LaFamilia.info
 
 
 

¿Cuáles son los factores que influyen en la satisfacción matrimonial a través de los años, tanto en las etapas de tranquilidad como en las de conflicto? Esta pregunta se la hizo la experta en familia Florence Kaslow hace unos años, en una investigación a nivel mundial con más de mil parejas. En su conclusión, se dieron 14 factores comunes en la mayoría de las parejas con matrimonios exitosos, independiente de la cultura o religión a la que pertenecían.

Dicha investigación, que comenzó en Estados Unidos, fue un fruto que maduró después de asistir a múltiples convenciones internacionales de expertos en terapia de pareja y familia. "Quienes trabajamos en esto –afirma la especialista- nos dimos cuenta que nuestro esfuerzo había girado durante largo tiempo en torno a situaciones conflictivas y disfuncionales en las relaciones conyugales y familiares, y que era hora de centrarnos en los aspectos saludables”.

Los estudios con matrimonios de larga duración, formados hace 25 o más años, se llevaron a cabo en siete países. A los encuestados se les mostró una lista de más de cuarenta razones para permanecer unidos y se les pidió que escogieran las más importantes. De los resultados observables en estos estudios llama la atención lo parecidas que son las respuestas, a pesar de la diversidad de los encuestados. Estos fueron los 14 puntos comunes en ellos:

1. La institución es un contrato para toda la vida. Dicha concepción la tienen las casi mil parejas estudiadas.

2. Responsabilidad por la pareja y los hijos en común, sean biológicos o adoptados. Sienten que forman parte del proyecto común y deben cuidarlos, educarlos y quererlos toda la vida.

3. Profesar el mismo credo o tener concepciones similares del mundo. Contar con una fuerza protectora y orientadora que consolide el matrimonio, significa un gran terreno ganado.

4. Llevarse bien con la familia de origen del cónyuge.

5. Llevarse bien con los amigos de la pareja y su círculo social fortalece y enriquece la convivencia marital.

6. Capacidad para resolver las crisis que se dan en la vida conyugal. Provocadas por los cambios que se van produciendo en lo personal, en la pareja y en lo familiar. Eso implica diálogos profundos y periódicos, revisión de las grandes directrices de la unión, capacidad para comprender al otro, muchas veces tener que ceder o transar. "Lo que estas parejas saben es que de las crisis bien resueltas salen fortalecidas, beneficiando a la familia completa".

7. La confianza, según Florence Kaslow, significa "tener fe en el otro, saber que siempre será honesto, leal, fiel, alguien con quien andar juntos por la vida".

8. Respeto. Es el reconocimiento de la presencia del cónyuge como tal, aceptándolo como es: "Convivo contigo siendo tú distinto".

9. Amor y capacidad para expresarlo. Los matrimonios entrevistados reconocen que este sentimiento varía en los distintos períodos. Primero es ciego (amor-pasión), después viene uno más profundo, relacionado con el proyecto común (como tener hijos) y en el que deben jerarquizarse los afectos. Por ejemplo, es natural que la mamá les dedique más tiempo a los niños que al marido, cuando son pequeños, y él tiene que entenderlo. "Lo que se ve en estas parejas es que se dan siempre la oportunidad del reencuentro en el que reviven su pasión".

10. Comunicación entre los cónyuges, el abrirse al diálogo fructífero en torno a sus emociones, pensamientos, desafíos, planes y temas en conflicto, es un elemento fundamental según los entrevistados.

11. Una buena capacidad para resolver sus problemas es otra herramienta matrimonial, "sabiendo escuchar al compañero e incorporándolo en las soluciones".

12. Compartir la misma concepción del mundo, valores e intereses, se considera un punto importante para la buena relación.

13. La preocupación del uno por el otro, de sus necesidades, sentimientos y felicidad, constituye un elemento central para los felizmente casados.

14. Dejarse espacio y tiempo para estar y divertirse juntos. Ponerle una gota de humor a la relación, y aunque parece un ingrediente liviano, le da sazón al matrimonio.



Fuente: puntomujer.emol.com

LaFamilia.info
15.03.2008
 

 

Las causas más frecuentes en las crisis matrimoniales se originan generalmente por problemas de comunicación. Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir.

