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La infidelidad es una de las amenazas más contundentes que afectan la unión matrimonial. Pese a esto, son muchos los esposos que deciden enfrentar esta falta grave -valiéndose de diferentes ayudas-, logrando así perdonarse, perdonar y además reconstruir su relación. 

 

La infidelidad matrimonial es una situación que pone en la cuerda floja la estabilidad de una pareja. La traición a la confianza, al respeto, al amor y a la integridad que los esposos han edificado en toda su historia matrimonial, genera una crisis compleja a nivel personal, conyugal y familiar.

Es por eso que quienes enfrentan el drama de la infidelidad, temen en especial por la continuidad de su unión y el cauce qu e tomará su futuro inmediato. Los expertos señalan que en un primer momento, la separación surge como la primera y única salida, negando por tanto, cualquier posibilidad de reconciliación.

No obstante, la infidelidad es un problema que puede tener solución si las partes además de comprometerse a remediar los daños causados, son capaces de perdonarse a sí mismos y perdonar al otro; lo cual lejos de ser un proceso fácil, tampoco es tan idílico como se acostumbra pensar. Así pues, el perdón surge como el mejor remedio para reconstruir un matrimonio.

Qué es el perdón y qué no

En el común de la sociedad, el perdón está un tanto estigmatizado. Se tiene la errada idea que quien perdona, se humilla ante el otro; cuando en realidad el perdón es el acto más valiente, noble, recto, libre y amoroso que una persona puede experimentar. El perdón es el poder que cura las heridas más profundas del alma, es el primer paso hacia la sanación y es aquello que permite liberarse de los sentimientos negativos que impiden avanzar.

Por ello, es importante aclarar: “(…) perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor, sin amargura, sin la herida abierta; perdonar es recordar sin andar cargando eso, sin respirar por la herida”. Publicado por Vida Humana Internacional, elaborado por el Instituto Tomás Moro en Asunción, Paragüay.

Igualmente Valentín Araya, miembro de la organización Por Tu Matrimonio explica: “Con el perdón, la persona no está ignorando el daño recibido, justificando tal comportamiento o disponiéndose a que le vuelvan a ser infiel. Su decisión sólo significa que renuncia a la venganza y se decide a superar el dolor, liberándose del rencor y los resentimientos, como medio para sanar su herida.”

De otro lado, se considera que el perdón es inalcanzable, poco probable y más cuando se trata de una infidelidad matrimonial. Pero la realidad demuestra todo lo contrario. Muchas parejas superan los episodios de crisis generados por la infidelidad, logran una reconciliación, e incluso -después de la tormenta-, reportan drásticas mejoras en su relación: se sienten más cercanos, se comunican mejor, disfrutan de la compañía mutua, se sienten más fortalecidos, ratifican su amor...

Una nueva historia

Los especialistas en el tema brindan algunas condiciones principales para que pueda darse un arreglo en la pareja, las cuales emanan tanto en el ofensor como en el ofendido.

Por parte del cónyuge que fue infiel, lo esencial en este proceso es que corte su relación alterna de manera radical y tome sinceramente la decisión de recuperar a su pareja. Una vez manifestado su propósito de cambio, es crucial demostrarlo con hechos y palabras, al igual que trabajar arduamente para recuperar la confianza perdida. Debe comenzar también un proceso de reconquista, de forma que el amor marchito, vuelva a florecer.

En el caso de la víctima, se requiere entonces aprender a confiar nuevamente en su pareja, como también lograr liberarse de los malos sentimientos y pensamientos que impiden pasar la página.

Finalmente, “ayúdate que yo te ayudaré” reza el adagio. Ante faltas tan graves como la infidelidad, se hacen necesarias todas las ayudas que estén al alcance, un profesional, consejero matrimonial o director espiritual, serán definitivas para que en el proceso de perdón y reconciliación tenga un final positivo.

No olvidemos que algo tan maravilloso como es el matrimonio, no puede dejarse vencer por el mal. Vale la pena luchar por esta creación sagrada e ineludible para la realización del ser humano y más cuando lo que está en juego, es la felicidad de toda una familia. Vendrán días luminosos y tal vez los malos ratos se irán para siempre.

