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AllProDad.com - 27.11.2017

 

Foto: Freepik 

 

BJ Foster, padre de dos hijos y director de contenidos de la web para padres AllProDad.com, ha elaborado un listado de 5 peligros que amenazan a los adolescentes en las redes sociales y que muchos padres no han tenido en cuenta. 

 

"En lo que se refiere a tecnología y adolescentes, normalmente las cosas peligrosas que vienen a la mente son el 'sexting' (hacer circular fotos de desnudos propios o con contenido erótico), los depredadores online y el ciberabuso (acosar a alguien con amenazas e insultos por Internet o el móvil)". Todos son tremendamente dañinos, más comunes de lo que piensa la gente y hay que hablar de ellos". 

 

"Sin embargo, hay otros peligros sutiles, cotidianos, en las redes sociales que son desconocidos, ignorados o minimizados. Necesitamos educar a los adolescentes y establecer límites adecuados para que estén a salvo. He aquí las cosas peligrosas que hacen los chicos en las redes cada día".  

 

1. Fotos de fiestas

 

Ir de fiesta ya tiene bastante riesgo en sí. Pero otra cosa es publicar tus actividades (especialmente las ilegales) para que las vean tus amigos, familiares, enemigos y futuros contratantes. Los adolescentes no piensan... excepto en recibir hoy algo de atención. Hay tres preguntas que deberían plantearse antes de publicar algo: 

- ¿Te sentirías cómodo si tu futuro jefe o director de tu escuela lo viera?

- ¿Te parece bien que tu abuela vea esto?

- ¿Puede usarlo contra ti alguien que esté en tu contra?

 

2. Compararse

 

Es difícil no comparar nuestras vidas con las de otros cuando todo se publica online. Para los adolescentes, las redes sociales rápidamente se convierten en un espectáculo, un lugar para que parezca que tu vida es más emocionante que la de otros. Consisten en construir una imagen. El problema es que alimentan el "embellecer", es decir, una forma sutil pero poderosa de mentir.

 

Cuando mentimos se debilita nuestro verdadero sentido de identidad y pertenencia. Esas son las dos cosas más importantes que los adolescentes están desarrollando. Al enfocarse en crear fantasía, en vez de asumir su verdadero ser, se debilita su madurez.

 

3. Vestimenta sobresexualizada

 

Los adolescentes, especialmente las chicas, enseguida descubren que su sexualidad recién descubierta puede usarse para lograr atención e incluso para manipular. Las redes sociales dan una mayor audiencia a ambas cosas. Da la sensación de tener poder... pero sin la madurez para autoregularse. Se aplican las mismas consecuencias que en los puntos anteriores. 

 

4. Intentar llegar a ser un video viral

 

Muchos adolescentes quieren ser la nueva sensación del Internet. Por desgracia, para eso has de hacer algo extremista. Demasiado a menudo eso significa hacer cosas físicamente peligrosas o humillantes. No solo pueden sufrir heridas o incluso la muerte haciendo eso, sino que no están preparados para las consecuencias si esos vídeos se suben a la red. 

 

5. Humillar a otros públicamente

 

"Por desgracia, no se trata solo de un problema adolescente, sino que es un problema para todos", explica Foster. "Recuerdo cuando leía el libro 1984 y siempre pensaba que el Gran Hermano sería el gobierno. En realidad lo somos nosotros con nuestras cámaras en el móvil y hambre de atención. Cada vez que alguien hace algo avergonzante o falto de integridad, hay quien los graba y lo publica sin pensárselo más. Yo creo que hay que rendir cuentas de forma apropiada, pero en cuanto esos videos se suben bajamos como pirañas a la sangre en el agua". 

 

"Un simple error, un lapsus en un juicio moral, rápidamente pueden convertirse en una vida arruinada. Hay sangre en nuestras manos cuando subimos un vídeo, lo compartimos o nos sumamos a un coro de comentarios llenos de odio que contribuyen a destruir personas. Los adolescentes siguen nuestro ejemplo, y no dejarán de hacer esto hasta que paremos nosotros". 

