Por María José Calvo para LaFamilia.info - 09.11.2018

 

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Estamos en una época en la que las nuevas tecnologías son un medio imprescindible para la vida. Pero hemos tenido la "suerte" de educarnos en un mundo analógico, y así poder descubrir sus posibilidades y sus limitaciones. Nuestros hijos ya son "nativos digitales”, y si no orientamos su introducción en el mundo virtual, ellos no podrán hacerlo. Por eso, hace falta guiarles, también en las nuevas tecnologías. Que no nos pille en modo “off”, y los dejemos huérfanos digitales.

 

Hace tiempo leí un artículo de un científico y psiquiatra, Manfred Spitzer, que me gustó especialmente, porque tiene mucho sentido común y hace reflexionar sobre el uso de este medio tecnológico. Habla de la importancia del aprendizaje personal, de la figura de los padres y del maestro para estructurar el conocimiento, de la capacidad de la inteligencia y del pensamiento, y del retraso de la maduración y del aprendizaje que pueden producir las pantallas, si no las usamos del modo correcto, especialmente en niños pequeños y preadolescentes. 

 

La educación de una persona siempre será de tipo analógico. Hace falta aprender en familia lo importante de la vida, interactuar con los demás, atender a los sentimientos, mirar a los ojos, sentirse querido, saber sorprender, imaginar, ayudar, etc.

 

Hay que poner inteligencia emocional en las relaciones humanas. Y de esta forma, con cariño, y atendiendo a los intereses del niño, se puede enseñar algunas cosas más, cuando su cerebro está preparado. A leer y escribir, a tomar notas, a trabajar en clase con el profesor, a estudiar… Los niños aprenden con las relaciones personales. Además, las emociones tiene mucho que ver con el aprendizaje, en especial, el cariño que recibe en la familia. 

 

Entonces, ¿cuándo y cómo introducir al niño en este mundo virtual? 

 

La Academia Americana de Pediatría hizo unas recomendaciones sobre este punto, dirigidas a los gobiernos, colegios... etc. Y, se supone, que los padres debemos ser un poco más cautos en ello. Por ejemplo, aconseja no usar tabletas en niños menores de dos años. (Posteriormente lo ha ampliado un poco, con algunas actividades específicas, pero recomienda atrasarlo lo más posible). Y luego, con algunas condiciones respecto al tiempo, respetando la vida familiar, las comidas, y cuidando el sueño. Es preocupante el tiempo que los niños están delante de alguna pantalla. Además, pocos contenidos son adecuados para lograr efectos positivos. Por eso, es vital la implicación de los padres.

 

Se ha comprobado que un exceso de pantallas dificulta la interacción social, el saber mirar a los ojos y comprender, el lenguaje gestual, el manejarse bien con los demás... etc.

 

Otro dato de la Academia: de los dos hasta los cinco años se pueden usar pantallas un máximo de dos horas diarias, pero con contenidos adecuados, y con unas normas concretas que regulen su uso. Por ejemplo, usando unas “coordenadas” de tiempo de conexión, lugar donde se interactúa, compañía y contenidos. Y siempre dando prioridad al juego sin pantallas. Además, es mucho mejor si solo se usan el fin de semana... Siempre son los padres los que deben guiarles, hablar y verlo con ellos, cuidando que puedan jugar al aire libre, estudiar y descansar lo suficiente.

 

Para los mayores de seis años hay que establecer un plan concreto en familia, con un tiempo de ejercicio físico y un cuidado del sueño. Esto significa no usarlas dos horas antes de acostarse. Por eso, cada familia es la protagonista y debe establecer su planning, pero con sentido común, estando muy atentos para respetar sus ritmos naturales, su desarrollo cerebral, y su sueño reparador. Y conjugando tecnología con experiencias vividas.

 

Porque, así como tenemos un proyecto educativo con cada hijo, respecto a la adquisición de unos hábitos, un conocimiento, un atender a los sentimientos..., también debemos pensar cómo presentarle el mundo virtual, y enseñarle a manejarse en él. Y es vital ayudarle a ser crítico con lo que le llega. 

 

Los pediatras también alertan por la frecuencia de “calmar” a los niños con pantallas para que nos dejen tranquilos. No es bueno para ellos, puesto que interfiere con el buen desarrollo cerebral, se habitúan, y cada vez requieren mayores estímulos, porque lo sensorial sigue una ley de tolerancia y rendimientos decrecientes. Por eso pueden crear conductas adictivas, muy relacionadas con la recompensa que producen.