Fuentes: Portumatrimonio.org, Vidahumana.org

 

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Todos tenemos discusiones matrimoniales, pero cuando hay hijos de por medio, debemos tenerlas en privado y evitarlas frente a ellos, pues podemos causarles un gran daño emocional y sicológico. 

 

Aunque no lo creamos, aún cuando están muy pequeños, los niños también perciben lo que sucede a su alrededor y poco a poco van desarrollando la sensibilidad para distinguir entre un ambiente familiar tenso o armonioso. Cuando los hijos son espectadores continuos de las peleas entre sus padres, pueden manifestar su inconformismo de distintas maneras:

 

En los más pequeños se pueden presentar rabietas o regresiones (como volver al uso de pañales, pedir nuevamente el chupete o biberón, etc.) con el fin de llamar la atención.

En los escolares es usual que haya un comportamiento agresivo y rebelde en el colegio, tal como peleas con los compañeros, desacato de las normas, y fracaso escolar; pero en casa su conducta es opuesta, se muestran apáticos.

 

En los adolescentes las reacciones son diferentes, como es propio de esta edad lo usual es que se muestren indiferentes y prefieran la evasión, refugiándose en actividades que sirvan de escape: redes sociales, móviles, videojuegos, salidas con amigos, alcohol, entre otras.

 

Ante este tipo de reacciones, los padres “muchas veces llevan los niños al psicólogo, como si fueran problemas de los pequeños, y finalmente uno se da cuenta que las disfunciones son de la familia; y a veces ni si quiera de ésta, sino de la pareja en particular” aclara Tania Donoso Niemeyer académica de Psicología de la Universidad de Chile en un artículo de Padresok.com.


De modo que en todas las edades, las peleas reiterativas de los padres son perjudiciales para el desarrollo emocional de los hijos, tanto que en algunos casos pueden provocar huellas difíciles de borrar.

6 recomendaciones para los esposos

Puede que hasta hoy nunca te habías puesto a pensar en esto y ni siquiera habías caído en cuenta que tus hijos estaban ahí, en medio de los conflictos con tu cónyuge. La psicóloga infanto juvenil Andrea Palacios, recomienda a los papás que “tomen conciencia de la importancia de hacerse cargo de las diferencias y trazar estrategias para tener estos desacuerdos sin que generen perturbaciones en el desarrollo de los hijos, factor que debe primar en importancia: no se trata de evitar el conflicto, sino de buscar el momento más apropiado para enfrentarlo”.

Por tanto, te damos las siguientes sugerencias:

 

1. Tener las discusiones fuera del alcance de los niños, para así evitar todo tipo de duda y dolor. Los problemas de pareja deben de discutirse en privado, sin que los hijos escuchen. Por esto se recomienda esperar que estén dormidos o salir a otro lugar.


2. No hacer que los hijos tomen partido por ninguno de los dos padres.


3. No conviertas a tus hijos en tu fuente de apoyo. Si necesitas a alguien, busca a un adulto quien entenderá realmente lo que sucede.


4. Si el niño pregunta, debes explicarle que es natural la discusión. Pero que hay ciertas maneras de hacerlo.


5. Estar atento a las actitudes (como portazos, caras de enojos), ya que los pequeños perciben todos los detalles.


6. Cuando las discusiones son muy frecuentes, conviene buscar la forma de resolver los problemas a tiempo. Es conveniente buscar ayuda, pues una vida de separación o de desunión emocional dentro del matrimonio provoca mucho dolor y no es calidad de vida para los adultos, y menos para los niños.


Puede costar dificultad en un primer momento, pero con esfuerzo seguro lo lograrán, ¡todo vale por nuestros hijos!

 

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Así como hablamos en un artículo sobre cómo llevarse bien con los suegros, también es importante conocer las características que debe tener una buena suegra, pues tantos chistes y bromas alrededor del tema, pueden tener algo de realidad...

