Valoración del Usuario: 0 / 5

estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva

 

Colaboración FamilyandMedia - 05.06.2018

 

Foto: Freepik

 

Los niños aman escuchar cuentos, porque les implican emotivamente, estimulan su fantasía y al mismo tiempo les ayudan a comprender y situar la realidad que les rodea. Pero no todos saben que los recién nacidos también pueden beneficiarse de la lectura…

 

Nunca es demasiado pronto para empezar

 

A partir de los seis meses, el recién nacido es capaz de escuchar un cuento, incluso sin comprenderlo, obviamente. Desde pequeñísimo, sin embargo, percibe la diferencia entre un diálogo y una narración y es muy propenso a dejarse entretener por esta última.

 

La lectura precoz es aconsejada no solo porque es apreciada por el niño, sino también porque le ayuda a desarrollar sus capacidades emotivas y relacionales.

 

Además, una investigación conducida por Suzanne M. Egan y Aisling Murray del Instituto de investigación económica y social irlandesa, demostró que leer a los recién nacidos ayuda a mejorar también el desarrollo cognitivo ya en los primeros meses de vida. Según el estudio, los niños de 9 meses a los cuales se les leen fábulas o cuentos obtienen puntuaciones más altas en los test de desarrollo cognitivo. 

 

La lectura de un padre es percibida como un acto de amor

 

Otro motivo por el cual se defiende la lectura en la tierna edad es que la relación adulto-niño es reforzada de esta manera. El niño percibe la lectura de parte del padre o la madre como un gesto de amor. El momento de la lectura, si se repite con constancia, quizá en un mismo horario o en el mismo lugar, se convierte en un ritual importante, un momento especial en el arco de la jornada.

  

Como recuerda la doctora Rossella Benedicente, psicóloga-psicoterapeuta-sexóloga , a través de la lectura, “adulto y niño entran en sintonía recíproca en una comunicación intensa y agradable hecha de emociones, complicidad y confianza que fortalece su unión afectiva. Desde el punto de vista emotivo permite explorar sus emociones más íntimas en compañía de los adultos que pueden entretenerlo, tranquilizarlo, darle explicaciones”.

 

En consecuencia, el niño quizá demasiado pequeño para entender la historia, no es demasiado pequeño para apreciar las atenciones que recibe.

 

Por eso, aunque pueda parecer poco sensato leer un cuento a alguien que no comprende lo que decimos, pensemos que sin embargo es mucho más importante para nuestros niños de lo que podamos imaginar… y, por qué no, es importante para nosotros, para desconectar de la rutina y sumergirnos, al menos por un poco, en mundos fantásticos, donde no hay lugar para nuestros problemas...

 

En resumen, si pensamos que la lectura sea una sana costumbre para los jóvenes, ¡tengamos en cuenta que cuanto antes empecemos a hacerles apasionarse, mejor es!

 

*Por Cecilia Galatolo. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)

Valoración del Usuario: 3 / 5

estrella activaestrella activaestrella activaestrella inactivaestrella inactiva

 

Alianza LaFamilia.info y el Instituto de la Familia - 03.11.2015

 

 

Estos sueños suelen producirse en todas las personas. Aquí vamos detenernos en los niños entre los 3 y los 6 años de edad.

 

Las pesadillas, dicen los expertos, obedecen a causas fisiológicas (fiebre elevada) o psicológicas (un trauma inusual o estrés en la vida de quien duerme). Estas se definen como sueños aterradores prolongados, que se manifiestan generalmente hacia el final de la noche. Esto sucede porque el cuerpo esta inmóvil, dormido y se encuentra en la fase de sueño REM (de movimientos oculares rápidos); el cerebro tiene una actividad importante y es el momento en que surgen los sueños.

 

Y si a este panorama le unimos otros factores como la oscuridad, el temor a lo desconocido, las tensiones vividas durante el día, la mala digestión o, incluso, esa escena violenta de la televisión que no pudimos evitar presenciar, el resultado final es siempre el mismo: una pesadilla.

 

Manifestaciones en el niño

 

Normalmente el pequeño grita, se despierta y a veces se levanta para ver a sus padres. Su angustia es momentánea, pero no por ello menos real para él, por lo que si se le habla o se le acaricia suavemente hace contacto con la realidad y vuelve a dormir lentamente; así, después de una pesadilla, es capaz de contar su sueño o, al menos, explicar sus sensaciones: “Me dio mucho miedo”, “había un monstruo”, “un león me quería comer”.

