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Por Silvia Johana Artunduaga para LaFamilia.info - 07.03.2019

 

Foto: Freepik 

 

La agenda estudiantil es un mecanismo de comunicación muy útil que como padres comenzamos a trabajar en el jardín y que una vez los niños llegan al colegio, es muy probable que la utilicemos durante los siguientes seis años hasta la preadolescencia.

 

Durante este tiempo veremos cambios en el tipo de comunicación que se da debido a que al comienzo de la escolaridad los mensajes son escritos por la profesora o profesor y se remiten a informar sobre las actividades de aprendizaje que tuvieron los niños a lo largo del día, los encargos para los días siguientes y los recordatorios. En este caso, el objetivo de esta comunicación es mantener a padres de familia al día sobre los avances de sus hijos en clase y de paso dejarlos tranquilos sobre la decisión sobre el jardín o preescolar que eligieron.  

 

Ahora bien, en la medida que nos acostumbramos a este mecanismo y creemos que ya todo está bajo control, de repente las notas de la agenda comienzan a ser diferentes. Ya no es la profesora o profesor quien escribe, sino que comenzamos a ver una letra enredada, de tamaño disparejo y en lápiz y color rojo (en Colombia se usa el rojo para las iniciales); además los textos describen las tareas, los recordatorios o los encargos de las clases. 

 

En este momento es normal que sea más frecuente la dirección de los mensajes de padres al colegio que del colegio a los padres. Esto se debe a que conforme el niño va creciendo y madurando, esperamos que él mismo anote sus tareas y evaluaciones e informe en su casa cuando se envía una circular. Estas accciones generan sentido de la responsabilidad, autonomía y compromiso con su rol de estudiante. La agenda también comienza a adquirir la función de informar a los padres sobre comportamientos inadecuados de sus hijos que se presentan en el colegio y que el profesor considera importante comunicar.

 

Llegando a este punto es difícil definir qué emoción manejar. Al principio claramente es molesto recibir una retroalimentación negativa, emoción similar a la que sentimos cuando nuestro hijo asiste a una reunión familiar y no se comporta como esperamos y debemos corregir inmediatamente. Este es precisamente el sentido de todo: como padres, somos los primeros formadores de nuestros hijos y es importante reconocer ciertas situaciones que se convierten en oportunidades para formar.

 

Se preguntarán entonces que si lo que sucedió fue en el ambiente escolar, ¿por qué debo ser yo como papá quien corrija? La respuesta está implícita: como padre soy quien forma el carácter de mi hijo; los docentes son personas itinerantes en la formación de los estudiantes. Sí son muy importantes, claro que influencian, pero si un profesor envía la nota es porque ya ha intentado diferentes formas de diálogo y de corrección en el aula y no observa cambios relevantes. O también porque considera que el comportamiento de nuestro hijo fue tan inusual que amerita que lo conozcamos y manejemos en casa. Los profesores no derivan el problema, sino que nos hacen, a nosotros como padres, partícipes de la solución. Un profesor es nuestro aliado; es quien coayuda en la educación y formación de habilidades sociales en nuestros hijos.

 

Entonces si recibe este tipo de anotaciones en la agenda, ¿qué debe hacer? Primero, converse con su hijo, escúchelo, permítale contar los hechos y hablar sobre la situación con detalle. Una vez hecho esto, revise qué aprendió su hijo sobre la situación porque el objetivo de la nota no es otro diferente a que el niño pueda retomar en casa su aprendizaje o que llegue a él con la ayuda de sus papás.

 

Un maestro no espera castigos de la casa, de hecho, muchas veces omiten enviar mensajes precisamente para no generar estrés en la familia si la respuesta de los padres es netamente punitiva. 

 

Hay una expresión común en los niños cuando un maestro le pide su agenda que es “mis papás me van a matar”. Hace poco de hecho la escuché y pese a que intenté convencer a uno de mis estudiantes de que sus padres quieren lo mejor para él y que lo iban a ayudar a corregir sus acciones, no a matarlo, se fue con los ojos aguados al bus escolar.  Lo interesante fue que al día siguiente llegó con una cara de alegría, o mejor de alivio, y apenas lo vi le dije: “¡estás vivo!” y el me respondió: “sí, ¡pensé que iba a ser peor!” De nuevo retomé la experiencia y le pregunté, ¿qué aprendiste? Y me muestra que sus padres cada uno, comentó la nota enviada, agradeciendo la comunicación y manifestando haber conversado con el niño sobre lo inadecuado de su comportamiento y expresan los acuerdos que hicieron en casa. De nuevo le pregunto; ¿qué aprendiste? Y me dice, “yo nunca voy a volver a hacer eso”, luego le pregunté, ¿y sobre contarle a tus padres? Me contesta, tu nota me ayudó a contarles y vi que me tienen que corregir. 