 

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La vida no es un camino de rosas y quien no se haya visto en circunstancias complicadas en la vida que lance la primera piedra! Sabemos pues que no hay vida perfecta y dichas dificultades pueden poner a prueba la estabilidad y unión de los esposos. Estas son las situaciones más comunes que pueden llevar a una crisis matrimonial. 


Pero antes definamos qué es una crisis. Se describe como una “situación difícil que puede influir de manera negativa en algo”; en este caso en el matrimonio. Aunque la sola palabra causa temor, no tiene por qué significar el fin de todo. Con relación a ello, la pedagoga y orientadora familiar Mar Sánchez Marchori, explica: “Lo más importante es desdramatizar el concepto crisis. Muy a diferencia de lo que se puede pensar, una crisis es un período en el que se plantean cuáles son las condiciones, los factores que no resultan satisfactorios y, por tanto, se buscan soluciones para subsanarlos. En realidad las crisis hacen madurar a las personas y ayudan a mejorar las relaciones; es más, bien resueltas pueden llegar a ser muy enriquecedoras.”

 

Situaciones que pueden dar origen a las crisis 


Resulta fundamental entonces, conocer las situaciones que se pueden llegar a presentar para así desarrollar las habilidades necesarias para “blindarse” contra ellas; o en caso de que se presenten, darles el debido tratamiento.


Debemos considerar que cada caso es único, no obstante, hay una generalidad de causas, las cuales analizaremos a continuación:


1. Crisis personal


Es aquella que vive uno de los cónyuges, la cual por obvias razones, afecta la relación matrimonial. Este tipo de crisis está relacionada con problemas de desarrollo individual, ya sea por rasgos típicos de la personalidad o por épocas circunstanciales algo críticas para el ser humano, como es la de los 40 años, la menopausia en las mujeres, la jubilación, entre otros.


Las crisis personales que afectan al matrimonio, pueden originarse también por la incompatibilidad en el proyecto de vida común, es decir, puede resultar que una persona al pasar de los años cambie sus expectativas frente al matrimonio, mientras el otro cónyuge conserve las pactadas en un principio.


2. Infidelidad


Tal vez la más compleja y común de las crisis conyugales. Pero… ¿de qué depende que la infidelidad conserve el carácter de crisis y no pase de ahí? Pues en primer lugar del perdón, tanto de quien faltó al compromiso matrimonial, como quien fue asaltado en su buena fe, por decirlo de alguna manera. Asimismo, el deseo de resarcir los perjuicios causados y el compromiso de reconstruir, se hacen determinantes para que la infidelidad sea superada. (Leer también: El perdón tras la infidelidad: ¿un imposible?)


3. Competitividad profesional


Antes era algo poco usual, pero ahora es factible encontrar parejas que se disputan entre ellos mismos el primer puesto del trono profesional, es decir, quién gana más, cuál de los dos logra un mejor puesto, cuál consigue un título académico más alto, en fin… una situación que puede llegar a ser inmanejable, pues hay un continuo reto que no tiene ningún sentido dentro de una relación de amor, donde lo que cobra relevancia es la construcción de un “nosotros” y no un “yo”. (Leer también: Cuando ella gana más que él)


4. Crisis económica


Es otro detonante que una vez más pone a prueba la unión de los esposos. Una circunstancia como el desempleo o una quiebra económica, puede desestabilizar con facilidad, debido a que resulta cómodo y fácil sostener un matrimonio dentro de unas condiciones óptimas, pero cuando esto cambia, la relación puede tambalear. 

 

5. Muerte de un familiar o duelo


La pérdida de un ser querido puede generar dificultades en la persona y por consecuencia, afectar la relación de pareja. El respeto, la comprensión y tolerancia entre ambos, es de vital importancia, al igual que la comprensión hacia el cónyuge más afectado. Tanto en el hombre como en la mujer, se pueden presentar periodos de depresión, ausencia del deseo sexual, pérdida del sueño y del apetito, abandono en la presentación personal, etc.

