Buzoncatolico.com
13.05.2008
 

La adicción al sexo es una de las dependencias menos confesadas y visibles de todas las que existen. No obstante, ha aumentado el número de pacientes que pide ayuda debido a las consecuencias de su trastorno: ruina económica, divorcios, problemas laborales, sufrimiento, ansiedad y depresión.

 

Diagnosticado por primera vez como psicopatía sexual por el psiquiatra alemán Kraff-Ebbing, no es hasta 1970 cuando Patrick Carnes desarrolla las pautas necesarias para su identificación y tratamiento. Este psicólogo e investigador es el autor de buena parte de la literatura científica, fuente de consulta de los terapeutas de los adictos al sexo.

 

¿Cuánto sexo es demasiado? ¿Dónde esta el límite entre lo normal para cada persona y lo patológico? La sexualidad forma parte natural del ser humano, pero cuando se convierte en una prioridad que interfiere en la vida diaria, en el trabajo, afecta a las relaciones personales y sociales y, además, causa ansiedad, estrés y arrepentimiento, entonces se convierte en sexo adicción.

 

Dependencia con varios disfraces

 

Esta es una dependencia que no puede describirse a través de un solo comportamiento (como sucede con otras adicciones), ya que puede disfrazarse como una o varias de estas formas: masturbación compulsiva, relaciones con múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, encuentros con personas desconocidas, uso de pornografía, prostitución o líneas eróticas. Todas están englobadas dentro de lo que se consideran trastornos no parafílicos, porque las otras, las parafilias (que también implican comportamiento sexual compulsivo) son mucho más graves, suelen tener otro tipo de causas y también son menos frecuentes. Es el caso del exhibicionismo, la pedofilia, el voyerismo, la violación, la pornografía infantil, entre otras.

 

Otra de las características de esta dependencia es que incluso, a veces, no todo es sexo. «Muchas de las personas adictas pasan por periodos largos de abstinencia», destaca Juan José Borrás, director del Instituto de Sexología, Psicología y Medicina Espill, de Valencia, y ex presidente del comité científico de la Asociación Mundial de Sexología.

Y todos, sin distinción de clase social, de ocupación laboral o de sexo, pueden caer en la búsqueda constante e insaciable de este tipo de placer y en la inmensa soledad que ella genera. Aunque ellos se enganchan más que ellas. «Normalmente nos encontramos con más casos de hombres que de mujeres. Algunas hipótesis se inclinan hacia una explicación cultural, social y educacional. Mayor facilidad en el acceso a la práctica sexual, más necesidad de cuantificar la sexualidad y creen en mayor medida que esto es, precisamente, lo que se espera de un hombre, como la experiencia», apunta Marta Arasanz, del Instituto de Sexología de Barcelona.

 

El comportamiento sexual compulsivo se gesta, en la mayoría de los casos, en la mente, donde las fantasías sexuales, los sueños y los pensamientos eróticos se convierten en la válvula de escape de los problemas laborales, las relaciones rotas, la baja autoestima o la insatisfacción personal.

 

De ahí que los especialistas en este campo consideren la adicción al sexo como un síntoma y no una enfermedad. «Es como la punta del iceberg, lo que se ve a primera vista, pero es el reflejo de múltiples trastornos mentales como la ansiedad, las dificultades para relacionarse, la inseguridad afectiva o los problemas de identidad sexual, entre otros», afirma Manuel Manzano, médico y sexólogo, del Centro de Urología, Andrología y Sexología de Madrid. Pero cuando las ideas sobre el sexo roban la mayor parte del tiempo, muchos eligen pasar a la acción para espantar sus fantasmas. Para la mayoría de ellos, la dependencia ya ha empezado y ni siquiera se han dado cuenta de ello.

 

«Todo el mundo tiene fantasías, pero la persona obsesionada decide muchas veces pasar a actuar creyendo que es una forma de liberarse de sus pensamientos. Sin embargo, suele suceder lo contrario, su actitud se empieza a repetir sin control y cae en el comportamiento sexual compulsivo», señala Borrás.

