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Aniversario de bodas: el amor, el invitado más especial

LaFamilia.info
21.02.2009
 

 

Las familias que celebran los aniversarios de bodas de sus padres y abuelos, reafirman cada año el valioso significado de esa unión que va dejando un legado de amor.

 

Algunas familias tienen la buena costumbre de celebrar el aniversario de bodas de los padres y abuelos con una Eucaristía para dar gracias a Dios por esa unión que ha perdurado a través de los años. En los aniversarios de plata y oro, es también usual realizar una ceremonia especial para renovar el compromiso matrimonial con la bendición sacerdotal.

 

La nueva edición del Ritual del Matrimonio (edición castellana 1996) ofrece apartes para las celebraciones en los aniversarios del matrimonio. Entre ellas está la “Bendición de los esposos dentro de la misa” (números 487-501). En una misa dominical, por ejemplo, aunque se conservan las lecturas propias del domingo, hay unos momentos en que los esposos adquieren un protagonismo especial.

 

Estos son los apartes para dar gracias a Dios en la misa por la unión matrimonial:

 

1. Renovación del compromiso matrimonial y bendición de los esposos
Después de la homilía, si los esposos quieren renovar en voz alta su compromiso matrimonial pueden hacerlo así:

Esposo: Bendito seas, Señor,
porque ha sido un regalo Tuyo
recibir a N. por mujer.

Esposa: Bendito seas, Señor,
porque ha sido un regalo Tuyo
recibir a N. por marido.

Ambos: Bendito seas, Señor,
porque nos has asistido amorosamente
en las alegrías y en las penas de nuestra vida.
Te pedimos que nos ayudes
a guardar fielmente nuestro amor mutuo
para que seamos fieles testigos
de la alianza que has establecido con los hombres.

Sacerdote: (mientras, si se quiere, los esposos se dan la mano):

El Señor os guarde todos los días de vuestra vida.
Que él sea para vosotros consuelo en la adversidad,
compañero en la prosperidad,
y derrame copiosamente sus bendiciones sobre vuestra casa.
Por Jesucristo nuestro Señor. R/. Amén.

 

2. Entrega de los anillos
A continuación, si los esposos presentan los anillos del día de su boda, el celebrante dice esta oración:

Acrecienta y santifica, Señor,
el amor de tus servidores
pues se entregaron mutuamente
estos anillos en señal de fidelidad,
haz que progresen en la gracia del sacramento.
Por Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.

 

3. Oración sobre los esposos
Después del Padrenuestro, el sacerdote dice esta oración con las manos extendidas sobre los esposos:

Te alabamos y te bendecimos, oh Dios, creador de todas las cosas, que al principio creaste al hombre y a la mujer para que formaran una unidad de vida y de amor.
También te damos gracias porque te dignaste bendecir la unión familiar de tus servidores N. y N. para que fuera imagen de la unión de Cristo con su Iglesia.
Tú que los has mantenido unidos por el amor en sus penas y alegrías, míralos hoy con benevolencia.
Renueva constantemente su alianza nupcial. Acrecienta su amor, fortalece su vínculo de paz, para que rodeados por todos los que les quieren gocen siempre de tu bendición.
Por Jesucristo Nuestro Señor. R / Amén.

 

Cómo celebrar el aniversario
Además de la Eucaristía, hay familias que festejan su aniversario de bodas con una cena o con un espectáculo especial. Si usted es de aquellos a quienes les gusta celebrar esta ocasión con “bombos y platillos”, le detallamos a continuación el significado simbólico de cada año para que tenga toda la información que necesite:

1 año: Papel
2 años: Algodón
3 años: Cuero
4 años: Lienzo
5 años: Madera
6 años: Hierro
7 años: Cobre
8 años: Bronce
9 años: Cerámica
10 años: Estaño
11 años: Acero
12 años: Seda
13 años: Encaje
14 años: Marfil
15 años: Cristal
20 años: Porcelana
25 años: Plata
30 años: Perla
35 años: Coral
40 años: Rubí
45 años: Zafiro
50 años: Oro
55 años: Esmeralda
60 años: Diamante

 

Fuente: 6865.blogcindario.com, zuzaro.com

Navidad, niños y buenos modales: ¿cómo lograrlo?

