Momentos Pompas - 05.12.2017

 

Fotos: momentospompas.blogspot.com.co 

 

Hemos iniciado el Adviento; tiempo de esperanza, de ilusión y de preparación para recibir a Jesús con toda nuestra alegría, emoción y cariño. Y para transmitir a los hijos el significado de esta época, ¡qué mejor que el calendario de Aviento!

 

Esta propuesta de Pachu, mamá de cinco hijos y creadora de los Blogs Momentos Pompas y Pompas de elefante, es perfecto para hacerlo en familia, ¡los niños lo amarán!

 

***

 

Llevamos cinco años haciendo este calendario, sí, no es una casita con puertas, ni cajitas con números. Pero decidimos hacerlo sencillo y hacerlo pensando en la situación de cada año, los niños crecen y cambian y sus propósitos tienen que evolucionar, como los premios. Este año repetimos y queremos volver a compartir nuestro calendario, porque en nuestra familia funciona muy bien y por ello queremos regalarles nuestra idea, es fácil, llevadera y para todas las edades.

 

Son palitos con propósitos en un vaso, y palitos con "recompensas" en otro, un plato lleno de estrellitas y caras llena de esperanza e ilusión por esa espera de la Virgen que queremos vivir y acompañar. Un calendario lleno de superación siempre positiva donde todos lo conseguimos y si no, la recompensa puede ser doble...

 

En nuestra casa tenemos niños de varias edades. Pero está pensado para todos, para hacerlo en familia y poder compartirlo. La idea es pensar un propósito para cada día, se pueden repetir, pensar en esas cosas que más cuesten, pero que no sea un castigo, pues buscamos un tiempo de alegría y de conseguir las cosas. Aunque es una ocasión genial para ayudar a crecer en eso que más podemos pinchar en nuestro día a día.

 

Y por otro lado están los premios. Los premios no tienen por qué ser cosas materiales, ni siempre dulces, pueden ser un momento especial para todos, un abrazo (nosotros somos muy cariñosos y nos abrazamos y besamos siempre, a todas horas, no esperamos ocasiones especiales para hacerlo, pero os sorprenderá que este premio es especial, un abrazo ganado, es muy especial), pegatinas (a mis hijos les encantan), palomitas compartidas... Lo que se les ocurra que a los niños y en familia les pueda gustar compartir después de conseguir el propósito del día.

 

Estos son nuestros propósitos y nuestros premios. Muchos se repiten, y otros de un año a otro desaparecerán, porque no sirven. Lo bueno de este calendario de Adviento es que es personal, familiar, y si algo no funciona, se cambia. Cuando por la mañana, antes de salir al cole, sacan el palito del día (uno para todos) y ves la cara de felicidad de todos porque ha tocado "sonreír" y llegan por la tarde y te cuentan todas las sonrisas que han dado, son pequeños, pero son muy conscientes de lo que hacen, y se ponen muy contentos cuando notan que hacen las cosas bien y las consiguen, Y lo consiguen, y sacan su premio y les toca elegir una comida, y entre todos eligen la comida. Entonces ves, que es un calendario de superación, unión, compañerismo y compartido.

 

La otra parte del calendario son las estrellas. Este año volvemos a elegir estrellas, el año pasado también, y el anterior... Otro año fueron puntos verdes y rojos (conquistamos una corona de Adviento). Otro año conquistamos piedrecitas que marcarían el camino para llegar a ver a Jesús en el portal. Otro año conquistamos estrellas que hacíamos con papel plata...

 

Este Adviento vamos a conquistar el cielo de Belén, repetimos porque nos encantó ver cómo nuestro belén se iba haciendo más acogedor según se acercaba el Nacimiento de Jesús. La idea es regalar, al Niño que va a nacer, un cielo bonito y limpio, donde brillen muchas estrellas.

 

Cuando por la noche o tarde valoremos, cada uno, si ha conseguido el propósito, le regalará a María, pues está embarazada, su estrella, bien conseguida o sin conseguir. Si has hecho bien lo que tocó genial, si no lo has hecho bien, no pasa nada, se la regalas y se lo ofreces, al día siguiente tu propósito saldrá mejor, porque el no conseguirlo lo dejas en su mano con tranquilidad.

 

Éste es nuestro calendario de Adviento, tiempo de esperanza y crecimiento. Fácil de hacer, fácil de llevar, ilusionante, alegre y conquistador. ¿Te atreves a hacer un buen calendario? Es tiempo de cambio, es tiempo de crecer.