 

Cómo funciona el cerebro

 

El cerebro no funciona como un computador, con una capacidad de almacenamiento concreta. No se trata de llenarlo de cosas sin más. Aprende partiendo de los datos percibidos, y estableciendo conexiones y relaciones entre las distintas zonas en base a lo ya asimilado. Y tienen mucho que ver las emociones. 

 

Además, cuanto más sabemos, mejor aprenderemos otras cosas nuevas porque tenemos dónde asentarlo y relacionarlo.

 

El cerebro no es un almacén de datos, sino que los procesa, y se basa en la conexión de redes neuronales que relacionan la información que manejan. Por eso, ser inteligente es saber relacionar distintas cosas en el pensamiento. También hay distintos tipos de inteligencia, aunque el cerebro siempre funciona como un “todo”…

 

Pero hace falta tener una base experiencial para aprender y construir el conocimiento propio. Y los niños necesitan una persona que vaya guiando y estructurando su aprendizaje. Primero son los padres, luego los maestros y profesores, ayudados de los padres: es un trabajo en equipo.

 

Además, el cerebro no solo maneja datos de la realidad, sino imágenes, recuerdos, y sobre todo sentimientos y emociones. Toda la realidad está inmersa en sentimientos, y la conocemos a través de nuestra afectividad. Y las emociones surgen en el mundo real, en el trato personal, sobre todo en familia, primera y auténtica "escuela emocional".

 

Así aprenden los niños…

 

El niño aprende cuando lo nuevo lo interioriza sobre lo que ya sabe, cuando lo relaciona con ello, y cuando establece un vínculo afectivo. Si no, no puede aprender. Y los padres, o el profesor, van dando estructuras sobre las cuales construir lo nuevo. Y todo ello es posible gracias a la plasticidad sináptica neuronal.

 

Cuando la mente está un mínimo estructurada, se puede introducir el mundo digital, con algunas premisas. Pero antes, lo que puede hacer es retrasar el desarrollo y la maduración del niño. Impedirle aprender de las percepciones y vivencias, que forman una base de experiencias vividas, y son vitales para construir las primeras estructuras neuronales y sinápticas, que le servirán durante toda su vida. 

 

Para recibir información, procesarla y valorarla, y luego gestionarla, es preciso tener formación. No todo vale, ni es saludable en la red... Hay que saber ser críticos y filtrar. Por eso, los hijos estarán “desarmados” sin formación.

 

Inger Enkvist, experta sueca en educación, ya lo afirmaba hace muchos años antes del boom de la tecnología. Las habilidades digitales son más bien un tipo de aprendizaje profesional, que se puede adquirir o perfeccionar en cualquier momento de la vida, pero no ayuda especialmente al desarrollo intelectual, ni a la capacidad de pensamiento del niño. Debemos cuidar su uso con los más pequeños, y ser coherentes con nuestro ejemplo… Bloquear tiempos familiares, incluso hacer un parking de móviles, y disfrutar y pasarlo bien todos juntos, que es lo que ¡nos hará más felices!

 

 

*Colaboración de María José Calvo para LaFamilia.info. Médico de familia por la Universidad de Navarra y Orientadora familiar y conyugal por IPAO, y a través del ICE de la Universidad de Navarra. Colaboradora habitual en la revista “Hacer Familia”. Blog personal: optimistaseducando.blogspot.com

 

 

Colaboración FamilyandMedia.eu - 19.10.2018

 

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Si es cierto que los móviles han abierto de par en par las puertas a otros mundos a expensas del “físico”, es también verdad que no se puede dejar de lado un instrumento que ofrece infinidad de posibilidades, también desde el punto de vista educativo.

 

Quizá no estamos todavía preparados para la evolución digital y, sin ninguna regla ni método, el riesgo de minar la autoridad y el rol de los profesores es muy fuerte.

 

Mientras tanto en Estados Unidos la didáctica y las reglas se están adaptando a la proliferación de los dispositivos con planes experimentales de “educación digital” que pasan por Apps y programas especiales. En Inglaterra, programas “proteccionistas” han consentido recuperar la desatención generada por los móviles. En las escuelas alemanas el uso es disciplinado por los reglamentos adoptados en los varios institutos, con diferencias también según Estados. En Francia, por su parte el ministro de educación Jean-Michel Blanquer ha introducido la prohibición de usar los móviles en la escuela.

