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Pablo J. Ginés/ReL – 28.10.2016

 

2016310feFoto: Freepik

 

Con su nuevo documento Ad resurgendum cum Christo la Iglesia recuerda lo que venía enseñando desde hace décadas: que la cremación de los fallecidos es admisible para los cristianos, pero siempre que las cenizas se traten como a un difunto, es decir, enterrándolas o colocándolas en columbarios en lugar sagrado, lugares que se van a proteger y donde pueden ser visitados y recibir oración.

"Con mis cenizas... ¿hago lo que quiero?"

 

Se ha generado un cierto debate social, con personas que aunque dicen ser cristianas proclaman: “con mi cenizas -o las de mi difunto- hago lo que quiero, son mías”.

Pero la postura católica es clara: las cenizas del fallecido no son “un objeto”, igual que un cadáver no es “un objeto”, y mucho menos es una propiedad. Ni siquiera basta con decir que son “un recuerdo”, como sí lo sería una foto o un objeto cargado de memorias del pasado. Son mucho más.
 
El portal ReligiónenLibertad.com habla de ello con Fermín Labarga, director de departamento de Teología Histórica de la Universidad de Navarra y experto en religiosidad popular, iconografía y cofradías:

“Hay gente que habla del difunto como si fuera un objeto, que parece que diga ‘el difunto es mío’. Pero, no: el difunto cristiano es de Dios y de la comunidad cristiana, y no es un objeto ni es una posesión, ni tampoco es un mero recuerdo”.

“Con un cadáver no es fácil hacer lo que quieras. Y tampoco te lo permiten. La realidad es que las autoridades y la sociedad no te dejan hacer cualquier cosa con los cadáveres de tus seres queridos”, explica Labarga.

Al quemar el cadáver, el cuerpo en cenizas se hace más manejable, pero aún así surgen normas civiles. En España, por ejemplo, hay normativas que impiden tirar cenizas de difuntos en muchos lugares.

El individualismo… y aferrarse al difunto

 

El duelo no ha sido nunca un tema individual, sino social. En los pueblos, en las familias grandes, se ha vivido siempre comunalmente el proceso de despedirse del difunto, de aceptar su partida.

Pero una sociedad individualista que esconde la muerte y el duelo puede generar efectos psicológicos perjudiciales en la persona en proceso de duelo.

“No dejar marchar al difunto es un problema psicológico. Todos conocemos esas señoras que acuden a la tumba de su marido, que quieren dormir allí, sobre ella… y la autoridad se lo impide, y se les da tratamiento psicológico. Pasa más en muertes traumáticas, por accidentes, por ejemplo”.

¿Y si esa relación enfermiza pasa ahora en casa, donde quiere guardar la urna con cenizas, donde quizá nadie la vea ni le atienda? Es otra combinación de soledad y cultura individualista.

Una sociedad que esconde la muerte

 

El documento explica que “la iglesia se opone a ocultar o privatizar el evento de la muerte”. 

“Ocultar la muerte es propio de la sociedad actual”, explica Labarga. “Es curioso que hay  padres que hoy no dejan al niño ir al cementerio o al funeral del abuelo pero después sí les dejan ir a  Halloween con sus brujas. Hace pocas generaciones la muerte estaba muy integrada en la vida y los niños veían la muerte de los abuelos, que no era especialmente traumática –como sí lo es la de un padre de hijos pequeños-. Los niños veían que la vida tiene un final. Hoy los ancianos mueren en hospitales, o en geriátricos, lejos de su familia. La sociedad, además oculta la vejez y la enfermedad”.  

Los ritmos de trabajo tampoco ayudan. “Los sacerdotes vemos que cada vez viene menos gente a los funerales. Hay que celebrarlos después de la jornada laboral, para que parientes y amigos puedan acudir. Además, en las ciudades las funerarias han ido imponiendo la separación entre el funeral y el entierro, con la pérdida simbólica que significa que en el funeral no esté el cadáver”, constata Labarga.

Una opción pastoral: esperar

¿Y qué hacer con esas personas, a menudo ancianas, que son cristianos piadosos pero se empeñan en tener en casa las urnas con las cenizas de su esposo o parientes fallecidos?

Una opción pastoral podría ser, simplemente, esperar acompañando, dar tiempo a esa persona, y en su momento recordarle que, cuando muera, puede pasar de todo con las urnas, y que es importante ponerlas a buen recaudo en tierra sagrada. Probablemente dará permiso para que se entierren tras su muerte.

