LaFamilia.info
22.02.2010

 

 

Al contrario de lo que muchos piensan, la tercera edad es la etapa óptima para continuar siendo productivos y una excelente oportunidad para ello, es el servicio voluntario; pues además de que se cuenta con el tiempo disponible, se tiene a su favor la madurez intelectual y admirable experiencia.

 

Está científicamente demostrada la importancia que tiene en el ser humano que su cerebro se ejercite constantemente para evitar enfermedades en los últimos años de vida. De ahí la necesidad de permanecer activos y no hacer un paro total que pueda traer consigo estados emocionales dañinos como la depresión, baja autoestima, debilidad u padecimientos físicos.

 

Tampoco se trata de seguir con el mismo ritmo de vida que se acostumbraba llevar, pero sí aprovechar las nuevas condiciones para realizar metas que hasta el momento no habían sido posibles y también prestar un servicio social que le llenará de satisfacción.

 

Una buena alternativa

 

 

Muchas personas que ya han obtenido su jubilación y durante toda su vida fueron muy activas y trabajadoras, pueden desubicarse por el cambio tan brusco en su estilo de vida. Por eso, es conveniente realizar otras actividades que hagan sentir útil a la persona, y si es su deseo, le permitan continuar ejerciendo su profesión u oficio a través del servicio social.

 

El voluntariado es la forma como se suplen las necesidades propias y de los demás, es decir, es una relación ganar-ganar en donde las dos partes están siendo beneficiadas. Algunos modelos de voluntariados:

 

  • Asesoría profesional: consiste en brindarle apoyo a alguna organización que requiera de su conocimiento y no tenga las posibilidades económicas para suplir esa necesidad. Otra forma sería prestar los servicios profesionales sin ningún costo a personas de bajos recursos.
  • Trabajo social: es la donación de tiempo a una organización sin ánimo de lucro que tiene como objeto la ayuda social: fundaciones de niños, ancianos, enfermos, necesitados, etc.
  • Parroquias o comunidades religiosas: comprometerse con las causas que lidera la Iglesia, es otro grandioso voluntariado.
  • Grupos de amigos y familiares: en especial las mujeres de la tercera edad, son ejemplares cuando conforman grupos y confeccionan ropa o realizan algún trabajo para ayudar a una población necesitada.
  • Servicio ciudadano: en algunos países las personas de la tercera edad apoyan a los organismos de control o a las asociaciones culturales como los museos o sitios turísticos de la ciudad.
  • Guarderías y colegios: estas instituciones educativas también son un campo de acción, asimismo los adultos mayores están en contacto con niños que tanta alegría nos transmiten.

Estas son sólo algunas formas de servir a los demás, todo parte de la disposición y buena actitud frente a las condiciones naturales propias de la vida como es la edad.

 

Ejemplos reales

 

 

En lugares como los países anglosajones, por ejemplo, en los últimos años la implicación de personas mayores en tareas de voluntariado ha aumentado de manera considerable y, en España, la experiencia de las personas mayores se está convirtiendo también en una herramienta para muchas entidades.

 

Desde que se creó hace casi dos décadas, la organización “Seniors Españoles para la Cooperación Técnica” (Secot), ha apoyado a más de 300 entidades sociales y más de 1.500 pequeñas y medianas empresas en tareas como la revisión de los planes de trabajo, la gestión de entidades, la identificación y evaluación de proyectos y el uso de nuevas tecnologías. Quienes llevan a cabo toda esta labor son personas jubiladas que en su vida laboral estuvieron ligadas al mundo de la empresa y que ahora quieren trasmitir sus conocimientos de manera voluntaria.

 

Un estudio realizado por los profesores universitarios Montserrat Celdrán y Feliciano Villar, de la Universidad Rovira i Virgili y la Universidad de Barcelona, respectivamente, ha profundizado en el papel de la tercera edad como actores activos en organizaciones de carácter empresarial, cultural y de asistencia social.

