En la adolescencia, liderar mucho y mandar poco

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Acercarse a un adolescente desde una posición de poder puede ser desgastante y producir efectos contradictorios. Una posibilidad distinta es ejercer un liderazgo sin usar el ´poder del cargo´. Se trata de tener la capacidad de influir sin alzar la voz, sin premios y castigos, sin humillar… usando únicamente una serie de actitudes y competencias de comunicación. Veamos algunas de ellas.

1. Expresar vulnerabilidad

Existen papás que no revelan nunca sus debilidades porque de esa manera podría diluir su autoridad y la potencial dominación. Una actitud distinta es expresar abiertamente la propia vulnerabilidad, es decir, la experiencia de la propia vida tanto positiva como negativa, lo cual termina por construir una cercanía desde la que es posible ayudar porque el adolescente está abierto a dejarse influir.

2. Hacer preguntas

Cuando los papás, conscientes o inconscientemente, quieren que los adolescentes adopten las ideas adultas, o que acepten determinadas normas de conductas, están llevando al adolescente a jugar en su propio terreno, lo cual produce rechazo y rebeldía. Un enfoque opuesto es hablar de posibles planteamientos o soluciones, hacer preguntas para averiguar lo que quiere la hija o el hijo; se consigue así que hablen de sí mismos, de sus intereses y sus pasiones. Es una manera efectiva de conocer acerca de las necesidades reales de los adolescentes.

3. Conversar de modo abierto

Hablar en términos de posibilidades, usar un lenguaje tentativo, es decir, sin posiciones cerradas, posibilita el diálogo y permite conversar sobre alternativas diversas. Si lo que un papá o una mamá dice es de entrada definitivo, el adolescente reaccionará dispuesto a la lucha, al rechazo intenso y constante, e incluso a la agresión verbal. Con un adolescente es preferible, pensar juntos, hacer que tome decisiones y asuma las consecuencias de sus actos, y negociar dentro de unos límites claros fijados con anterioridad.

4. Pedir ayuda y aprender

Un adolescente sabe cosas que los papás ignoran y posee competencias que estos no tienen, en algunos temas específicos. Se trata pues de que los papás estén dispuestos a pedir la opinión de sus hijos adolescentes y estar abiertos a dejarse ayudar, lo cual no es ninguna debilidad ni falta de autoridad, sino aprovechamiento de fuerzas. Cuando el adolescente experimenta que se confía en él o ella, y que se le tiene en cuenta, estará propenso a recibir de buen grado las indicaciones o correcciones de sus mayores.

Por Regino Navarro – LaFamilia.info


 

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