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Catholic.net
15.03.2009

Motivar al alumno… Antes de plantearse este asunto hay que saber para qué queremos motivar a nuestro alumno. No será lo mismo motivarle para que sea el más fuerte de la clase que motivarle para que sea el más “simpático”, para que sea el número 1...

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, motivar es dar causa o motivo para alguna cosa.

Conviene precisar que la educación engloba tanto la dimensión física como la intelectiva y la espiritual de la persona, por ello no son excluyentes. Al fin y al cabo los hombres somos una unidad. No obstante no parece que estén al mismo nivel para ser felices la dimensión biológica que la espiritual (con un buen cocido puedo estar satisfecho pero no feliz, ayudando a un amigo que lo necesita conozco la felicidad).

Normalmente en el actuar humano, el primer impulso que nos mueve a hacer algo es “me apetece/no me apetece”, “me produce placer o dolor”. Esto ni es bueno ni es malo, sencillamente es así. El actuar humano se diferencia del animal en que una vez se tiene esa sensación se decide en función de si es bueno o malo para la persona, ese es un acto humano propiamente dicho.

En este escrito vamos a referirnos a la motivación para hacer el bien. Estaremos de acuerdo en que será la mejor manera de ayudar a nuestros alumnos a ser más felices.

Motivar para hacer el bien es sinónimo de dar razones para vivir y aunque parezca que esto queda muy lejos para niños , no es así. No hace falta esperar a tener 50 años y una depresión de caballo para dar razones para vivir.

Nuestros alumnos necesitan vivir en un ambiente de optimismo y esperanza, por ello la educación que les demos debe reunir esas características. Esto se consigue con el ejemplo y la forma de vida, no solo con charlas. Cómo afrontemos los posibles problemas que se plantean en la vida marcará como los afronten ellos.

Fomentar autoimagen positiva

Debemos empezar desde muy pequeños fomentando una imagen propia positiva. Los niños no se conocen a sí mismos. La imagen que tienen de sí mismos es la que los mayores les transmitimos. Un niño al que se le repita que es mentiroso, desordenado, etc.... terminará creyendo que “es “mentiroso y por tanto continuará mintiendo porque de esa manera cumple su papel. A quien miente habrá que decirle que ha mentido y que eso no es bueno.

La imagen positiva va muy unida a la motivación. Cuanto más nos queramos mas seremos capaces de hacer. Es una secuencia de comportamiento, si haces algo bien y te lo reconocen y animan tendrás ganas de repetirlo, si lo haces mal y te apoyan y ayudan a hacerlo bien tendrás ganas de repetirlo, y todos podemos hacer bien alguna cosa. Unida a la motivación está la exigencia. Es imposible motivar si no se exige, los formadores debemos exigir amorosamente. Los niños de estas edades necesitan tener una seguridad y saber hasta donde se puede llegar.

Para que la exigencia sea efectiva deberá ser un estilo las 24 horas del día pero dosificada a la hora de ponerlo en práctica. Debemos ser exigentes en pocas cosas, en aquellas que consideremos más importantes, y en esas no ceder. Otras serán negociables.

La exigencia va unida a la autoridad. Los formadores debemos ejercer la autoridad, nuestros alumnos tienen derecho a que así sea. Pero no una autoridad déspota sino basada en el prestigio personal de quién la ejerce y ejercida como un servicio al niño.

¿En que debemos exigir?

Básicamente en los hábitos que conducen a las virtudes. En cuestiones de orden, de sinceridad, de obediencia, de laboriosidad. Exigir en estos hábitos hará que de mayores vivan más fácilmente las virtudes, y por tanto, les resulte mas fácil ser felices.

También es importante educar para el fracaso porque antes o después tendrán alguno, de la misma manera que es importante educar para el dolor, lo queramos o no existe.

Tipos de motivación

La más primaria y básica es “me apetece/no me apetece”. Este tipo de motivación es primaria porque en ella no intervienen las dimensiones “nobles” del hombre, hacer las cosas porque apetece no lleva a la felicidad sino más bien por una cuesta a la “animalización” del hombre y a la frustración, no contempla el bien integral sino solo el aspecto biológico.

Otro tipo de motivación es el “ego”, que me alaben, que me aplaudan. Ser el número uno, llevar las mejores marcas encima, etc. Este tipo de motivación es positiva si se sabe dosificar ya que el ser considerado aumenta la autoestima. No es malo por tanto alabar al alumno cuando hace algo bien, por el contrario es positivo siempre y cuando no le haga caer en la vanagloria y el desprecio a los demás.

Motivar por los demás, por amor. Es un tipo de motivación que es muy efectiva en estas edades. Ayudarles a obedecer por amor a mamá, a papá, a ser generosos con los hermanos por amor, que experimenten la felicidad que se vive al ayudar a otros. Esta es una edad estupenda para que conozcan y sensibilicen ante las personas que pasan necesidad, sin obsesionarles pero que comiencen a abrir los ojos al mundo que les rodea.

Lo que vale la pena, cuesta. Esta frase puede resultarles de ayuda. Explicarles que tras el esfuerzo llega la alegría del deber cumplido. Ya tienen que trabajar en serio y muchas veces no les apetece, se distraen, etc. Se pueden aprovechar los deberes que les mandan para casa para ir ayudándoles a ser laboriosos, limpios en el trabajo. Darles razones para que esto sea sí es motivarles, ayudarles y alabarles, decirles lo que esperamos de ellos es motivarles, corregirles con cariño es motivarles.

Los premios y castigos son un medio para educar, se deben utilizar poco y de una manera gradual. Siempre es mas efectivo utilizar mas la alabanza que el reproche y ensalzar el bien mas que odiar el mal, y sobre todo el ejemplo.

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