 

País al que vas, costumbre que encuentras. En Italia, el Ministerio de Educación ha promovido un decálogo para un uso correcto de lo digital en las escuelas. Reglas ciertamente de buen sentido. Lástima que se deje todo a la discreción individual de los profesores: “El uso de los dispositivos en el aula, sean análogos o digitales, es promovido por los docentes, en las formas y en los tiempos que consideren más oportunos”, ha subrayado la ministra Valeria Fedeli, presentando el decálogo. Y probablemente es esta la parte que crea más temor del decálogo.

 

Las 10 reglas italianas para un uso inteligente del digital en la escuela

 

1. Cada novedad conlleva cambios. Cada cambio debe servir para mejorar el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes y, más en general, de la entera comunidad escolar.

 

2. Los cambios no se rechazan, sino se comprenden y utilizan para alcanzar los propios objetivos. Por tanto, cada escuela adopta una Política de Uso Aceptable (PUA) de las tecnologías digitales.

 

3. La escuela promueve las condiciones estructurales para el uso de las tecnologías digitales. Proporciona, en la medida de lo posible, los servicios necesarios y la indispensable conectividad, favoreciendo un uso responsable de los dispositivos personales (BYOD).

 

4. La escuela acoge y promueve el desarrollo de lo digital en la didáctica. La presencia de las tecnologías digitales constituye un desafío y una oportunidad para la didáctica y para la cultura escolar. Dirigentes y profesores proactivos en estos campos son el motor de la innovación.

 

5. Los dispositivos deben ser un medio, no un fin. Es la didáctica la que debe guiar el uso competente y responsable de los dispositivos. No es suficiente con desarrollar las habilidades técnicas, sino que es necesario desarrollar la capacidad crítica y creativa.

 

6. El uso de los dispositivos debe promover la autonomía de los estudiantes. Es necesario sostener un enfoque consciente de lo digital así como la capacidad de uso crítico de las fuentes de información, también en vista de un aprendizaje a lo largo de todo el arco de la vida.

 

7. Lo digital en la didáctica es una elección. Corresponde a los docentes las formas y tiempos que consideren oportunos para su introducción y uso.

 

8. Lo digital transforma los ambientes de aprendizaje. Es necesario regular las modalidades y los tiempos del uso y del no uso, también para aprender a reconocer y a mantener separadas las dimensiones de lo privado y de lo público.

 

9. Reforzar la comunidad escolar y la alianza educativa con las familias. Es necesario que la alianza educativa entre escuela y familia se extienda a las cuestiones relativas al uso de los dispositivos personales.

 

10. Educar a la ciudadanía digital es un deber para la escuela. Formar los futuros ciudadanos de la sociedad del conocimiento significa educar en la participación responsable, el uso crítico de las tecnologías, en la conciencia y la construcción de las propias competencias en un mundo cada vez más conectado.

 

El decálogo: entre miedo y expectativas

 

El documento del Ministerio asusta y tranquiliza, según el punto de vista, pero lo que deja estupefactos es el haber dejado todo al criterio de los profesores, tanto en los modos como en los tiempos.

 

El problema de fondo permanece la actualización y la motivación del cuerpo docente que hoy tiene no pocas dificultades para comunicarse con los propios alumnos, por experiencias totalmente diferentes y lejanas de las nuevas generaciones.

 

Muchos profesores ignorarán completamente la circular, confundiendo el medio con el resultado y desacreditando las nuevas tecnologías, no comprendiendo plenamente ni siquiera las potencialidades. Otros probablemente dejarán a los chavales no consiguiendo obtener ninguna mejora.

 

Hoy es impensable excluir las innovaciones de las escuelas, son parte de nosotros y estñan configurando, en positivo y en negativo, nuestras vidas. Pero estos procesos no pueden ser gestionados por el profesor de turno, sino que deben ser tripulados, estudiados, profundizados. Es necesaria una cultura digital común y compartida. Es necesaria una formación específica del cuerpo docente sobre temas como por ejemplo el ciberacoso, engaño pederasta en red, las formas de dependencia inducidas o agravadas por la tecnología. No se puede dejar todo a la improvisación y a la sensibilidad crítica del docente. Son necesarios modelos educativos de referencia, reales, de carne y hueso.

