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Alianza LaFamilia.info y el Instituto de la Familia - 03.11.2015

 

 

Estos sueños suelen producirse en todas las personas. Aquí vamos detenernos en los niños entre los 3 y los 6 años de edad.

 

Las pesadillas, dicen los expertos, obedecen a causas fisiológicas (fiebre elevada) o psicológicas (un trauma inusual o estrés en la vida de quien duerme). Estas se definen como sueños aterradores prolongados, que se manifiestan generalmente hacia el final de la noche. Esto sucede porque el cuerpo esta inmóvil, dormido y se encuentra en la fase de sueño REM (de movimientos oculares rápidos); el cerebro tiene una actividad importante y es el momento en que surgen los sueños.

 

Y si a este panorama le unimos otros factores como la oscuridad, el temor a lo desconocido, las tensiones vividas durante el día, la mala digestión o, incluso, esa escena violenta de la televisión que no pudimos evitar presenciar, el resultado final es siempre el mismo: una pesadilla.

 

Manifestaciones en el niño

 

Normalmente el pequeño grita, se despierta y a veces se levanta para ver a sus padres. Su angustia es momentánea, pero no por ello menos real para él, por lo que si se le habla o se le acaricia suavemente hace contacto con la realidad y vuelve a dormir lentamente; así, después de una pesadilla, es capaz de contar su sueño o, al menos, explicar sus sensaciones: “Me dio mucho miedo”, “había un monstruo”, “un león me quería comer”.

 

Ante situaciones así, la respuesta de los padres debe ser siempre la misma: despertarlo suavemente y con ternura, después intentar calmarlo, serenando su angustia y su pánico ofreciéndole agua y analizando con él sus miedos… en definitiva, dándole toda la seguridad que tanto necesita en estos momentos.

 

Cómo tratarlas

 

Si no actuamos con prevención o no estamos preparados, pueden aparecer conductas que dificultan un descanso normal: miedo a dormir, negarse a ir a la cama, dormir solo con las luces encendidas o pedir todas las noches acostarse en la cama de los padres.

 

La clave del comportamiento de los padres –reiteramos– debe combinar firmeza y ternura; estas serán siempre las mejores aliadas, en lo que a educación se refiere. No se está haciendo una buena labor si se permite que el niño pequeño los manipule con sus miedos para que lo dejen dormir con ellos. Su deber es hacerle ver que tiene que aprender a dormir solo, que no es capricho de sus papás, de lo contrario pueden llevarlo a que confunda que si no duerme con ellos, nunca va a estar seguro o que las pesadillas volverán.

 

Otra actitud importante de los padres es que deben evitar ridiculizarlo al día siguiente. No hay que olvidar que cuando el niño llora lo único que demuestra es miedo a lo desconocido y una terrible sensación de desamparo.

 

Es importante, entonces, enseñarle a dominar esos miedos que tanto lo angustian y una buena forma de lograrlo es aprovechar los momentos más tranquilos y luminosos del día para intentar investigar las causas de sus miedos.

 

Quizá sean las imágenes de una serie de televisión o las historias que le cuentan sus compañeros de preescolar o algún muñeco o cuadro de su cuarto… en cualquier caso, hay que hacerle comprender que lo que ve a media noche en su habitación es fruto de su imaginación y que en su casa no corre peligro alguno, pues sus padres están con él.

 

Recomendaciones oportunas

 

- Haga de la hora de dormir un pequeño ritual, en el que respete un horario de inicio del sueño, el cual debe ser cumplido: una canción, leer o contar un cuento. Esto le da seguridad al niño, ya que propicia una pequeña despedida cada noche. Su muñeco favorito o la manta, también contribuyen a darle seguridad, ya que cualquiera de estos objetos es para el niño como una prolongación de sus padres.

 

- Rece con él una oración al niño Dios y al Ángel de la Guarda para que lo acompañen durante la noche.

 

- Esté atento a lo que ve en televisión, especialmente antes de acostarse. Los programas violentos pueden afectar su sueño.

 

- Acepte, momentáneamente, que duerma con una luz encendida o con la puerta abierta, mientras se duerme.

