ReligionConfidencial - 13.10.2015

 

20151310sinodofliaFoto: L'Osservatore Romano 

 

Ni los divorciados vueltos a casar están excomulgados, ni los homosexuales discriminados. El Papa siente sobre sus hombros la misión de acoger a la Iglesia a todas las personas, especialmente a las más necesitadas.

 

Los efectos positivos de esta actitud se están empezando a ver en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que lleva por título “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. El Papa Francisco ha liderado desde el inicio de su pontificado este énfasis pastoral: gestos como el de recibir a personas en las antípodas de la moral de la Iglesia, son un modo muy claro que el Santo Padre tiene de decir: “Seas quien seas, y como pienses, Dios te quiere”.

 

El portal Religión Confidencial analiza con Daniel Arasa, profesor de comunicación institucional de la Pontificia Università della Santa Croce (Roma), la primera semana de Sínodo de las Familias. Están son las ideas principales a la luz de las diversas intervenciones y comentarios de los padres sinodales y expertos reunidos en Roma del 4 al 25 de octubre.

 

Apostar por la belleza de la familia. Hay que apostar por la familia, por el amor de los esposos, por la educación de los hijos. Por ejemplo, en Perú de cada cien niños que nacen hoy en día, setenta no tienen una familia debidamente constituida. Tiene que haber una pastoral de acompañamiento de las familias, especialmente las nuevas. La sociedad necesita una fuerte inyección del espíritu familiar.

 

La doctrina no será modificada. El Papa ha dejado claro en su discurso de apertura del Sínodo que la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio no está en discusión. Por lo tanto, no van a cambiar cuestiones esenciales en la doctrina que, en cualquier caso, no están bajo la potestad del Sínodo, sino que se tendrán más en cuenta las circunstancias personales de las personas cristianas, sin necesidad de recordar en cada ocasión que esa persona se encuentra en una situación incompatible con la moral cristiana. Hay una gran preocupación de los obispos por no ofender la sensibilidad de la gente, pero también para que quede clara la doctrina de la Iglesia.

 

Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados: “Pienso que se darán pasos muy interesantes como potenciar las actividades en las parroquias dirigidas a personas que se encuentran en esta situación, promover un lenguaje inclusivo que les ayude a darse cuenta de que no están excomulgados y que forman parte de la Iglesia, integrarles en las tareas de servicio solidario, etc.”, afirma Daniel Arasa.

 

Nulidades matrimoniales más ágiles. La pastoral familiar trata de ayudar a comprender la bondad del matrimonio según la ley divina y facilitar a todos el adecuarse a esa situación. En algunos casos, eso será posible a través de la declaración de nulidad de un primer supuesto matrimonio que nunca existió; en otros, facilitará un periodo de reflexión y un progresivo cambio de vida.

 

Preparación para el matrimonio: Lo que más preocupa a la Iglesia es el número de matrimonios religiosos que se rompen después de un tiempo. Daniel Arasa apunta que en el mundo occidental son ya muchos los que deciden casarse civilmente, “por lo que no creo que empeore la situación o que, al menos, cambios en la preparación matrimonial sean la causa de una tendencia a que las parejas no opten por casarse por la Iglesia. En todo caso, una profunda preparación al matrimonio tendrá efectos positivos: serán más parejas las que adquirirán un mayor conocimiento del valor del matrimonio como sacramento, lo que les ayudará a ser más fieles en su vida conyugal y familiar”.

 

Transmitir el atractivo de la vida conyugal abierta a la paternidad. La doctrina sobre la vida familiar y la paternidad responsable sigue vigente, recogida en documentos como las encíclicas Humanae vitae (Pablo VI) y Evangelium vitae (Juan Pablo II), o la exhortación apostólica Familiaris consortio (Juan Pablo II). Puede haber motivos que justifiquen la decisión de no tener hijos en un futuro inmediato, pero las relaciones conyugales deben estar siempre abiertas a la vida, lo que significa seguir los métodos naturales en la regulación de esas relaciones. Los pastores de la Iglesia deberán transmitir la belleza de la vida conyugal abierta a la paternidad y a la maternidad para poder participar plenamente de la vida sacramental.

 

Sexualidad: vida cristiana coherente. Las personas con tendencia homosexual están llamadas a la santidad como cualquier otra persona, y su situación –con sus inclinaciones y contando con la gracia de Dios– es compatible con una vida cristiana. “En este sentido, la lucha por vivir una vida cristiana coherente que se pide a una persona con tendencia homosexual es análoga a la de una persona heterosexual no casada (o al casado, con personas distintas de su esposa). La meta es alta, y la pan-sexualización de nuestra sociedad hace que no sea fácil afrontar estos temas”, recuerda Arasa.

 

 

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