Por LaFamilia.info

 

navidadymodales2016Foto: Freepik

 

En esta época donde abundan las reuniones sociales, cenas y celebraciones religiosas, los padres han de prestar especial atención a las buenas maneras que sus hijos presentan en este tipo de escenarios, los cuales involucran el acato de las normas de urbanidad y la adecuada interacción con otros.

 

Como ya se ha mencionado en entregas anteriores, las buenas maneras son la expresión de lo mejor que hay en nosotros para darnos a los demás, como una muestra de respeto y atención, ubicándonos ambas partes en el mismo nivel y dándole a entender al otro que es tan valioso como lo soy yo. Además, expresan el nivel de conciencia que tenemos hacia la dignidad de los otros.

 

Es por eso, que una época tan maravillosa como ésta, no puede estar despojada de los modales, que no son otra cosa que la expresión de paz, armonía y amor; banderas de la Navidad. Los siguientes son algunos de los espacios propios de estas festividades, donde tanto grandes como chicos, debemos sacar a relucir la buena educación.

 

Los buenos modales en la mesa

 

Un indicador de la crianza de un niño es la forma como se comporta en la mesa. El ejemplo y las costumbres sanas a la hora de comer, son determinantes en los buenos modales de los hijos. Repase con ellos cada uno de los siguientes puntos:

 

– A no ser de que sea un niño pequeño que apenas comienza a utilizar los cubiertos, siempre se deben usar el cuchillo y el tenedor para comer, no las manos.

– La comida es para llevar a la boca, no para jugar, por eso no se hacen bolitas con las migas de pan, ni nada parecido.

– A nadie le interesa ver ni oír lo que sucede dentro de la boca, por eso se debe masticar con la boca cerrada. Esto incluye no hablar mientras se esté comiendo.

– Se debe comer despacio, con calma, disfrutando de los sabores que se están saboreando y de la conversación que marcha en la mesa.

– No llenar la boca de comida, pequeños bocados es más apropiado.

– La postura en la mesa es clave; la espalda recta, los codos abajo, las manos a lado y lado del plato.

– Ya sea en el restaurante o en una casa, siempre hay que agradecer a quien nos sirve los alimentos y no está de más una frase halagadora “estaba exquisito, gracias”.

– Si la comida no es de tipo buffet (autoservicio) siempre debemos esperar a que todos estén servidos antes de comenzar a comer.

– La comida debe permanecer en el plato, no desparramada por toda la mesa. Se le puede enseñar a los niños a usar un pequeño trozo de pan para ayudarse.

– Si queremos algún alimento u objeto que está en la mesa pero nos es imposible de alcanzar, es mejor pedirlo a quien está más cerca, en lugar de estirarse para lograrlo.

 

Modales en las celebraciones religiosas

 

Durante la Navidad asistimos a varias celebraciones alrededor de esta fiesta litúrgica, en todas ellas, debe haber total disposición hacia lo que verdaderamente celebramos: el nacimiento del Niño Jesús. Estar dispuestos también significa cuidar la forma de vestir, la puntualidad y la conducta en estos rituales.

 

Asimismo, desde las primeras edades de los hijos, se les debe inculcar el respeto por el templo sagrado. Mientras estamos en las ceremonias no se debe comer, ni hablar, ni quitarse los zapatos, ni recostarse en las bancas de la iglesia, pues es un momento para hablar con Dios y prestar atención a su Palabra.

 

Las misas de niños pueden ayudar a capturar el interés y facilitar la comprensión de los más chicos.

 

En el rol de invitados y anfitriones

 

Las tertulias caseras que se realizan en torno a la Navidad o fin de año, admiten un protocolo informal; lo que quiere decir que, aunque el trato sea más cálido, también hay unas normas básicas qué seguir.

 

Invitar amigos y familiares a casa es una experiencia agradable para muchas personas y así hay que transmitirlo a los hijos, para que sean los mejores representantes de la hospitalidad y de ese “calor de hogar” que queremos emitir a los invitados. En los niños el hecho de ser anfitriones, les ayuda a desarrollar la generosidad, la tolerancia, la humildad, entre otros valores, sobre todo cuando los invitados son chicos de edades semejantes.

