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LaFamilia.info
06.06.2010

La gran mayoría de los padres coinciden en el deseo de que sus hijos sean responsables, pero el significado que cada uno de ellos le da a esta palabra es muy diferente, puesto que nosotros tenemos que aprender a establecer la diferencia entre responsabilidad y obediencia (la cual radica en quien decide qué es lo que el niño, el joven o el adulto deben realizar) y en dónde se origina la motivación para que ellos lo realicen.

Cuando se trata de obediencia se espera que el niño haga lo que le ordenan; la decisión y la motivación son externas. En cambio la responsabilidad implica la aceptación por parte del niño, del joven o adulto, de la labor o tarea a realizarla, así como la motivación interna para llevarla a cabo.

La responsabilidad conlleva decisión personal y motivación. Cuando los niños tienen que hacer lo que les ordena un pariente, un amigo, o un maestro, -aunque ellos no estén de acuerdo- están simplemente obedeciendo para evitar un castigo o cediendo. “Nos comportamos con responsabilidad cuando decidimos qué hacer y buscamos la forma de motivarnos a nosotros mismos para hacerlo”.

“La expresión más sublime de la libertad es una acción responsable” (Miguel Ángel Cornejo)

Componentes de la responsabilidad

  • Definir con toda claridad la tarea a realizar: Para saber claramente qué es lo que se debe hacer y cómo realizarlo.
  • Cuando el niño acepta realizar la labor o tarea: Se traspasa el umbral de la obediencia a la responsabilidad. Siempre les asignaremos tareas que sean asequibles a su edad y capacidad y que les ayuden a su desarrollo interno y a su maduración como persona.
  • Capacidad para motivarse: No podemos olvidar que los niños muy pequeños dependen totalmente de sus mayores para su soporte y para obtener la información, por esta razón los padres de familia deben promover para que la motivación de sus hijos provenga de su interior, así como el desarrollo de habilidades como la auto disciplina, para lograr objetivos benéficos a largo plazo más qUe d corto plazo. Son muy importantes los alicientes para estimular la responsabilidad, tales como elogios y algunas recompensas cuando los niños son muy pequeños, pero a medida que van creciendo los alicientes deben trasladarse de los padres a los niños, de tal forma que él pueda motivarse a sí mismo.

Niveles de responsabilidad

  1. El niño ayuda a realizar la labor: En este nivel el niño aprende cómo se hacen las cosas. Ej.: Observa como se prepara la mesa para la cena, ayuda o colocar cubiertos, después de ver a mamá hacerlo y sucesivamente con platos y pocillos.
  2. Establecer la necesidad de supervisión: El niño conoce la mayor parte de la información para desarrollar la labor determinada, pero puede olvidar algunos detalles, colocar algún utensilio, por lo tanto debe realizar la misma labor muchas veces para aprenderla realmente.
  3. Realiza la labor sin ayuda: En este tercer nivel de responsabilidad el niño adquiere INDEPENDENCIA; por Ej.: no sólo hace bien su tarea en forma completa y satisfactoria, sino que ya no requiere recordatorios -a este nivel todos aspiramos llegar-. Los niveles de responsabilidad dependen del desarrollo alcanzado por él y también de las expectativas de los padres.

En algunas oportunidades los padres se muestran reacios a transferir responsabilidades a los niños y jóvenes, en algunos casos no permiten que llegue a ser responsable. Ejemplo relatado por una mamá: “Estuve vistiendo a Ricki todos los días hasta que cumplió cuatro años de edad. Un día, él y yo fuimos a visitar a su amigo Miguel, quien tenía una hermanita de dos años de edad, que estaba vistiéndose sola cuando llegamos. Verla vestirse me sorprendió y tuve la curiosidad de saber si Rícki también podría hacerlo. Al día siguiente le di la oportunidad y encontré que no sólo estaba dispuesto sino que ya era capaz de hacerlo. Yo nunca le había dado la oportunidad y me pregunto, ¿cuánto tiempo habría pasado todavía sin que a mi se me hubiera ocurrido dejar que él mismo se vistiera?”.