 

Con esta experiencia, quiero invitarlos a confiar en la intención formadora de una nota, para un docente no es fácil mandar el mensaje, como tampoco es  la primera alternativa, generalmente se escribe en un lapso de tiempo corto por lo cual no lleva detalles de los hechos, aparte, porque tampoco es el propósito enviar una nota con una conclusión, estos mensajes desde mi opinión, deben llevar el contenido del valor a trabajar, más que puntualizar en el error, los detalles son el trabajo como padres, el diálogo amplio y tranquilo en casa, será el que consolide el aprendizaje,  ayude a su hijo a que  se haga cargo, a asumir  su responsabilidad, los niños muchas veces señalan que no fue el solo, que fue otro amigo, que su profesor no lo escuchó, etc., diferentes explicaciones, que considero perfectamente válidas. Pero no olvide que la idea es promover un valor, por lo cual, ayúdele a hacerse cargo de su error sin justificarse. 

 

Para finalizar considero que necesitamos cada vez, más personas asumiendo la responsabilidad de sus actos, con transparencia y libertad, por lo cual, la nota en la agenda es nuestra oportunidad de formar y hacer una unidad casa-colegio con el fin de formar chicos íntegros, con inteligencia emocional para afrontar errores.

 

*Colaboración de Silvia Johana Artunduaga para LaFamilia.info. Psicóloga, Magister en Psicología Clínica y de Familia, con experiencia en las áreas educativa y clínica en procesos de evaluación, intervención grupal, familiar e individual. Docente a nivel universitario. 

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Rocío Irisarri – La Vanguardia / 18.02.2019

 

Foto: Freepik 

 

El acoso escolar es una de esas situaciones que pensamos "a mi hogar no llegará" sin embargo, es algo cada vez más frecuente y debemos estar preparados. Este artículo publicado en La Vanguardia revela que la mitad de los niños entre 11 y 14 años admiten conocer algún caso en su clase... Así que como padres, debemos conocer todas las herramientas que serán fundamentales al momento de afrontar esta dificultad en la familia. 

 

***

Una vez que el acoso escolar se desarrolla, sus tentáculos alcanzan a todos: a quien lo sufre, a quien forma parte de ello y también a los espectadores. Aquel que es testigo pasivo, puede acabar por desgracia siendo, de una manera u otra, ‘cómplice’. El acoso escolar no sólo atañe a quien agrede y es agredido.

 

Existen multitud de formas para ayudar a que los niños entiendan el peligro que supone el acoso. Es imprescindible hacer un esfuerzo para que los menores tengan un grado alto de concienciación sobre las consecuencias que tiene este problema.

 

Se calcula que entre el 70% y 80% de los niños que sufren este tipo de maltrato acaban desarrollando un trastorno mental. Esta realidad puede desencadenar en ansiedad, depresión, trastorno psicosomático e incluso, y como han quedado registrados ya varios casos, en suicidio. Dos de cada diez alumnos de Primaria y Secundaria son víctima de acoso escolar.

 

Para contribuir a la contundencia y clarividencia del problema según estas escalofriantes estadísticas, lo mejor es llamar a las cosas por su nombre, hablar de ello y etiquetarlas correctamente.

  

Como padres, es importante ayudar a poner nombre, rostro y lugar al acoso escolar. Nicholas Carlisle lleva años en la lucha activa para lograr que esto suceda en el mundo. Este americano, tras sufrir un paso muy duro por el instituto, se graduó en Derecho en Oxford y tras trabajar en Amnistía Internacional como abogado, ha decidido dedicar su vida personal y laboral, a lograr la erradicación del acoso.

