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LaFamilia.info
09.11.2009

 

Cada etapa de la vida tiene unas características determinadas y ciertas necesidades básicas. En la madurez física se producen cambios en el cuerpo que ameritan adoptar nuevos hábitos y cambiar otros.

 

Está en nuestras manos prevenir algunas enfermedades y gozar de una buena calidad de vida al llegar a la vejez. Lo cierto es que todo este proceso debería empezar muchos años antes, pero lamentablemente cuando se es joven no se piensa en las debilidades del futuro. Sin embargo, nunca es tarde para empezar y si usted está cerca de los 40 años, es importante que se ajuste a las nuevas necesidades del cuerpo.

 

¿Qué sucede en el cuerpo a los 40 años?

 

Alrededor de los 40 años ocurre dentro en el cuerpo humano algunos cambios fisiológicos tanto en hombres como en mujeres, los cuales afectan las condiciones nutritivas. Existen tres importantes transformaciones:

 

Disminución de energía: la Organización Mundial de la Salud estima que a partir de los 40 años la necesidad de energía desciende un 5% por cada década. Ello debido a que disminuye la energía que consume el organismo en situaciones de reposo para mantener las funciones vitales: bombeo de sangre, mantenimiento de la temperatura corporal, etc. Esta reducción se traduce en la necesidad de aportar menos calorías, algo no contemplado por muchas personas y que explica porqué aumentan progresivamente de peso si mantienen los mismos hábitos de alimentación que años atrás.

 

Grasa corporal: entre los 40 y los 50 años se produce un marcado aumento en la proporción de grasa en el cuerpo que continúa aumentando hasta los 75 años. Además, se modifica la distribución de la misma, que se acumula en mayor medida alrededor del abdomen y ocurre lo mismo en los órganos internos. Este cambio se hace más notable en la mujer. Está demostrado que la distribución abdominal de la grasa es un marcador sensible del riesgo cardiovascular. Es por esto que conviene evitar ciertos alimentos adiposos.

 

Masa ósea (huesos): a parir de los 30 – 35 años se comienza un proceso lento pero constante de pérdida de masa ósea, el cual se extiende en los años siguientes. Durante la menopausia se cesa la producción de estrógenos (hormonas femeninas), las cuales son las encargadas de preservar la resistencia de los huesos. Ello explica que las mujeres tiendan a sufrir en mayor medida de osteoporosis y diferentes lesiones en los huesos. Lo cual no exime a los hombres de padecer enfermedades y quebrantos en los huesos.

 

Hay otros cambios menos graves pero igualmente importantes:

  • - El pelo se vuelve más fino y frágil y también su textura puede cambiar.
  • - Alrededor de los 42 años, el cristalino (componente del ojo) pierde flexibilidad y su capacidad para enfocar.
  • - La pigmentación de la piel es menos abundante; al igual que las células defensoras de la epidermis.
  • - Los tejidos de los párpados, mejillas, cuello y cejas comienzan a ceder debido a la pérdida de elasticidad y la laxitud de los músculos.
  • - El colesterol puede aumentar en las mujeres, debido a la llegada de la menopausia.
  • - La piel, el pelo y las uñas se pueden resecar.

Prevenir es mejor que curar

 

Si quiere continuar saludable a lo largo de la madurez, siga las siguientes indicaciones:

 

Mucho calcio: Incrementar la dosis de calcio es imprescindible; se obtendrán mejores resultados si se comienza a consumir desde años anteriores. Es importante asesorarse de un médico en cuanto a la dieta rica en calcio o el suplemento indicado.

 

Actividad física: Si antes era importante el ejercicio, ahora sí que lo es. Al ejercitar el cuerpo, los huesos y músculos se fortifican, se oxigena la sangre y se desintoxica el cuerpo, procesos fundamentales después de los 40 años.

 

Alimentos antioxidantes: Consumir alimentos ricos en sustancias antioxidantes. Los vegetales, las frutas y hortalizas, proporcionan abundantes sustancias con acción antioxidante que neutralizan la acción nociva de los radicales libres.

 

Menos alimentos grasos: Conviene evitar la grasas saturadas (mantequilla, nata, fritos, carnes grasas...), las cuales aumentan los niveles de colesterol en la sangre y se acumulan en las paredes de las arterias dificultando el paso de la sangre, lo cual aumenta el riesgo de arteriosclerosis. Como contrapartida, se debe aumentar el consumo de pescado azul, aceite de oliva y semillas como la soya, los cuales ayudan a bajar los niveles de colesterol y reducir la viscosidad de la sangre, lo que disminuye el riesgo de aparición de trombos.

 

Vitaminas: la toma de vitaminas contenidas en alimentos naturales, ayudan a contrarrestar muchos daños que trae consigo la edad. Por ejemplo la vitamina A que interviene en la vista, crecimiento, reproducción y desarrollo del tejido óseo. La vitamina C también es muy importante para personas de más de 40 años, debido a que refuerza el sistema inmunológico.

 

Una calidad de vida saludable depende de los hábitos que desarrollemos desde que somos jóvenes, es cuestión de tomar conciencia y visualizarse dentro de unos años para ver qué podemos hacer ahora y no lamentar después.

 

Fuentes: Natural Holistic Health, consumer.es, saludydietas.com

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