 

Ante situaciones así, la respuesta de los padres debe ser siempre la misma: despertarlo suavemente y con ternura, después intentar calmarlo, serenando su angustia y su pánico ofreciéndole agua y analizando con él sus miedos… en definitiva, dándole toda la seguridad que tanto necesita en estos momentos.

 

Cómo tratarlas

 

Si no actuamos con prevención o no estamos preparados, pueden aparecer conductas que dificultan un descanso normal: miedo a dormir, negarse a ir a la cama, dormir solo con las luces encendidas o pedir todas las noches acostarse en la cama de los padres.

 

La clave del comportamiento de los padres –reiteramos– debe combinar firmeza y ternura; estas serán siempre las mejores aliadas, en lo que a educación se refiere. No se está haciendo una buena labor si se permite que el niño pequeño los manipule con sus miedos para que lo dejen dormir con ellos. Su deber es hacerle ver que tiene que aprender a dormir solo, que no es capricho de sus papás, de lo contrario pueden llevarlo a que confunda que si no duerme con ellos, nunca va a estar seguro o que las pesadillas volverán.

 

Otra actitud importante de los padres es que deben evitar ridiculizarlo al día siguiente. No hay que olvidar que cuando el niño llora lo único que demuestra es miedo a lo desconocido y una terrible sensación de desamparo.

 

Es importante, entonces, enseñarle a dominar esos miedos que tanto lo angustian y una buena forma de lograrlo es aprovechar los momentos más tranquilos y luminosos del día para intentar investigar las causas de sus miedos.

 

Quizá sean las imágenes de una serie de televisión o las historias que le cuentan sus compañeros de preescolar o algún muñeco o cuadro de su cuarto… en cualquier caso, hay que hacerle comprender que lo que ve a media noche en su habitación es fruto de su imaginación y que en su casa no corre peligro alguno, pues sus padres están con él.

 

Recomendaciones oportunas

 

- Haga de la hora de dormir un pequeño ritual, en el que respete un horario de inicio del sueño, el cual debe ser cumplido: una canción, leer o contar un cuento. Esto le da seguridad al niño, ya que propicia una pequeña despedida cada noche. Su muñeco favorito o la manta, también contribuyen a darle seguridad, ya que cualquiera de estos objetos es para el niño como una prolongación de sus padres.

 

- Rece con él una oración al niño Dios y al Ángel de la Guarda para que lo acompañen durante la noche.

 

- Esté atento a lo que ve en televisión, especialmente antes de acostarse. Los programas violentos pueden afectar su sueño.

 

- Acepte, momentáneamente, que duerma con una luz encendida o con la puerta abierta, mientras se duerme.

 

- Recuerde: única y exclusivamente el pediatra puede autorizar el uso de medicamentos tranquilizantes, en casos en que así lo requiera el niño.

 

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 13-09/11. Autor: Instituto de La Familia. Universidad de La Sabana.

 

Más de este tema >

 

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)

Valoración del Usuario: 1 / 5

estrella activaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva

Colaboración Fundación Teletón México - 25.03.2015

 

20152505i 

Adriana tiene cuatro años y es la mayor de tres hermanos. Hace apenas dos meses nació el más pequeño, y ello le ha significado una serie de presiones como el hecho de que sus padres le exijan que ayude al cuidado del bebé. En su desesperación por sentir que le piden más de lo que ella puede hacer, ha adquirido un mal hábito: arrancarse las cejas. Sus padres, en lugar de hablar con ella la reprimen y asumen el problema como un acto de rebeldía. La realidad es muy distinta: Adriana padece estrés infantil.

 

Aunque ha sido considerado como un padecimiento propio de los adultos, está comprobado que los niños también lo sufren, incluso desde sus primeros meses de vida, pues entre sus causas se encuentran los constantes cambios en nuestro entorno. En el caso de los niños, la etapa de la infancia está plena de ellos: el desarrollo físico que implica la muda de dientes, aumento en el volumen corporal y la estatura, así como el hecho de avanzar a nivel escolar, tener cada año maestros y compañeros nuevos.

