Por Jorge Yarce/Blogs LaFamilia.info - 8.06.2021

Afortunadamente no estoy solo en la defensa de la soledad. Me acompañan escritores de todos los tiempos que han tratado el tema de miles maneras, además de quienes lo estudian desde el punto de vista psicológico, por ejemplo.

Pero no pretendo entablar un alegato sobre el tema, sino poner de presente el valor enriquecedor de la soledad para el ser humano que la vive, como circunstancia existencial o como propósito deliberado, para encontrarse consigo mismo y con los otros, aunque esto último parezca paradójico. Quiero pensar en una soledad constructiva y creativa, no aisladora o desoladora.

Podríamos empezar pensando en el sentido de la soledad física:


“enhorabuena/mi hermana/la soledad;
soledad del aire/que el viento/rompe al silbar
soledad de la noche/sin estrellas en/total oscuridad
soledad del silencio/que es su/único amigo
soledad del alma/cuando no/quiere hablar
“soledad sonora”/de quien oye/sólo al corazón

Luego viene la soledad como algo más hondo, que el ser humano necesita para descubrir su intimidad, su yo más profundo, para luego ofrecer a los demás su mejor tú: soledad de la reflexión personal, soledad de la meditación interior, soledad indispensable para enfrentarnos a nosotros mismos.

De ella habla Sandor Márai “la soledad, la verdadera, la elegida conscientemente, no es un castigo, ni siquiera es una forma enfermiza y resentida de aislamiento, sino el único estado digno del ser humano. Y entonces ya no es tan difícil soportarla. Es como vivir en un gran espacio donde siempre se respira aire puro...

Esto sucede si se interioriza la soledad, si se tiene de qué vivir sin depender de la continua actividad exterior, si se cultiva la vida interior, que nos lleva a recorrer los caminos del espíritu, incluso de la imaginación, no la fantaseadora sino la creativa, la que mira el mundo de otra manera.

Añade Márai: Mientras actúes por egoísmo, mientras busques la soledad sólo por comodidad, por resentimiento o por vanidad, estarás en deuda con el mundo y con todos aquellos que forman parte de tu vida… Pero llegará un día en que tu alma se colme enteramente con el deseo de la soledad y quieras expulsar de tu alma todo lo superfluo, todo lo falso. La soledad, poco a poco, te rodea con sus brazos, como lo hacen los misteriosos elementos de la vida y del tiempo, en el que todo ocurre. Y de golpe comprendes que todo ha ocurrido como estaba escrito: primero vino la curiosidad, luego el deseo, luego el trabajo y, por último, la soledad. No quieres nada más.

Hoy es compatible la compañía física, que se da en las multitudes de las ciudades, con una soledad como vacío interior en las personas; pero hay solitarios marginados de la muchedumbre, que en su interior valoran la convivencia. Me parece que vivimos entre dos situaciones extremas: de un lado, la inmensa caravana de solitarios que viven acompañados físicamente, pero que no saben vivir consigo mismos y, de otro lado, la gente que vive sola físicamente, que corre el riego de perder el hilo de la convivencia si no descubre un sentido positivo a su soledad.

A la soledad auténtica San Juan de la Cruz la llama “soledad sonora”, “poder tan poderoso como un trueno”, “voz espiritual, y grande fuerza”. Para Márai ese sentimiento siempre existe pero es más fuerte e intenso “cuando ya sólo quieres prepararte en silencio y con dignidad para la última gran tarea del ser humano: la muerte”. Y remata la Biblia: “Yo le conduciré a la soledad y hablaré a su corazón”.

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Jorge Yarce

Phd en filosofía de la Universidad de Navarra y de la Universidad del Laterano (Roma), profesor universitario, escritor y periodista, conferencista y consultor internacional especializado en comunicación, liderazgo, ética y valores. Durante 22 años director del Instituto Latinoamericano de Liderazgo-ILL, del cual es cofundador y fue 22 años Presidente. Cofundador, de Promec Televisión y de la Revista ARCO. Fundador y director de la agencia nacional de noticias COLPRENSA, articulista en 10 diarios regionales colombianos, autor de 26 libros sobre persona, educación, familia, comunicación, televisión, liderazgo, ética y valores. Su últimos libros son los tres volúmenes titulados "Las olas y el mar" que recoge su "obra selecta".