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Empantallados.com - 20.11.2017

 

Foto: Freepik 

 

Por desconocimiento o por omisión, nuestros hijos pueden llegar a publicar ciertos datos en sus redes sin percatarse de las consecuencias que esto les puede traer, tanto a ellos como a toda la familia. Desde empantallados.com nos comparten esos datos que no hay que publicar nunca en las redes sociales para que las compartas con tus hijos. 

 

Nombre y apellidos completos. Por una cuestión de seguridad, cuanto menos información real sea pública, mejor. Se recomienda no poner el nombre y los dos apellidos en redes sociales, y por supuesto, jamás ponerse de nickname el nombre y apellidos.

 

La fecha completa de nacimiento. Al hacer pública la fecha de nacimiento, si ya tienen también el nombre y apellidos de nuestro hijo, puede ser totalmente vulnerable al robo de identidad.

 

Fotos con ubicaciones muy concretas, utilizar mejor ubicaciones genéricas. Que nuestro hijo haga público el lugar concreto en el que se encuentra en ese preciso momento, puede suponer un peligro. Es mejor comentarle que use ubicaciones más genéricas, por ejemplo, si está en un “Restaurante X”, recomendarle que use una ubicación menos concreta como puede ser el barrio donde se encuentra. Y desactivar la geolocalización al publicar.

 

La dirección de casa. Ningún desconocido debe saber esto, es algo que solo deben conocer amigos y familiares, por lo que no hay necesidad alguna de hacer pública esta información en redes sociales.

 

Datos personales como el número de identificación o la matrícula de un auto. Esta es una información de carácter sensible por lo que debe ser totalmente privada, ya que si alguien hace un uso delictivo de ella puede ocasionar un gran problema. En caso de compartir una foto en la que aparezca por ejemplo un auto, siempre se debe pixelar o tachar la matrícula.

 

Imágenes en las que aparezcan nuestros uniformes del colegio. Puede parecer un detalle sin importancia, pero esto supone dar una información tan concreta como el lugar en el que nuestro hijo pasa 8 horas diarias. Con una foto del uniforme, cualquiera puede buscar el nombre del colegio y su dirección.

 

Fotografías de momentos íntimos y personales. Alguien puede hacer un mal uso de estas imágenes, y como dice el refrán, es mejor prevenir que curar.

 

Fotos de nuestros hermanos o amigos menores de edad sin permiso de mamá y papá. Es importante que nuestro hijo sepa que no puede usar imágenes de otras personas sin permiso de estas, o en caso de menores de edad, de sus padres.

 

Nuestro número de teléfono, ni el de móvil ni el de casa. Cualquiera puede ver el número de teléfono y hacer un uso abusivo de llamadas telefónicas o cometer un delito de acoso o amenazas.

 

No publicar que estamos solos en casa o que estamos de vacaciones. Esto es abrir la puerta de par en par a los malintencionados. Muchos ladrones localizan a sus víctimas de robo a través de mensajes como estos en redes sociales, por lo tanto nunca se debe publicar que no hay nadie en casa.

 

No publicar aquello de lo que me avergonzaría si lo viese mamá/papá. Nada más que añadir.

 

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Empantallados.com - 30.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

A veces los padres no tenemos ni idea, o no comprendemos qué sentido tienen las fotos que publican nuestros hijos. Es bueno que en algún momento hayamos hablado con ellos sobre qué fotos pueden publicar, cuáles no son convenientes y cuáles pueden llegar a ser incluso peligrosas. Desde la web Empantallados.com nos comparten las siguientes ideas:

 

Fotografías tipo selfie: el autorretrato es una forma actual y espontánea de comunicarse, que además está de moda. No debe preocuparnos siempre y cuando no sea excesivo el narcisismo o postureo. Sin embargo, estate atenta/o si solo publican selfies, muchas veces frente al espejo, y no incluyen en ellos el sentido del humor. (Leer también: Las chicas y los “selfies”)

 

Fotografías que muestran la intimidad familiar o de los amigos: parece obvio qué fotos no se deben enseñar fuera de la intimidad familiar, pero los adolescentes a veces no lo tienen claro. Cuando se hacen fotos en casa en cualquier momento es bueno que se planteen qué cosas no es necesario enseñar a cualquiera. También con su grupo de amigos: hay cosas que se pueden compartir con el resto del mundo, pero algunas situaciones requieren un poco más de respeto.