 

La mentira, su mejor aliada

 

Es entonces cuando empiezan las mentiras. Las que se cuentan a sí mismos con el fin de autoconvencerse de que todo está bajo control: («Ésta es la última vez»), y las que cuentan a los demás, para ocultar su doble vida. «Los adictos al sexo se convierten en grandes actores. Se hacen hábiles engañando porque su problema les avergüenza y porque se dan cuenta de que no pueden frenar sus impulsos», aclara el doctor Borrás. Pero, en ocasiones, su rastro acaba por desvelar toda la verdad. «Algunos acuden a la consulta cuando las facturas de teléfono de líneas eróticas o los contactos con prostitutas les han arruinado económicamente y sus parejas les han descubierto», señala Roselló Barberá, director del Centro de Urología, Andrología y Sexología de Madrid.

 

Otros, en cambio, deciden pedir ayuda porque quieren poner fin a una adicción que les ha costado el matrimonio, les ha causado problemas legales o les está empujando al suicidio. O porque su esclavitud les está obligando a hacer cosas que nunca hubieran imaginado, lo que les causa un sufrimiento insoportable.

 

Éste es el caso de un hombre homosexual, actualmente en tratamiento, que acabó acudiendo a locales cuya única razón de ser era el intercambio sexual y este hecho le estaba provocando una profunda depresión, uno de los precios de esta adicción. Los otros han sido estimados por el National Council of Sexual Addiction (NCSA) de EEUU: un 40% pierde a su pareja, otro 40% sufre embarazos no deseados, un 72% tiene ideas obsesivas sobre el suicidio, un 17% ha intentado quitarse la vida, un 36% aborta, un 27% tiene problemas laborales y un 68% tiene riesgo de contraer el sida u otras enfermedades de transmisión sexual.

«El mejor factor pronóstico es acudir a una consulta. La mayoría de los casos que llegan hasta aquí se arrastran desde la adolescencia y éstos son más complicados y de difícil tratamiento porque llevan más años manteniendo este tipo de comportamiento. Otros se consideran transitorios porque han sido provocados por una ruptura matrimonial, por un problema económico, por un conflicto emocional o, simplemente, porque exista un problema de disfunción eréctil y el comportamiento compulsivo no se prolonga en el tiempo», destaca el doctor Borrás.

 

Aunque la masturbación compulsiva durante la adolescencia suele ser un hecho normal, a veces, este comportamiento se perpetúa por la existencia de problemas en la infancia. Según el NSCA, un 71% de los adictos reconoce haber sufrido abusos físicos y un 83%, abusos sexuales.

«Existen más causas de esta dependencia como las biológicas (alteraciones del sistema límbico, trastornos cerebrales, como un tumor, o defectos en los neurotransmisores). También depende de la madurez psicosexual del individuo donde están implicados la seguridad afectiva o los problemas de identidad sexual», destaca el doctor Manzano.

 

El tratamiento sí es posible

Independientemente de cuál sea la causa, tratar la adicción al sexo es posible. Los especialistas buscan con la psicoterapia los posibles desencadenantes de la dependencia y con las técnicas cognitivas-conductuales, controlar la conducta sexual del paciente.

«A un alcohólico le puedes decir que no beba, pero nadie puede prescindir del sexo. Eso, además, es lo que más miedo les da. Te dicen que cómo van a dejar de tener relaciones, que no se imaginan una vida de celibato. Pero no se trata de vivir sin sexo, sino de reconducir su comportamiento, de aprender a convivir con uno mismo y tomar elecciones», aclara el doctor Borrás.

A algunos, además, les ayudará el uso de fármacos, como los inhibidores de la recaptación de la serotonina. «El Prozac, por ejemplo, en dosis bajas tiene un efecto en el cerebro sobre la sexualidad y la saciedad, y este hecho ayuda durante los inicios del tratamiento, junto con la psicoterapia, en determinados pacientes», insiste el director del Instituto Espill.

Para prevenir la adicción al sexo algunos especialistas, como el doctor Roselló Barberá, creen que sólo hay un camino: «Hay que impartir a edades más tempranas una buena educación no represiva. Tenemos que enseñar que el sexo es algo bueno, pero que puede convertirse en nocivo cuando se utiliza de forma inapropiada».

 

Enganchados a las «webs» de sexo

Las pantallas del ordenador se están convirtiendo en la puerta de entrada a una nueva forma de dependencia de Internet: la ciberadicción sexual. Con el anonimato como escudo, cada vez más personas se están enganchando al sexo virtual de una forma compulsiva y patológica.