 

- Recuerde: única y exclusivamente el pediatra puede autorizar el uso de medicamentos tranquilizantes, en casos en que así lo requiera el niño.

 

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 13-09/11. Autor: Instituto de La Familia. Universidad de La Sabana.

 

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Por LaFamilia.info - 20.06.2016

 

20162006hiFoto: Pixabay

 

La creatividad es una habilidad que ayuda al ser humano a ser flexible, recursivo, a ver los problemas de un modo diferente, a identificar las soluciones con mayor facilidad. También está relacionada con la supervivencia y la inteligencia emocional. Por eso es tan importante promover un ambiente creativo en la crianza de nuestros hijos.

 

Estas son formas muy prácticas y sencillas de promover esta habilidad en casa:

 

1. ¡Vuelve a ser niño!

 

Piensa como si tuvieras cinco años, ¿qué te gustaría hacer? Cocinar, pintar, jugar con arcilla… Eso mismo quiere tu pequeño, así que ¡manos a la obra!

 

2. No le facilites todo ni le des soluciones a “pedir de boca”

 

Permíteles que experimenten y se esfuercen, esta es una manera de hacerlos más recursivos, obviamente de acuerdo a su edad y capacidad, pues cada etapa tiene sus retos.  

 

3. Oriéntalos a las soluciones

 

Enseña a los pequeños que equivocarse es natural y no es el fin del mundo, mejor ayúdales a encontrar las soluciones. El ambiente pesimista y de queja es muy negativo para la creatividad.

 

4. Permítele tomar decisiones

 

A medida que va creciendo se le puede ir dejando que decida en ciertas cosas, como por ejemplo su vestuario, ¡aunque no le convine del todo!

 

5. Conéctalos con la música y el arte

 

Son formas maravillosas de desarrollar la sensibilidad, los sentidos y la imaginación.

 

6. Lean y creen historias

 

Los niños aman las historias y más si son contadas por sus padres. Déjales formar parte de ellas, es decir, comienza con un tema y deja que ellos la continúen, así crearán una lluvia de maravillosos relatos y personajes que sólo caben en la imaginación de un niño.

 

7. Salte de la rutina

 

Hagan actividades diferentes: picnic, expedición, camping bajo techo, cine al aire libre, cocina divertida, etc. Todas estas experiencias enriquecen y despiertan habilidades creativas en los pequeños.

 

Y por último, algo muy importante: no limites la imaginación de los niños, déjalos que pinten el cielo verde y la grama azul o un dinosaurio con aletas de pescado. Muchas veces los adultos somos los que encasillamos a los pequeños, y de alguna forma, les prohibimos que sean recursivos y creativos.   

 

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LaFamilia.info
26.08.2013

 

La niñez es la etapa donde más actos egoístas se suelen presentar, pues es un rasgo que hace parte del desarrollo de la personalidad. Por esta razón, desde muy temprano los padres deben atender este llamado, y así evitar que un aspecto característico de la edad, se convierta en hábito, lo cual podría tener repercusiones en etapas posteriores.

 

Alrededor del primer y sexto año de vida, los niños tienden al egoísmo con facilidad. Alfonso Aguiló explica que en estas edades quieren ser los reyes de la casa y capturar todas las miradas: “Una criatura de pocos años parece que todo lo ansía para sí, acumula los juguetes, quizá no repara en que a otros nada les llegue. Pasa por un etapa de acusado egocentrismo infantil en la que gusta considerarse el centro de todo, que se hable de él, llamar la atención...; como Currita Albornoz en aquella novela de Coloma: si asiste a una boda, quiere ser la novia; si a un bautizo, el recién nacido; si a un entierro, el muerto.” Señala el autor de numerosos libros y artículos de educación familiar.

 

Por eso es tan importante que los padres actúen a tiempo y logren que sus hijos descubran la satisfacción que la generosidad encierra, y reflexionen sobre el desconcierto que queda cuando alguien se comporta de forma egoísta.

 

Consejos prácticos

 

Las siguientes son ideas que ayudan a los niños a superar el egoísmo. La paciencia, la constancia y el amor que los padres le pongan a este propósito, serán claves para conseguir el éxito.