 

Carlisle visitó Barcelona en el 2015 y participó en el TedxEducación (ver video) de la capital catalana donde reveló claves para hacer frente a este mal que acecha a la sociedad del siglo XXI. Junto algunos de los consejos de este especialista y de otras fuentes, dio una serie de pautas para intentar ayudar a nuestros hijos, y a padres y profesores, a reconocer, prevenir y combatir el acoso escolar:

 

1. Dialogar con los niños y adolescentes: Si no se habla de un tema, parece que no existe

 

Como afirma Carlisle, a través de la conversación con ellos podremos diferenciar “entre problemas puntuales con compañeros y acoso”. Para poder distinguir uno de otro, se recomienda “preguntar cómo está en la escuela, quiénes son sus amigos, con quién juega a la hora del patio, etc.”.

 

Será a través de lo que cuenta el propio niño que los padres podremos acercarnos a su realidad y entender qué puede estar sucediendo. El abogado afirma que es necesario no preguntar de forma muy directa sobre si padecen acoso. También resalta la necesidad de que acudamos a los profesores en caso de tener una mínima duda o sospecha de que pueda estar sucediendo, sea directamente a nuestro hijo o a un compañero.

 

2. Estar atentos a las señales de alerta que nos dan ellos mismos

 

Muchas veces será el niño y adolescente el que con su actitud o lenguaje, verbal y no verbal, nos está relatando lo que acontece cuando nosotros no podemos protegerlos o visualizarlos. Es necesario que intentemos analizar lo que pueden ser señales de alerta frente al acoso escolar.

 

El activista americano afirma que algunas de estas señales son “cambios de humor repentinos, una actitud muy negativa hacia la escuela o tristeza”. También afirma que hay muchos que pueden físicamente somatizar la angustia interna “sufriendo mareos o descomposición cuando tienen que ir al colegio”.

 

3. Introducir literatura que les acerque a esta realidad

 

"Estamos formando a las nuevas generaciones”, según palabras de Luis Amavisca, miembro fundador de nubeOCHO la editorial que ha publicado varios libros sobre el tema. En uno de ellos, el protagonista es Nicolás, un niño colorido que va quedándose sin color a medida que va avanzando el relato a causa del acoso escolar que sufre. El acoso, como ha quedado demostrado, hace que los niños se sientan tan difuminados hasta el punto de perder su identidad y sus ganas de vivir.

 

4. Solicitar que el colegio se implique

 

E incorpore talleres o todas aquellas especializadas en el acoso, sobre todo en las edades más vulnerables, “ya que es entre los 11 y 14 años el momento en el que se producen más casos de acoso”. En España no existen regulaciones ante el acoso, por parte del gobierno. Es positivo que los padres se pongan de acuerdo para solicitar que cada escuela cuente con un protocolo antiacoso así como una figura responsable que pueda abordar estas situaciones, y así tengan a alguien a quien dirigirse con seguridad.

 

5. Reconducir conductas agresivas y explicar las consecuencias de las mismas

 

La banalización de la agresividad y las conductas agresivas en el siglo XXI ha sido uno de los grandes motores de expansión del acoso escolar. Como padres, también somos docentes, y por tanto los encargados de explicar las consecuencias, generalmente irreversibles, que pueden resultar de actos agresivos.

 

Según la doctora Marina Díaz-Marsá, Presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, en la unidad de psiquiatría donde trabaja se ha constatado que el 70% de las pacientes con trastorno de conducta alimentaria tiene antecedentes de haber padecido acoso escolar.

 

La prevención e intervención por nuestra parte es absolutamente necesaria. Desde casa se ha de fomentar medidas y recursos para asegurar que nuestros hijos no sean testigos, participantes o víctimas, activas o pasivas, del acoso y que éste mismo pueda quedar impune. Hemos de trabaje por fomentar la valentía, y demostrarles que tienen el respaldo de denunciar la situación.

 

Debemos esforzarnos para que haya una concienciación y trabajo más allá de las aulas, para que dentro de estas mismas se pueda acabar con esta problemática. Se ha de ampliar el contexto, porque el acoso siempre va más allá de las paredes de un centro escolar.

 

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Colaboración Sontushijos.org - 06.11.2017

 

Foto: Freepik 

 

No hace muchos meses conocimos los resultados para Euskadi del informe PISA, y como quedó reflejado en los medios de comunicación no quedamos bien parados. Este hecho fue y está siendo motivo de controversia entre los diferentes protagonistas del mundo educativo, buscando culpables y obviando soluciones. No debemos perder de vista que el informe PISA está realizado por una entidad ajena a la realidad educativa: la OCDE, que persigue no tanto la excelencia educativa como el desarrollo económico y  empresarial. Por lo tanto, para situarnos correctamente en esta realidad, debemos decir que en sí misma no es una entidad educativa sino monetaria.