 

Fotos que puedan perjudicar el honor de terceras personas: es habitual que reciban una foto de algún compañero o conocido que haya metido la pata en algo, o que sale realmente mal. A veces publicar este tipo de cosas puede hacer verdadero daño al protagonista. ¿Te gustaría que publicaran una foto tuya así?

 

Fotos provocativas: hay una moda entre los adolescentes, bautizada como sexting, que consiste en enviar fotografías íntimas, con contenido erótico e incluso sexual. Normalmente este contenido se envía a una sola persona, pero es muy común que antes o después esas fotos se reenvíen. Si las publican, reenvían o las guardan podrían ser cómplices de algo que puede llegar a ser delito. Hay fotos que es mejor no hacer. 

 

Fotos que ofrezcan datos personales: por una cuestión de seguridad no es bueno que los menores publiquen fotos que puedan identificar su domicilio o colegio, ni muestren datos como la matrícula del coche u otros datos personales. Tampoco que su nombre de perfil sea su nombre completo, o con su fecha de nacimiento. Y por último, es desaconsejable  publicar la ubicación, o información sobre dónde han sido tomadas las fotos. 

 

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Javier Lozano / ReL  - 30.10.2017

 

 
Catherine L'Ecuyer - Foto: gestionandohijos.com

 

 

Catherine L´Ecuyer es una de las grandes divulgadoras en temas de educación, su libro Educar en el Asombro es best-seller y Educar en la Realidad ya va por su quinta edición. Esta canadiense madre de cuatro hijos, es una firme defensora del juego en los niños y critica que se les quiera convertir en adultos antes de tiempo. "Necesitan menos pantallas y más realidad", insiste.

 

Sus tesis son revolucionarias precisamente porque beben de las verdades de siempre. Y realizó este camino desde la empresa y gracias a su experiencia como madre, pues la familia es una escuela de vida.

 

El portal Religión en Libertad ha hablado con la escritora y aquí compartimos apartes de la entrevista:

 

- ¿Cómo llega una mujer proveniente del mundo de la empresa a convertirse en uno de los referentes en divulgación de temas de educación?

 

Excelente pregunta, no es algo que haya buscado. Trabajaba en consultoría de alta dirección y la pregunta que me hacía a diario era: ¿qué es lo que motiva a las personas a trabajar y a aprender en las organizaciones? Tras haber auditado la cultura empresarial de unas 40 empresas, llegué a la conclusión que las palancas de motivación internas y trascendentes (de servicio) tenían más relevancia que las palancas externas. Cuando tuve a mis hijos, dejé de trabajar a tiempo completo, los escolaricé relativamente tarde y mi hogar se convirtió en una pequeña escuela. Observando a mis hijos, apliqué mis intuiciones al ámbito de la educación. Luego empecé a investigar en psicología, filosofía, neuropediatría y en educación y acabé plasmando mis ideas en un libro, Educar en el asombro. Pensé que lo leerían mis 40 amigas y lo que ocurrió a continuación fue una verdadera sorpresa.

 

- Su libro se ha convertido ya en todo un auténtico best-seller. A grandes rasgos, ¿qué es educar en el asombro? 

 

El asombro es el “deseo de conocer”, decía Tomas de Aquino. El niño nace con ese deseo, no es algo que haya que “inculcarle”, es algo que debemos respetar, cultivar. Como decía Chesterton, “en cada una de esas deliciosas cabezas se estrena el mundo, como en el séptimo día de la creación”.

 

Asombrarse es “no dar nada por supuesto”, ver todo como un regalo, por eso el niño asombrado es agradecido. El asombro no es una mera “emoción”, es un pensamiento metafísico; de hecho, los griegos decían que es el inicio de la filosofía. No lo considero una innovación; dar importancia al deseo de conocer es volver a lo esencial, a lo de siempre. Gaudí decía que ser original es volver a los orígenes.

 

- ¿Cómo no se ahoga el asombro?