 

En el rol de invitados, padres e hijos deben demostrar respeto por las personas que amablemente han abierto las puertas de su hogar. Las palabras “gracias”, “por favor”, “podría”, deben estar siempre presentes. En el caso de los bebés, los padres deben estar al pie de ellos, cuidando que no dañen objetos que puedan estar a su alcance.

 

Por supuesto todo lo dicho en párrafos anteriores, va muy ligado al ejemplo que como padres se demuestre. Recordemos que la imitación es una de las estrategias más efectivas para enseñar los buenos modales, no hay mejor ejercicio que los niños observen al resto de la familia, para darse cuenta del buen comportamiento en los diferentes contextos. Las actuaciones de los adultos siempre están bajo la mirada de los pequeños, ¡así que mucho cuidado!

 

Las comidas: momentos para respetar en familia

familia cenando unida

Además de ser una costumbre que propicia el diálogo en la familia y alienta una sana relación entre padres e hijos, comer en familia ayuda también a prevenir desórdenes alimenticios en los jóvenes y a promover una dieta sana en los niños.

Abuelos y nietos: un vínculo de amor

El 26 de julio es la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, aprovechamos esta fecha para hablar de ese amor tan especial que hay entre abuelos y nietos, y aunque en estos tiempos de COVID los veamos a través de una pantalla y los abrazos sean virtuales, ¡el amor sigue más vivo que nunca!

Preguntas y respuestas sobre la planificación familiar natural

Sin hijos
LaFamilia.info – 21.06.2008

La planificación familiar natural (P.F.N.) regula la natalidad basándose, por una parte, en la observación de la fertilidad de la mujer, y, por otra, en la adecuación de la actividad sexual de los esposos a dicha fertilidad.

Para regular la natalidad: Método Billing

LaFamilia.info – 22.07.2010

Lograr un método de regulación de la natalidad eficaz, que no atente contra la dignidad humana y que respete los ritmos naturales de la mujer, fue el logro de los esposos John y Evelyn Billings en los años 50’s.

¿Cuál es la diferencia entre separación, divorcio y nulidad?

LaFamilia.info
09.03.2009

 

 

“Lo que ha Dios unido no lo separe el hombre”. En esta profunda cita bíblica quedan encerrados todos los deberes que adquieren las parejas cuando reciben el sacramento del matrimonio.

 

Según esta premisa, los matrimonios para tomar la decisión de separarse en cuerpo y alma de manera definitiva, deben haber hecho hasta lo imposible para sacar adelante su relación.

 

Divorcio y separación

 

Disolver (divorcio) supone que antes había un lazo que después se desata. Anular (nulidad) es declarar que no hubo lazo. No puede deshacerse, por la sencilla razón de que no existió antes. Podría darse el caso de que unos novios que celebran su unión ante el magistrado civil pudieran solicitar, en ese mismo ámbito, la nulidad por motivos como: incapacidad, falta de requisitos exigidos en el ámbito civil, etc. Y eso no sería tampoco divorcio.

 

El divorcio es un concepto que no existe en el ámbito de la Iglesia. En la Iglesia y para la Iglesia, la unión de un hombre y una mujer, si fue verdadero matrimonio, fue matrimonio para siempre. Esto podría resumirse en estas palabras: unidad e indisolubilidad, que llevan dentro de sí la fidelidad. En la doctrina de la Iglesia el matrimonio es la alianza de un varón y de una mujer, y para siempre.

 

En la Iglesia existe, para situaciones extremas, la separación, cuando se demuestra que la convivencia es imposible y lleva consigo un daño serio para alguno de los cónyuges o los hijos. En este caso el vínculo sigue existiendo y los cónyuges no pueden volver a casarse.

 

La Iglesia hace procesos en los tribunales eclesiásticos a petición, generalmente de uno, o de ambos contrayentes, que tengan un matrimonio canónico; y en el caso de que la petición (demanda) sea de nulidad del matrimonio, lo que los tribunales eclesiásticos hacen es declarar que no existió tal matrimonio, no disolverlo, si es que ello se demuestra.