Por ello es importante cultivar el diálogo constante y efectivo, para que esos momentos de crisis no trasciendan y se resuelvan gracias a la buena voluntad de los cónyuges. La autora Gloria Elena Franco en un artículo publicado en Edufam, enumera algunos consejos para mantener una relación conyugal sana y una capacidad de comunicación suficiente para resolver una crisis. He aquí los más importantes:

 

Tiempo de oro: Dedique tiempo al otro, pero recuerde que es más importante la calidad que la cantidad.

 

Salidas frecuentes: Salga con su cónyuge con periodicidad. Esto no significa gastar dinero. Una caminada por el parque puede ser más romántico que una cena costosa.

 

Aprenda a oír y a escuchar: Cuando su cónyuge le hable, no se limite a oír; suspenda lo que está haciendo y mírele a los ojos. Él o ella se enterará de que usted le escucha.

 

Como novios: Siempre mantenga viva la memoria de la conquista y la ilusión de los primeros días de noviazgo. Conquiste a su cónyuge a diario, preocupándose por el arreglo personal, lo pequeños detalles que enamoran...

 

Buenos recuerdos: Recuerden con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.

 

"No hay otro como tú": Haga sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busque su compañía.

 

La importancia de las celebraciones: Recuerden las fechas importantes y hagan de ellas una ocasión para celebrar juntos.

 

Pídale ayuda: Pida a su cónyuge soluciones prácticas para sus problemas, esto los unirá más.

 

Siempre alabanzas: Nunca critique a su cónyuge ante las amistades, menos aún cuando no esté presente.

 

Sorprenda: Sorprenda a su esposo/a con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.

 

Un beso al despedirse: No olvide despedirse antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable.

 

Siempre la verdad: Sea siempre sincero pero no lo manifieste de forma desagradable.

 

"Quiero estar contigo": Prefiera a su cónyuge antes que a las amistades, demuéstreselo a menudo.

 

LaFamilia.info
21.02.2009
 

 

Las familias que celebran los aniversarios de bodas de sus padres y abuelos, reafirman cada año el valioso significado de esa unión que va dejando un legado de amor.

 

Algunas familias tienen la buena costumbre de celebrar el aniversario de bodas de los padres y abuelos con una Eucaristía para dar gracias a Dios por esa unión que ha perdurado a través de los años. En los aniversarios de plata y oro, es también usual realizar una ceremonia especial para renovar el compromiso matrimonial con la bendición sacerdotal.

 

La nueva edición del Ritual del Matrimonio (edición castellana 1996) ofrece apartes para las celebraciones en los aniversarios del matrimonio. Entre ellas está la "Bendición de los esposos dentro de la misa" (números 487-501). En una misa dominical, por ejemplo, aunque se conservan las lecturas propias del domingo, hay unos momentos en que los esposos adquieren un protagonismo especial.

 

Estos son los apartes para dar gracias a Dios en la misa por la unión matrimonial:

 

1. Renovación del compromiso matrimonial y bendición de los esposos
Después de la homilía, si los esposos quieren renovar en voz alta su compromiso matrimonial pueden hacerlo así:

Esposo: Bendito seas, Señor,
porque ha sido un regalo Tuyo
recibir a N. por mujer.

Esposa: Bendito seas, Señor,
porque ha sido un regalo Tuyo
recibir a N. por marido.

Ambos: Bendito seas, Señor,
porque nos has asistido amorosamente
en las alegrías y en las penas de nuestra vida.
Te pedimos que nos ayudes
a guardar fielmente nuestro amor mutuo
para que seamos fieles testigos
de la alianza que has establecido con los hombres.

Sacerdote: (mientras, si se quiere, los esposos se dan la mano):

El Señor os guarde todos los días de vuestra vida.
Que él sea para vosotros consuelo en la adversidad,
compañero en la prosperidad,
y derrame copiosamente sus bendiciones sobre vuestra casa.
Por Jesucristo nuestro Señor. R/. Amén.

 

2. Entrega de los anillos
A continuación, si los esposos presentan los anillos del día de su boda, el celebrante dice esta oración:

Acrecienta y santifica, Señor,
el amor de tus servidores
pues se entregaron mutuamente
estos anillos en señal de fidelidad,
haz que progresen en la gracia del sacramento.
Por Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.