La entrevistas realizadas durante el estudio, revela que la mayoría de las personas se sienten muy bien realizando la labor voluntaria y explican que con su trabajo de voluntariado "se sienten útiles y satisfechos por ayudar a los demás" y que además les proporciona "actividad y una red social", crecimiento personal y valores.

 

Fuente: canalsolidario.org

LaFamilia.info
28.09.2008

 

 

Nunca es tarde para comenzar a hacer ejercicio. Si usted es un adulto mayor sedentario, es hora de darse cuenta que con el ejercicio físico no se añaden años a la vida sino vida a los años.

 

Una de las barreras que impiden el ejercicio físico en las personas mayores es la falta de información sobre esta actividad y su relación con el envejecimiento. Por ello es importante promover y facilitar la actividad física en el adulto mayor, apoyando los entornos favorables como la familia, o grupos formados por personas de la misma edad.

 

Y aunque cada vez es más cotidiano observar personas de la tercera edad realizando algún ejercicio en parques públicos o realizando caminatas, todavía existen prevenciones sobre las bondades del ejercicio en la edad dorada.

 

Los estudios aseguran que quienes se dedican a ejercitarse físicamente tienen menos problemas de hipertensión, enfermedades del corazón y osteoporosis. Un hombre o mujer mayor pueden tener mejor capacidad motora, velocidad, vigor y fortaleza, así como una mejor circulación y respiración si ejerce un tipo de actividad física por media hora cada día.

 

Otras bondades del ejercicio físico en el adulto mayor son:

 

  • - Ayuda a tener un mejor equilibrio, y por lo tanto a sufrir menos caídas o fracturas.
  • - Disminuye síntomas como la ansiedad, la depresión o el insomnio
  • - Brinda una mejor calidad de vida.

Actividades recomendadas para la 3ra edad

 

Si un adulto mayor sedentario decide comenzar a hacer ejercicio, es vital que acuda a su médico de confianza para que le realice un examen general y así determinar cuáles son las capacidades físicas reales y qué tipo de ejercicio se adapta mejor a su físico.

 

Estas son las actividades más recomendadas para la edad dorada:

 

Ejercicios gimnásticos: Si bien es una de las actividades más practicadas, puede conducir a cierta monotonía y, por tanto puede resultar un poco aburrida, aunque tiene la ventaja de que se puede hacer en cualquier lugar e incluso con ropa de calle, siempre que no moleste la realización de los movimientos.

 

Caminar: Es la actividad más conveniente y adaptable cuando se hace de forma bien orientada, ya que da a la persona mayor sensación de seguridad, mejora el equilibrio, aumenta la velocidad de desplazamiento, acrecienta la libertad motriz y disminuye la sensación de fatiga.

 

Asimismo, es una actividad rítmica que condiciona un mínimo estrés para el corazón y el aparato locomotor, a la vez que distrae la mente. Hoy se sabe que un ejercicio tan suave como un paseo, aunque no modifique de forma acentuada la capacidad cardiovascular de los que lo practican, sí protege contra la cardiopatía isquémica y ayuda a perder peso.

 

Nadar: Es uno de los medios más eficaces para mejorar y mantener la capacidad cardiorrespiratoria y a la vez todo el sistema neuro-muscular. Nadar ayuda a prevenir y mejorar muchos problemas posturales, al liberar el esqueleto de la acción de su peso (en el agua, el peso corporal se reduce más de una sexta parte y el apoyo nunca es traumático), mejora la amplitud de los movimientos y es un buen relajante para todos los músculos, en especial para los de la espalda.

 

Está especialmente indicada en personas obesas y con artrosis (siempre que se nade en agua caliente), al favorecer la descarga articular.

 

Pedalear: Ya que energéticamente pide menos, esta actividad se puede realizar durante mucho más tiempo que cualquier otra. Además de los beneficios circulatorios, mantiene el tono de brazos, columna y piernas. No obstante hay que tener en cuenta que aunque es muy bien tolerado, al final de cada sesión se deben realizar ejercicios de elasticidad.