 

No forzar a los menores de tres años a compartir. Es importante iniciar a tempranas edades, pero antes de los 3 años lo indicado es invitarlos a compartir sin forzarlos, pues aún no tienen total comprensión del concepto. Una forma de ir creando conciencia en ellos, es por ejemplo, cuando al visitar otras casas o al recibir visitas en la propia, se le da un bombón para él y otro para su invitado, así estarán en igualdad de condiciones y le será más fácil compartir. Son primeros pasos que darán frutos más adelante.

 

Seguir un proceso. La psicóloga y profesora en educación infantil, Virginia González expone en un escrito los pasos que se deben ir logrando a medida que los niños crecen como parte de un proceso. Ella explica que “lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar. El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala. Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello.”

 

No siempre de primero. Hay que enseñarle a que espere su turno y tolere el hecho de que hay niños que estarán primero que él. Por ejemplo las fiestas de cumpleaños son una magnífica ocasión para enseñarles a compartir, ya sea porque son los homenajeados o los invitados.

 

Nunca reforzar la conducta egoísta. La autoridad y la firmeza de los padres son determinantes para evitar ceder cuando hacen pataletas por no querer compartir. Es un error declinar en estas situaciones. A largo plazo el más perjudicado será el niño.

 

Elogiarlo cuando comparta sus cosas. Para los pequeños es muy importante el elogio de sus padres. Esto refuerza el acto positivo (generosidad) y ayuda a erradicar el negativo (egoísmo). Pero tampoco conviene hacer demasiada “fiesta”, no hay que exagerarse en las ponderaciones, pues de esta manera el niño no lo hará por la virtud como tal, sino por ganarse los aplausos de los papás.

 

Compartir con alegría, como dice la canción. Cuando otro niño se antoje de alguna de sus pertenencias, hay que invitarle a ceder y negociar, pueden turnarse, intercambiar por espacios de tiempo, y así evitar que se forme un drama.

 

Los libros como medio de enseñanza. Se puede sacar provecho al gusto que tienen niños por la lectura y elegir historias que destaquen valores como la amistad, generosidad y solidaridad. Seguramente les quedará sonando las enseñanzas de los cuentos y las aplicarán en los momentos oportunos.

 

Que nos vean compartir. Los adultos deben demostrar que compartir conlleva múltiples beneficios, a diferencia del egoísmo que trunca el camino de la felicidad.

 

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Colaboración Fundación Teletón México - 25.03.2015

 

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Adriana tiene cuatro años y es la mayor de tres hermanos. Hace apenas dos meses nació el más pequeño, y ello le ha significado una serie de presiones como el hecho de que sus padres le exijan que ayude al cuidado del bebé. En su desesperación por sentir que le piden más de lo que ella puede hacer, ha adquirido un mal hábito: arrancarse las cejas. Sus padres, en lugar de hablar con ella la reprimen y asumen el problema como un acto de rebeldía. La realidad es muy distinta: Adriana padece estrés infantil.

 

Aunque ha sido considerado como un padecimiento propio de los adultos, está comprobado que los niños también lo sufren, incluso desde sus primeros meses de vida, pues entre sus causas se encuentran los constantes cambios en nuestro entorno. En el caso de los niños, la etapa de la infancia está plena de ellos: el desarrollo físico que implica la muda de dientes, aumento en el volumen corporal y la estatura, así como el hecho de avanzar a nivel escolar, tener cada año maestros y compañeros nuevos.

 

La doctora Consuelo Hernández Troncoso, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que “el estrés en los niños empieza cuando tienen comportamientos difíciles; la mayoría de los maestros o padres de familia piensa que son mal portados, pero lo que vemos es que estas conductas se derivan de situaciones de tensión ante las cuales los niños se encuentran inestables y esto los altera".

 

Otras causas de estrés son cuando los padres discuten, los regañan o los fuerzan a desempeñar una actividad para la cual no se sienten aptos o no es de su agrado, como por ejemplo, cuando los integran a un equipo de fútbol sin su consentimiento. Lo grave de esta situación es que cuando rebasa la capacidad de los pequeños para manejarlo, puede ocasionar serios problemas de salud como hipertensión, colitis, úlcera y migraña.