 

3. Oración sobre los esposos
Después del Padrenuestro, el sacerdote dice esta oración con las manos extendidas sobre los esposos:

Te alabamos y te bendecimos, oh Dios, creador de todas las cosas, que al principio creaste al hombre y a la mujer para que formaran una unidad de vida y de amor.
También te damos gracias porque te dignaste bendecir la unión familiar de tus servidores N. y N. para que fuera imagen de la unión de Cristo con su Iglesia.
Tú que los has mantenido unidos por el amor en sus penas y alegrías, míralos hoy con benevolencia.
Renueva constantemente su alianza nupcial. Acrecienta su amor, fortalece su vínculo de paz, para que rodeados por todos los que les quieren gocen siempre de tu bendición.
Por Jesucristo Nuestro Señor. R / Amén.

 

Cómo celebrar el aniversario
Además de la Eucaristía, hay familias que festejan su aniversario de bodas con una cena o con un espectáculo especial. Si usted es de aquellos a quienes les gusta celebrar esta ocasión con “bombos y platillos”, le detallamos a continuación el significado simbólico de cada año para que tenga toda la información que necesite:

1 año: Papel
2 años: Algodón
3 años: Cuero
4 años: Lienzo
5 años: Madera
6 años: Hierro
7 años: Cobre
8 años: Bronce
9 años: Cerámica
10 años: Estaño
11 años: Acero
12 años: Seda
13 años: Encaje
14 años: Marfil
15 años: Cristal
20 años: Porcelana
25 años: Plata
30 años: Perla
35 años: Coral
40 años: Rubí
45 años: Zafiro
50 años: Oro
55 años: Esmeralda
60 años: Diamante

 

Fuente: 6865.blogcindario.com, zuzaro.com

LaFamilia.info
15.03.2008
 

Para los estudiosos de la familia, uno de los más grandes retos es entender por qué las relaciones de pareja se deterioran a través del tiempo. Cuando esto sucede, la relación se lanza hacia un precipicio de amargura, y las personas cambian el placer perdido del encanto mutuo, por satisfacciones económicas o sociales, o se gratifican tratando de hacer felices a los hijos.

El psiquiatra Ramón Rojano de la Hoz escribió un artículo sobre las causas del fracaso matrimonial con base en el análisis de aproximadamente 200 casos de conflictos conyugales y 50 conflictos entre novios atendidos en consulta, así como de algunos peritazgos psiquiátricos en solicitudes de anulaciones matrimoniales y de entrevistas a algunas personas sobre el tema. Estas son las conclusiones del autor:

Etapas del ciclo vital

Para recorrer históricamente un matrimonio es necesario tener en cuenta el ciclo vital de la familia, es decir, cada una de las etapas por las que evoluciona una pareja desde el momento en que se conocen.

  • El conocimiento previo
  • El noviazgo
  • El convenio matrimonial
  • El matrimonio
  • La luna de miel
  • El inicio de vida aparte
  • El nacimiento del primer hijo
  • El nacimiento de otros hijos
  • Su escolaridad
  • Su adolescencia
  • Su noviazgo y matrimonio con la iniciación de otra familia
  • El nacimiento de los nietos
  • La jubilación o retiro del trabajo
  • Y la muerte de uno o de ambos cónyuges

Cada etapa trae nuevas obligaciones y la familia debe ajustarse a esos cambios. Es decir, es casi imprescindible que la pareja, cada cierto tiempo, haga una renegociación de su convenio anterior. Sin embargo, lo que observamos frecuentemente es que, por la distancia emocional y el escaso diálogo, se dejan ir a la buena ventura de los acontecimientos.

El ciclo psicológico

Al margen del ciclo vital, las parejas pasan por un proceso emocional que va del encanto y la idealización al desamor y el conflicto. En muchas ocasiones no se necesitan más de dos o tres años para llegar allí. Las etapas emocionales por las que se pasa son más o menos las siguientes:

