus hijos ni los valoran como seres individuales.

 

Prohibicionismo: Padres que a toda hora utilizan la expresión: ‘no hagas’. Los mandatos deben ser siempre positivos. Por ejemplo, en vez de decir ‘no camines por la calle’, decir: ‘súbete a la acera’.  El decir siempre NO a los chicos, les crea una actitud negativa y temerosa ante la vida.

 

Apasionamiento: Es carecer de serenidad cuando los padres regañan o castigan a sus hijos. De esta forma se cometen injusticias que pueden crear temor y recelo de los hijos hacia los padres.

 

Interferencias familiares: Cuando personas diferentes a los padres intentan fiscalizar o intervenir en la educación de los hijos. Esto crea gran confusión y diferencia de criterios, lo cual es muy perjudicial para la unidad de la familia.

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