 

 

Todas los escenarios anteriores no son situaciones para nada agradables, pero lo cierto es que se hacen más llevaderas si la pareja está unida, pues una crisis que no se afronta de la manera adecuada, es añadir otro problema al que ya existe. Debe haber por tanto, un compromiso fehaciente entre los esposos y reconocer que aunque es probable que las crisis lleguen, cualquiera que sea, deberán poner su mejor cara y salir adelante. Una crisis bien manejada, puede dar origen a un estupendo renacer en la relación.

 

 

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26.01.2015
 

 

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Si bien es cierto que tomar la decisión de casarse puede generar un temor natural, en algunos casos, este paso cuesta más dificultad de lo normal y hasta se podría hablar de ciertas patologías al respecto. ¿Qué orígenes tiene el miedo al compromiso matrimonial?

Es comprensible la mezcla de sentimientos que se producen frente al matrimonio. Por un lado, hay una “separación” con la familia de origen, y por otro, se concentran una serie de incertidumbres y expectativas sobre la nueva forma de vida, a pesar que el amor es un ingrediente existente entre la pareja. Pero de ahí, a pasar a un grado mayor de nerviosismo exagerado hasta el punto de perder a la persona amada por no ser capaz de adoptar un compromiso, es ya un nivel superior de miedo que debe superarse antes de que surjan daños en las personas implicadas.

Detectar el origen

Para lograr superar esta dificultad, se debe hallar el porqué del miedo, alguna circunstancia interna debe ser el elemento generador. Bajo la premisa que el amor no es el causante del temor, las siguientes podrían ser algunas raíces:

 

Modelos cercanos: es cuando la persona se crió bajo un hogar desunido lleno de conflictos, de padres separados o ausentes, que la hacen pensar que todos los matrimonios son como ese modelo que vivió de cerca y no quisiera repetirlo. También pueden ser comentarios constantes de amigos que fracasaron en su relación matrimonial.


Experiencias pasadas: cuando se han presentado noviazgos previos conflictivos o traumáticos, es posible que se haya cimentado una aversión a las relaciones formales de pareja.


Inseguridades: por lo general, las personas que se les dificulta tomar decisiones -cualquiera que sea-, tienen baja autoestima, no reconocen sus capacidades y permiten ser dominados por las inseguridades, volviéndose más frágiles y débiles ante situaciones que generen compromiso. Por eso es común que este tipo de personas huyan o eviten responsabilidades, como es el matrimonio, la familia, una oferta laboral, proyectos de vida, ayudas económicas, etc.


Egoísmo: en el matrimonio hay que ceder a las propias apetencias para dejar a un lado el “yo” y construir un “nosotros”. Indudablemente es un trabajo de negociación delicado de los cónyuges, pero no es irrealizable. Sin embargo, estas personas que temen en extremo al matrimonio, no se sienten capaces de renunciar a sus gustos, exigencias y preferencias que se requieren en la convivencia, y ponen en primer lugar su bienestar negando la posibilidad de compartir con otros.


Apego a la familia de origen: puede ocurrir que exista una relación de apego con los padres que haga más complicada la conformación del nuevo hogar. Muchas veces esta presión por no abandonar a los padres, es ejercida por ellos mismos de manera inconsciente. O también se pueden presentar factores adicionales dificultosos que afectan el panorama del novio(a), como son los casos de enfermedades de los padres, aprieto económico o viudez, los cuales aumentan trabas a la decisión.


Incapacidad de asumir compromisos: especialmente si son para toda la vida. Algunas personas temen comprometer el futuro en una decisión de hoy.

 

¿Cómo superar este miedo?

Depende de la raíz que ocasione el problema. El acompañamiento de un sicólogo sería recomendable para casos más graves, para otros sin embargo, basta con seguir las sugerencias que se proponen a continuación:

Causa: Modelos cercanos

 

Plan de acción
Identificar si los temores son propios o adquiridos, es decir, si se originan por experiencias personales vividas de cerca o provienen únicamente de comentarios de agentes externos. En el primer caso, hay que tener presente que cada matrimonio es diferente, el hecho que los padres o familiares cercanos, hayan tenido dificultades en su relación conyugal, no quiere decir que se tenga que repetir la historia; “cada uno se labra su propio destino”. En el segundo caso, elija entre las personas que tiene a su alrededor, un referente de matrimonio que admire y desearía que el suyo fuera así; estos patrones positivos, sirven de inspiración y ejemplo para su propia vida.