1.    La fascinación o enamoramiento
2.    La idealización
3.    La negación o minimización de los problemas del otro
4.    El pensamiento mágico
5.    El descubrimiento de la real magnitud de las limitaciones del otro
6.    La proyección. Poner en la pareja la responsabilidad de los problemas
7.    La lucha por tratar de cambiarlo
8.    La frustración
9.    El conflicto como paso obligado en el proceso
10.    El desenamoramiento
11.    La pérdida de la esperanza en la felicidad conyugal
12.    El divorcio emocional
13.    La resignación
14.    La búsqueda de compensaciones externas a la relación (licor, trabajo, juego, familiares, hijos, lujos, amantes, etc.).
15.    La cronificación del conflicto (hacerlo crónico)
Podemos observar que las parejas entran en una etapa de adaptación al conflicto. No le encuentran salida a la dificultad y aprenden a vivir así. Para eso, comúnmente hacen negación del problema y, por días enteros, pueden dar la impresión de ser una pareja feliz. Hacen lo que podemos llamar capitulaciones falsas, porque muy pronto vuelve a estallar la crisis. Es un vaivén emocional muy frustrante que generalmente hace mucho daño a los hijos.

Actitud frente a los problemas

Luego de cierto tiempo de unión conyugal, comienza a desmoronarse la idealización y la magnitud de las dificultades aparece crudamente día a día. En ese momento, para poder corregir los errores, se necesitaría asumir una posición muy madura y firme, pero, desafortunadamente se presentan muchas limitaciones en la actitud que se toma.

La gente se queda aguardando pasivamente por un futuro más acogedor que generalmente no llega. Lo más común, es la confianza en que el tiempo solucionará las dificultades. Otro intento de solución mágica es la utilización del embarazo como evento salvador. Se le atribuyen al futuro hijo funciones de terapeuta de pareja. Otro recurso que utiliza la mujer es la búsqueda de adivinos, hechiceros y similares para tratar de solucionar los problemas. Y los maridos, muy comúnmente, intentan apaciguar el mal genio o las quejas de las esposas con dinero o con regalos.

Todas estas son acciones equivocadas porque están al margen del problema. Son tácticas de evasión de la realidad, algo así como acumular basura debajo de la alfombra.

Otros intentos de solución que no funcionan

Los fracasos en el intento de solucionar los problemas mágicamente conducen a la pareja a utilizar otras estrategias que, aunque no han sido coordinadas entre ellos, apuntan a lo mismo: tratar, por medios errados, que el otro cambie.

El error más frecuentemente cometido es aguardar los momentos de tensión para reclamar los derechos personales agresivamente: Una mujer que no se siente satisfecha con su vida sexual, luego de diez años de silencio al respecto, en un momento violento puede gritar: “! Es que tú, ni como hombre me sirves!”.

El conflicto

Las raíces del antagonismo se encuentran en las primeras etapas del ciclo vital. Las agresiones que aparecen y se incrementan poco a poco son la manifestación de descargas anteriores represadas, y significan la capacidad de atreverse a decir lo que no se dijo, a luchar lo que no se luchó antes.

El paso del tiempo va brindando confianza, pero confianza que sirve no para comunicarse más profundamente, sino para aliviar un poco el temor al conflicto. Muchos cónyuges después de la separación se manifiestan sorprendidos de las “verdades” que oyeron días antes de separarse. Cabe preguntarse cómo es posible que conceptos, rencores, dudas, y otros recuerdos y sentimientos tan importantes se hubieran escondido durante tantos años.

Fuente: Libro “Protagonistas de la separación” Familia y sociedad, Audiovisuales Cenpafal, 1987

LaFamilia.info
15.03.2008
 

 

El manejo del dinero es un tema crítico en la relación de la pareja. Los problemas financieros son un factor que contribuye a muchos conflictos matrimoniales.

 

En la vida diaria se presentan situaciones financieras difíciles cuya única salida es hablarlas serenamente con el cónyuge. La comunicación es fundamental en este tema para lograr un acuerdo que satisfaga a ambas partes. Apresurarse a tomar decisiones financieras sin el consentimiento del otro, solo traerá problemas en su relación. Otros comportamientos desacertados a la hora del manejo del dinero en el matrimonio son:

 

- La actitud déspota del cónyuge que trabaja, hacia el ama de casa que se queda en casa. La expresión “yo gano el dinero por tanto decido en qué se gasta” es totalmente errónea. El matrimonio es una sociedad y como tal, ambos tienen el mismo derecho de decidir en qué se gastan y ahorran las entradas económicas del hogar.