 

Y es necesario sobre todo un monitoreo de buenas y malas prácticas, a través de un Observatorio que recoja la experiencia y promueva la buena. De otra manera, ¿cómo “enseñar a los profesores”, cómo actualizarlos? Nada apunta en esta dirección en esa enunciación de principios tan generales, algunos de muy buen sentido, y de los que conviene tomar nota. Y tampoco en Italia hay créditos formativos para la actualización de los profesores en este campo. ¿Por qué no invertir en este frente?

 

Un buen ejemplo de profesor moderno y capaz de dialogar con los nuevos jóvenes es precisamente italiano. Hablamos del profesor 2.0, Alessandro D’Avenia, un profesor encendido por la pasión, joven, capaz de interpretar e implicar a los jóvenes y explicarles prosas y poesías de Leopardi, Ovidio o Dostoevskij. Habíamos hablado recientemente de Alessandro D’Avenia precisamente en su motivación a la lectura de Dostoevskij.

 

Por tanto, ¿es realmente tan imposible hablar de un nuevo modo? ¿Es realmente tan impensable encontrar un punto de equilibrio entre modelos educativos tradicionales e innovadores? Veremos mientras tanto cuáles serán los frutos de este decálogo.

 

Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

 

 

Enrique Chuvieco / ReL - 21.09.2018

 

Foto: Freepik 

 

El uso masivo del teléfono móvil por parte de niños y adolescentes genera ya graves problemas de adicción, de salud e incluso de seguridad. Se ha convertido una de las grandes preocupaciones de los padres, los educadores y de los propias fuerzas de seguridad ante la facilidad de que se cometan delitos utilizando el móvil.

 

Para dar una respuesta a esta situación, Fernando García Fernández ha publicado el libro La batalla del móvil. ¿Cómo ganarla en el hogar? . El autor es profesor de Ciencias, así como director de ESO y Bachillerato en un colegio de Pamplona, por lo que tiene una visión directa de la influencia de los móviles en los alumnos adolescentes.

 

- ¿Qué te llevó a escribir La batalla del móvil. ¿Cómo ganarla en el hogar?, además de compartir la experiencia con tus hijos sobre el uso del móvil?

 

- Comprobar como muchos padres y madres venían a pedirme consejo, porque estaban completamente desorientados, y ser testigo de cómo muchos menores estaban arruinando los mejores años de su vida por estar permanentemente pendientes de la pantalla. Me atrevo a decir que la irrupción del móvil ha sido el hecho que más ha perturbado la educación, al menos desde que yo me dedico a ella (y ya son casi 30 años).

 

- El subtítulo ya es revelador: "Cómo ganarla en el hogar", ¿por qué consideras que es el primer frente en el que hay que fajarse?

 

- Los primeros educadores son los padres, por lo tanto, les corresponde a ellos asumir la responsabilidad de introducir este artilugio en la vida de sus hijos; con todas sus ventajas, pero también con todos los inconvenientes. Ellos son los que van a consentir que su hijo disponga del teléfono, los que se van a hacer cargo del gasto que supone, incluso los que van a firmar el contrato con la operadora de telefonía móvil, porque, en principio, los menores no pueden hacerlo. A ellos les corresponde, por tanto, fijar las normas de uso y velar porque se cumplan.

 

- Además de armarse de paciencia tanto tu mujer como tú, ¿cuál ha sido el recorrido que han ido haciendo para salir victoriosos y no morir en el intento?

 

- Ana y yo tuvimos claro desde el principio que teníamos que tener el mismo discurso tanto al justificar por qué todavía no convenía que nuestros hijos dispusieran de teléfono como a la hora de fijar unas normas de uso cuando lo tuvieron. Fijamos la edad mínima de 14 años, que es cuando estimábamos que empezarían a hacer vida “independiente”, pero con la flexibilidad de adelantarla o retrasarla en función de la “madurez” y las circunstancias de cada uno. Además, hemos intentado que se apagara a una hora determinada para que interfiriera lo mínimo posible en su descanso, que dispusiera de las oportunas restricciones de acceso a según qué contenidos y que no se usara durante las comidas familiares u otras celebraciones y actos sociales.

 

- El libro ofrece pautas y estrategias para llevarlas a cabo en casa, ¿crees que los padres están concienciados para desarrollarlas o son, en ocasiones, los primeros que piensan que no son necesarias?