 

Causa: Experiencias pasadas

 

Plan de acción
Hay que sanar primero las situaciones pasadas para comenzar una nueva etapa. Tampoco se puede generalizar, las personas y circunstancias son distintas.

 

Causa: Inseguridades

 

Plan de acción
Hay que recuperar la autoestima, potencializar las fortalezas y ejercitar la toma de decisiones en la vida diaria. Proponerse metas, medirlas y cumplirlas, no importa el propósito (hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, ser más paciente, organizar los papeles pendientes, etc.), lo importante es llevarla a cabo.

 

Causa: Egoísmo

 

Plan de acción
Cambiar de un día para otro y más cuando es un hábito adquirido quizá desde la infancia, no es viable, hay que comenzar un proceso e ir de a poco. En cuanto al egoísmo, hay que comenzar a ceder ante algunas circunstancias cotidianas, por ejemplo, acceder a realizar una actividad que la pareja quiera, ver el programa de televisión que todos deseen ver en lugar de irse para la habitación, compartir con personas necesitadas tiempo, víveres o dinero.

 

Causa: Apego a la familia de origen

 

Plan de acción
No hay que escoger entre el uno o el otro, ambos, familia y cónyuge, pueden simpatizar al mismo tiempo. Los papás seguirán siéndolo hasta la eternidad, así que por ese lado hay un parte de tranquilidad. Si existiesen algunas dificultades adicionales, es importante continuar con el rol de hijo(a) y apoyarlos en lo que más se pueda, pero tampoco renunciar a los propios proyectos de vida. De igual forma, el hijo(a) no va a solucionar el problema si vive bajo el mismo techo o no con su familia de origen.

 

Causa: Incapacidad de asumir compromisos

 

Plan de acción
Es probable que no se haya desarrollado la madurez y el grado de responsabilidad que se requiere para asumir compromisos serios. Habrá que iniciar todo un proceso de cambio.


Por último, hablar con la pareja, expresarle sus miedos, planear su vida futura, y crecer juntos, puede resultar más efectivo que cualquier otro tratamiento sicológico

 
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Los celos no son simples reclamos, cuestionamientos, dudas sobre la pareja; los celos son sólo la punta de un enorme iceberg. Detrás de los celos, se encuentran profundos problemas arraigados a la persona que los padece.


Los celos son un sentimiento de temor a perder a la persona amada. Se dice que en pequeñas dosis y de forma controlada, son muestras de afecto que pueden ayudar a mantener vivo el amor. El problema surge cuando los celos se convierten en un sentimiento enfermizo, permanente e intenso que surge sin tener causas justificadas, provocando crisis en la relación.

La raíz del problema

Comúnmente la persona celosa afirma que el problema está en el otro, pero en realidad es todo lo contrario. Existen varias razones que explican el surgimiento de los celos:

Inseguridad: el hombre o la mujer celoso(a), sufre una inmensa inseguridad de lo que ella es y de lo que posee. En algunos casos puede deberse a situaciones difíciles del pasado o modelos de educación, que han dejado una marca en su forma de ser. Comúnmente este tipo de personas, no sólo son inseguros en su relación amorosa, también lo son en los diferentes espacios donde se desarrolla. Además, suelen ser temerosos y demorados para la toma de decisiones.

 

Baja autoestima: por lo general el típico celoso siente que no es lo suficiente atractivo, inteligente, extrovertido, etc. para satisfacer a su pareja. Se sienten “menos” y por eso creen que su pareja está buscando en otras personas lo que ella no es. Si uno se ama a sí mismo, la comparación con los otros disminuye y cuando la competencia no existe, se es menos vulnerable a sentir celos.