Estas expectativas son transmitidas en forma verbal y no verbal. En el ejemplo anterior el mensaje no fue verbal, puesto que la mamá nunca le había dado la oportunidad al niño de vestirse solo. En las verbales los padres por ejemplo dicen: “Cuando estés más grandecito podrás tú mismo lavar el baño, o deja de andar corriendo por ahí, puedes romper una lámpara”.

Las habilidades motivacionales

Enseñar a las personas a motivarse por si mismos requiere el reemplazar la motivación externa por la motivación interna, desarrollar habilidades como: aprender a fijar metas a largo plazo, aprender a confiar y a trabajar por esas metas que se han establecido, aprender a dividir estas metas en etapas cortas que les permitan paso a paso ir logrando los objetivos y aprender a pedir ayuda.

Paro comenzar a pasarle al niño la responsabilidad, se puede trabajar recompensas de orden interno y externo. Por ejemplo: “cuando la niña termine sus labores, la mamá puede decirle -estoy orgullosa de ti- (recompensa externa); -apuesto a que tú te sientes también muy orgullosa de ti misma- (recompensa interna)”.

Cuando los niños presentan alguna dificultad para aprender ciertas labores, se pueden crear expectativas positivas, dictándoles ‘imagina como te sentirlas de bien si pudieras realizar tus labores escolares”. En algunas otras oportunidades se puede realizar un listado, respecto a las actividades en las cuales los padres pueden prestar apoyo a los niños, pero sin hacer sugerencias específicas. Ej.: “Me parece que quieres mejorar tus calificaciones en matemáticas, ¿puedo ayudarte en algo?”; para generar un mensaje claro de -tú eres responsable y yo estoy disponible para ayudarte-.

Cuando los niños comienzan a sentir que ya son responsables, por lo regular necesitan menos ayuda, puesto que ya han desarrollado algunas habilidades que les permiten avanzar’ por si mismos, pero es fundamental que la actividad que el niño realice tenga una fuerte motivación para él.

Para enseñar al niño a fijar y a proyectar metas de largo alcance y ponerlas en práctica, es necesario tener en cuenta su edad y la experiencia alcanzada por el niño. Un niño de seis años, podría tener una meta de aprender a montar en bicicleta, pero uno de doce años, podría tener una meta de ahorrar para comprar una nueva bicicleta el año siguiente, El elemento fundamental para lograr el éxito, es tener una meta clara respecto a lo que se desea obtener.

Creer en la meta: En algunas oportunidades los niños desean realizar algunas cosas, pero sienten que es muy difícil lograrlo, en este momento los padres pueden ayudarle a identificar los motivos por los cuales él piensa que ese objetivo es imposible de alcanzar y ayudarle a elaborar un plan de acción que le permita lograr el éxito en su meta. Por ejemplo: Si el niño está convencido respecto a que no puede aprender historia, porque él no es inteligente, entonces sus padres le ayudan a reforzar su autoestima, en todos los aspectos, se destacan las áreas en las cuales el niño es muy eficiente y se le ofrecen herramientas que le permitan en el citado coso de la historia desarrollar una capacidad mayor de memorización, etc.

Dividir la meta en etapas cortas: Una forma de lograr que el niño pueda llevar a cabo una gran tarea, es dividirla por fracciones, o por niveles, los cuales a medida que se van logrando deben ser elogiadas de tal forma que se conviertan en pequeños logros, que van aunando al logro final. Ej.: ‘Juan Carlos quería obtener un -excelente- en matemáticas, como nota definitiva, pero él pensaba que era imposible lograr ese objetivo. Su mamá le ayudó a desarrollar un plan, como a él le colocaban cinco tareas a la semana en matemáticas, comenzó por obtener un excelente semanal, gradualmente fue aumentando a dos semanales, luego o tres y así sucesivamente, hasta llegar a cinco excelentes, a medida que iba logrando los objetivos a corto plazo fue aumentando su confianza en si mismo y llevó a feliz término su meta propuesta”.

