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Por Silvia Johana Artunduaga para LaFamilia.info - 07.03.2019

 

Foto: Freepik 

 

La agenda estudiantil es un mecanismo de comunicación muy útil que como padres comenzamos a trabajar en el jardín y que una vez los niños llegan al colegio, es muy probable que la utilicemos durante los siguientes seis años hasta la preadolescencia.

 

Durante este tiempo veremos cambios en el tipo de comunicación que se da debido a que al comienzo de la escolaridad los mensajes son escritos por la profesora o profesor y se remiten a informar sobre las actividades de aprendizaje que tuvieron los niños a lo largo del día, los encargos para los días siguientes y los recordatorios. En este caso, el objetivo de esta comunicación es mantener a padres de familia al día sobre los avances de sus hijos en clase y de paso dejarlos tranquilos sobre la decisión sobre el jardín o preescolar que eligieron.  

 

Ahora bien, en la medida que nos acostumbramos a este mecanismo y creemos que ya todo está bajo control, de repente las notas de la agenda comienzan a ser diferentes. Ya no es la profesora o profesor quien escribe, sino que comenzamos a ver una letra enredada, de tamaño disparejo y en lápiz y color rojo (en Colombia se usa el rojo para las iniciales); además los textos describen las tareas, los recordatorios o los encargos de las clases. 

 

En este momento es normal que sea más frecuente la dirección de los mensajes de padres al colegio que del colegio a los padres. Esto se debe a que conforme el niño va creciendo y madurando, esperamos que él mismo anote sus tareas y evaluaciones e informe en su casa cuando se envía una circular. Estas accciones generan sentido de la responsabilidad, autonomía y compromiso con su rol de estudiante. La agenda también comienza a adquirir la función de informar a los padres sobre comportamientos inadecuados de sus hijos que se presentan en el colegio y que el profesor considera importante comunicar.

 

Llegando a este punto es difícil definir qué emoción manejar. Al principio claramente es molesto recibir una retroalimentación negativa, emoción similar a la que sentimos cuando nuestro hijo asiste a una reunión familiar y no se comporta como esperamos y debemos corregir inmediatamente. Este es precisamente el sentido de todo: como padres, somos los primeros formadores de nuestros hijos y es importante reconocer ciertas situaciones que se convierten en oportunidades para formar.

 

Se preguntarán entonces que si lo que sucedió fue en el ambiente escolar, ¿por qué debo ser yo como papá quien corrija? La respuesta está implícita: como padre soy quien forma el carácter de mi hijo; los docentes son personas itinerantes en la formación de los estudiantes. Sí son muy importantes, claro que influencian, pero si un profesor envía la nota es porque ya ha intentado diferentes formas de diálogo y de corrección en el aula y no observa cambios relevantes. O también porque considera que el comportamiento de nuestro hijo fue tan inusual que amerita que lo conozcamos y manejemos en casa. Los profesores no derivan el problema, sino que nos hacen, a nosotros como padres, partícipes de la solución. Un profesor es nuestro aliado; es quien coayuda en la educación y formación de habilidades sociales en nuestros hijos.

 

Entonces si recibe este tipo de anotaciones en la agenda, ¿qué debe hacer? Primero, converse con su hijo, escúchelo, permítale contar los hechos y hablar sobre la situación con detalle. Una vez hecho esto, revise qué aprendió su hijo sobre la situación porque el objetivo de la nota no es otro diferente a que el niño pueda retomar en casa su aprendizaje o que llegue a él con la ayuda de sus papás.

 

Un maestro no espera castigos de la casa, de hecho, muchas veces omiten enviar mensajes precisamente para no generar estrés en la familia si la respuesta de los padres es netamente punitiva. 

 

Hay una expresión común en los niños cuando un maestro le pide su agenda que es “mis papás me van a matar”. Hace poco de hecho la escuché y pese a que intenté convencer a uno de mis estudiantes de que sus padres quieren lo mejor para él y que lo iban a ayudar a corregir sus acciones, no a matarlo, se fue con los ojos aguados al bus escolar.  Lo interesante fue que al día siguiente llegó con una cara de alegría, o mejor de alivio, y apenas lo vi le dije: “¡estás vivo!” y el me respondió: “sí, ¡pensé que iba a ser peor!” De nuevo retomé la experiencia y le pregunté, ¿qué aprendiste? Y me muestra que sus padres cada uno, comentó la nota enviada, agradeciendo la comunicación y manifestando haber conversado con el niño sobre lo inadecuado de su comportamiento y expresan los acuerdos que hicieron en casa. De nuevo le pregunto; ¿qué aprendiste? Y me dice, “yo nunca voy a volver a hacer eso”, luego le pregunté, ¿y sobre contarle a tus padres? Me contesta, tu nota me ayudó a contarles y vi que me tienen que corregir. 

 

Con esta experiencia, quiero invitarlos a confiar en la intención formadora de una nota, para un docente no es fácil mandar el mensaje, como tampoco es  la primera alternativa, generalmente se escribe en un lapso de tiempo corto por lo cual no lleva detalles de los hechos, aparte, porque tampoco es el propósito enviar una nota con una conclusión, estos mensajes desde mi opinión, deben llevar el contenido del valor a trabajar, más que puntualizar en el error, los detalles son el trabajo como padres, el diálogo amplio y tranquilo en casa, será el que consolide el aprendizaje,  ayude a su hijo a que  se haga cargo, a asumir  su responsabilidad, los niños muchas veces señalan que no fue el solo, que fue otro amigo, que su profesor no lo escuchó, etc., diferentes explicaciones, que considero perfectamente válidas. Pero no olvide que la idea es promover un valor, por lo cual, ayúdele a hacerse cargo de su error sin justificarse. 

 

Para finalizar considero que necesitamos cada vez, más personas asumiendo la responsabilidad de sus actos, con transparencia y libertad, por lo cual, la nota en la agenda es nuestra oportunidad de formar y hacer una unidad casa-colegio con el fin de formar chicos íntegros, con inteligencia emocional para afrontar errores.

 

*Colaboración de Silvia Johana Artunduaga para LaFamilia.info. Psicóloga, Magister en Psicología Clínica y de Familia, con experiencia en las áreas educativa y clínica en procesos de evaluación, intervención grupal, familiar e individual. Docente a nivel universitario. 

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