- Ocultar parte del dinero destinado al manejo del hogar para uso personal.
- La actitud machista de la mujer que se gasta el dinero que gana sólo para sí misma, pues tiene la impresión errónea de que el hombre está obligado a mantener la familia.
- Hobbies de uno de los cónyuges excesivamente costosos, los cuales le restan a la familia calidad de vida u oportunidades para pasar unas vacaciones todos juntos.
- Olvidar que el cónyuge que está en casa y que no devenga un salario, necesita una suma de dinero para sus gastos personales sin necesidad que tenga pedir dinero al que trabaja. Esto puede ser muy humillante.

 

Conózcanse financieramente

 

La unidad y la transparencia en el uso del dinero es fundamental en una relación conyugal. Lo ideal es que las parejas antes de casarse se tomen un buen tiempo hablando sobre la forma cómo van a manejar sus finanzas y conociendo lo que cada uno posee. Pero si no lo ha hecho aún en sus años de matrimonio, y cree conveniente hacerlo, convoque a una reunión para hablar de este tema con su cónyuge. Los dos deben tener una noción cabal de lo que se necesita y de lo que se dispone.

Hagan esta reunión por lo menos una vez al año y analicen en profundidad sus finanzas. No esperen hasta el momento de una crisis para revisar y planificar pues esto añade estrés y ansiedad.

Los temas de discusión en esta reunión deben incluir tópicos como:

Documentos importantes: Los dos deben saber exactamente dónde se encuentran documentos importantes como las pólizas de seguro, los testamentos, los formularios de impuestos, los números de las cuentas bancarias, información específica con respecto a las inversiones y mucho más.

El Presupuesto: Evalúen cómo han estado gastado el dinero. Si sus gastos no coinciden con sus prioridades, modifiquen el presupuesto para que obtengan el máximo rendimiento de sus ingresos.

Evalúe sus metas: Analice de nuevo las metas financieras que crearon en la última reunión. Pregúntense si se están moviendo hacia ellas y si todavía tienen importancia para ustedes. Discutan otra meta sobre la cual les gustaría trabajar, tanto a corto como a largo plazo.

Analicen puntos débiles: Encuentren los puntos débiles de su situación financiera. ¿Tienen demasiadas deudas? ¿No están seguros de sus empleos/ingresos? ¿No tienen suficientes ingresos para cubrir sus gastos? Si identifican estas debilidades, pueden evitar futuras dificultades.

Responsabilidades de cada uno: Divídanse sus tareas financieras. El manejo del dinero de una pareja es trabajo de los dos. La responsabilidad en el manejo de las finanzas es una tarea para compartir. Analice si todavía es práctica la división de responsabilidades que hicieron ¿Está funcionando el sistema o una persona se siente sobrecargada?

Cuentas bancarias: Evalúe la autonomía financiera de cada uno. Algunas parejas prefieren cuentas bancarias separadas y se dividen las facturas que tienen que pagar. Esto le da a cada uno dinero personal para usarlo con libertad. Otra opción es colocar los ingresos en una cuenta y pagar todas sus facturas desde esa cuenta, y que cada uno tenga su cuenta separada para gastos personales. Si tienen cuentas en conjunto, asegúrense de mantenerse al tanto de sus transacciones cuidadosamente y comunicarlas a su cónyuge.

Tarjetas de Crédito: Debe mantener por lo menos una tarjeta de crédito en su propio nombre, para mantener una historia crediticia suya.

No descuide el aspecto financiero de su hogar. Recuerde que es fundamental para una relación de pareja sana y basada en el amor.

 

Fuentes: Edufam, practicalmoneyskills.com, enplenitud.com

Aquilino Polaino Lorente - HacerFamilia
24.08.2009

 

 

 

Son muy variadas las consecuencias que pueden derivarse de los celos en las parejas, algunas de las cuales son psicopatológicas y otras no. Entre estas últimas se encuentran la indignación y la ofensa; entre las primeras la cólera y el daño, la alienación y la pérdida.

 

Kierkegaard describe entre las principales consecuencias de los celos las tres siguientes: el duelo, la indignación y el miedo, según que su intensidad sea mayor o menor. El miedo se dirige aquí a objetivos muy concretos siendo, en consecuencia, no un miedo vago y abstracto, sino más bien un miedo sintomático: miedo a perder el afecto, a ser desposeído del prestigio y la consideración que hasta entonces se tenían, a perder el control social que se había alcanzado, etc.