 

A través del respeto por los ritmos, las etapas de la infancia, un niño que actúa como un pequeño adulto es un niño que está de vuelta de todo. No es necesario saturar los sentidos e hiperestimular a los niños. El consumismo hace que se acostumbran a tenerlo todo antes de desearlo, y dan todo por supuesto, lo contrario del asombro. Un niño embotado es pasivo. Quizás se fascina, pero no sabe asombrarse. Un niño adicto a la velocidad y al ruido no sabe contemplar. Necesitan menos pantallas y más realidad.

 

-¿Y el esfuerzo?

 

Lo que asombra es la realidad. La realidad se descubre, no se construye. Asombrarse es dejarse “medir por la realidad”, y eso siempre requiere esfuerzo, porque la realidad es lenta y exigente. Una de las características de la realidad, es su belleza. Las cosas son bellas, de por sí, por el mero hecho de “ser”.  Decía Tomas de Aquino que “hay belleza en todas las cosas”. Lo que ocurre es que a veces hay poca, por eso decimos que son feas.

 

-Usted habla habitualmente del culto al feísmo. ¿En qué consiste?

 

El culto al feísmo es un desdén, una sospecha sistemática hacía todo lo bello. Tiende a ver la belleza como una pegatina, algo añadido, impuesto para engañar. El culto al feísmo nos dice: “no hay belleza intrínseca en las cosas, todo se construye al antojo del que mira”. Esa postura es consecuencia del olvido de la metafísica.

 

-¿Ese culto afecta en la transmisión de la fe o de los valores que transmitimos a nuestros hijos?

 

El culto al feísmo nos pinta la belleza, la bondad y la verdad como una mentira o una cursilada. Existen dos alternativas. Rendirnos a la lógica del culto al feísmo y responder con una especie de marketing de la belleza, que vendría a ser una pegatina más. Ese es el camino de la mundanidad. Yo no conozco a ningún adolescente que se haya dejado seducir por ese ridículo disfraz. La belleza no necesita trajes o marketing, luce de por sí. Hay que descubrir el poder de atracción de la belleza, desnudándola, aunque eso sea motivo de escándalo.

 

-¿Hasta qué punto el proceso de atracción de la belleza se trata de un proceso tan natural? ¿No cabe el peligro de caer en una especie de naturalismo?

 

Existe en todas las personas una capacidad natural para juzgar rectamente, una luz inextinguible que nos hace reconocer la verdad y la bondad como tal y que nos las señala como fines de las virtudes. Tomas de Aquino lo llamaba sindéresis. A María Montessori le acusaron de naturalismo y respondió: "Cuando miramos las estrellas que brillan en el firmamento, tan obedientes en su recurso y tan misteriosas, no decimos "¡qué buenas son las estrellas!" Decimos que obedecen a las leyes que gobiernan el universo. Nos admiramos ante el orden de la creación. En el comportamiento de nuestros hijos, es también una cierta ley de la naturaleza que se manifiesta". El orden no es bondad, pero la tarea de la educación debe ser la de indicar el orden interior y exterior como un camino indispensable para alcanzarlo, dándoles lo que pide su naturaleza...

 

- Que no siempre es lo mismo que lo que piden ellos…

 

Eso es. Montessori decía, “nuestros hijos no hacen todo lo que quieren, pero quieren hacer todo lo que hacen”. Montessori hablaba de la importancia del “entorno preparado”. Es importante que los niños estén rodeados de oportunidades de belleza, que los griegos definían como “expresión visible de la verdad y de la bondad”. El feísmo, definido como ausencia de belleza, acaba oscureciendo la luz interior de la que hablamos antes. Películas, libros, canciones, juguetes, ejemplos, palabras... No es cuestión de prohibición, de burbujas o de puritanismo, es cuestión de agrandar los horizontes de la razón de nuestros hijos con cosas excelentes. En la educación no hay nada que sea neutro. Todo, o suma, o resta.

 

-¿Son los padres los primeros educadores de sus hijos?