 

¡Feliz Adviento!

 

*Colaboración del Blog Momentos Pompas para LaFamilia.info

ACI/InfoCatólica – 19.12.2016

 

Foto: Pixabay 

 

Navidad es una época especial para alimentar nuestra vida espiritual, para ello compartimos unos apartes del escrito de Mons. Florian Kolfhaus, escritor y funcionario de la Secretaría de Estado del Vaticano, publicado originalmente en CNA Deutsche.

 

Vale la pena leer y aplicar estas siete formas de prepararnos para el nacimiento del Niño Jesús:

 

1. Ayunar en Adviento

 

Incluso si las cuatro semanas previas a la Navidad tienen un carácter «más alegre» que la penitencia previa a la Pascua, nosotros debemos esperar hasta el cumpleaños de Jesús para celebrar en la cena navideña. No solo es un sacrificio que tiene valor espiritual, pero sí uno que genera más gusto y expectativa a la Navidad.

 

2. Levantarse 10 minutos más temprano

 

No es fácil levantarse temprano por las mañanas, pero un poco más de tiempo cada día nos da la oportunidad de empezar bien el día con Dios: una oración personal por la mañana, una breve lectura de las Escrituras, el rezo del Rosario, etc.

 

3. Obsequiar presentes desde el corazón

 

Todos los días se puede obsequiar un pequeño regalo, carta o imagen. Siempre me pregunto ¿por qué no dar una alegría a alguien por cada día de Adviento?

 

Es bueno tener un plan previo: obsequiar quizás una fotografía a un familiar, juguetes de mis hijos para un sobrino, las chaquetas de invierno para un hogar de niños huérfanos o hacer galletas para una casa de ancianos.

 

4. Tener un tiempo de silencio cada día

 

Todos los días de Adviento debemos contar con una hora de silencio. Ni radio, ni teléfono, ni televisión, ni música de fondo, sino utilizar el tiempo para momentos de oración y reflexión. Y si sentimos inquietud o preocupaciones, debemos enderezarlas para dejar que el Mesías entre en el corazón. La paz externa y silencio interior limpia casi automáticamente el alma.

 

5. Visitar a Jesús

 

La Navidad no es de «Santa Claus», sino del pequeño niño en el pesebre. Aquí es el Hijo de Dios quien nos alimenta verdaderamente, tan pequeño y, que sin pretensiones, está presente en todos los tabernáculos. La Navidad es la celebración del «pan vivo» que ha llegado del cielo como nuestro alimento. Belén significa «casa del pan».

 

Todos los días se puede visitar la iglesia aunque sea solo unos minutos. Asistir a Misa es una forma de devoción.

 

6. Confesarse

 

Jesús nace en un establo, en pobreza y modestia, lejos del bullicio de los albergues. Sin embargo ciertamente San José tuvo que remover las telarañas y la suciedad alrededor; mientras que Nuestra Señora desempaquetó ropa de cama limpia para preparar un buen lugar al recién nacido. Por encima de todo, tenían un corazón lleno de amor puro.

 

Sin confesión no hay una buena Navidad para los católicos. La paja vieja o podrida debe ser barrida del corazón; otras veces limpiar el polvo es suficiente, pero Jesús siempre quiere encontrar una morada donde pueda reposar.

 

7. Devoción a María

 

Sin María no existiría Jesús. Sin María no podríamos celebrar la Navidad porque el Hijo de Dios no se habría convertido en hombre. Por lo tanto, el camino a Belén es el de la madre de Jesús, que es nuestro también.

 

Debemos orar a la Virgen María todos los días de Adviento para recibir a Jesús y no solo en la víspera de Navidad.

 

También debemos orar por la maternidad de todas las mujeres que esperan o han perdido un hijo en esos días.

 

Es menester dirigirnos a nuestra Madre, a quien le pedimos su intercesión en nuestras necesidades, para darle gracias por su sí en Nazareth, por el cuidado y la crianza de Jesús, por su ayuda maternal a Él y a nosotros, por su lealtad a la Cruz.

 

Podemos obsequiarle flores, una oración especial o una pequeña peregrinación una iglesia. También, podemos darle todos los días una nueva alegría, quizá reconciliándonos con antiguos enemigos, renunciado a malos hábitos u ofreciendo nuestro trabajo por más difícil que sea.

