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Cecilia Yáñez – Diario La Tercera
02.05.2012

 

 

De niño, Dominic O’Brien sufrió déficit atencional. De pobre desempeño escolar, hoy es el humano con la memoria más privilegiada del planeta. Ha ganado ocho veces el Campeonato Mundial de Memoria y entró en el libro de Récords Guinness en 2002, cuando logró memorizar una secuencia aleatoria de 2.808 cartas (54 barajas completas) después de verlas una sola vez. Sólo erró ocho veces. Hoy trabaja como entrenador para Peak Performance Training, una empresa que se dedica a potenciar esta cualidad.

 

Según el británico, no tiene un don especial, sino una capacidad que todos podemos mejorar. Incluso los niños con baja autoestima o apuntados como tontos, como alguna vez fue sindicado. “El desafío es convencerlos de que tienen el potencial para memorizar y, por lo tanto, aprender cualquier cosa”. Para ellos, lo principal es no frustrarlos y hacerlos memorizar pocos elementos para que puedan recordarlos sin errores. Dice que los niños son tan capaces como los adultos a la hora de aprender sus técnicas.

 

O’Brien acaba de lanzar el libro “Consigue una memoria asombrosa” el cual expone las siguientes claves:

 

1. La asociación como motor de la memoria

“La asociación es el corazón de una memoria perfecta”, dice O’Brien. Según él, todo el mecanismo de los recuerdos parte con una asociación inconsciente. “El cerebro está formado por miles de millones de neuronas que se conectan entre sí de muchas formas, lo que permite un número infinito de recuerdos. Usted tiene cerca de 100 mil millones de neuronas. Si, en teoría, una neurona trabajando en un lado de su cerebro puede ser conectada a otra en otra zona del cerebro, entonces cualquiera de los dos pensamientos se pueden conectar. Por ello, dos ideas, palabras, números, cualquier cosa, se puede vincular fácilmente”, explica. La clave está en permitir que el cerebro realice todo tipo de asociaciones libremente, incluso una idea loca que permita asociar dos o más conceptos, pero que en la realidad sean imposibles de encontrar, un ejercicio que mejorará su memoria.

 

”Tendemos a definir un objeto, no por el diccionario, sino por lo que asociamos con él. Por ejemplo, rana. No pensamos en un anfibio palmípedo sin cola, sino en un estanque, en un cuento o un documental”. O’Brien explicó que si hace una lista mental de 10 cosas para el supermercado (manzanas, leche, quesos, huevos, etc.) será más fácil recordarla si hace asociaciones camino al supermercado, como un puente de queso, un camino de manzanas y una fuente de agua, pero llena de leche. Al hacer estas vinculaciones, cuando llegue al supermercado será más fácil recordar la lista.

 

2. La imaginación es el combustible para recordar

“La imaginación no es sólo la facultad de formar imágenes mentales, es el poder creativo de la mente”, dice el experto. A su juicio, los mensajes recibidos a través de los cinco sentidos -tacto, gusto, olfato, vista y oído- se van a nuestro cerebro, donde la imaginación se pone a trabajar para convertirlos en modelos sencillos que podamos utilizar para ayudar a comprender y hacer frente a este nuevo mundo.

 

“Para convertir miles de cartas, números, dígitos binarios, incluso los nombres y las caras en un código mnemónico (un tipo de código que sea menos complejo, pero más fácil de recordar) que podemos utilizar para memorizar, requiere una vibrante imaginación” dice.

 

En el texto, O’Brien plantea un ejercicio para ampliar la imaginación a través de los sentidos. En un primer escenario, pide imaginar una pelota de fútbol en las manos, pero que huele a naranjas recién exprimidas. La idea es visualizar esa escena. La misma pelota luego adquiere una textura gelatinosa, hace tictac como un reloj y sabe a chocolate.

 

El segundo escenario invita a imaginar un elefante amarillo con puntos rosa que maúlla como un gato, sabe a jengibre, pincha como una ortiga y huele a granos de café. Según el memonista británico, mientras más detalladas sean las visualizaciones, más fácil será recordar las imágenes.

 

3. La ubicación de las cosas en el cerebro

La ubicación es la tercera clave para una memoria perfecta, por lo que sugiere crear un mapa de memoria, una especie de estante lleno de archivos que nos permiten acceder a los recuerdos en forma eficiente. “Vivimos en un mundo tridimensional, donde los objetos pueden ser localizados por su lugar de ubicación o siguiendo un determinado conjunto de coordenadas”, explica.

 

O’Brien llama a practicar un ejercicio que él bautiza como “el viaje”. En una primera fase, la persona debe inventar una ruta lógica de 12 etapas por su propia casa. Por ejemplo, puerta de entrada, living, comedor, pasillo, cocina, patio, baño… Esta ruta debe ser memorizada y repasada vívidamente varias veces, imaginándose que está en ese lugar, recordando los colores que tiene, los aromas que siente.

 

Ahora, se debe crear una lista de 12 objetos que serán -en forma imaginaria- puestos o guardados en cada uno de los lugares seleccionados y asociados entre ellos. La práctica de ejercicios de este tipo (se pueden agregar más lugares y más objetos), dice O’Brien, garantiza el éxito en el mejoramiento de la memoria.

Él mismo practica esta dinámica, no sólo con lugares físicos de su casa. También lo hace con rutas de traslado, como el camino de su casa al trabajo o una avenida por la que transita siempre, su casa de niño, su oficina, el lugar de vacaciones. Lo importante es que cada vez se sumen más elementos.

 

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