En uno de los primeros artículos en los que se ha calculado el número de los ciberadictos sexuales compulsivos, publicado en el último número de la revista Sexual Addiction and Compulsivity, se estima que los casos ascienden a 200.000. Los especialistas entienden por ciberadicto sexual compulsivo a todas las personas que pasan más de 11 horas a la semana enganchadas a páginas de la red dedicadas exclusivamente al sexo.

El trabajo, liderado por Al Cooper, director clínico del San José Marital and Sexuality Centre y coordinador de los servicios psicológicos de la Universidad de Standford (EEUU), se llevó a cabo en la primavera de 1998, con la participación de 13.5000 visitantes de la cadena televisiva de noticias NBC.

Todos ellos rellenaron un cuestionario. Finalmente, los autores recopilaron las respuestas de un total de 9.265 internautas de entre 18 y 90 años. El 1% fue calificado como adicto compulsivo. «Si este porcentaje se aplica a los 20 millones de personas que cada mes visitan las webs sexuales, nos encontramos con 200.000 adictos», aclaran los autores del trabajo.

La adicción al sexo a través de Internet es un problema que, a juicio de los especialistas, está aumentando en todos los países, incluido el nuestro. «Cada vez existen más ciberadictos al sexo, la gran paradoja es que a mayor capacidad comunicativa existe una mayor soledad. Este hecho, junto con que cada vez existen más personas solas, con menos recursos personales para poder establecer relaciones, y con el anonimato que ofrece la red, favorece la aparición de esta dependencia», destaca Marta Arasanz.

En algunos estudios previos se ha estimado que entre un 1 y un 5% de los enganchados al ciberespacio son adictos a alguna de las formas sexuales on-line.

Estos mismos trabajos son los que han demostrado que, mientras que los varones tienen más tendencia a visitar las webs porno, las mujeres se enganchan a los chats eróticos. Las personas que sufren baja autoestima, problemas de imagen corporal, disfunciones sexuales que no han sido tratadas o han sido sexoadictos previamente, tienen más riesgo de desarrollar este tipo de dependencia.

Los estudiosos del tema creen que existen tres elementos clave por los que Internet favorece la aparición de este comportamiento sexual compulsivo: el anonimato, la accesibilidad, y su uso como vía de escape.

Los signos de alarma que pueden avisar de que se está cayendo en esta adicción son:

  • Pasar de forma rutinaria un número significativo de horas en los chats eróticos o buscando cibersexo.
  • Preocuparse porque se está utilizando la red para encontrar una pareja sexual.
  • Usar de forma frecuente comunicaciones anónimas para poder desarrollar las fantasías sexuales que normalmente no se realizan en la vida real.
  • Ver que cada vez se alterna más el uso del cibersexo con los teléfonos eróticos.
  • Masturbarse mientras se está en un chat erótico.
  • Preferir obtener el placer sexual de Internet antes que de su propia pareja.

 

Parafilia, la forma más grave de sexoadicción

Guiones como los que han dado pie a películas como Instinto Básico no son fruto de la imaginación de una o varias personas dedicadas al mundo del cine. El sadismo que transmite esta película no es más que uno de los muchos comportamientos sexuales compulsivos que se engloban dentro de las parafilias. Todas ellas se caracterizan por ser comportamientos sexuales compulsivos que pueden causar daño o humillación a otros o que involucran a objetos. En la mayoría de los casos se requiere tratamiento farmacológico, además de psicoterapia, para hacerles frente.

Las más comunes son:

  • Pedofilia. Afecta generalmente a los varones que buscan relaciones con menores. Sólo en EEUU, entre 100.000 y 500.000 niños son acosados y violados por un adulto.
  • Exhibicionismo. Define a las personas que necesitan mostrar sus genitales o masturbarse en público.
  • Fetichismo. Uso continuado durante más de seis meses de objetos para lograr la excitación. Una variante frecuente de esta forma de parafilia es el travestismo (sobre todo en hombres que necesitan vestir con prendas femeninas para excitarse).
  • Voyerismo. Incluye a aquéllos que sólo se excitan cuando ven a otras personas desnudas o manteniendo relaciones sexuales.
  • Froteurismo. La necesidad de mantener un contacto físico, de proximidad, con las personas que han elegido para lograr excitarse.
  • Masoquismo. Cuando sólo se obtienen placer con la humillación, los golpes o las situaciones extremas de sufrimiento.
  • Sadismo sexual. Cuando el fin es hacer sufrir física o psíquicamente a la pareja.