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Características psicológicas de los niños de 4 a 5 años PDF Imprimir E-mail
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Sandra Poveda Soriano
25.06.2007

Alrededor de los cuatro años, el niño inicia una nueva etapa vital en la que va a descubrir el placer de vivir rodeado de gente. Abandona paulatinamente su apego hacia nosotros los padres, ya no siente la necesidad estar siempre tras nuestros pasos e incluso experimenta la sensación de que ya no le bastamos para divertirse: necesita gente distinta y nuevos alicientes. Empieza a comprender lo divertido que resulta relacionarse con otros niños de su misma edad con quienes comparte intereses, y pronto toma conciencia del inmenso placer que supone el ser independiente de los mayores.

A los cuatro años el niño empieza a relacionarse con personas ajenas a su entorno familiar inmediato. Aunque la familia sigue ejerciendo una gran influencia sobre él, y los padres siguen siendo las figuras más importantes de su vida, necesita a sus amigos para jugar, comienza a compartir y respetar algunas reglas, a imitar determinados comportamientos de los adultos, a identificarse con los amigos de su mismo sexo… Se está socializando, está aprendiendo nuevas pautas de conducta, está madurando.

Hogar y escuela

Los dos contextos educativos más importantes para el desarrollo social del niño de 4 y 5 4 años son la familia y la escuela. La escuela complementa al hogar facilitando la progresiva integración del niño en la sociedad: se adaptará a un ritmo de vida, actividades, horarios, normas y comportamientos diferentes a los que ha seguido hasta ahora en casa. Los sentimientos de afecto, amistad, compañerismo y ternura que se generan contribuirán a desarrollar en él una mayor sensibilidad hacia los demás.

A esta edad, le gusta relacionarse con otros niños estableciendo una comunicación más variada y más rica en matices, ya que ha ampliado su vocabulario. Es en la escuela donde el niño realiza un mayor número de contactos sociales y puede dedicar más tiempo a la relación social con el grupo de juego. Básicamente, todos sus amigos lo son porque participan de juegos comunes y sus intereses lúdicos son parecidos.

El juego individual ya no le divierte tanto como antes, prefiere aquellas actividades en que participen grupos de dos o tres niños generalmente de su mismo sexo. Aunque continúa siendo bastante egocéntrico empieza a respetar su turno, a compartir sus juguetes y a pensar qué sienten sus compañeros. Esto le permitirá poco a poco afianzar su identidad, aunque le cueste más de una decepción y más de una pelea con sus amigos por defender sus intereses. Los conflictos entre sus amigos, tan repetitivos y pasajeros, le permitirán ir controlando las frustraciones y la agresividad, y le enseñarán a aceptar los fracasos.

Juegos de imitación

El juego simbólico o de imitación adquiere mucha importancia a esta edad. Les gusta adoptar el papel de otras personas (familia, profesor, personaje de ficción) e imitar las actividades que ven realizar. Los padres siguen siendo sus modelos más influyentes y es responsabilidad suya mostrar patrones y valores sociales valiosos. En sus juegos teatrales no mantiene mucho rato el mismo papel, sino que cambia de un personaje a otro con la mayor facilidad. Por ejemplo, puede simular que es Superman y acto seguido que conduce un coche como su madre.

Esta clase de juego también aparece cuando el niño juega en grupo. Cada uno representa un papel tras haber llegado a un acuerdo ("tú harás de papá y yo de mamá", "tú serás un elefante y yo un león"). Como el juego es colectivo cada niño sabe que debe desempeñar bien su papel para que el juego sea coherente.

Se le debe permitir relacionarse con los demás con entera libertad, con el apoyo afectivo y confianza de los padres pero sin mediar en sus conflictos sociales, potenciando así su independencia y autonomía, la seguridad en sí mismo y su autoestima.

 
 

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