 

El pedaleo en bicicleta estática sustituye perfectamente al ciclismo y no hay que dudar en emplearlo en aquellas personas con limitaciones del movimiento espacial (dificultad de la marcha, vértigo, desalineaciones corporales, etc.).

 

Para tener en cuenta

 

  • - Durante el ejercicio controlar regularmente el pulso pues si está muy rápido hay que descansar. Verificar el tiempo de retorno a la calma pues un tiempo de recuperación demasiado largo es indicativo de que algo no marcha bien.
  • - Elija actividades que sirvan para mejorar la resistencia cardio-respiratoria, evitando siempre los esfuerzos muy intensos. Es mejor un esfuerzo continuado y de intensidad moderada.
  • - La actividad física debe ser regular y constante. En caso de suspender el programa durante un tiempo, la reanudación será progresiva.
  • - Evitar esfuerzos que exijan posturas estáticas y rígidas.
  • - Parar al menor síntoma de dolor, mareo, vértigo, respiración jadeante o dolor de cabeza.
  • - Con el aumento de la edad se está más propenso a las lesiones debido a la pérdida de elasticidad de los tejidos del aparato locomotor, por lo que los esfuerzos deben ser siempre de débil intensidad y de duración relativamente larga (marcha, bicicleta, natación etc.).
  • - Tener en cuenta que estar en buena forma es casi una cuestión de sentido común.

Fuente: saludalia.com, buenvivir.org

LaFamilia.info
26.07.2008

 

 

Los ancianos somos y tenemos algo de todo: cualidades y defectos, somos inciertos y variables, o firmes y seguros. Envejecemos de forma individual y distinta con la interacción de factores externos ambientales, con el propio carácter y las propiedades personales.

 

Sin embargo, siempre podremos modificar y mejorar con el esfuerzo que sea necesario nuestra forma de ser y actuar, nuestros hábitos y tendencias, para aproximarnos a ese ideal que nos agradaría ser y haber sido.

 

Nos vale la pena tener un proyecto optimista y “deportivo” de buen envejecer en todas las edades y situaciones. Las marcas no serán olímpicas en lo físico, ni éxitos clamorosos en lo intelectual-afectivo, pero podrán llenarnos y ocuparnos de tal forma que nos falte tiempo para cubrir todas las actividades programadas.

 

Existen varias formas de envejecer. He aquí las más comunes:

 

Envejecer bien

El buen envejecer lleva consigo serenidad, paz y una íntima y humilde satisfacción interior. Es bueno igualmente para la familia porque facilita los cuidados, cuando son necesarios, en un intercambio de agradecimiento y cariño.

Desde el punto de vista social, el que envejece bien se forma como un ejemplar centro solidario, de servicio, sin egoísmo y es un modelo a imitar y extender.

 

Envejecer mal

De todas las maneras de envejecer mal (el egoísta, el avaro, el autoritario, el desconfiado)...la peor es la de no querer envejecer, no admitir la edad y atarse a una falsa juventud, tratando de aparentar diez o veinte años menos que se van cumpliendo en riguroso secreto.

 

Esta forma de envejecer condena a la esclavitud de vivir una vida estéril y costosa, de esfuerzo y sacrificio para conseguir una figura engañosa durante algunos, pocos años. El tiempo revelará la evolución inexorable hacia la realidad de la vejez encubierta.

 

Por otra parte esta personalidad un tanto narcisista no impide que lo sea bueno con su familia y amigos. Su error repercute esencialmente sobre sí mismo. No es feliz.

 

Envejecer en la resignación

 

La vida en resignación no es triste. Es algo completamente natural: conformarse humilde y simplemente a la normal evolución personal.

La veo encarnada en la tranquila ESPERA de los viejos. ¿En la espera de qué?..¡De la eternidad!