 

Freud, por su parte, menciona el dolor, el odio y la pérdida de la autoestima, entre las consecuencias de los celos. Algunos autores han subrayado otras manifestaciones de tipo agresivo como la irritabilidad y la hostilidad, que suelen presentarse con una intensidad inusitada y desproporcionada en aquellos cónyuges, en los que la pérdida del autocontrol resulta demasiado fácil.

 

Las anteriores manifestaciones pudieran estar potencialmente relacionadas con otros trastornos psicopatológicos mayores (como trastornos de la personalidad, obsesiones, crisis epilépticas, ideas delirantes, etc.), por lo que constituyen un signo de alerta que reclama una exploración psicopatológica del cónyuge celoso, más atenta y cuidadosa.

 

La frialdad, el distanciamiento y la susceptibilidad son malos compañeros del comportamiento celoso porque, como aves de mal agüero, presagian una evolución más patológica y complicada acerca del futuro de la pareja.

 

En cambio, la aparición en el cónyuge de actitudes propias de quienes se hacen las víctimas -algunos se muestran como si fueran expertos lectores de los tratados de victimología- nos desvela la probabilidad de estar ante una personalidad histriónica, necesitada, manipuladora y dependiente de afecto.

 

El comportamiento ansioso suele ser una de las consecuencias más frecuentes del comportamiento celoso. La dependencia afectiva, al mismo tiempo que la hostilidad, constituyen un excelente caldo de cultivo donde la ansiedad puede crecer sin ninguna limitación. Esta ansiedad puede luego transformarse y sufrir todo tipo de metamorfosis, en función de cual sea la naturaleza psicobiológica del cónyuge, su contexto social y familiar, etc.

 

Como consecuencia de los celos pueden aparecer también variados trastornos psicosomáticos como la taquicardia u otros, que son consecuencia de la descarga de adrenalina que es la reacción de hostilidad, arcaica y automatizada, con que el organismo responde ante la amenaza de los celos. Esta reacción puede atemperarse e incluso extinguirse, en la medida que esas experiencias de los celos son asumidas, despreciadas o resueltas.

 

En otras personas, ese modo de reaccionar se organiza y cronifica dando lugar a un patrón de comportamiento agresivo que -consciente o inconscientemente, controlado o no- puede llegar a caracterizar el talante de uno de los cónyuges. A veces la hostilidad se hace manifiesta y estalla en ataques de agresividad dirigidos contra la persona de quien se siente celos. Cuando estos ataques se enmascaran aparecen los "accidentes", que imprevisiblemente puede acontecerle al cónyuge envidiado.

 

El comportamiento hostil puede variar mucho en sus manifestaciones: de la descalificación verbal al hostigamiento irónico, hasta hacerle caer, públicamente, en el ridículo; de la agresividad manifiesta a la sutil hostilidad encubierta que se ceba en la destrucción por "accidente" del "rival".

 

Los sentimientos de culpa patológica es otra de las consecuencias que se derivan del comportamiento celoso. Las autoacusaciones pueden tener un cierto fundamento y seguir al comportamiento hostil del cónyuge celoso. Pero si no se resuelven pronto, pueden llegar a generar sentimientos de inferioridad o confundir al esposo, quien enseguida resultará incapacitado para saber de qué es realmente culpable y de qué no.

Las autoacusaciones pueden terminar en un comportamiento autoagresivo muy violento, dirigiendo el cónyuge la hostilidad que tenía contra sí mismo mediante acciones autodestructivas (intentos suicidas). En otros casos, las autoacusaciones constituyen el primer núcleo sobre el que se asentarán los pensamientos obsesivos, las fobias y los actos rituales y compulsivos, es decir, todos esos elementos que enmarcan a la patología anancástica, cuyo pronóstico es tan incierto.

 

Freud hizo derivar, de los por él llamados "celos patológicos". Este es el caso de los delirios de infidelidad, es decir, de esas creencias irracionales acerca de la infidelidad del cónyuge. Estas creencias patológicas no se abandonarán por parte del paciente, cualquiera que sea la evidencia y las pruebas racionales que se hayan podido aportar en su contra.