 

- Hay padres de todo tipo. Están los autoritarios que prohíben su uso sin dar razones del por qué de esa prohibición. Los permisivos, que lo conceden desde la más tierna infancia, sin ni tan siquiera plantear algún tipo de normativa de uso. Incluso me he encontrado con padres neuróticos, que dan el teléfono a su hijo pensando que así va a estar más “protegidos” en el mundo real, sin ser conscientes de la cantidad de “peligros” que les acechan en el mundo virtual. Estos extremos son desaconsejables. Lo ideal es una evolución desde el control cuando el hijo es demasiado pequeño, hasta la libertad absoluta cuando juzgamos que ya es responsable. Y en medio, un control razonado; es decir, el establecimiento de unas normas de uso justificando las causas de por qué se establecen y las sanciones previstas si se incumplen.

 

- ¿Qué consecuencias se dan cuando eres contemporizador en este campo, según tu experiencia de años trabajando en este área de los nuevos medios tecnológicos?

 

- En el libro escribo sobre los nueve riesgos que, a mi juicio, se asumen cuando se pone un móvil demasiado pronto en la vida de los hijos. La probabilidad de que les cause algún tipo de daño y su gravedad en inversamente proporcional a su edad y a la normativa que se establezca y se haga cumplir. En líneas generales, cuanto mayor es el hijo y más claras están las normas, menos daños va a sufrir y de menor gravedad.

 

- En el anterior sentido, ¿qué consecuencias has visto en el comportamiento de niños y jóvenes por el abuso del móvil y redes sociales?

 

- Se habla mucho de adicción, de acceso a contenidos pornográficos, de contacto con desconocidos, de ciberdelincuentes o de ciberbullying… Todo ello existe y puede ser peligroso y muy perturbador. Pero se fija mucho menos el foco en otros riesgos que quizá no son tan escandalosos y, por lo tanto, no producen titulares en los medios de comunicación, pero no por ello dejan de ser importantes. Los niños que duermen poco y mal, la excesiva importancia que le conceden a su imagen virtual, la fuerza educativa de los “influencers” (“instagramers”, “youtubers”…), la merma de la atención o la pérdida de la infancia. Creo que deberíamos prestarles mucha más atención, porque también son cruciales para la educación de los menores.

 

 

- Por otro lado, si se utilizan bien, las redes sociales y las nuevas tecnologías para comunicarnos nos pueden ayudar mucho, ¿crees que padres y profesores pueden ayudar a niños y jóvenes a suscitar en ellos el gusto por otros modos de utilizar estos medios con más creatividad? ¿En qué aspectos podrían encaminarlos a descubrirlos?

 

- Creo que si llegan en el momento adecuado, además de minimizar todos los riesgos de los que venimos hablando, se abre todo un abanico de posibilidades en el campo de la educación. A mi juicio, tres los ámbitos en los que se les puede sacar mucho provecho:

 

1. La información: nunca ha estado tan accesible como ahora, tenemos todo el saber acumulado por la humanidad a lo largo de la historia al alcance de un clic. Eso sí, debemos ayudarles a separar el polvo de la paja, el trigo de la cizaña, enseñándoles a ser críticos con la información y a evaluar la fiabilidad de las fuentes.

 

2. La comunicación: hemos roto las barreras espacio temporales y podemos comunicarnos con cualquier persona, esté donde esté y sea la hora que sea, de manera instantánea y barata. Esto es una autentica maravilla.

 

3. Como consecuencia directa de las dos anteriores, el desarrollo de la competencia global que les haga sentirse ciudadanos de un mundo en el que todos podemos cooperar para hacer de la Tierra un lugar más habitable. Lo cual no está reñido con el mantenimiento de la particular idiosincrasia, porque precisamente es la diversidad lo que hace más rica y desarrollada cualquier sociedad.

 

*Publicado originalmente por ReL

 

J. Lozano / ReL - 28.09.2018

 

 

 

¿Darías a tu hijo de siete años una botella de vino para que se la bebiese? Y a tu hija de 12 años que inicia la adolescencia, ¿le darías un gramo de cocaína? La respuesta para estas preguntas parece obvia pero, sin embargo, es lo que ocurre en muchas ocasiones cuando se da sin ningún tipo de restricción a los menores tabletas y teléfonos inteligentes.

 

Quien así se manifiesta es Mandy Saligari, experta en adicciones,  terapeuta y directora de la clínica de rehabilitación de Harley Street, que ha visto como en los últimos años le han llegado un aluvión de casos de adolescentes y niños adictos a estas nuevas tecnologías.