 

Envejecer en la penumbra humana

 

Es una forma de buen envejecimiento pero con un punto de vacío triste. El arquetipo es un profesional culto, educado, racionalista. Todo lo pretende explicar y sigue los descubrimientos científicos y técnicos a su alcance y nivel.

 

Limitado por su edad y trastornos de salud, vive una vida racional de cuidados médicos discretamente, sin ocultar ni exhibir achaques, dolencias y sufrimientos que soporta con toda paciencia. Es riguroso en seguir los tratamientos y medicación indicados por su médico, en conexión con un centro hospitalario y científico.

 

La penumbra, es que ya vislumbra el fin (nunca habla de la muerte) sin encontrar sentido a la vida. No se conforma y en su inquietud generalmente se aproxima cada vez más a Dios, no por miedo sino por conversión.

 

Envejecer en la esperanza

 

Es la forma cristiana de envejecer. Esperan de las distintas religiones la respuesta a los enigmas del destino, de la vida, de la muerte.

 

La esperanza cumple en la trascendencia los deseos más profundos, fundados en promesas divinas, de ser eternos y felices. El anciano que envejece en la esperanza ACEPTA sus limitaciones, enfermedades, sufrimientos...todo lo que lleva consigo la vejez porque entiende el sentido positivo del dolor y el caminar hacia el fin dichoso.

 

Es humano, sufre y se resiste a la muerte, “no tengo ninguna prisa” - decía un nonagenario-, pero es diferente a sufrir sin objeto. Son obstáculos del camino más o menos escabrosos antes de llegar a la meta.

 

El envejecer sin y con esperanza es semejante a dos árboles iguales, plantados en buena tierra, cuidados con esmero y que dan fruto excelente. Sin embargo con el tiempo se van agotando. Uno se seca y cae al suelo estéril. El otro posee una semilla oculta, que llevada por un viento irresistible, brota en otra tierra con una belleza y esplendor que nunca tuvo.

 

Adaptado del libro “Escritos para ancianos optimistas” de Eumenio García Vidal

LaFamilia.info
10.09.2012

 

 

El sentirse limitado para realizar ciertas tareas, la soledad, la pérdida de la salud que acontece con la edad, la merma de la capacidad económica, la muerte de amigos, la falta de actividad, entre otros, pueden originar depresión en la vejez. Conozca los síntomas y cómo actuar si esta situación se llega a presentar.

 

El Instituto Nacional de la Salud Mental de Chile explica en qué consiste un trastorno depresivo: “Es una enfermedad que afecta el organismo (cerebro), el ánimo, y la manera de pensar. Afecta la forma en que una persona come y duerme, además la forma cómo se valora a sí misma. La depresión no indica debilidad personal, puesto que no es una condición de la cual puede liberarse a voluntad. Las personas que padecen de un trastorno depresivo no pueden decir simplemente `ya basta, me voy a poner bien´” anota la entidad especializada.

 

No obstante, gracias a años de investigación, hoy se sabe que ciertos medicamentos y terapias son eficaces para curar la depresión.

 

La depresión en la vejez

 

Durante el proceso del envejecimiento puede aparecer el trastorno depresivo, en gran parte, debido a los sucesos que aparecen con la edad y que pueden resultar una carga emocional muy pesada para la persona. A pesar de esto, es equivocado pensar que la depresión es un aspecto “normal” de la vejez; se puede ser feliz y vivir satisfactoriamente en esta etapa.

 

Sin embargo hay personas que presentan una mayor dificultad para asimilar los cambios que presenta la vejez, hasta llegar al punto de sentirse deprimidas; pero, ¿por qué pasa esto? Con relación a las causas, la Asociación Americana de Psicología (APA) explica que “una persona de edad avanzada puede sentir una pérdida de control sobre su vida debido a problemas con la vista, pérdida de la audición y otros cambios físicos, así como presiones externas como, por ejemplo, recursos financieros limitados. Estos y otros asuntos suelen dejar emociones negativas como la tristeza, la ansiedad, la soledad y la baja autoestima, que a su vez conducen al aislamiento social y la apatía.”