 

¿Amor o apego?: es completamente falso la creencia que afirma que entre más celos más se ama. Una relación asfixiante, donde la libertad es cohesionada y continuamente hay reclamos sin motivos reales, se le denomina apego. Por el contrario, el amor es libre y busca la felicidad del otro.

 

Egoísmo y necesidad de llamar la atención: pensar que somos la única persona en el mundo, que merecemos toda la atención de nuestra pareja, es una muestra de egoísmo. El perfil psicológico de la persona celosa, se caracteriza por querer ser el centro de atención, captar el interés de los demás, debido a que constantemente necesitan sentir estimación y por ello demandan aprobación.

 

Sentir poder sobre el otro: así como explica Rebeca Reynaud en su artículo: “Ninguna persona `pertenece´ como si fuera un objeto. Los hijos no son `propiedad´ de los padres; los esposos no son propiedad uno del otro, pero se pertenecen de un modo mucho más profundo. Los seres humanos no se pertenecen como una posesión, como una cosa, sino en la responsabilidad. Se pertenecen porque aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse”.

 

Cómo liberarse de los celos

Lo primero que hay que hacer es intentar apartar los pensamientos obsesivos. Los celosos dan muchas vueltas a la imaginación, y puede llegar a convencerse de que lo que pasa en su mente es verdad. Piense que de seguir así puede enfermarse. Así que debe seguir tres pasos principales:

  • - Aceptar que lo que está sintiendo.
  • - Pedir ayuda.
  • - Reforzar la autoestima.

 

Señales de alarma

  • - Necesita controlar todos los movimientos de su pareja.
  • - Piensa que su cónyuge lo considera ingenuo(a) y que lo puede engañar.
  • - No le gusta que su pareja salga sola o con amigos.
  • - No le gusta que su pareja lleve cierto tipo de ropa sensual.
  • - Arma una escena de celos sin motivos.
  • - Desconfía de lo que su pareja le dice.

 

Reflexiones para una persona celosa

  • - Piense que su pareja está con usted porque lo quiere como eres.
  • - Si usted tiene amistades, ¿no es lógico que su pareja también las tenga?
  • - Cuando le asalten las dudas, cálmese y luego hable sobre ellas.
  • - No se puede desconfiar de alguien que confía en usted.
  • - Su pareja es libre de estar a su lado y lo ha escogido a usted.
  • - Su pareja es una persona y no una propiedad.

 

Fuentes: hacerfamilia.cl, netdoctor.es, almas.com.mx, catholic.net, pulevasalud.com, vivirenpareja.cl

 
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Si bien en la relación conyugal se presentan dificultades que no están determinadas por la época y serán las mismas a pesar del tiempo, es evidente que en nuestros días existen más desafíos que en los tiempos pasados. Como decía Jutta Burggraf: “El matrimonio no es anacrónico en absoluto. Pero es un reto -hoy más que nunca- mantenerse unidos uno al otro”; ¿por qué? aquí lo analizaremos.

 

El siglo XXI ha traído consigo una serie de cambios –sociales, políticos, educativos, científicos, tecnológicos…- algunos de ellos favorables, como otros que han hecho mella en la institución matrimonial y por consiguiente en la familia. Por tanto, es tan importante que los esposos construyan bases sólidas además de decisiones fehacientes, las cuales deberán permanecer firmes pese a las influencias que les rodean. He aquí una descripción a nuestro modo de ver, de los cinco retos principales que deben enfrentar los matrimonios de estos tiempos:

 

1. Infidelidad y sexualidad

 

La publicidad, los medios de comunicación y la misma sociedad, no protegen ni promocionan el matrimonio, incluso se podría decir que se hace propaganda a la infidelidad. Asimismo, hay que tener especial cuidado con la tergiversada sexualidad, es decir, aquella que parte de una concepción utilitarista, la cual carece de su carácter humano y afectivo-emocional, en donde el único objetivo es satisfacer los impulsos, los sentidos, la gratificación física. Cuando la sexualidad ha perdido su norte, se dan todas las condiciones para caer en la infidelidad, pues es una búsqueda de goce inmediato, que no mide las consecuencias que ello conlleva.

