LaFamilia.info
22.09.2014

 

Llega una edad, más o menos entre los 6 y 7 años, donde los niños comienzan a sentir agrado por su apariencia y se despierta en ellos el gusto por la moda. Lo cual es bastante positivo si se trata de la manera correcta, pues aunque parezca un tema superfluo, es un ejercicio rico en aprendizaje para los hijos.

 

Dejarlos ser ellos

 

La elección del vestuario hace parte de los primeros pasos en la definición de la personalidad, asimismo surgen las manifestaciones iniciales de autenticidad, las cuales deben ser apreciadas y respetadas por los padres.

 

Este ejercicio permite la construcción de diversos conceptos que resultan de gran valor en la formación de los hijos, como por ejemplo la toma de decisiones, el arreglo personal, el cuidado de los detalles, la autoestima, la creación del criterio, la comunicación a través del vestuario y el sentido del pudor.

 

Por ello, resulta de gran provecho que los hijos participen en la elección de su vestuario y no sean los padres quienes impongan sus preferencias. El adulto puede presentar un abanico de opciones, en donde el pequeño pueda ejercer su libertad y tenga la oportunidad de elegir. Los padres, deben tomar entonces una actitud de acompañamiento y asesoría, el cual permita que los niños pongan en práctica algo que les será útil para el resto de sus vidas.

 

Criterio para la compra

 

Otro elemento que entra a jugar en este tema, es el aprendizaje del criterio para la compra, es decir, evaluar la necesidad y el presupuesto.

 

Ya en estas edades la publicidad comienza a tener influencia en sus elecciones. Es natural que los niños quieran tener todo lo que sale nuevo en el mercado y estar a la vanguardia de la moda que observan a través de los medios. Por eso se les debe explicar con argumentos de peso lo qué es necesario y lo qué no. Igualmente, es importante analizar con ellos, el precio que se pagará por la prenda y el esfuerzo que deben hacer los padres para poder adquirirla.

 

Un vestuario para cada ocasión

 

Las reglas básicas de etiqueta y buenas maneras, deben ser inculcadas desde que los niños están pequeños. Por ejemplo enseñarles a adoptar el vestuario acorde a la ocasión o al evento.

 

Una forma ilustrativa y práctica que facilita la comprensión en los niños, es usar ejemplos de la vida diaria, exponerles la diferencia entre el vestido que se lleva a la playa y el que se usa para una cena o celebración familiar.

 

Somos los mayores, los que brindamos las pautas, trasmitimos valores y con infinito amor, ponemos los límites; dando espacio para que los hijos adopten estas enseñanzas, establezcan sus gustos y personalidad, en un ambiente de libertad.

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