 

De los celos patológicos surgen también las obsesiones y las ideas paranoicas. Las primeras, con su carácter monotemático y rígida reiteración, tienden a perpetuarse en las personas y en el tiempo, sin apenas cambiar sus contenidos; las segundas, en cambio, mucho más variadas y productivas que las obsesiones, pueden generar todo tipo de sentimientos, desde la hostilidad al odio, del resentimiento a la agresividad.

 

La ansiedad, el comportamiento fóbico y los trastornos depresivos son consecuencias fácilmente derivadas, según la teoría psicoanalítica, del comportamiento celoso. Por último, las personalidades psicopáticas y neuróticas parecen estar relacionadas, de una u otra forma, con el problema de los celos.

 

La espiral del comportamiento celoso puede determinar que éstos se cronifiquen y/o contagien a otras personas. El cónyuge puede sentir miedo a ser calificado de celoso por sus compañeros. En este caso, es muy frecuente que sus compañeros le humillen y se rían de él, precisamente por considerar que su susceptibilidad no es normal, que es raro lo que le pasa.

 

El cónyuge celoso se hará más susceptible e inseguro y tratará de ocultar todavía más lo que le pasa, como consecuencia de la vergüenza que por ello siente. El miedo ante la amenaza de que es objeto, por las burlas de parte de sus compañeros, le conducirá a aislarse todavía más. De este modo, todo parece contribuir a la cronicidad de las manifestaciones celosas.

 

En otros casos, los celos se contagian. El contagio es más frecuente que suceda entre los esposos, donde las crisis explosivas, las descalificaciones e insultos que suelen acompañar a las crisis de celos pueden suscitar en la otra persona una respuesta parecida o la instauración de la sospecha, lo que acaba por confirmar al celoso en su inicial e injusta desconfianza.

 

Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso del delirio de celos (por infidelidad) en el alcohólico. El cónyuge bebedor está siempre quejándose, injustamente, de la infidelidad del otro cónyuge. Como por otra parte, suele ser muy frecuente que el alcohólico sufra de impotencia sexual, este hecho intensificará su capacidad de sospechar y vigilar a su mujer, quien humillada por todos estos injustos ultrajes y vejaciones, un mal día decide marcharse de casa o ser infiel a su esposo.

LaFamilia.info
15.03.2008
 

En el matrimonio pueden crearse trampas disfrazadas de silencio que apartan a la pareja y crean abismos en su comunicación. Tal es el caso de una televisión prendida permanentemente; la puerta de la habitación conyugal que nunca se cierra para los niños; una agenda repleta de actividades sociales y profesionales..

Pero además existen reglas de oro que siempre deben tenerse en cuenta si se trata de luchar por un matrimonio feliz y una relación ‘sana’ con nuestro cónyuge. He aquí algunas:

No dejarse vencer por la ira
Tener la fortaleza y dominio para controlar la ira que sentimos cuando estamos discutiendo.

Nunca gritarse
Moderación, educación y respeto ante todo. El grito es una agresión, independiente de lo que se diga

Pedir disculpas y admitir los errores
Para muchos el pedir disculpas equivale a una humillación, pero es grande el que reconoce que es un ser humano con debilidades y defectos y que lucha cada día por superarse.

Señalar las faltas con amor
Si resulta doloroso aceptar los propios defectos, más difícil es que nos los señalen. Por eso debemos ser delicados y compresivos para criticar o decir algo negativo al otro.

No dar cabida a la negligencia, descuido o apatía
En el amor debe existir una sana exigencia. Siempre tenemos que buscar lo mejor para la persona que amamos, aunque a veces sea necesario exigirle. Cuando no amamos, nos da igual si la persona se supera o no.

No dejar un problema sin resolver
Humildad para hablar, para aceptar la culpa que nos corresponde en cada desacuerdo. Olvidar los resentimientos y rencores, confiar en la pareja y prepararse para el perdón.

Todos los días decirle algo cariñoso a su cónyuge
Cuidar los detalles, los mismos que a veces se pierden con los años. Si ellos faltan, el matrimonio comienza a vivir según las circunstancias y no por el amor.

LaFamilia.info
15.03.2008
 

Todos necesitamos amor para sobrevivir. Desde que nacemos y durante toda nuestra vida necesitamos ser abrazados, acariciados y sentir que amamos y que nos aman. Cuando una persona no tiene amor en su vida puede enfermar mental, física y espiritualmente.