 

Sí, pero eso se queda en algo utópico si la oferta educativa no es plural. Y con lo que acabamos de explicar, nos vamos hacía la uniformidad, no la diversidad. En el caso de la concertada, no es una uniformidad impuesta a través de un marco legal restrictivo, sino del marketing educativo que se supone que va a salvar a esos colegios de entrar en crisis económica. Todo el mundo quiere estar a la última, y muchos de los métodos que se incorporan en las aulas carecen de evidencias. Los padres hemos de pedir una educación basada en las evidencias, no en las modas. La educación es un asunto que debe estar encima de las consideraciones ideológicas y económicas, no se experimenta con la educación.

 

-¿Nos puede dar ejemplos de métodos que carecen de evidencias?

 

La estimulación temprana está condenada por Neurology, la Academia Americana de Pediatría y toda la literatura académica desde el año 1968. Respecto a las tabletas, no hay conjunto de estudios que indique que su uso en las aulas lleve a una mejora de los resultados académico. De hecho, los estudios apuntan a lo contrario. La literatura científica de los últimos 5 años advierte que muchos de los supuestos de la llamada educación “basada en la neurociencia” son falsos. ¿Ejemplos? No es cierto que existe un periodo crítico entre los 0 y los 3 años, o que solo usemos el 5% de nuestro cerebro, o que haya que enriquecer el entorno durante los primeros años de vida, o que las personas aprendan mejor cuando reciben información en su estilo de aprendizaje preferido (ej. Auditivo, visual, kinestesia) o que las diferencias en dominancia hemisférica (hemisferio izquierdo o derecho) pueden ayudar a explicar las diferencias individuales de aprendizaje entre los alumnos. Nos puede sorprender, pero la literatura neurocientífica lo considera como “neuromitos” (malas interpretaciones de la literatura neurocientífica aplicadas a la educación). Pero como decía Huxley, a veces preferimos una falsedad emocionante a una verdad sin interés.

 

-¿Cómo recuperar esa mentalidad científica?

 

Guardini decía “Si somos capaces de ver la verdad, somos capaces de seguirla”. ¿Entonces por qué nos cuesta tanto tener esa mentalidad científica? ¿Cuándo ha dejado la ciencia de ser parte de la cultura? ¿Cuándo hemos dejado de entender la ciencia como un método valido para llegar a conocer la realidad tal como es? Hemos de tener en cuenta que no solo somos objeto de ciencia, sino también sujeto. Si el hombre se estudia a sí mismo, y además se ve envuelto en consideraciones cortoplacistas y de intereses económicos, siempre existe ese peligro de que no sea objetivo con los resultados de la investigación, porque es a la vez juez y parte. Quizás eso puede explicar que nos cueste tanto ser objetivos en encarnar esa “sana duda”, en tener esa mirada limpia y asombrada que es necesaria para la búsqueda de la verdad. Como apunta Miguel-Ángel Martí, “son muchas las causas que explican ese ocultamiento de la verdad, pero una de ellas viene dada por la falta de deseo (de admiración) de conocer qué son las cosas realmente. Quien deja de admirar abandona también la búsqueda de la verdad”. En definitiva, volvemos a la importancia del asombro.

 

-¿Qué dirías a los padres que quieren volver a asombrarse?

 

Descubrir el asombro como algo bueno y deseable y querer recuperarlo es el mejor punto de partida para conseguirlo, porque es, en sí, manifestación de asombro.

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Colaboración Sontushijos.org - 30.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

Alberto Quesada es profesor de secundaria en España, quien asegura que “prohibir la tecnología a los chicos no es la solución”,  ni tampoco la postura opuesta, es decir, la de aquellas familias que dan libertad con la excusa de que no se puede luchar contra la omnipresencia de la red o del aluvión imparable de imágenes y sensaciones que llega al móvil.

 

“En mi opinión, ninguna de las dos opciones es la correcta. La primera alternativa sencillamente retrasa el contacto con los dispositivos móviles, pero no aporta recursos (no, al menos, a priori). La segunda deja abandonado al adolescente frente a los numerosos riesgos de la red”. Asegura el profesor en un artículo que nos comparten desde Sontushijos.org. Por eso, él brinda las siguientes pautas que podrá ayudar un poco a los padres a encontrar el punto medio del asunto. 