 

¿Por qué todo esto? Solo para hacerla feliz. Para darle algo a cambio del mejor regalo de todos: ¡Jesús!

Andrés D' Angelo / Catholic-link.com – 28.11.2016

 

20162811nFoto: Pixabay

 

Las fiestas grandes requieren grandes preparaciones, y cuando se vive la preparación adecuadamente el fruto de la fiesta se multiplica al infinito. Pero además cuando la realidad que festejamos es grande, cuando su significación espiritual es muy importante, la tradición de la Iglesia incorpora algunos símbolos materiales para prepararnos mejor, para que tengamos un asidero que nos eleve a las realidades espirituales que contemplamos. 

 

En torno a la Navidad, han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos que todos usamos y reconocemos. Pero no siempre sabemos su historia, o cómo utilizarlos mejor para adentrarnos en la espiritualidad navideña.

 

El árbol navideño 

 

Es el signo más visible y frecuente de la Navidad, pero no siempre le damos un sentido religioso. El mundo comercial se ha apropiado del árbol como un signo de “las fiestas”, quitándole al nacimiento de Nuestro Señor el protagonismo. En muchas casas se acostumbra que el niño más pequeño sea el que pone la estrella en la punta del árbol. Otras familias lo arman rezando los misterios de gozo, otros piden al párroco la bendición del pesebre y del árbol. No importa la tradición que usemos en nuestra familia, lo importante es recordar que el árbol de Navidad es un símbolo católico y que debemos recuperar su sentido.

 

arbolito

 

La corona de Adviento

 

Otro símbolo de la antigua Europa, y una hermosa costumbre (que afortunadamente se está recuperando mucho en América) es la corona de Adviento. Ésta nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis en un aspecto particular del tiempo de Adviento.

 

corona-adviento

 

El pesebre o nacimiento

 

Esta es una tradición iniciada por el gran San Francisco de Asís y que los franciscanos extendieron rápidamente por todo el mundo. En sus primeros años eran “pesebres vivientes” y luego se convirtió en una representación a escala con figuras de barro cocido, yeso o cera. Cada familia vive el pesebre a su modo, algunas familias cada domingo de Adviento le van agregando figuras teatralizando la historia para los más pequeños. El nacimiento es por supuesto, el símbolo emblemático del día de Navidad, cuando se pone finalmente el niño en el nacimiento, y la familia se congrega para cantarle villancicos y canciones típicas de cada país.

 

nacimiento

LaFamilia.info - 16.12.2016

 

 

Por momentos pareciera que la Navidad se reduce a una temporada en que se intercambian regalos y se organizan eventos sociales… Por eso vale la pena rescatar el verdadero sentido de la Navidad por medio de videos como el que compartimos a continuación: 

 

 

LaFamilia.info - 21.11.2016

 

2016211nFoto: Freepik 

 

El próximo domingo iniciamos el tiempo de Adviento, que son las cuatro semanas que antecede a la Navidad. Tiempo en el que nos preparamos espiritualmente para rememorar y celebrar la llegada del niño Jesús. Y nada mejor que darle la bienvenida a esta época con un excelente video (ver abajo) que nos ayudará a reflexionar en una actitud fundamental para este tiempo: la espera activa.

 

“Esperar es prepararse, despertar, ¡esperar es buscar! ponerse a la altura, dejar que Aquel a quien se espera vaya entrando en nuestra vida hasta volverla suya…” explica Mauricio Artieda en Catholic-link. Algo similar ocurre cuando esperamos una visita especial a nuestra casa, nos esmeramos por tener todo limpio y en orden para este momento. Por eso, el tiempo de espera a la Navidad no puede ser pasivo, en un momento para cultivar, cuidar y alimentar nuestra fe, y renovar nuestra vida. 

 

Las siguientes son algunas ideas para hacer del Adviento una verdadera vivencia personal:

 

1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.

2. Me quejaré menos y reiré más.

3. Ayudaré a familiares, compañeros de trabajo y amigos, en algo que necesiten sin esperar nada a cambio.

4. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

5. Haré una obra de caridad con niños y/o ancianos.

6. Haré algún sacrificio (algo que me cueste) y lo ofreceré por un necesitado.

7. Perdonaré a alguien que me haya ofendido, no guardaré más rencor.

8. Tendré un gesto amable con esa persona que tanto me cuesta.

9. No difundiré chismes ni crearé un mal ambiente.  

10. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.

 

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