 

Un llamamiento urgente sobre los efectos nocivos

 

Numerosos expertos en educación llevan años advirtiendo de estos males y prestigiosos neuropsicólogos han avisado de los efectos negativos que producen en los niños estas tecnologías sin que sus llamamientos hayan tenido un gran efecto.

 

Mandy Saligari es una de las grandes expertas británicas en adicciones y en cuya clínica hay numerosos adolescentes adictos a las nuevas tecnologías

 

Saligari, al igual que otros muchos expertos, afirma que los padres no son realmente conscientes de la gravedad que entraña el que sus hijos pasen horas y horas delante de una pantalla.

 

“Siempre le digo a la gente: ‘cuando le das a tu hijo una tableta o un teléfono, realmente les estás dando una botella de vino o un gramo de cocaína”, dijo durante una conferencia educativa en Londres.

 

Y se preguntaba “por qué prestamos mucha menos atención a estas cosas que a las drogas y el alcohol cuando trabajan con los mismos impulsos cerebrales”.

 

El prestigioso neuropsicólogo español, Nacho Calderón, asegura  que “los móviles y tablets están generando déficit de atención con hiperactividad. Yendo a los casos más extremos llegaríamos por supuesto a problemas graves de conducta, muy muy graves de agresividad, de aislamiento social, niños que ya solo saben vivir a través de la pantalla”.

 

Un experimento que muestra una realidad devastadora

 

Y esto ha quedado de manifiesto con un pequeño experimento que hizo Dolmio, marca de comida británica, con el objetivo de promover las comidas familiares. Sin pretenderlo se toparon con algo aterrador.

 

 

Los protagonistas eran cuatro familias con hijos y el momento elegido era la hora de la comida. En este experimento el hijo estaba sentado a la mesa con su tableta mientras sus padres preparaban la comida. El objetivo era observar qué sería lo que provocaría que los niños dejaran de mirar la pantalla mientras la realidad a su alrededor iba cambiando.

 

La adicción era tal que los niños habían perdido la realidad del espacio-tiempo y de todo lo que les rodeaba. Los padres empezaron cambiando los cuadros y la decoración de la sala sin que se percataran de ello. También se movían por la sala con objetos extraños y con cascos de vikingo, por ejemplo. Pero nada de esto hacía levantar la cabeza a sus hijos.

 

El experimento fue más allá y sus padres fueron cambiados por otros adultos que simplemente llevaban ropa del mismo color. Los niños no se dieron cuenta a pesar de que éstos se movían de un lado a otro. Incluso sus hermanos fueron cambiados por otros niños, que llegaron a sentarse en la mesa junto a ellos. Ni aun así se percataron de lo que ocurría.

 

Sólo una cosa hizo que levantaran la mirada: el momento en el que se cortó internet. Entonces llegó la sorpresa mayúscula para estos niños, que sólo entonces fueron conscientes de lo que había sucedido.

 

Este es sólo un ejemplo reciente de lo que está ocurriendo allá donde las pantallas son ya una extensión de la mano de los niños y adolescentes. Las cifras son escalofriantes.

 

Miles de niños en tratamiento

 

Recordaba Saligari numerosos niños de 13 años son tratados por adicción a la tecnología digital y que dos tercios de los británicos entre 12 y 15 años no consiguen tener un equilibrio entre el tiempo que están frente a estos dispositivos y otras actividades.

 

Esta experta advertía que cuando los padres piensan en la adicción su pensamiento se va a algún tipo de sustancia “pero en realidad es un patrón de comportamiento  que puede manifestarse de diferentes maneras”.

 

Un gravísimo problema derivado

 

Y un problema derivado de esto es el aumento de menores de edad que envían y reciben imágenes pornográficas, o que acceden a contenidos inapropiados para su edad desde sus dispositivos.

 

Mandy Saligari admitía que dos tercios de los pacientes de su clínica tenían entre 16 y 20 años, un “aumento dramático” con respecto hace 10 años. Pero reconocía también que tenía muchos pacientes con menos edad.

 

De este modo, contaba que “muchas de mis pacientes son niñas de 13 y 14 años que están involucradas en el ‘sexteo’ (envío de material pornográfico), y lo describen como algo ‘completamente normal’”.

 

Cuando enviar fotos desnudos es algo "normal"

 

Según su experiencia, muchas de estas chicas creen que enviar una foto de sí mismas desnudas a alguien a través de su teléfono móvil es algo “normal” y que sólo es “incorrecto” cuando un padre o un adulto se entera.

