Kathleen McCoy
30.07.2009
 

En la actualidad, muchos menores se inician precozmente en actividades sexuales. He aquí cómo ayudarlos a no emprender aventuras con el sexo antes de que maduren.

Carolyn Jennings recogía una pila de revistas en la sala de su casa, cuando de una de las preferidas de su hija Lisa cayó una carta escrita de su puño y letra. Estaba dirigida a la columnista de salud y bienestar de la revista, y decía: “Tengo 12 años, y desde hace dos meses tengo relaciones sexuales con mi novio. ¿Podría quedar embarazada?”

 

El caso de Lisa no es raro. En 1986, una encuesta de Planned Parenthood, realizada en un muestreo de 1.000 adolescentes y preadolescentes y dirigida por Louis Harris y Asociados, reveló que el cuatro por ciento de los muchachos y muchachas estadounidenses de 12 años de edad, es decir, 100.000 jovencitos, había tenido relaciones sexuales. Por añadidura, el porcentaje se incrementaba con la edad: el 10 por ciento, a los 13 años; el 20 ciento, a los 14; el 29 por ciento, a los 15, y el 46 por ciento, a los 16.

 

El mismo estudio indicó que muy pocos de los menores de 12 y 13 años sexualmente activos usaban anticonceptivos. Según el Instituto Alan Guttmacher, cada año 30.000 jovencitas estadounidenses de 14 años o menos quedan embarazadas sin haberlo planeado.

 

Pero el embarazo no es el único riesgo que implican las relaciones sexuales prematuras. Existe también un alto riesgo de que los púberes contraigan alguna enfermedad de transmisión sexual que pueda causar infección crónica y, en las mujeres, infertilidad. Además, el coito prematuro puede alterar el proceso normal del descubrimiento gradual de sí mismo, así como la maduración social que advierte al inicio de la adolescencia.

 

¿Quiénes originan estas estadísticas? Los expertos en medicina, salud mental y educación han identificado algunas características de estos niños vulnerables.

Primero, suelen estar mal informados en materia de sexualidad. Muchos padres temen que hablar del tema sólo sirva para incitar a los adolescentes a experimentar en ello activamente, pero los hechos parecen demostrar lo contrario.

“Yo creí que estaba haciendo el amor; no que estaba teniendo relaciones sexuales”, declara Tammy, de 13 años, encinta desde hace cuatro meses de un vecino suyo de 16 años, y agrega: “No creí que pudiera quedar embarazada tan joven; y menos por hacerlo una sola vez”.

 

El doctor Charles Wibbelsman, jefe de la clínica de la adolescencia en el Centro Médico Permanente Kaiser, en San Francisco, California, señala que las adolescentes sexualmente activas que acuden a su consulta “están entrampadas en una maraña de pensamientos mágicos y negativos acerca de la vida sexual; creen que no es posible que resulten embarazadas. Padecen una ignorancia supina respecto a sus propios cuerpos, y temen hablar de ello con sus padres. Algunos adultos suponen que los adolescentes de hoy saben más sobre la sexualidad que lo que ellos mismos sabían cuando llegaron a la pubertad, pero esto es un mito”.

 

El escritor y educador sexual Sol Gordon opina al respecto: “Los niños que poseen información correcta sobre la realidad sexual y pueden hablar del tema con sus padres tienen mayores probabilidades de posponer su primera experiencia de coito”.

 

Los adolescentes de vida sexual activa tienden también a ser aquellos que han madurado demasiado rápido. Suelen ser más propensos que sus amigos de la misma edad a comenzar a citarse prematuramente con amigos del sexo opuesto, a asistir a fiestas sin la supervisión de adultos, y a experimentar con el alcohol y las drogas. “Hoy día, los muchachos acaso se comporten con más madurez y cumplan mayores responsabilidades en casa, pero hay ciertas situaciones para las que aún no están preparados, independientemente de su desarrollo físico”, observa la doctora Paula Duke-Duncan, coordinadora de los servicios de salud del distrito escolar de Bulington, en Vermont, y profesora adjunta de clínica pediátrica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Vermont.

 

Las muchachas sexualmente activas, muy probablemente, a salir o a pasar tiempo con muchachos mayores que ellas. “Jamás he conocido a una niña de 12 años cuya pareja sexual sea un niño de 12 años”, dice el doctor Wibbelsman.

Los chicos de sexualidad activa generalmente se sienten impopulares. “Para muchos adolescentes”, explica Gordon, “tener novio es vital para su autoestima. Y sienten que la entrega sexual es el precio que tienen que pagar por ello”.

Mónica fue víctima de esta clase de presión social cuando tenía 14 años. “En la escuela hablaban como si lo supieran todo acerca de la sexualidad”, relata. “sentí que era la única que aún seguía siendo virgen. Para mí, conseguir gustarle a un muchacho era todo un logro. Pero las relaciones sexuales eran realmente frustrantes, y no me hacían sentirme más popular. Luego descubrí que quienes más alardeaban no habían tenido ninguna experiencia sexual a pesar de lo que decían”.

 

Los muchachos también pueden valerse de la sexualidad para procurar congraciarse con sus amigos. “En mi escuela, la actitud común entre nosotros era que, si no tenías relaciones sexuales, eras un tonto atrasado”, cuenta Patrick, quien tuvo su primera experiencia sexual a los 14 años de edad. “Pero tener relaciones sexuales no me ganó más estimación en mi grupo, ni me hizo sentirme mejor conmigo mismo. Me ha servido mucho más pertenecer al grupo de debates y mejorar mi marca de recorrido en la pista”.