 

La nulidad

 

Los trámites de una nulidad pasan, como mínimo, por dos sucesivos tribunales (primera y segunda instancia); cada uno de los dos tribunales está integrado por tres jueces; y la sentencia no es firme mientras no sean coincidentes ambos tribunales; y en caso de no serlo, cabe una tercera instancia que resuelve la discordancia anterior. Dada la dificultad y especialización de estos procesos, cada diócesis tiene una asesoría previa donde orientan a los esposos antes de realizar los primeros trámites para evitar gastos y pérdidas de tiempo, y con la única finalidad de ayudar eficazmente y sin dispendios, incluyendo los visos de probabilidad o no para que prospere la causa. Los diversos plazos de cada trámite procesal, desde que se presenta la demanda hasta que se resuelve con la sentencia, están minuciosamente marcados en el Derecho Canónico.

 

Una causa de nulidad del matrimonio, cualquier causa, ha de ser anterior al contraer. Algo que se diera sólo posteriormente, aunque fuera al día siguiente de la boda, no sería causa de nulidad. Esto es necesario repetirlo y clarificarlo: no es lo mismo matrimonio fracasado que matrimonio nulo. El hecho de que un matrimonio no llegue a feliz puerto no quiere decir que ese matrimonio fue nulo el día que se contrajo. Pero tampoco hay que confundir una causa de nulidad que se detecte después de contraer, pero que existía desde antes; esa causa sí puede dar origen a la nulidad.

 

Fuente: conoze.com

Consecuencias de los celos en la estabilidad matrimonial

Aquilino Polaino Lorente – HacerFamilia
24.08.2009

 

 

 

Son muy variadas las consecuencias que pueden derivarse de los celos en las parejas, algunas de las cuales son psicopatológicas y otras no. Entre estas últimas se encuentran la indignación y la ofensa; entre las primeras la cólera y el daño, la alienación y la pérdida.

 

Kierkegaard describe entre las principales consecuencias de los celos las tres siguientes: el duelo, la indignación y el miedo, según que su intensidad sea mayor o menor. El miedo se dirige aquí a objetivos muy concretos siendo, en consecuencia, no un miedo vago y abstracto, sino más bien un miedo sintomático: miedo a perder el afecto, a ser desposeído del prestigio y la consideración que hasta entonces se tenían, a perder el control social que se había alcanzado, etc.

 

Freud, por su parte, menciona el dolor, el odio y la pérdida de la autoestima, entre las consecuencias de los celos. Algunos autores han subrayado otras manifestaciones de tipo agresivo como la irritabilidad y la hostilidad, que suelen presentarse con una intensidad inusitada y desproporcionada en aquellos cónyuges, en los que la pérdida del autocontrol resulta demasiado fácil.

 

Las anteriores manifestaciones pudieran estar potencialmente relacionadas con otros trastornos psicopatológicos mayores (como trastornos de la personalidad, obsesiones, crisis epilépticas, ideas delirantes, etc.), por lo que constituyen un signo de alerta que reclama una exploración psicopatológica del cónyuge celoso, más atenta y cuidadosa.

 

La frialdad, el distanciamiento y la susceptibilidad son malos compañeros del comportamiento celoso porque, como aves de mal agüero, presagian una evolución más patológica y complicada acerca del futuro de la pareja.

 

En cambio, la aparición en el cónyuge de actitudes propias de quienes se hacen las víctimas -algunos se muestran como si fueran expertos lectores de los tratados de victimología- nos desvela la probabilidad de estar ante una personalidad histriónica, necesitada, manipuladora y dependiente de afecto.

 

El comportamiento ansioso suele ser una de las consecuencias más frecuentes del comportamiento celoso. La dependencia afectiva, al mismo tiempo que la hostilidad, constituyen un excelente caldo de cultivo donde la ansiedad puede crecer sin ninguna limitación. Esta ansiedad puede luego transformarse y sufrir todo tipo de metamorfosis, en función de cual sea la naturaleza psicobiológica del cónyuge, su contexto social y familiar, etc.

 

Como consecuencia de los celos pueden aparecer también variados trastornos psicosomáticos como la taquicardia u otros, que son consecuencia de la descarga de adrenalina que es la reacción de hostilidad, arcaica y automatizada, con que el organismo responde ante la amenaza de los celos. Esta reacción puede atemperarse e incluso extinguirse, en la medida que esas experiencias de los celos son asumidas, despreciadas o resueltas.