 

Cabe aclarar que un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza. La depresión tiene una intensidad y duración mayor, además contiene un conjunto de síntomas que revelan la enfermedad.

 

Síntomas comunes

 

Entre los primeros síntomas que saltan a la vista, son los relacionados con la alteración del estado de ánimo, que puede revelarse con tristeza, desgano, pérdida del interés por las cosas que sí lo hacían anteriormente y la capacidad para disfrutar.

 

Adicional a lo anterior, el Dr. Luis Carlos Arranz, médico especialista en Geriatría dice que pueden aparecer ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, deseos de morir. Y añade que algunos síntomas corporales o somáticos también se pueden presentar: “siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño con insomnio y menos veces hipersomnia; pérdida de peso con falta de apetito; cansancio o falta de energía. Pueden existir otras muchas quejas somáticas: gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. que en ocasiones son predominantes en la depresión del anciano.”

 

Pese a esto, en la tercera edad los síntomas de la depresión pueden pasar por alto fácilmente, debido a que se suelen atribuir a efectos secundarios de medicamentos, a una enfermedad física o a manifestaciones emocionales transitorias. De ahí que la familia o personas próximas al paciente, le observen con atención por un periodo extendido para luego consultar al especialista.

 

Cómo pueden los familiares y amigos ayudar a la persona deprimida

 

Si bien envejecer es una parte inevitable de la vida, la depresión no debe formar parte de ella. Los investigadores están de acuerdo en que el reconocimiento, el diagnóstico y el tratamiento tempranos pueden contrarrestar y prevenir las consecuencias emocionales y físicas de la depresión.

 

La APA brinda las siguientes pautas cuando se trata de una persona mayor con depresión debido a la edad:

 

  • Sea consciente de las limitaciones físicas. Aliente a la persona mayor a consultar con un médico antes de hacer cambios en su dieta o emprender una nueva actividad que pueda estresar su resistencia.
  • Respete las preferencias individuales. Debido a que las personas mayores tienden a ser menos dóciles a los cambios de estilo de vida, pueden ser reacias a adoptar nuevos hábitos o a hacer cosas que otras personas de su edad disfrutan mucho. Un psicólogo que se especialice en problemas de la tercera edad puede ayudar a desarrollar una estrategia individual para combatir la depresión.
  • Sea diplomático. Una persona mayor con una autoestima frágil puede interpretar expresiones de aliento y estímulo bien intencionadas como una prueba más del deterioro de su estado. Otros pueden molestarse ante cualquier intento de intervención. Un psicólogo puede ayudar a sus amigos y familiares a desarrollar tácticas positivas para lidiar con estos y otros problemas delicados.
  • Brinde apoyo. Esto implica comprensión, paciencia, afecto, estímulo y escucha.
  • Hay que tener paciencia. El tratamiento no hace maravillas de la noche a la mañana, hay que tener en cuenta el tiempo que lleva todo proceso y más cuando son de tipo sicológico.

La mayoría de las personas que padecen de depresión puede mejorar con un tratamiento adecuado que radica principalmente en medicamentos y psicoterapia, ayudando a que la persona deprimida recupere su capacidad para tener una vida satisfactoria.

 

 

Fuentes: American Psychological Association (apa.org), Instituto Nacional de la Salud Mental de Chile (psicomedica.cl), saludalia.com, tercera-edad.org

LaFamilia.info
09.02.2009

 

El envejecimiento por sí mismo no tiene que provocar estrés a pesar de que esta etapa, como evento vital evolutivo, trae consigo una serie de cambios biológicos, psicológicos y sociales que implican esfuerzos de ajustes.

 

La tercera edad está acompañada de eventos que la persona puede evaluar como causantes de estrés: muerte de contemporáneos, jubilación, nido vacío, pérdida de algunas capacidades sensoriales etc. No obstante la reacción ante dichos eventos depende de cada individuo y de otros factores moduladores del estrés como las características de su personalidad, el sentimiento de control sobre su vida, el grado de independencia, la percepción sobre la disponibilidad de apoyo social y en general su sistema de actividades.