 

Los móviles no son juguetes

 

Hace algún tiempo, un alumno de 1º de ESO me preguntó: «¿Hoy haremos clase normal o usaremos los iPads?». Este comentario me cayó como un jarro de agua fría, pues llevaba unas semanas de metodología 1:1 durante una hora semanal de sociales, y me parecía un éxito de resultados y de implicación de los alumnos. Los alumnos pensaban que estábamos jugando y que eso no era estar en clase de verdad.

 

Estas percepciones erróneas suceden al introducir los dispositivos digitales de manera poco ordenada. Si en todos los contextos de aprendizaje se abusa del juego, los aparatos se asocian a la diversión.

 

La implantación de los computadores en los centros educativos no queda excluida de esta distorsión: si los sistemas 1:1 solo se emplean en contextos gamificados, se genera -casi inconscientemente- un prejuicio contra la seriedad de estos instrumentos. Si el móvil se usa solo para jugar o para la conversación insustancial, se genera una percepción que altera la alfabetización digital.

 

Todo ello nos invita a pensar cómo introducimos a los niños en la tecnología o si, por el contrario, los lanzamos al mercado digital sin una preparación previa. En concreto, conviene preparar un proceso gradual de inmersión: pasar por aplicaciones que no sean juegos, sino herramientas útiles en el día a día de los niños. Una orientación así permite dar sentido a los 600 euros que una familia gasta por un iPhone.

 

Prohibir con sentido

 

Lo dicho hasta ahora nos lleva a apuntar que no se gana nada retrasando el contacto de un niño con las herramientas digitales. Sin embargo, la asunción de ritmos de uso no puede dejarse a la deriva. Del mismo modo que no dejamos a un niño de 4 años salir solo a la calle, tampoco es prudente permitir la libre utilización de los dispositivos digitales. ¿Edad? Depende: en 1º de ESO los niños son muy distintos entre sí, porque la educación en la familia también es muy distinta entre ellos.

 

Primero, se dejará el aparato en momentos y circunstancias bien puntuales. Después, convendría ir ampliando el periodo de posesión del móvil a la vez que se hace hincapié en la necesidad de desconectarlo o apartarlo en situaciones concretas: estudio, tiempo en familia, horas de sueño, etc. Finalmente, se dará libertad y la intervención paterna se limitará a una labor de orientación o consejo, o ultima ratio, como castigo por un comportamiento muy grave.

 

Formar en positivo

 

Yo no pondría el acento en la prohibición o en el miedo a la red. Me parece que esta ha sido la tónica de las charlas y sesiones sobre formación digital en las familias. Las cosas han cambiado y, ahora, los padres y educadores estamos familiarizados con la tecnología digital. Bastaría por tanto cambiar nuestro paradigma y pensar en los recursos que un niño, en cada situación, puede utilizar e irle progresivamente formando en el uso de aplicaciones y recursos on-line.

 

Los ejemplos son incontables. Eso sí: conviene apartar la mente de las redes sociales, que serían el último escalón en el proceso de madurez digital, o de los videojuegos, que es la salida fácil para que los niños estén entretenidos. En su lugar, aparece toda una retahíla de recursos para cultivar cualquier hobby o utilizar en el trabajo cotidiano. En el coche, podemos ir siguiendo la ruta a través de un navegador gps, o ir haciendo fotografías de los paisajes para hacer un concurso en familia. Se pueden ver las estrellas con una herramienta de realidad aumentada, o visitar un museo con la guía. Podemos vender los muebles que no necesitemos más, mirar la cartelera o reservar una mesa para la cena. Todo depende muchas veces del tiempo que dedicamos a pensar la utilidad del teléfono móvil o la conexión de datos antes de que el niño lo haga por su cuenta y nos encontremos con el problema de dejarle el móvil para que se entretenga.

 

En definitiva: la educación digital es el nuevo reto al que padres y docentes nos enfrentamos. Esperar a los cursos de secundaria es demasiado tarde. Hay que formar en positivo para ofrecer técnicas y habilidades que puedan ponerse en marcha conforme el niño va madurando, y utilizar la prohibición en la medida en que pueda ser justificado por sus educadores, precisamente porque ellos predican con el ejemplo o viven unas normas de buena educación que tienen un claro sentido positivo.

 

Colaboración de www.sontushijos.org para LaFamilia.info

 

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