 

En otras personas, ese modo de reaccionar se organiza y cronifica dando lugar a un patrón de comportamiento agresivo que -consciente o inconscientemente, controlado o no- puede llegar a caracterizar el talante de uno de los cónyuges. A veces la hostilidad se hace manifiesta y estalla en ataques de agresividad dirigidos contra la persona de quien se siente celos. Cuando estos ataques se enmascaran aparecen los “accidentes”, que imprevisiblemente puede acontecerle al cónyuge envidiado.

 

El comportamiento hostil puede variar mucho en sus manifestaciones: de la descalificación verbal al hostigamiento irónico, hasta hacerle caer, públicamente, en el ridículo; de la agresividad manifiesta a la sutil hostilidad encubierta que se ceba en la destrucción por “accidente” del “rival”.

 

Los sentimientos de culpa patológica es otra de las consecuencias que se derivan del comportamiento celoso. Las autoacusaciones pueden tener un cierto fundamento y seguir al comportamiento hostil del cónyuge celoso. Pero si no se resuelven pronto, pueden llegar a generar sentimientos de inferioridad o confundir al esposo, quien enseguida resultará incapacitado para saber de qué es realmente culpable y de qué no.

Las autoacusaciones pueden terminar en un comportamiento autoagresivo muy violento, dirigiendo el cónyuge la hostilidad que tenía contra sí mismo mediante acciones autodestructivas (intentos suicidas). En otros casos, las autoacusaciones constituyen el primer núcleo sobre el que se asentarán los pensamientos obsesivos, las fobias y los actos rituales y compulsivos, es decir, todos esos elementos que enmarcan a la patología anancástica, cuyo pronóstico es tan incierto.

 

Freud hizo derivar, de los por él llamados “celos patológicos”. Este es el caso de los delirios de infidelidad, es decir, de esas creencias irracionales acerca de la infidelidad del cónyuge. Estas creencias patológicas no se abandonarán por parte del paciente, cualquiera que sea la evidencia y las pruebas racionales que se hayan podido aportar en su contra.

 

De los celos patológicos surgen también las obsesiones y las ideas paranoicas. Las primeras, con su carácter monotemático y rígida reiteración, tienden a perpetuarse en las personas y en el tiempo, sin apenas cambiar sus contenidos; las segundas, en cambio, mucho más variadas y productivas que las obsesiones, pueden generar todo tipo de sentimientos, desde la hostilidad al odio, del resentimiento a la agresividad.

 

La ansiedad, el comportamiento fóbico y los trastornos depresivos son consecuencias fácilmente derivadas, según la teoría psicoanalítica, del comportamiento celoso. Por último, las personalidades psicopáticas y neuróticas parecen estar relacionadas, de una u otra forma, con el problema de los celos.

 

La espiral del comportamiento celoso puede determinar que éstos se cronifiquen y/o contagien a otras personas. El cónyuge puede sentir miedo a ser calificado de celoso por sus compañeros. En este caso, es muy frecuente que sus compañeros le humillen y se rían de él, precisamente por considerar que su susceptibilidad no es normal, que es raro lo que le pasa.

 

El cónyuge celoso se hará más susceptible e inseguro y tratará de ocultar todavía más lo que le pasa, como consecuencia de la vergüenza que por ello siente. El miedo ante la amenaza de que es objeto, por las burlas de parte de sus compañeros, le conducirá a aislarse todavía más. De este modo, todo parece contribuir a la cronicidad de las manifestaciones celosas.

 

En otros casos, los celos se contagian. El contagio es más frecuente que suceda entre los esposos, donde las crisis explosivas, las descalificaciones e insultos que suelen acompañar a las crisis de celos pueden suscitar en la otra persona una respuesta parecida o la instauración de la sospecha, lo que acaba por confirmar al celoso en su inicial e injusta desconfianza.

 

Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso del delirio de celos (por infidelidad) en el alcohólico. El cónyuge bebedor está siempre quejándose, injustamente, de la infidelidad del otro cónyuge. Como por otra parte, suele ser muy frecuente que el alcohólico sufra de impotencia sexual, este hecho intensificará su capacidad de sospechar y vigilar a su mujer, quien humillada por todos estos injustos ultrajes y vejaciones, un mal día decide marcharse de casa o ser infiel a su esposo.