Hay indicios de que la necesidad de amor es tan universal que se aplica también al reino vegetal. Estudios realizados demostraron que las plantas reaccionan y crecen mejor cuando se les dice continuamente palabras cariñosas.

La necesidad de amor no disminuye a medida que nos vamos haciendo adultos. El amor nos dice que somos valiosos. Nos alimenta la autoestima y la confianza en nosotros mismos. Cuando sabemos que somos amados, podemos superarnos, ascender. Si sospechamos que no somos amados, nos desmoronamos.

El no recibir suficiente amor origina sufrimiento. Con bastante frecuencia la falta de amor provoca comportamiento neurótico, incluso enfermedad mental. Estudios realizados al respecto demuestran que hasta un 87% de las enfermedades mentales son consecuencia de no recibir o no experimentar suficiente amor.

Cuando no tenemos amor, nuestro juicio se tambalea. Nos volvemos incompetentes e incapaces. Nos cerramos en nosotros mismos y, a medida que disminuye nuestra autoestima y nuestro auto confianza, aumentan nuestros miedos. El único remedio es más amor.

Para recibir más amor, necesitamos dar más amor. La forma de recibir amor es darlo. La vida da a quien da y pide a quien pide. Si alguna vez sientes falta de amor, si sientes que no recibes suficiente amor, entrégate. Tan pronto como te entregues, te verás inundado de amor.

¿Cómo puedo entregarme?

Haciendo algo por los demás de una manera desinteresada, sin esperar ninguna recompensa. El amor es necesario para nuestro bienestar. Alienta y estimula. Nos mantiene a flote. Nos da la confianza para desarrollarnos. De hecho, el amor es lo que alimenta el desarrollo. Cuanto más ames, más te amarán.

Técnicas para expresar el amor a los demás:

 

Abrazar: un abrazo es una forma perfecta de dar y recibir inmediatamente amor de otro ser humano. En nuestra sociedad avanzada necesitamos el calor del contacto físico para compensar el frío de la tecnología. Los brazos son para abrazar.

 

Enviar notas donde expresemos nuestro amor: no tiene que ser larga, puede ser una frase: “Gracias por ser como eres.”, “Tú eres el motor de mi vida”…

 

Hablar y actuar con amor: la vida nos trata como tratamos a la vida. Por eso es importante sonreír, decir "te quiero", "te extraño".

 

Otras técnicas: mantener contacto visual, coger la mano, escuchar, ser sincero, escuchar de verdad, mostrar ternura y afecto, ser sensibles, ir limpios y arreglados, ten sentido del humor, sé alegre, escucha canciones de amor positivas, lee cosas que te hagan mejor.

 

Recuerda: El amor es lo único en el mundo que hay que dar para recibir.

Fuente: buzoncatolico.com

P. Antonio Rivero - Catholic.net
31.08.2009

 

 

 

El matrimonio es un compromiso que se adquiere para ser cumplido a cabalidad entre los esposos. He aquí los mandamientos que todo cónyuge debe cumplir.

 

1. Amarás en sus cuatro dimensiones. Dimensión afectiva, espiritual, social y sexual.

 

2. Respetarás a tu cónyuge. El respeto se pierde por: la palabra, el silencio (silencios que matan), los gestos (cuando se llega a gestos violentos, se acaba el matrimonio).

 

3. Te comunicarás con tu cónyuge. Saber escuchar y hablar. No es mera charla, sino sacar todo lo que hay en el interior.

 

4. Te desvivirás en detalles para tu cónyuge. Esa flor, ese gesto, esa palabra que sabes que le gusta.

 

5. Cultivarás el sentido del humor. La vida no es una comedia, pero tampoco una tragedia. Es un drama, con cosas buenas y malas.

 

6. Regalarás a tu cónyuge un día de paseo al mes, los dos solos, sin los hijos.

 

7. Vivirás el matrimonio no como una meta, sino como un camino. Si lo consideras una meta es como decir “ya llegué”, entonces ya todo terminó, me canso, me aburro, me apoltrono.

 

8. No sacarás los agravios, defectos y fallos a cada rato. Lo pasado, pisado.

 

9. Sabrás perdonar, incluso la infidelidad.

 

10. Confiarás en tu cónyuge. Los celos matan el matrimonio.