 

Por ello, muchos expertos como ella coinciden en que exista un mayor control parental. Sin embargo, un 40% de los padres de hijos entre 12 y 15 años confiesan que encuentran difícil controlar el tiempo que sus hijos pasan delante de estos dispositivos.

 

 

ReL/Mark Merrill - 17.09.2018

 

Foto: Freepik 

 

Los medios de comunicación son más poderosos y atrayentes que nunca. Los adultos que hoy tienen hijos pequeños o adolescentes crecieron con la radio, la TV y algunos videojuegos. Pero la situación para nuestros hijos es distinta: pantallas adictivas por todas partes, en el bolsillo, el auto, el colegio... Es una distracción exagerada e inacabable. Y hay menos controles, porque nadie controla Internet.

 

Es irresponsable por parte de los padres dejar que los niños se autorregulen: ¡todo en Internet está diseñado para enganchar y los niños y adolescentes se pueden atracar indefinidamente! El padre responsable es el que debe poner límites y monitorizar el uso.

 

Mark Merrill de la fundación Family First, propone 10 ideas que ayudarán a los padres a guiar a sus hijos:

 

1. Sé proactivo, conoce el software y echa un vistazo a su historial

 

"La biblioteca de iPod e iTunes de tus hijos y las cuentas de Pandora o Spotify cuentan una gran historia; mira lo que escuchan. Familiarízate con el software y conviértete en el administrador del programa".

 

2. Averigua qué es popular ahora

 

Si sabes qué canciones, películas, series, juegos y programas de TV son los más populares hoy, será más fácil decidir a qué se arriesgan tus hijos, y qué pueden usar.

 

3. Sigue a tus hijos en sus redes: hazte follower

 

Hazte "amigo" de Facebook de tu hijo, o "seguidor" en Twitter, Instagram y Snapchat. Es importante ver lo que tus hijos están publicando allí. Si alguien debe tener acceso a la actividad on line de tu hijo, ¡eres tú, su padre!

 

4. Busca filtros parentales y otras ayudas tecnológicas para controlar mejor

 

El auge de tablets, computadoras portátiles, teléfonos inteligentes y similares dificulta poder controlar tantos dispositivos. Pero hay formas de hacerlo, como por ejmplo configurar las opciones de control parental en los diversos dispositivos (Leer también: Control parental en Netflix), incluso existen varias apps que ayudan a controlar la navegabilidad de nuestros hijos (Leer también: Protege a tus hijos con esta nueva aplicación).

 

5. Predica con el ejemplo: que tus hijos vean cómo usas los medios

 

Asegúrate de que tus hijos vean cómo usas los medios: qué películas o series ves, qué escuchas, con quien chateas... Cuantos menos secretos, mejor predicarás con el ejemplo. (Que sepan que ves tal o cual serie no significa que ellos tengan permiso para verla hasta tener la edad adecuada).

 

6. Conoce a los amigos de tus hijos... y que sus familias te conozcan

 

Tus hijos tienen amigos, y sus amigos tienen padres, familias con sus propias reglas. Esas otras familias han de conocer cuáles son las reglas de tu casa, las que has establecido. La comunicación con otros padres y familiares es clave si deseamos que se cumplan nuestras normas incluso cuando los hijos están en otro lugar.

 

7. Aprovechemos el tiempo, la vida

 

Asegúrate de que tus hijos no están perdiendo su tiempo de vida atrapados en los medios y el móvil. Aliéntalos a pasar tiempo real con sus amigos y familiares, a tener tiempo de calidad sin pantallas.

 

8. Haz que su habitación sea un santuario, no un escenario

 

La televisión, el computador y otras pantallas deberían estar en zonas comunes, como una sala de estar, no en la privacidad de las habitaciones. Las habitaciones son para relajarse sin pantallas.

 

9. Sé responsable y coherente con tus normas

Como padre, debes de explicar a tus hijos por qué tus normas son buenas, y la mejor forma es cumpliéndolas tú también de forma consistente.

 

10. Lo más importante: ser abiertos y transparentes

 

Comunicación abierta, puerta abierta, estar abierto a conversar, estar abierto a las preguntas, estar abierto a respetar, estar abierto a revisar y mejorar las reglas... Si un padre practica eso, ayudará a toda la familia.

 

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