 

Según el Dr. Dionisio Félix Zaldívar, especialista cubano en Psicología Clínica, el enfrentamiento del estrés y su prevención en la tercera edad, requieren en primer lugar la disposición de la persona para implicarse en procesos de captación de información y reflexión que le permitan el desarrollo de un proyecto de vida, para mantenerse activo y desarrollar un sistema de acciones que le posibiliten mejorar su bienestar y calidad de vida.

 

“La ausencia de un proyecto de vida adecuadamente estructurado, la pérdida de contactos sociales, un bajo nivel de actividad física y social y la falta de motivación para desarrollar nuevos intereses, resultan factores de riesgo a controlar y evitar” afirma el especialista.

 

Acciones de prevención y control

 

La primera acción para prevenir y controlar el estrés en la edad dorada es capacitar a las personas para que reconozcan los factores estresores más importantes que suelen aparecer en esta etapa de la vida y sus efectos sobre la salud. En segundo lugar, el especialista aconseja un adiestramiento para que se controlen las situaciones estresantes y se desarrollen habilidades personales para cambiar las estrategias con las que se abordan los problemas de estrés.

 

El doctor Zaldívar recomienda estos cuatro tipos de estrategias:

 

  1. Estrategias generales, cuyos objetivos son el mantenimiento y la promoción de un adecuado estado físico (realización de ejercicios, dieta balanceada y apropiada a la edad), red de apoyo social y la implicación en actividades para el disfrute del ocio y la distracción.
  2. Estrategias cognitivas, dirigidas al desarrollo de una visión optimista, a la modificación y control de pensamientos deformados e ideas irracionales, y el control de estados emocionales negativos (ansiedad, depresión, ira).
  3. Estrategias fisiológicas, encaminadas a la prevención y control de los estados de activación psicofisiológica como la relajación física, el control de la respiración, o la meditación.
  4. Estrategias conductuales, como el entrenamiento asertivo, la solución de problemas, el auto-control, o la gestión del tiempo, cuya finalidad será la toma de decisiones y el enfrentamiento a situaciones conflictivas.

 

 

Fuente: saludparalavida.sld.cu

LaFamilia.info 
26.07.2008

 

 

La actividad física es esencial para la salud del adulto mayor. El deterioro funcional que acompaña al envejecimiento puede posponerse manteniendo una vida física, mental y social activa. Sin embargo, antes de adoptar una rutina de ejercicios es esencial un chequeo médico. La natación, las caminatas y montar en bicicleta son los deportes más beneficiosos para las personas mayores.

 

Según un nuevo estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad Washington, el ejercicio habitual puede ayudar emocionalmente a los ancianos de salud delicada sin causarles dolor. Estos resultados se suman a la evidencia de que la actividad puede ofrecer beneficios más allá del bienestar físico.

 

Probablemente el hallazgo más importante de este estudio es el hecho de que el ejercicio, desde las actividades de resistencia hasta el entrenamiento para aumentar la fuerza y la flexibilidad, no causó dolor a los participantes que tenían enfermedades como artrosis.

 

"Esto es realmente importante", expresó la especialista que dirigió la investigación, pues "muchos ancianos, especialmente aquellos que padecen de artritis u otras dolencias, son reacios a hacer ejercicio porque piensan que les ocasionará dolor o molestias".

 

Formas de esfuerzo más adecuadas

 

Los programas de ejercicio para la tercera edad, ante todo, deben ser individualizados y dirigidos a trabajar las cualidades físicas entrenables en esta época de la vida; ellas son:

 

Resistencia. Es la forma de esfuerzo más importante para la persona mayor, produciendo numerosos efectos beneficiosos para la salud. El ejercicio físico de resistencia incluye aquellas actividades que exigen un esfuerzo continuado y de intensidad moderada.

