LaFamilia.info
06.04.2008
 

En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos.

 

La liturgia del Jueves Santo evoca todo lo que aconteció en la noche en que iban a entregar a nuestro Señor Jesucristo. En la última cena con sus discípulos, el mismo Jesús nos da ejemplo de la vocación al servicio del mundo que debemos tener todos los fieles cuando decide lavarle los pies a sus discípulos.

 

San Pablo nos recuerda que aquella memorable noche de la entrega de Cristo, llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para que todos lo recordemos mientras esperamos su venida al final de los tiempos, quedando así instituida la Eucaristía.

 

Él quiso que como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos para participar de los Misterios Santos: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19). Cristo se entregó al Padre y se ofreció como alimento.

Por eso la Eucaristía del Jueves Santo debe celebrarse lo más solemnemente posible, pero sin ser tan festiva ni jubilosa como la Noche de Pascua, en la que celebramos la resurrección. En este día hay alegría y la Iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando el "gloria". Es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.

 

En este día se celebra:

  • La Última Cena
  • El Lavatorio de los pies
  • La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
  • La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní

 

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