 

La doctora Consuelo Hernández Troncoso, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que “el estrés en los niños empieza cuando tienen comportamientos difíciles; la mayoría de los maestros o padres de familia piensa que son mal portados, pero lo que vemos es que estas conductas se derivan de situaciones de tensión ante las cuales los niños se encuentran inestables y esto los altera".

 

Otras causas de estrés son cuando los padres discuten, los regañan o los fuerzan a desempeñar una actividad para la cual no se sienten aptos o no es de su agrado, como por ejemplo, cuando los integran a un equipo de fútbol sin su consentimiento. Lo grave de esta situación es que cuando rebasa la capacidad de los pequeños para manejarlo, puede ocasionar serios problemas de salud como hipertensión, colitis, úlcera y migraña.

 

Los niños no saben identificar emocionalmente cómo los hace sentir una discusión entre sus padres, pero su cuerpo sí, y los especialistas pueden detectar los cambios fisiológicos que se registran mientras ven discutir a sus padres, a través de mediciones como: la tasa cardiaca, la temperatura periférica y la respuesta muscular, las cuales evidencian la presencia de estrés.

 

El estrés es una respuesta necesaria para la vida, todos vivimos con él pero la clave está en saber canalizarlo para que actúe a nuestro favor y hacerlo un aliado para que los niños puedan sacarle provecho y alcanzar sus metas al tiempo que se liberan de él.

 

La comunicación es un punto importante para lograr la confianza de los hijos, en la medida en que los padres se acerquen a los pequeños, y se muestren dispuestos a escucharlos y a entender todo aquello que para ellos puede ser importante, se crean lazos de unión, confianza y amor, los cuales son determinantes para que los pequeños alcancen un desarrollo completo y sin la presencia de elementos tan negativos como el estrés.

 

Por Iván Gómez H. Colaboración de Fundación Teletón México para LaFamilia.info. Derechos Reservados. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 3.50 (2 Votes)

Valoración del Usuario: 1 / 5

estrella activaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva

Por LaFamilia.info - 20.06.2016

 

20162006hiFoto: Pixabay

 

La creatividad es una habilidad que ayuda al ser humano a ser flexible, recursivo, a ver los problemas de un modo diferente, a identificar las soluciones con mayor facilidad. También está relacionada con la supervivencia y la inteligencia emocional. Por eso es tan importante promover un ambiente creativo en la crianza de nuestros hijos.

 

Estas son formas muy prácticas y sencillas de promover esta habilidad en casa:

 

1. ¡Vuelve a ser niño!

 

Piensa como si tuvieras cinco años, ¿qué te gustaría hacer? Cocinar, pintar, jugar con arcilla… Eso mismo quiere tu pequeño, así que ¡manos a la obra!

 

2. No le facilites todo ni le des soluciones a “pedir de boca”

 

Permíteles que experimenten y se esfuercen, esta es una manera de hacerlos más recursivos, obviamente de acuerdo a su edad y capacidad, pues cada etapa tiene sus retos.  

 

3. Oriéntalos a las soluciones

 

Enseña a los pequeños que equivocarse es natural y no es el fin del mundo, mejor ayúdales a encontrar las soluciones. El ambiente pesimista y de queja es muy negativo para la creatividad.

 

4. Permítele tomar decisiones

 

A medida que va creciendo se le puede ir dejando que decida en ciertas cosas, como por ejemplo su vestuario, ¡aunque no le convine del todo!

 

5. Conéctalos con la música y el arte

 

Son formas maravillosas de desarrollar la sensibilidad, los sentidos y la imaginación.

 

6. Lean y creen historias

 

Los niños aman las historias y más si son contadas por sus padres. Déjales formar parte de ellas, es decir, comienza con un tema y deja que ellos la continúen, así crearán una lluvia de maravillosos relatos y personajes que sólo caben en la imaginación de un niño.

 

7. Salte de la rutina

 

Hagan actividades diferentes: picnic, expedición, camping bajo techo, cine al aire libre, cocina divertida, etc. Todas estas experiencias enriquecen y despiertan habilidades creativas en los pequeños.

 

Y por último, algo muy importante: no limites la imaginación de los niños, déjalos que pinten el cielo verde y la grama azul o un dinosaurio con aletas de pescado. Muchas veces los adultos somos los que encasillamos a los pequeños, y de alguna forma, les prohibimos que sean recursivos y creativos.   