 

Los niños no saben identificar emocionalmente cómo los hace sentir una discusión entre sus padres, pero su cuerpo sí, y los especialistas pueden detectar los cambios fisiológicos que se registran mientras ven discutir a sus padres, a través de mediciones como: la tasa cardiaca, la temperatura periférica y la respuesta muscular, las cuales evidencian la presencia de estrés.

 

El estrés es una respuesta necesaria para la vida, todos vivimos con él pero la clave está en saber canalizarlo para que actúe a nuestro favor y hacerlo un aliado para que los niños puedan sacarle provecho y alcanzar sus metas al tiempo que se liberan de él.

 

La comunicación es un punto importante para lograr la confianza de los hijos, en la medida en que los padres se acerquen a los pequeños, y se muestren dispuestos a escucharlos y a entender todo aquello que para ellos puede ser importante, se crean lazos de unión, confianza y amor, los cuales son determinantes para que los pequeños alcancen un desarrollo completo y sin la presencia de elementos tan negativos como el estrés.

 

Por Iván Gómez H. Colaboración de Fundación Teletón México para LaFamilia.info. Derechos Reservados. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Por LaFamilia.info
 

 

 

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¿Cumplen la misma función dentro del desarrollo cerebral y cognitivo infantil? ¿Cuál de los dos medios beneficia en mayor medida el aprendizaje de los niños?

 

Estas y otras inquietudes surgen alrededor del Día Internacional del Libro, pues ante la cantidad de recursos virtuales que existen hoy para el desarrollo de los niños, se teme que la lectura pase al olvido siendo "un error del cual nos arrepentiremos".

 

Los libros son para los niños la puerta de entrada a un mundo de fantasía, imaginación y desarrollo de competencias fundamentales de la etapa, sin embargo la lectura y la narración, han ido perdiendo el interés de los padres modernos, quienes ahora prefieren para sus hijos la estimulación a través de tabletas y juegos electrónicos.

 

Ante esta situación, expertos advierten que la lectura en la infancia es una actividad que no se puede sustituir por ninguna otra, pues sus beneficios son excepcionales tanto en esta etapa como en las posteriores, y a diferencia de lo que muchos pensarían, las tabletas no son tan favorecedoras como sí lo son los libros.

 

Mitos sobre las tecnologías y la educación

 

Catherine L'Ecuyer investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación, habla en una entrevista concedida al ABC de España, sobre su más reciente publicación Educar en la realidad”, un libro en el que desvela con evidencias una serie de mitos educativos y demuestra que la mejor preparación para utilizar las nuevas tecnologías tiene lugar en la realidad; es decir, que la mejor preparación para el mundo on-line es el mundo off-lineLa autora respondió a las siguientes inquietudes: 

 

—¿Por qué hay que educar en la realidad?

—Una viñeta del humorista gráfico Faro describe un padre subiendo la montaña con sus dos hijos. Les dice «mirad hijos míos, que puesta de sol tan bonita», a lo que sus hijos responden, «jolines, papá, ¡dos horas caminando para ver un fondo de pantalla!». Hoy, nuestros hijos pueden padecer déficit de realidad, y eso repercute en el aprendizaje.

 

—El hecho de que nuestros hijos sean nativos digitales, ¿favorece a su cerebro para agilizar el aprendizaje?

—No. Ese es otro mito tecnológico. El cerebro es plástico, pero no es infinito. Todos tenemos limitaciones que marcan nuestra naturaleza y cuando intentamos sobre pasarlas, nos pasa factura, tanto a los inmigrantes como a los nativos digitales. Los estudios resaltan, por ejemplo, que el multitarea tecnológico lleva al colapso de la memoria de trabajo, superficialidad en el pensamiento, dificultad para enfocar y desenfocar la atención. Los estudios dicen que nos lleva a ser «enamorados de la irrelevancia».

 

—Uno de los atractivos de los centros escolares es que dispongan de pantallas interactivas digitales. ¿Es una mejora con respecto a la pizarra tradicional?

—No está demostrado que den mejores resultados académicos que la pizarra tradicional.

 

—¿Pero hacen daño?