 

Todo profesional o no de la educación, cuando revisa la naturaleza de la prueba que estamos analizando, constata que ésta centra su evaluación en tres niveles de análisis principalmente: las matemáticas, la lectura y las ciencias. En mi opinión, el hecho de evaluar solamente estas tres áreas no es casual puesto que detrás de este planteamiento subyace la idea de que en la sociedad y en el mundo laboral sólo son necesarios hombres y mujeres que produzcan objetos cada vez más perfectos. La educación, y su evaluación, tienen que abarcar muchos más aspectos que los señalados; por ejemplo, educar-formar personas tomando en cuenta la Educación en Valores.

 

Quiero plantear en estas pocas líneas una reflexión sobre la tarea de padres y profesores en este aspecto tan importante: educar a nuestros hijos y alumnos en Valores. Esta tarea no puede dejarse solo en manos de los padres, ni exclusivamente en las de los profesores. Se equivocan los padres que creen que es el colegio el protagonista de esta labor, dando por hecho que su responsabilidad termina enviando a sus hijos al centro educativo. Y se equivocan también los profesores que concentran sus esfuerzos en formar científica y técnicamente a sus alumnos, convencidos que este cometido es exclusivo de los padres.

 

Esta tarea de educar en Valores debe llevarse a cabo con el apoyo mutuo y la sintonía entre los dos agentes educativos: padres y profesores. La responsabilidad de preparar a los hombres y mujeres del futuro se convierte en un ineludible cometido de todos. Es evidente que para que la tarea educativa tenga éxito y no se convierta en una empresa imposible, los profesores deben contar con el apoyo de los padres, y éstos a su vez sentirse apoyados por los profesores en este camino muchas veces tan difícil de la educación.

  

La lista de valores en los que hay que educar a nuestro hijos-alumnos podría ser muy amplia, pero creo que en una buena educación no deberían faltar los siguientes: Esperanza, Fe y Trascendencia, Familia, Amistad, Generosidad, Tolerancia, Sencillez, Bondad, Moderación, Compasión, Sinceridad, Optimismo, Laboriosidad, Humildad, Respeto mutuo, Justicia, Ilusión, Honestidad, Libertad, Limpieza de cuerpo y mente, Integridad, Diligencia, Espíritu cívico… y muchos otros más que seguramente puedan ocurrírsele al lector. La tarea no es ni será nunca fácil de llevar a cabo, pero sí ilusionante. Desgraciadamente, el informe PISA no contempla la evaluación de este tipo de Valores. Mi pregunta es:  ¿Por qué no lo hace? Sospecho la respuesta.

 

*Por Félix Eguskiza Uriarte (Licenciado en Filosofía y Letras – Filología Vasca. Experiencia profesional de 32 años de docencia) Colaboración de www.sontushijos.org para LaFamilia.info

 

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Colaboración FamiliyandMedia.eu – 02.04.2018

 

 

 

Parecen inofensivos, incluso útiles; sin embargo a veces se prestan para varias situaciones complicadas. Estamos hablando de los grupos WhatsApp creados por los padres para estar conectados con otros padres y madres de niños o adolescentes de la misma edad que los propios hijos o que frecuentan un mismo ambiente (escuela, deporte, etc).

 

¿Has faltado a una reunión? ¿Un profesor quiere llegar inmediatamente a todos los padres de sus alumnos? ¿El hijo miente sobre la tarea que tiene que hacer? Ningún problema: está el grupo de whatsapp de los padres.

 

Además de la tempestividad con la que son divulgadas las informaciones importantes, entre los aspectos positivos están por ejemplo: favorecer la conciencia de no ser los únicos en afrontar determinados problemas, u ofrece la posibilidad de tener siempre alguno que nos sirva de recordatorio, si somos un poco olvidadizos… Pero no hay que infravalorar los aspectos negativos unidos a este fenómeno.

