LaFamilia.info
10.05.2008
 

 

El “estilo” es la tarjeta de presentación de cada persona; es la forma de manifestar su personalidad. Sin embargo, hay un espacio en el que no se suele hablar de estilo: el de la familia.

 

El estilo de una familia es la “marca” que la distingue y que concreta los valores que en ella se viven, que no son necesariamente iguales a los que se viven en las demás familias. Es el estilo familiar el que conforma las maneras de actuar de cada uno de sus miembros y sus formas de relacionarse entre sí o externamente.

 

Cuando la familia tiene un estilo marcado y desarrollado, los hijos aprenden a distinguirle, quererle y defenderle, sólo con el vivir del día a día. Llegado el momento, entienden cómo su comportamiento, en determinadas circunstancias, no puede ser como el de otros amigos, pues no corresponde a su estilo de vida familiar. De igual manera comprenderán que la vida en la familia de sus amigos, nada tendría que ver con la de la suya.

 

No es extraño que un niño de 7 años perteneciente a una familia con un estilo propio donde las comidas alrededor de la mesa son el pan de cada día, regrese de la casa de su amigo chocado por la diferencia de costumbres a la hora de la comida donde cada miembro come frente al televisor o en su propia habitación.

 

La familia y su estilo lo determinan los padres pero se construye entre todos, aportando cada uno lo que puede en función de su edad y posibilidades.

 

Encontrar la identidad familiar

 

Cada familia ha de encontrar su propia identidad… ¿Quién soy como familia?. ¿Qué familia espero ser…?. Y establecer puntos de referencia que guíen y orienten a sus miembros y a esas nuevas generaciones a las que tiene que educar.

 

Las características de cada familia emergen de su propia estructura. En un mundo donde prima lo efímero, la decisión de crear una familia no puede entrar dentro de la dinámica, de probar y desechar, si no que ha de partir de una reflexión, y toma de conciencia de la repercusión que su formación, desarrollo y disolución tiene en la crianza y educación de los hijos.

 

Para formar una familia es preciso preguntarse cómo se forma y qué tipo de familia se va a crear.

 

El estilo democrático

 

El estilo de familia que emerge actualmente de nuestra sociedad exige que sea ella misma, la que decida sus funciones y participe activamente en su organización. Esta situación requiere que siga criterios democráticos de participación y facilite relaciones simétricas entre sus miembros.

 

¿Qué es necesario para lograrlo?. Una buena dosis de creatividad. La familia deja de ser la representación mental que cada cual tiene en función de sus experiencias, para convertirse en algo diferente, intentando buscar nuevas vías y alternativas que mejoren su convivencia, como fruto de las decisiones tomadas entre los implicados que tratan de tener una identidad propia de familia.

 

¿Cómo se propone un estilo innovador de organización?. ¿Cómo se ayuda a las familias a plantear un sistema democrático de convivencia? Uno de los desafíos que se le presenta es descubrir que se aprende a ser familia, y como todo aprendizaje requiere esfuerzo, constancia, disciplina y una buena dosis de querer aprender.

La propuesta para perfilar este modelo tiene que partir de la propia familia. Se pueden establecer tres fases:

 

1ª Fase: Análisis de la realidad familiar

 

¿Qué tipos de relaciones existen entre sus miembros? ¿Qué papel juegan cada uno de los componentes? ¿Quién atiende a las necesidades de los hijos? ¿Cómo perciben los hijos las necesidades de los padres? ¿Cómo son sus comunicaciones? ¿Cómo se distribuyen las tareas? ¿Cuáles son los valores que rigen su vida familiar? ¿Qué relaciones establece con otros ámbitos sociales?

 

Para ello, los miembros de la familia se reunirán, y, a partir de los interrogantes formulados, harán un análisis de su vida familiar. El hecho de reunirse y hablar de estas cuestiones favorece el descubrimiento de las formas de afrontar su realidad.

 

2ª Fase. Propuestas concretas de organización

 

Una vez descubierta las relaciones entre ellos, roles que se adjudican, tipos de comunicaciones, formas de afrontar los problemas y atender sus necesidades, la propia familia establece su plan de organización, que contemplará:

  • Posibilidades de cada miembro
  • Reparto de tareas
  • Ocio, tiempo libre y apoyo social
  • Tiempo de silencio y descanso
  • Horarios de salidas, TV, etc.
  • Calendario para revisiones del plan

 

3ª Fase: Evaluación y puesta en común

 

La familia puede utilizar la revisión del plan, como punto de encuentro extraordinario, alrededor de una acto lúdico o una comida, e intercambiar sus ideas y experiencias sobre cómo se sienten, las dificultades que encuentran, las modificaciones a realizar, etc.

 

Esta estrategia sirve para que los miembros de la familia participen de forma activa en la organización de su hogar, y le den un sello de identidad con el que se sientan identificados. Por otra parte, favorece que descubran la importancia de crear espacios de comunicación dentro de la familia, y con otros contextos sociales para crear redes de apoyo social, para poder hacer frente a la complejidad de nuestra sociedad.

 

Fuentes: solidaridadmedios.wordpress.com, romsur.com

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