Al final, la Iglesia lo que busca es el respeto para los restos humanos, acompañar a los que sufren en el dolor y evitar que se oculte esa realidad misteriosa que es el morir.

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LaFamilia.info - 10.06.2016

 

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El Video del Papa, en su ya sexta edición, pide por “los ancianos, marginados y las personas solitarias”, con el objetivo de concientizar sobre el frecuente abandono de personas mayores y enfermos.


El Papa invita a unirse a su petición por la revitalización de la solidaridad en las ciudades. “Nuestras ciudades deberían caracterizarse sobre todo por la solidaridad, que no consiste únicamente en dar al necesitado, sino en ser responsables los unos de los otros y generar una cultura del encuentro” expresa Francisco en la intención de este mes. A continuación el video:

 

 
 

 

Ver también: 

El primer “video del Papa” (Enero: Diálogo Interreligioso)

El video del Papa 2: Cuidar la casa común (Febrero)

El video del Papa 3: Por los niños y las familias en dificultad (Marzo)

El video del Papa 5. Las mujeres en la sociedad (Mayo)

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Zenit/LaFamilia.info - 14.03.2016

 

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La familia es uno de los bienes más preciosos de la humanidad. Pero ¿acaso no es el más vulnerable? Con esta pregunta se abre el video del Papa Francisco (ver abajo) con su intención de oración para el mes de marzo.

 

Este es el tercer video de la iniciativa que comenzó en enero para difundir las intenciones de oración del Santo Padre, que cuenta con la participación del propio Francisco, al grabar mensualmente un video en español. 

 

 

Ver también: 

El primer “video del Papa” (Enero: Diálogo Interreligioso)

El video del Papa 2: Cuidar la casa común (Febrero)

 

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LaFamilia.info - 06.05.2016

 

elvideodelpapa012016

 

“Es innegable el aporte de la mujer en todas las áreas del quehacer humano, empezando por la familia. Pero con sólo reconocerlo… ¿Es suficiente?” Así comienza el quinto video del Papa Francisco dedicado a las mujeres y hace un llamado para hacer valer sus derechos. Los invitamos a ver el video. 

 

 
 

 

Ver también: 

El primer “video del Papa” (Enero: Diálogo Interreligioso)

El video del Papa 2: Cuidar la casa común (Febrero)

El video del Papa 3: Por los niños y las familias en dificultad (Marzo)

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LaFamilia.info - 19.02.2016

 

FranciscoPatriarca2016
Foto: ACI 

 

El reciente encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Kyril es realmente un hecho histórico. «Este encuentro de los primados de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa Rusa, preparado desde hace tiempo, será el primero en la historia y marcará una etapa importante en las relaciones entre las dos Iglesias». Señaló el Comunicado de prensa oficial.


Fruto de dicha reunión, surgió un documento (ver) en el que ambos dirigentes han buscado subrayar los puntos comunes. Aquí destacamos lo referente al matrimonio y a la familia:


19. La familia es el centro natural de la vida de un ser humano y de la sociedad. Estamos preocupados por la crisis de la familia en muchos países. Los ortodoxos y los católicos, compartiendo la misma visión de la familia, están llamados a testificar acerca de la familia como de un camino hacia la santidad, que se manifiesta en la fidelidad mutua de los cónyuges, su disponibilidad para dar a luz a los niños y formarles, en la solidaridad entre las generaciones y el respeto hacia los enfermizos.


20. La familia está fundada sobre el matrimonio que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer. El amor fortalece su unión, les enseña a aceptar uno a otros como a un don. El matrimonio es la escuela del amor y de la fidelidad. Lamentamos que otras formas de convivencia se equiparan ahora con esta unión, y la visión de la paternidad y la maternidad como de especial vocación del hombre y de la mujer en el matrimonio, santificada por la tradición bíblica, se expulsa de la conciencia pública.


21. Hacemos un llamamiento a todos para respetar el derecho inalienable a la vida. Unos millones de bebés están privados de la propia posibilidad de aparecer a la luz. La sangre de los niños no nacidos pide a gritos a Dios que haga justicia. (Génesis 4, 10).


La divulgación de la así llamada eutanasia conduce al hecho de que los ancianos y enfermos comienzan a sentirse carga excesiva para su familia y la sociedad en conjunto.