 

Las manías de control

 

Estar en contacto con padres de niños o jóvenes que salen con el propio hijo puede hacernos caer en la tentación del exceso de control (deberes, su comportamiento en clase, las amistades, las pequeñas peleas con los compañeros...). A través del chat, podemos acabar informándonos sobre él como si fuéramos detectives, ahorrándonos el cansancio del diálogo directo, liberándonos de la tarea pesada de tener que conquistar su confianza.

 

Recordemos que, si queremos interesarnos realmente por nuestro hijo, lo primero es construir una relación sólida con él.

 

El ansia de rendimiento: cuando los otros padres parecen perfectos

 

En el chat cada uno muestra lo mejor de sí. Nadie escribirá que dos minutos antes ha gritado tan fuerte que ha asustado a todo el barrio. Nadie dirá que se siente un padre incomprendido, fracasado, decepcionado. Y a todos nos sucede, a veces.

 

En el chat todos somos felices con nuestros adorables angelitos, satisfechos de ellos, sonrientes en nuestras fotos recién hechas. Todos parecemos atentos a todo: sabemos cuál es la merienda más sana o el juego más educativo.

 

Visto que conocemos muy bien nuestros límites personales, podemos llegar a pensar que los otros padres son mejores que nosotros, más serenos, menos ansiosos, más pacientes… y además simpáticos. En la aparente perfección de quien escribe, se reflejan todas nuestras fragilidades y terminamos por sentirnos inferiores...

 

Cuando esto sucede, hemos de recordar que no existe el padre perfecto y no hay chat que pueda cambiar esta realidad.

 

Las pequeñas cosas se convierten en dramas

 

A veces las otras madres y los otros padres ofrecen puntos de reflexión útiles, con preguntas u observaciones que no habíamos pensado. Pero a menudo nos contagian involuntariamente paranoias inútiles. (“¿Cuántos gramos de carne come nuestro hijo?”, “¿Con cuánta agua coces el caldo?”. Quizá damos de comer a los niños con sencillez y naturalidad, hasta que nos llegan preguntas de este tipo...)

 

Cada uno de nosotros tiene paranoias inútiles, el problema es que los grupos de whatsapp tienen el poder de difundir y de producir también otros complejos evitables. Recordemos que no todas las preocupaciones de los otros deben suscitar interrogantes sobre nuestro modo de comportarnos...

 

El plano paternal y el escolar corren el riesgo de superponerse

 

No son infrecuentes los casos en los que los grupos de whatsapp de padres acentúan los contrastes entre padres y profesores. La facilidad con la que se pueden expresar juicios y la capacidad de ampliar cada detalle, precisamente por los chat de grupo, hacen que, por ejemplo, cada palabra dicha por la maestra en clase, cualquier episodio que implique uno o más niños, cada dificultad vinculada a la tarea o cada pequeña divergencia sobre métodos educativos u otra cosa se conviertan en cuestiones de Estado.

 

Los grupos de whastapp para padres unidos al colegio son peligrosos también porque aumentan la posibilidad de intromisiones exageradas por parte de las madres y de los padres en el ámbito escolar. El chat no debe ser usado para lanzar sentencias como si fueran piedras: fomentado diferencias y discusiones interminables hacemos mal en primer lugar a nuestros hijos.

 

¿Queremos pasar más tiempo en whastapp a hablar de los hijos y hablar con los hijos?

 

Otro peligro: hablar tanto de nuestros hijos con las otras madres y padres (“de acuerdo, quizá, esto, es un peligro que corremos más las madres…”) y hablar poco con nuestros hijos.

 

Utilizar las redes sociales no es equivocado, pero recordamos que existe un riego: sustituir nuestras relaciones de tú a tú por las relaciones virtuales. Estar conectado a internet no es un problema, el problema es si nos desconectamos con las personas cercanas.

 

Grupos whatsapp para padres: un bonito desafío

 

Vivir serenamente el chat, con personas que gestionan situaciones parecidas a las nuestras y que -queriendo o sin querer- nos hace cuestionarnos a cada pitido del teléfono es un desafío.

 

¿Cómo hacer para que una bonita ocasión de debate no se convierta en un drama existencial? ¿Tienes experiencias de este tipo? ¿Cómo gestionas el chat con otros padres ¡Déjanos tus comentarios! 