Conseguir ayudo: Para los niños es de vital importancia contar con el apoyo de sus padres, para lograr sus objetivos, quienes los pueden orientar respecto a su avance y recordarles cuáles son sus metas.

Para los niños el lenguaje que escuchan también es fundamental, porque aprenden a ser responsables; un lenguaje optimista motivo, pero si por el contrario recibe y observa actitudes de desaliento fácilmente fracasará; de igual manera existen mecanismos para estimular su conducta, como los sistemas de refuerzo (elogios, sonrisas, un detalle, etc.), los cuales alientan y dan apoyo.

El desarrollo de la independencia y la autonomía en el menor, son también de vital importancia; estas actitudes le permitirán decidir, solucionar problemas y enfrentar situaciones no conocidas,

Desarrollo de habilidades

I. Habilidad para tomar decisiones

Para que una persona llegue a actuar con RESPONSABILIDAD, es necesario que desarrolle la habilidad de tomar decisiones. Este proceso comienza en el niño a la edad de aprender a caminar, con la toma de decisiones simples; sigue en la fase de aprender a hablar acerca de las consecuencias de los actos y continúa progresivamente hacia la solución de problemas.

II. Ofrezca alternativas

Para el desarrollo de esta habilidad se parte de tomar opciones simples, “esto o lo otro”. Con los niños de edad pre-escolar, pueden utilizarse opciones como: “Quieres irle caminando hasta la cama o deseas que te lleve cargado y si el niño trata de escaparse puede decirse -ya veo que prefieres que te lleve cargado-”; a medida que el niño se familiariza con las opciones simples podrá comenzar a darse mayores alternativas a elegir.

III. Pida alternativas:

Cuando el niño maneja y entiende claramente las alternativas, es oportuno preguntarle si él tiene otra opción para solucionar una situación determinada.

IV. Hablar acerca de las posibles consecuencias:

Los niños deben saber respecto a que todo comportamiento tiene consecuencias y que diferentes comportamientos, tienen diferentes consecuencias.

Ej.: ¿Qué sucedería si le tiraras algo al niño que te está molestando? ¿Qué sucedería si te inclinaras hacia afuera de una Lancha a recoger la loción bronceadora que dejaste caer al agua? ¿Qué crees que podría ocurrir si continuaras lanzando la pelota en la sala?

Es conveniente hablar de las consecuencias con anticipación a los hechos o en el momento en que este ocurre o después, pero lo importante radica en ayudarles a los niños a pensar en la situación, no en tomar las decisiones por ellos.

Enseñe a su hijo a resolver problemas

¡Se trata de obtener soluciones eficaces!

  1. Definir el problema: Consiste en examinar la situación y plantear el problema de tal forma que todos puedan intervenir en él...!esto es muy importante!.
  2. Recopile datos: ¿A quién perjudica la determinada situación? ¿Quiénes intervienen? ¿Quién puede ayudar a solucionarlo? ¿Es urgente encontrar la solución? ¿Qué opciones hay?,
  3. Considere muchas opciones: Es prudente escuchar una lluvia de ideas y estrategias (así sean absurdas), las cuales se llevan a cabo para solucionar el problema.
  4. Evaluación de las ideas y elección de una solución: Después de haber tomado en cuenta las posibles consecuencias, ¿a quiénes afecta? ¿es algo que se pueda controlar?.
  5. Planifique, ponga en práctica y evalúe: Cuando la solución es parte del aporte de todos, es más fácil recibir apoyo; haga revisiones constantes y si se le presentan inconvenientes revise y ensaye de nuevo.

Esta táctica funciona tanto para los niños como para los jóvenes y adultos.

“Educar personas responsables es un volar tan relevante y magnífico que merece el máximo esfuerzo”.
José Antonio Alcántara

Una publicación del programa “Inspiración”

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