 

Más de este tema > 

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)

Valoración del Usuario: 1 / 5

estrella activaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
LaFamilia.info
26.08.2013

 

La niñez es la etapa donde más actos egoístas se suelen presentar, pues es un rasgo que hace parte del desarrollo de la personalidad. Por esta razón, desde muy temprano los padres deben atender este llamado, y así evitar que un aspecto característico de la edad, se convierta en hábito, lo cual podría tener repercusiones en etapas posteriores.

 

Alrededor del primer y sexto año de vida, los niños tienden al egoísmo con facilidad. Alfonso Aguiló explica que en estas edades quieren ser los reyes de la casa y capturar todas las miradas: “Una criatura de pocos años parece que todo lo ansía para sí, acumula los juguetes, quizá no repara en que a otros nada les llegue. Pasa por un etapa de acusado egocentrismo infantil en la que gusta considerarse el centro de todo, que se hable de él, llamar la atención...; como Currita Albornoz en aquella novela de Coloma: si asiste a una boda, quiere ser la novia; si a un bautizo, el recién nacido; si a un entierro, el muerto.” Señala el autor de numerosos libros y artículos de educación familiar.

 

Por eso es tan importante que los padres actúen a tiempo y logren que sus hijos descubran la satisfacción que la generosidad encierra, y reflexionen sobre el desconcierto que queda cuando alguien se comporta de forma egoísta.

 

Consejos prácticos

 

Las siguientes son ideas que ayudan a los niños a superar el egoísmo. La paciencia, la constancia y el amor que los padres le pongan a este propósito, serán claves para conseguir el éxito.

 

No forzar a los menores de tres años a compartir. Es importante iniciar a tempranas edades, pero antes de los 3 años lo indicado es invitarlos a compartir sin forzarlos, pues aún no tienen total comprensión del concepto. Una forma de ir creando conciencia en ellos, es por ejemplo, cuando al visitar otras casas o al recibir visitas en la propia, se le da un bombón para él y otro para su invitado, así estarán en igualdad de condiciones y le será más fácil compartir. Son primeros pasos que darán frutos más adelante.

 

Seguir un proceso. La psicóloga y profesora en educación infantil, Virginia González expone en un escrito los pasos que se deben ir logrando a medida que los niños crecen como parte de un proceso. Ella explica que “lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar. El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala. Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello.”

 

No siempre de primero. Hay que enseñarle a que espere su turno y tolere el hecho de que hay niños que estarán primero que él. Por ejemplo las fiestas de cumpleaños son una magnífica ocasión para enseñarles a compartir, ya sea porque son los homenajeados o los invitados.

 

Nunca reforzar la conducta egoísta. La autoridad y la firmeza de los padres son determinantes para evitar ceder cuando hacen pataletas por no querer compartir. Es un error declinar en estas situaciones. A largo plazo el más perjudicado será el niño.

 

Elogiarlo cuando comparta sus cosas. Para los pequeños es muy importante el elogio de sus padres. Esto refuerza el acto positivo (generosidad) y ayuda a erradicar el negativo (egoísmo). Pero tampoco conviene hacer demasiada “fiesta”, no hay que exagerarse en las ponderaciones, pues de esta manera el niño no lo hará por la virtud como tal, sino por ganarse los aplausos de los papás.

 

Compartir con alegría, como dice la canción. Cuando otro niño se antoje de alguna de sus pertenencias, hay que invitarle a ceder y negociar, pueden turnarse, intercambiar por espacios de tiempo, y así evitar que se forme un drama.

 

Los libros como medio de enseñanza. Se puede sacar provecho al gusto que tienen niños por la lectura y elegir historias que destaquen valores como la amistad, generosidad y solidaridad. Seguramente les quedará sonando las enseñanzas de los cuentos y las aplicarán en los momentos oportunos.

 

Que nos vean compartir. Los adultos deben demostrar que compartir conlleva múltiples beneficios, a diferencia del egoísmo que trunca el camino de la felicidad.

 

Más de este tema >

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 3.00 (2 Votes)

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

            

logo pie

© 2018 Corporación CED - all right reserved - desarrollado por Webpyme