Expresamos nuestra preocupación por el uso cada vez más extendido de las tecnologías biomédicas de reproducción, porque la manipulación de la vida humana es un ataque contra los fundamentos del ser de la persona creada a imagen de Dios. Consideramos que nuestro deber es hacer acordarse sobre la inmutabilidad de los principios morales cristianos, basados en el respeto por la dignidad de la persona que está destinada a la vida de acuerdo con el plan de su Creador.”


Análisis por Pedro Trevijano/ReL


Creo que este documento afirma unas verdades que conviene subrayar, en unos momentos en que en nombre de la ideología de género y de lo políticamente correcto se intenta combatir y destruir al matrimonio y a la familia.


Desde una óptica puramente biológica la naturaleza ha inventado la sexualidad para conservar la especie, pero esta realidad biológica adquiere forma humana en la comunidad de hombre y mujer. El misterio de la masculinidad y feminidad, los dos modos de ser de la persona humana, tiene que ver con la relación mutua, la reciprocidad sexual, el equilibrio afectivo, la comunión personal, para lo que se precisa una cierta diferencia, en la que la separación llama a la unidad y la unidad supone la separación que hace posible la comunicación y el lenguaje, pero que conlleva la unidad de naturaleza o de la carne. Las exigencias legítimas de la sexualidad, es decir la reciprocidad y la entrega mutua en armonía, se integran en un proceso de humanización. El matrimonio es una vocación que viene de Dios y es una institución necesaria para el amor de la pareja, aunque por supuesto no se puede reducir a puro ordenamiento jurídico.


El matrimonio ha sido a lo largo de los siglos uno de los más importantes factores de progreso de la humanidad, pues proporciona a los hijos el ambiente adecuado para su crianza, una estabilidad educativa y una formación que garantiza el crecimiento y desarrollo humano de nuestra sociedad. No nos olvidemos además que las dos grandes necesidades humanas son afecto y comida, y que la mayor parte de las personas resuelve la necesidad de afecto gracias a la unión matrimonial.


Pero el amor supone fidelidad. La fidelidad es indiscutiblemente un bien para el matrimonio y la familia, pero es un bien que hay que conquistar día a día, sin concesiones a la debilidad. Supone el respeto a la palabra dada y el convencimiento de que siempre que nos comprometemos a algo, y luego no lo cumplimos, provocamos sufrimiento. La infidelidad es lo contrario al amor, porque procede del engaño y provoca la desdicha.


No cabe duda de que la decisión de comprometerse “hasta que la muerte nos separe”, supone aceptar un elemento de incertidumbre y de riesgo. Pero el amor, y sobre todo el amor conyugal cristiano, impulsa a una entrega total, exclusiva y definitiva, reforzada por motivos religiosos. La fidelidad, curiosamente, supone un grado mayor de libertad, porque es menos libre una persona cuyo problema es engaño o no a mi cónyuge, que aquél que, porque ama, ni se le ocurre el adulterio.

 

En cuanto a las otras formas de convivencia, en el Nuevo Testamente san Pablo condena claramente toda relación sexual fuera del matrimonio legítimo: adulterio (1 Cor 6,9; Rom 2,22; 7,3; 13,9), incesto (1 Cor 5,1-13), homosexualidad (1 Cor 6,9; Rom 1,26-27), fornicación (1 Tes 4,3; Gal 5,19) y prostitución (1 Cor 6,12-20; 10,8). ¿Y qué vamos a decir del intento de sustituir las palabras, padre y madre, o papá y mamá por progenitor A y progenitor B? Como no me gusta generalmente escribir palabras gruesas, dejo que sean Vds. los que las pongan.


Sobre el aborto dos reflexiones. Como sacerdote me he tropezado con centenares de casos en las que las madres abortistas, y más raramente sus cómplices, estaban destrozados por lo que habían hecho. Mi tarea era pedirles, para rehacerse como personas, confiar en el perdón de Dios, que iban a recibir en la absolución y procurar pasar por este mundo haciendo el bien y defendiendo la vida. La otra es algo sucedido esta misma semana: el Comité de Derechos del Niño de la ONU ha pedido a Irlanda que apruebe el aborto libre. Desde luego uno siempre aprende cosas nuevas: el ser abortado es un derecho del feto o embrión. Y es que cuando nos apartamos de Cristo, nos volvemos siervos de Satanás. Aprovecho la ocasión para decir que desconfío radicalmente de la ONU y sus organismos afines, como Amnistía Internacional, defensora del aborto y de los titiriteros.


Por último sobre la eutanasia: está claro que estoy en contra. Si voy a un hospital, quiero que me curen, no que me asesinen.

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