 

Coordinación y flexibilidad. La coordinación de los movimientos tiene una gran relación con el cansancio que produce el ejercicio físico. Mejorando esta cualidad se puede conseguir un gran ahorro de oxígeno y prevenir numerosas lesiones. Lo mismo ocurre con la flexibilidad que se preserva y restaura con ejercicios que estimulan los movimientos en todo el recorrido de las articulaciones (rodillas, codos, muñecas etc.).

 

No tiene sentido trabajar cualidades físicas que ya no son adaptables a la edad, como es la velocidad máxima, pues además de producir una sobrecarga del aparato cardiovascular, también sobrecargan el aparato locomotor, tanto en el inicio del movimiento rápido como en el frenado; tampoco tiene sentido ejercitar fuerza-velocidad o fuerza máxima pues la sobrecarga cardiaca y los aumentos de tensión arterial que se producen son excesivos.

 

Fuerza. Esto no invalida el desarrollo de una cierta fuerza muscular con ejercicios de mediana intensidad.  La regla general es hacer ejercicio sólo hasta que uno se sienta incomodo, es decir hasta que la respiración se vuelve dificultosa, o cuando se altera la circulación o el cansancio afecta la forma de realizar los ejercicios.

En general se puede aconsejar una combinación de: 70% de entrenamiento de resistencia, 20% de coordinación, 10% de fuerza.

 

El esquema de una sesión de ejercicios tradicional debe ser: Calentamiento, fase principal y enfriamiento o vuelta a la calma.

 

El calentamiento

 

Es especialmente importante. Se debe realizar de forma progresiva sin cambios bruscos, preparando al organismo para el siguiente paso. Esta etapa va a servir como prevención contra lesiones innecesarias y dolores musculares: se estimula el corazón y los pulmones de forma moderada y progresiva y a la vez que aumenta el flujo sanguíneo también se incrementa la temperatura de la sangre y de los músculos de una forma gradual.

 

El tiempo que debe ocupar el calentamiento dentro de la sesión de ejercicio va a depender en gran medida, de la duración de la misma, pudiendo oscilar entre 3 y 15 minutos, teniendo en cuenta que debe ser más prolongado cuando el ambiente es muy frío.

 

Un ejemplo de calentamiento consiste en ejecutar a ritmo lento y con pocas repeticiones los siguientes ejercicios:

- Caminata y trote suave, con desplazamiento o sobre el propio terreno.

- Ejercicios de estiramientos de brazos y hombros

- Flexiones ligeras de piernas.

- Estiramientos de los tobillos.

 

El enfriamiento después de cada sesión

 

El enfriamiento o vuelta a la calma consiste en detener la actividad que se está realizando sin cambios bruscos y de forma progresiva, buscando con ello la estabilización de las constantes fisiológicas y psicológicas. Su duración depende del tiempo invertido en la sesión anterior, debiendo ocupar entre 2 y 5 minutos como mínimo.

 

El ejercicio se debe suspender si se presenta:

 

- Dolor o presión toráxico

- Variaciones anormales del pulso

- Taquicardia o bradicardia

- Arritmias, mareos, palpitaciones, palidez o cianosis en la cara.

- Náuseas o vómito post esfuerzo

 

Caminar, el deporte ideal

 

Caminar es una forma de entrenamiento aeróbico ideal para personas de edad avanzada.  Proporcionar una buena forma física,  además de contrarrestar los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares y disminuir el sobrepeso.

 

Caminar a paso normal diariamente es recomendable para abuelos que no han realizado actividad física sistemática,  ya que la misma adapta al organismo a una nueva carga de trabajo. Caminar es una actividad que no debe faltar en el entrenamiento diario de los Círculos de Abuelos.  Su dosificación estará a independencia de la actividad física de los practicantes por lo que es recomendable el criterio médico para su mejor clasificación (distancia y tiempo a caminar).