 

*Por Cecilia Galatolo. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info  

 

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Por Silvia Johana Artunduaga para LaFamilia.info - 06.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

A lo largo de mi trayectoria como Psicóloga y Terapeuta Familiar, me he encontrado en varias ocasiones con el dilema de los padres frente al cambio de colegio de sus hijos. En esta oportunidad quiero participarles algunas reflexiones que han ayudado a resolver el interrogante y tomar la decisión correcta. 

 

Una primera clave es escuchar a tu hij@, a veces nos cerramos inmediatamente al diálogo pensando que es otra pataleta adolescente como cuando dijo que ya no quería la tablet o que cambio de idea frente al vestido que se pondrá en la fiesta. 

 

En esa escucha es importante identificar la causa por la cual quiere cambiarse de colegio: ¿es una situación con compañeros?, ¿paso algo con algún docente?, ¿su rendimiento académico bajó significativamente? ¿qué cosas ya no le gustan del colegio? etc. También es importante ubicarnos en el tiempo, ¿hace cuánto que pasa lo que me cuentas?. 

 

Una vez amplíe esa información, avance preguntando lo siguiente: ¿cómo has manejado la situación que me comentas?, esta pregunta nos ayuda a aclarar que soluciones ha abordado, si lo ha comentado con un docente, si tiene apoyo de sus compañeros, etc. A su vez, nos ayuda a visualizar  como maneja nuestro joven situaciones problema que se le presentan. 

 

Como es probable que su hijo le comente acerca de situaciones difíciles, mis sugerencias son:

 

Primero, mantener el control. Antes de hacer juicios de valor, recuerde que usted es el adulto y por lo tanto, si la situación debe aclararse con otros adultos, su hijo debe ver su apoyo como padre y al tiempo la oportunidad de resolver la situación antes de tomar la decisión de cambiar de colegio.

 

Segundo, indague la posición del colegio frente a la situación descrita. Para esto, remítase a los psico-orientadores. En mi experiencia ese apoyo ha  sido importante para revisar la situación con un mayor nivel de información, y asegurar que se trabaje de manera conjunta con el colegio para resolver la situación. En este punto recuerde que usted escogió el colegio de acuerdo a unos valores y que durante varios años ha confiado en que la institución está apoyando su tarea de padre, entonces ¿porqué sería esta vez la excepción?.

 

De todo lo anterior, dependerá la toma de decisión. Varias veces he visto como el acompañamiento del colegio promociona la solución de la situación, por lo tanto, lo importante es establecer acuerdos que se puedan cumplir, que se haga un seguimiento oportuno a los mismos y de esta manera dar oportunidad de resolver el problema.

 

Por otra parte, cuando se trata de un dilema de si el colegio le brinda a nuestro hijo las herramientas suficientes para su desarrollo personal y académico, de todas formas es importante socializar el tema con el colegio ya que a veces los jóvenes no conocen todos los convenios u oportunidades que tiene el colegio para alcanzar metas académicas y seria un buen momento para que conocieran en primer lugar lo que su colegio les brinda.

 

Esto último ha sido muy interesante porque en ocasiones, me he encontrado con jóvenes que están pensando en becas universitarias y buscan colegios que les brinde la oportunidad de acceder a estas. Por lo tanto, mi sugerencia es que analice estos puntos con su hijo y haga primero una revisión de las páginas web de los colegios, para obtener información inicial y  posteriormente se acerque a las instituciones que le interesen para indagar acerca del  proceso de admisión. Recuerde que generalmente por temas de cupos, no es fácil hacer cambios para finalizar bachillerato y/o por la dificultad de adaptación a metodologías de aprendizaje nuevas para su hijo, por lo cual su misión no sólo es apoyarlo sino también darle principio de realidad.

 

De todas formas, sea cual sea la situación, rete a su hijo a mantener un excelente nivel académico de manera que este sea su carta de presentación ya que un estudiante con un buen record académico siempre tendrá la oportunidad de acceder a nuevas oportunidades. 

 

Para finalizar, recuerde que las opciones las construye usted con sus hijos, no es su hijo quien le indica en dónde quiere estudiar. 

 

En una próxima entrega les hablaré de los ítems que debe revisar como familia frente al la selección del colegio.

 

*Colaboración de Silvia Johana Artunduaga para LaFamilia.info. Psicóloga, Magister en Psicología Clínica y de Familia, con experiencia en las áreas educativa y clínica en procesos de evaluación, intervención grupal, familiar e individual. Docente a nivel universitario. 

 

 

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