 

2. Relación trabajo-familia 

 

Se hace más patente en la actualidad que en las épocas pasadas, la distribución desequilibrada del tiempo a favor del trabajo y en contra de la familia. Jutta Burggraf, autora citada al comienzo, escribía en un artículo publicado en almudi.org:

 

“Muchas veces los esposos tienen distintos campos de acción, ya sea en la familia, en la profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas del día. Sin embargo, tienen contacto con otras personas, hombres y mujeres, y con ellos comparten sus intereses y planes profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes y esto genera una distancia entre los esposos”.

 

No obstante, también hay que reconocer que es un problema de parte y parte, pues falta conciencia de algunas empresas para propiciar horarios justos y flexibles, como también es preciso que los trabajadores aprendan a delimitar los espacios y reclamen respeto hacia sus prioridades familiares.

 

3. El manejo de las nuevas tecnologías

 

“La tecnología es aquello que acerca a los desconocidos y aleja a los conocidos”. Muchos reprochan de sus cónyuges el mal uso de los dispositivos móviles, pues pareciera que desplazan a la familia o a su propia pareja. Es un verdadero reto para los matrimonios de hoy, establecer límites y respetar los espacios de conversación.

 

4. Las crisis matrimoniales y la actitud ante las dificultades 

 

Algunas corrientes modernas pretenden vender la ideal del “matrimonio desechable”, el cual promueve que ante la primera dificultad que se presenta, se acuda al divorcio como la primera opción de una supuesta solución. La intolerancia e incapacidad para afrontar las crisis naturales de toda relación, ha hecho que el matrimonio pierda su seriedad, compromiso y responsabilidad.

 

5. Los diferentes retos de la mujer de hoy

 

Las mujeres del siglo XXI tienen que abarcar muchos frentes y esto está ocasionando altos niveles de estrés, cansancio y agotamiento(Síndrome de Burnout: el mal que sufren las mamás de hoy)

 

Vale la pena que los matrimonios le echen un vistazo a estos cinco retos y emprendan un plan con tareas concretas para evitar caer en estas circunstancias.

 

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Fuentes: sontushijos.org; almudi.org; libro “Mujer y hombre frente a los nuevos desafíos de la vida en común” de Jutta Burggraf, Ediciones Universidad de Navarra - España 1999.

 

*Jutta Burggraf (1952-2010): Doctora en Pedagogía, Doctora en Teología. Fue profesora de Teología dogmática y Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

 
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Planeamos nuestro futuro profesional, organizamos nuestras finanzas personales, nos proyectamos en el campo social, nos trazamos metas de orden material (adquirir vivienda propia, comprar carro, viajar, etc), y, ¿en cuanto a la familia, qué plan tenemos?


Algunas familias pueden llegar a tener dificultades por no tener un proyecto de familia, aunque no está explícitamente formulado. Cuando es así se va por la vida como seres individuales, es decir, no hay comunión entre sus miembros.

 

Un equipo está conformado por individuos que se unen sinérgicamente para lograr un fin determinado. Una familia también es un equipo, que nace del compromiso de un hombre y una mujer, añadiendo luego más miembros al equipo -los hijos-, y como equipo que son, también debe establecer su rumbo, funciones, metas, valores, misión y visión.


¿Qué es un Proyecto Familiar?

 

El Proyecto Familiar es el diseño de un futuro que se considera óptimo y viable para toda la familia. Una manera de pensar este futuro es elaborar la misión y visión de una familia. Debe partir como un trabajo conjunto de pareja, pues son los esposos, los pilares de la familia.

El proyecto de la familia es la integración de dos misiones personales para convertirse en una sola. En éste, se concentran los lineamentos que regirán la vida matrimonial y de familia, es el mapa que dirige hacia dónde se va, y cuando se está desorientado, cómo volver a encarrilarse. Cuando el proyecto responde a un planteamiento gana/gana, muchas dificultades están resultas de antemano, pues las reglas del juego están claras, y las personas implicadas saben a qué atenerse.

Ese escenario futuro es una gran ayuda para prever y evitar problemas, pues cuando desde un principio se tiene la claridad de las cosas, no hay por qué lamentarse después.

