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Alianza LaFamilia.info y el Instituto de la Familia U.Sabana - 16.03.2015

 

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¡Cuidado! Una vez publicado en internet, cualquier contenido es tan confidencial como si lo contáramos por la megafonía de un estadio de fútbol.

 

Discreción, honestidad y prevención, son tres principios clave para navegar sin riesgos y aprovechar de manera productiva todo lo que nos ofrece la sociedad digital.


En las últimas dos décadas, gobiernos de todo el mundo se han esforzado en impulsar en sus respectivos países el desarrollo de la llamada “sociedad de la información”. Este impulso ha tenido un componente básicamente instrumental: el objetivo principal ha sido poner al alcance de las personas las tecnologías necesarias para actuar en el nuevo mundo interconectado. Para apoyar ese desarrollo tecnológico, se han promovido sucesivas campañas de alfabetización digital, orientadas a capacitar a los ciudadanos en el uso de esas tecnologías.

 

Aunque grandes zonas del planeta siguen necesitadas de políticas e inversiones para impulsar su desarrollo digital, lo cierto es que la fase de implantación de las tecnologías puede darse por cumplida: ya vivimos en un mundo plenamente interconectado. La “aldea global” descrita por McLuhan se ha convertido en una realidad.

 

Restan dudas, sin embargo, de que los ciudadanos hayamos aprendido a manejarnos en este escenario no tanto con la necesaria destreza, sino como con la imprescindible cautela. Utilizamos los aparatos y sus aplicaciones, pero no es tan seguro que entendamos los riesgos que nos acechan tras el uso desprevenido o confiado de esos recursos.

 

Comprobamos a diario que muchos internautas actúan con suma despreocupación a la hora de difundir contenidos en las redes. Da la sensación de que se creen en el mismo contexto de confianza y confidencialidad de una charla entre amigos. Y no es así. En absoluto. Por eso, urge que los ciudadanos aprendan a manejarse con inteligencia en las redes. Hace falta un nuevo esfuerzo de aprendizaje, más allá de lo meramente instrumental.

 

Las personas, en su desempeño en la red, deberían incorporar las pautas de actuación que caracterizan a los periodistas profesionales. No son técnicas muy complejas. En realidad, se trata de tres simples reglas de sentido común. Tres virtudes, si se quiere:

 

La primera es la discreción: es una obviedad, pero a la vista de la despreocupación con la que tantas personas distribuyen contenidos sensibles en la red, es necesario repetirla: hay que tener cautela con todo lo que se publica en internet. Aunque nos parezca lo contrario, la red es un territorio tan indiscreto que, si uno quiere que algo no se sepa, es mejor que ni lo piense. Cualquier mensaje distribuido por internet, al margen de lo que en él se diga, deja rastros de cuándo, dónde y quién lo creó. La simple elección de un tema o el uso de cierto término en un mensaje digital pueden señalar a una persona. En este último año (2014), hemos sabido que gobiernos y grandes corporaciones de internet se dedican sistemáticamente a rastrear e interpretar nuestros contenidos. No solo los que difundimos públicamente, también los mensajes supuestamente privados. Ante semejantes prácticas, más vale que manejemos cualquier contenido personal con máximo sigilo.

 

La segunda pauta es la honestidad: Cuando un periodista informa, se espera de él que respalde su información con fuentes solventes y que no presente como propio el contenido ajeno. De manera análoga, al actuar en internet, cualquier persona debería aportar evidencias de lo que sostiene y debería reconocer a quien corresponda la autoría de los contenidos que comparte.

La tercera es la prevención: Los periodistas –los buenos, al menos– siempre se preguntan: ¿Es esto cierto? ¿Quién y qué lo respalda? Proceden así para no propalar bulos infundados. Por tanto, la mejor forma de evitar disgustos es no difundir informaciones sin confirmar. Las personas que publican contenidos en internet harían bien en seguir este mismo ejemplo.

 

Los peligros en este nuevo mundo interconectado existen. Es necesario, por tanto, tomar precauciones. Sin embargo, no magnifiquemos los riesgos; son muchos más los beneficios de estar presente y activo en la red. Vivimos en una nueva sociedad, donde la gestión inteligente de las redes se ha convertido en una cualidad esencial para cualquier ciudadano, ya sea en su esfera personal o en la profesional. Aprender esos principios para el uso productivo y responsable de la red es la clave hacia la que debe tender nuestra segunda alfabetización digital.

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 26-12/14. Autor: Ramón Salaverría. Profesor de Periodismo en la Universidad de Navarra.

 

 

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