Niños autónomos, adultos responsables

Colaboración Sontushijos.org – 27.11.2017

Foto: Freepik 

El desarrollo de unos hábitos apropiados (de higiene, cuidado, comida…) son los cimientos para la adquisición de comportamientos futuros importantísimos como la responsabilidad, disciplina, etc.

¿Qué son los hábitos de autonomía?

Son aquellos comportamientos cotidianos de la vida diaria imprescindibles para asegurar un óptimo desarrollo personal y social en el niño. La adecuada adquisición de estos hábitos dota al niño de mayor autonomía, disminuyendo la sensación de dependencia hacia sus padres y por lo tanto, pueden enfrentarse de forma airosa a las exigencias del entorno.

Es importante destacar la idea que dichos hábitos hay que fomentarlos desde el inicio de la vida de los niños. Con ello, nos aseguramos que los podrán adquirir sin dificultades y de la forma más adecuada.

¿Cuáles son los principales hábitos de autonomía?

• Alimentación.

• Vestido/desvestido.

• Horario y situación de sueño.

• Aseo y limpieza.

¿Por qué es tan importante la autonomía personal?

• Un niño autónomo es aquel que es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad y de su entorno socio cultural.

• Un niño poco autónomo es un niño dependiente, que requiere ayuda continua, con poca iniciativa, de alguna manera sobre protegido.

• Los niños con pocos hábitos de autonomía, generalmente presentan problemas de aprendizaje y de relación con los demás. De ahí la importancia de su desarrollo: normalmente cuando progresan en este aspecto, también lo hacen en su aprendizaje y relación con los demás.

¿Qué hábitos enseñar?

Como norma general todo aquello que el niño pueda hacer solo, siempre que no entrañe peligro, debe hacerlo él mismo. También es válido como criterio enseñar aquellos hábitos que tienen adquiridos la mayoría de niños de una edad.

Como guía, pueden servir los siguientes hábitos que están expuestos de menos a más en distintas áreas:

Higiene: Todo lo referido a la higiene y auto cuidado personal: por ejemplo: control de esfínteres, lavarse las manos sólo, cepillado de dientes, el baño, lavarse la cabeza, peinarse, usar los productos de higiene, etc.

Vestido: Todo lo que se refiere al uso de las prendas y su cuidado: ponerse distintas prendas (pantalones, calcetines, abrigos, zapatos, cremalleras, botones), guardarlas en el lugar adecuado, elegir la propia indumentaria.

Comida: Relacionado con la conducta alimentaria: Comer solo, uso de los distintos instrumentos, respetar unas normas básicas de educación en la mesa, prepararse una merienda, entre otros. 

Vida en sociedad y en el hogar: Son hábitos referentes a la relación con los demás, el uso de algunos servicios comunitarios y la conducta en el hogar: van desde saludar a la gente conocida, escuchar, pedir por favor y dar las gracias; respetar turnos en juegos, pedir prestado, conocer los lugares para cruzar la calle, evitar peligros (enchufes, productos tóxicos), ordenar sus pertenencias, usar el teléfono, comprar, usar el transporte público o disfrutar de servicios de ocio (ir al cine).

¿Cómo se enseña?

La mayoría de los niños funcionan muy bien con rutinas, luego lo ideal será conseguir que esos hábitos se conviertan en rutinarios. Con una práctica adecuada, los hábitos se adquieren de 20 a 30 días. Y estos son los pasos para lograrlo:

1º Decidir qué le vamos a exigir y preparar lo necesario

• Lo primero es decidir lo que razonadamente le vamos a exigir, evitando pensamientos como: «prefiero hacerlo yo, lo hago antes y mejor». Comenzar cuanto antes.

• Que le exijamos algo adecuado a su edad.

• Hacerlo siempre y en todo lugar: todos los días.

• Todos a una, no vale: «con papá tengo que hacerlo, pero con mamá no».

• Preparad lo necesario: si le vamos a exigir guardar sus juguetes, hay que prepararle un lugar adecuado.

2º Explicarle qué tiene que hacer y cómo

• Hay que explicarle muy clarito y con pocas palabras qué es lo que queremos que haga, dándole seguridad: «Desde hoy vas a ser un niño mayor y te vas a lavar los dientes tú solito, sé que lo vas a hacer muy bien». Enséñale realizándolo tu primero.

• Piensa en voz alta mientras lo haces: «Primero mojo bien el cepillo de dientes, después pongo un poco de pasta de dientes.

• Asegúrate que comprende las instrucciones: pídele que las repita.

3º Practicar

• Ponlo a practicar. Al principio hay que ofrecerle muchas ocasiones de práctica.

• Recuérdale los pasos que tiene que hacer: «Primero mojar el cepillo de dientes y poner la pasta»

• Elógiale los primeros avances.

• Poco a poco disminuir la ayuda.

• Las prisas no son buenas: prepara el tiempo necesario, al menos al principio.

4º Supervisar

• Hay que revisar cómo va realizando lo que se le encomienda. Si un niño está aprendiendo a peinarse tenemos que revisar que ha quedado bien.

• Elogiar y valorar su realización. Si no está del todo bien, dile en qué puede mejorar.

Y si no quiere…

• Valorar si no quiere porque no está a su alcance o por comodidad.

• Por lo general si se lo ofrecemos como un privilegio («Ya eres mayor») lo aceptará mejor que si lo hacemos como un mandato sin más.

• Si no lo hace por comodidad, dile que ya es mayor, que debe hacerlo por sí sólo e ignorar las quejas.

• Si todavía se sigue negando puedes adoptar varias medidas: sufrir las consecuencias, retirarle algún privilegio (algún juguete o actividad) o utilizar la sobre corrección: practicar y practicar la conducta adecuada.

La correcta adquisición de estos hábitos le permitirá enfrentarse paulatinamente a las exigencias de su entorno, no tendrá que recurrir frecuentemente a la ayuda de los adultos, podrá tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidades, en definitiva, criaremos niños responsables y seguros de sí mismos.

*Por Eli Redondo Laboa. Colaboración de www.sontushijos.org para LaFamilia.info

 

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