Es un ejercicio que permite que los esposos se comuniquen, negocien y lleguen a un camino en donde los dos estén a gusto, con deseos de recorrer juntos y hacer lo que sea necesario para que nunca tomen caminos diferentes.

Cuando en la familia surge un proyecto común, le da un sentido diferente a la vida y se proporcionan los medios necesarios para que llegue la felicidad.

 

¿Cuándo se debe hacer?

 

Nunca es tarde para formularse un proyecto familiar en el matrimonio, sin embargo, hay varios momentos óptimos para realizarlo:

 

En el noviazgo: antes de casarse, próximos a conformar una familia.

 

Recién casados: es el momento apropiado, ya que el papel está en blanco, se comienza de cero. Aquí quedarán las bases para una vida futura, que deberá ser revisado periódicamente para su reformulación.

 

Matrimonios maduros: si hasta el momento no se ha hecho, es la oportunidad para hacerlo. Cuando han pasado 10 ó 15 años desde el día del compromiso, han llegado los hijos y con ellos algunos problemas en su educación, también es un momento muy especial para reaprender algunas cosas que no están funcionando y reforzar las que marchen bien. Si hay hijos pre o adolescentes, se les debe invitar a participar en el proyecto.

 

¿Y cómo…?

Muchas veces este proyecto familiar existe, solo que se da de forma espontánea que las parejas lo viven en su actuar diario, pero no se han sentado de lápiz en mano a hacerlo. Aunque éste es el primer paso, sería muy beneficioso, dedicar un momento a pensar en la familia y crear un espacio de comunicación íntima entre los esposos, en donde se plasmen en un papel todas esas ideas que están rondando en la cabeza.


La formulación del proyecto común debe hacerse en un momento adecuado, sin premuras, con calma y disposición. Puede causar dificultad y habrá que hacerlo varias veces hasta que ambas partes estén totalmente satisfechas.



Ideas para elaborar tu Proyecto Familiar


Hay muchas metodologías para elaborar el proyecto, pero todas se encuentran en el mismo punto, lo que cambia es la forma. Estas son algunas pautas que lo orientarán para desarrollarlo:

 

Visualizarse en el futuro: al llegar a viejos, cómo queremos que recuerden nuestra familia, cómo queremos que nos recuerden nuestros hijos, cómo queremos que las demás personas recuerden nuestra familia.

 

Conocimiento del cónyuge: conozco sus gustos y habilidades, cuáles son sus bondades, cuáles sus debilidades, qué debe mejorar él, qué lo atemoriza.

 

Conocimiento de la relación matrimonial: para hacer un análisis integral, se puede usar la metodología de Matriz DOFA del matrimonio (Debilidades, Oportunidades, Fortalezas y Amenazas).

 

Aspectos a mejorar: con base en el diagnóstico anterior, se trazan unos objetivos junto con un plan de mejora y fortalecimiento.

 

Educación de los hijos: cuáles son los valores que se les van a transmitir, cuál es el estilo de autoridad que se va a ejercer, cómo nos pondremos de acuerdo para transmitir las normas.

 

Elaborar la misión personal: cada uno, por separado.

 

Sinergia de las misiones: una vez se elabora la misión de forma individual, se comparte con el otro y comienza la etapa más difícil que es la negociación sinérgica. No se trata de poner lo que cada uno quiere y el conjunto de las dos es la misión familiar, ese no es el objetivo. Lo que se busca es negociar las preferencias, metas, proyectos, etc. de cada uno, para finalmente construir una nueva misión basada en el acuerdo mutuo.

 

Finalmente, el resultado de este trabajo quedará condensado en los elementos principales: la misión y la visión familiar.

Ten en cuenta las reglas de oro: diseñar un proyecto que sea ganar/ganar para los dos, nadie debe quedar en desventaja y debe satisfacer todas las expectativas de ambas partes.

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Pasar de la vida de solteros a la de casados, lleva consigo grandes cambios en las parejas, estos son varios consejos para acoplarse lo mejor posible.