 

Usted puede apartar a su hijo de la precocidad sexual

 

Hable con él o ella de la sexualidad, independiente de que a usted le agrade o no el tema. La educación sexual no es materia que pueda enseñarse mejor en una sola “plática exhaustiva”, sino en una serie de conversaciones informales, incitadas a veces por una simple pregunta o comentario de los menores acerca de algo que han presenciado juntos. No se trata de darle a un niño un libro de temática sexual y esperar que este le resuelva todas sus dudas, sino de leerlo juntos, de aprovechamiento como punto de partida para entablar conversaciones abiertas sobre el asunto.

 

“Si piensa usted esperar a tratar el tema cuando se sienta cómodo con él, tal vez espere demasiado”, comenta Jane Quinn, directora del Programa de Servicios para los Clubes de Niñas de Estados Unidos. “Hablar de sexualidad y anticoncepción no significa darle permiso a su hijo para practicar las relaciones sexuales”, añade la especialista. “Más bien, es su oportunidad para compartir hechos y principios morales con su hijo; una oportunidad para transmitirle su propio criterio”.

 

Sol Gordon apoya esta tesis: “Sus hijos necesitan y desean saber cuáles son sus valores morales. Acaso los desazone oír que usted les advierta: Eres muy joven aún para tener relaciones sexuales. Sin embargo, para ellos es importante escucharlo. Pueden, incluso, estar más atentos de lo que usted cree”.

 

Sea un padre accesible. “Esto es lo más importante”, señala Gordon. “Sus hijos deben saber que usted escuchará preguntas sin precipitarse a censurar; que no hay nada respecto a la sexualidad que él o ella no pueden analizar con usted, y que siempre estará allí, para darles apoyo, en cualquier circunstancia”.

 

“En gran medida, ser accesible consiste en saber mantener la boca cerrada cuando uno sufre de angustia”, explica el doctor Charles Clegg, asesor de Servicios a los Jóvenes del Hospital Universitario, en Cerritos, California. “Trate de escuchar las preguntas de su hijo sin permitir que el temor o la ira le impidan hablar claro”.

 

Ayude a su hijo a desarrollar la autoestima. El cultivo y el dominio de ciertas aficiones y pasatiempos puede ayudar a un muchacho a “sentirse bien consigo mismo en una forma no sexual”, sostiene la doctora Duke-Duncan. “Aliente el interés de su hijo por la música, los deportes, el baile o las artes, en general, o ayúdelo a encontrar otras aficiones”.

El trabajo puede ser útil para un adolescente vulnerable por sentirse “diferente” o por no adaptarse bien a la escuela. “Un chico puede desarrollar su autoestima haciendo obras sociales”, opina Gordon.

 

Sea un modelo. Los jóvenes aprenden mucho de la sexualidad y del amor con sólo observar a sus padres. “El amor y la consideración entre los padres”, explica Gordon, “es el componente más importante de la educación sexual de un niño”.

 

Si usted es un padre, manténgase atento con su hija. Si un padre le retira el afecto a su hija cuando esta llega a la adolescencia, la muchacha puede sentirse herida y confundida, y buscar esa atención en muchachos de su edad. “Cuando mi padre dejó de abrazarse, concluí que podía hacer trizas el hermoso libro que me había regalado en Navidad; o suicidarme, o procurar encontrar a alguien más que me estrechará entre sus brazos”, confiesa Jaine, de 13 años de edad, quien recientemente tuvo su primer episodio sexual. “Finalmente opté por conseguir novio”, concluye.

 

Fije límites razonables. Los padres no pueden encerrar a su hija ni arraigar a su hijo hasta que estos cumplan los 18 años. En realidad, las prohibiciones excesivamente estrictas pueden fomentar la rebeldía en los adolescentes.

“Algunos padres tratan de impedir la actividad sexual de sus hijos no permitiéndoles salir con otros jóvenes, o imponiéndoles estrictos horarios para volver a casa”, apunta el doctor Wibbelsman. “No obstante, las más de las veces las relaciones sexuales entre chiquillos tienen lugar en casa, después de clases, y antes de que los padres regresen”.

A fin de minimizar las circunstancias de tentación y oportunidad, los padres deben advertir claramente a sus hijos que no pueden invitar a sus amigos del sexo opuesto a casa cuando no haya un adulto presente.

 

Es preciso, asimismo, fijar límites razonables durante el proceso de socialización del menor. Los padres deben insistir en que las fiestas de niños y adolescentes sean frecuentadas por adultos, que no se sirvan bebidas alcohólicas, y que los adolescentes salgan a divertirse sólo en grupos. Estas reglas previenen que los jóvenes se vean envueltos en situaciones para las cuales aún no están debidamente maduros.

“Los muchachos tal vez refunfuñen por estas restricciones”, advierte la doctora Duke-Duncan, “pero muchos adolescentes me han confesado que en el fondo se alegran de que sus padres les impongan límites. Para ellos, es un alivio poder librarse de la responsabilidad con un No puedo hacerlo; mi madre me mataría”.

 

La mejor forma en que los padres pueden evitar que sus hijos tengan relaciones sexuales prematuras estriba en inculcarles que tienen un brillante y maravilloso futuro, que con facilidad se frustra irreversiblemente si se permiten experiencias sexuales demasiado pronto. Por tanto, preste respetuosa atención a sus hijos cuando él o ella hable de sus sueños. Aliente sus ambiciones, y junto exploren sus posibilidades y profesionales.

Los adolescentes necesitan comprender que, con el tránsito gradual de la infancia a la edad adulta -cultivando relaciones de amistad cordial, tomándose de la mano cariñosamente, ensayando un primer beso, descubriendo acaso una nueva afición o talento personal-, ellos se dan el tiempo necesario para lograr el conocimiento de sí mismos, y un respeto auténtico por su propia persona, factores que, sin duda, constituyen la esencia de la verdadera madurez.

 

Condensado de “Redbook”.