—Personalmente no creo que las pizarras digitales hagan daño en los niños mayores, si se usan de la forma en que se usaría una pizarra tradicional, con un ritmo que se armoniza al orden interior del alumno. En la etapa infantil no se justifica su uso porque la literatura científica dice que existe un déficit en el aprendizaje realizado a través de la pantalla con respecto a una demostración en directo (el llamado «Video Deficit Effect»).

 

—¿Las tabletas o los libros?

—La sustitución masiva del libro de texto es un error del que nos arrepentiremos en unos años. En Primaria, el uso de la tableta puede interferir con el aprendizaje de la lectoescritura. No es lo mismo la educación individualizada que puede dar una tableta, que la educación personalizada que solo da un maestro capaz de arrancar lo mejor de cada alumno. Si el fin de la educación es buscar la perfección de la que es capaz el niño, es preciso discernir de qué es capaz cada niño. Ese trabajo no lo puede realizar una herramienta digital, por muy buenos que sean el dispositivo y los algoritmos de sus aplicaciones, porque ese discernimiento requiere sensibilidad. Y la sensibilidad es profundamente humana, no digital. En vez de invertir en arsenal tecnológico, habría que invertir en bajar ratios y en formar y remunerar mejor a los maestros.

 

—En su libro reconoce que está demostrado que la tableta motiva a los alumnos.

—Los estudios dicen que motiva más porque gusta más. Pero que a los niños les guste la tableta no es un criterio educativo. A los niños también les encantan las golosinas. La motivación que procuran esos dispositivos es una motivación para la diversión, no para el aprendizaje. La prueba de todo ello es que esa motivación externa no lleva a una mejora en los resultados académicos.

 

—¿Nos equivocamos los padres cuando ponemos Internet (y todo lo que ello supone) en manos de niños de temprana edad?

—En la infancia, las pantallas no son herramientas neutras porque tienen un efecto que la literatura llama «de desplazamiento». Mientras un niño está en internet está dejando de hacer mil cosas que aportan mucho más a su buen desarrollo. En esa etapa toca experimentar, tocar, sentir, ver la realidad, estrenarla en directo y, sobre todo, desarrollar virtudes que luego permitirán usar esas estupendas herramientas de forma responsable. El uso responsable de la conducción no se consigue dándole las llaves de un Ferrari a un niño de 10 años. Tampoco se consigue desarrollar la orientación espacial de un niño de 4 años jugando al escondite en un centro comercial de 40 mil metros cuadrados un sábado por la tarde. Antes de adentrarse en el mundo online, uno ha de tener la cabeza muy bien amueblada. Todo tiene su tiempo. 

 

Funciones de la lectura en la infancia

 

Además de las apreciaciones de la experta, es necesario reconocer además las funciones principales de la lectura en la niñez, y por eso, las razones por las que no se debe extraer de la labor educativa:

 

- Estimula la imaginación, el lenguaje y la creatividad del niño.

 

Fomenta actividades cerebrales. La lectura a cargo de los padres, permite que el niño realice ejercicios cerebrales de abstracción, memorización y asociación.

 

- Comprensión lectora. Es el momento idóneo para iniciar el aprendizaje de la comprensión lectora. Estudios demuestran que la mayoría de los problemas académicos de los universitarios, se deben a carencias en la etapa escolar.

 

- Aprendizaje. Se ha comprobado que la lectura es uno de los mejores medios de adquisición de conocimientos, por ello es importante desarrollar un buen nivel de comprensión lectora desde las primeras edades.

 

Es una actividad que fortalece el vínculo paternal, pues es un espacio de intimidad que les provee estabilidad emocional y seguridad a los pequeños. Estudio ha comprobado que es la actividad más enriquecedora para un niño menor de tres años en su relación con la madre, más que ver televisión, e incluso que jugar los dos.

 

Los libros no suponen ningún riesgo para los niños, como sí lo pueden ser las pantallas a edades tempranas. 

 

Aunque la tecnología muchas veces nos deslumbre con sus alcances y creatividad, hay funciones de la interacción humana que jamás podrán ser reemplazadas por la virtualidad. Actividades como jugar al aire libre, divertirse en familia, leer un libro junto a los hijos; son y serán las mejores y más valiosas enseñanzas.

 

 

 

Más de este tema > ¿Cómo crear buenos lectores?

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