 

Fuentes: miterceraedad.com, saludalia.com

Por LaFamilia.info 

20152109salud Foto: Pixabay.com

El 21 de septiembre se celebra el “Día Mundial del Alzheimer”, declarada por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer, con el propósito de dar a conocer la enfermedad y solicitar el apoyo y la solidaridad de la población. 

LaFamilia.info
28.08.2008

Diagnosticado por el profesor Antonio Guijarro, Cardiólogo de la Universidad de Granada, España, el Síndrome de la Abuela Esclava es  un cuadro clínico patológico que está afectando a mujeres de edad avanzada con excesivas responsabilidades familiares.  Aunque las investigaciones sobre esta condición aún son muy recientes, se trata, según Guijarro, de "una auténtica pandemia"  con síntomas como cansancio, hipertensión, subidas repentinas de azúcar y decaimiento o tristeza.

 

Quienes la padecen no manifiestan que llevan sobre sus espaldas la responsabilidad de sus casas, la de sus hijos y el cuidado de sus nietos ocasionando así un exceso de trabajo que les produce gran estrés. Esta falta de sinceridad, tanto hacia los médicos como hacia su propia familia, viene originada por una especial concepción de la responsabilidad, y una educación basada en la entrega a la familia. Sin embargo, sus cuerpos ya no soportan tanta tensión.

 

Causas

El Síndrome de la Abuela Esclava se produce por un agotamiento excesivo o sobreesfuerzo físico y emocional crónicos. El estrés se refleja por la responsabilidad de cumplir simultáneamente varias tareas con eficacia, puntualidad y acierto, según el doctor Guijarro.

 

Algunas de las causas que pueden provocar este estrés son las siguientes:

  • - Realizar trabajos o actividades extra-hogareños, sin liberarse de las obligaciones de ama de casa.
  • - Cuidar simultáneamente ancianos, niños o enfermos.
  • - Hijos que, tras independizarse, vuelven al hogar materno acompañados de pareja y/o hijos.
  • - Enfermedades asociadas al natural envejecimiento que limitan la capacidad física y emocional de la paciente.
  • - Ausencia o pérdida de ayudas domésticas.
  • - Traumatismo emocional: enfermedad grave o fallecimiento de un ser querido.
  • - Separación conyugal propia o de un hijo.
  • - Deterioro económico: Disminución del poder adquisitivo tras la jubilación. Fracaso de negocios familiares. Pérdidas patrimoniales.
  • - Acumulación de obligaciones: Atender a familiares que residen fuera del hogar (hijos, nietos, parientes próximos).

 

Síntomas principales

 

Estos son algunos de los síntomas comunes en mujeres que padecen este síndrome:

 

  • Hipertensión arterial de difícil control, con oscilaciones muy bruscas, aparentemente caprichosas.
  • Molestias paroxísticas: sofocos, taquicardias, palpitaciones en el cuello o el tórax, dolores punzantes por el pecho, que cambian de un lado a otro, dificultad para respirar, mareos, hormigueos, desvanecimientos.
  • Debilidad o decaimiento persistentes, un cansancio extremo desproporcionado respecto a sus actividades actuales. En el pasado soportaron tareas mucho más agotadoras sin sentir atisbos de cansancio.
  • Caídas fortuitas: las piernas no pueden sostener el cuerpo y la paciente cae al suelo, generalmente sin perder el conocimiento.
  • Malestar general indefinido: Casi nunca se sienten cómodas, a gusto ni relajadas, sin saber definir exactamente por qué.
  • Tristeza, desánimo, falta de motivación.
  • Descontrol de padecimientos metabólicos, como la diabetes. Alternan unas elevaciones alarmantes de las glucemias con descensos bruscos peligrosos, provocando mareos e incluso coma.
  • Autoinculpación. Se sienten culpables de su incapacidad actual.

Soluciones

 

Para poder dar solución a una situación de excesivo estrés familiar, el doctor Guijarro aboga por la implicación de la familia y de todo el entorno más cercano, ya que son los propios familiares quienes deben descargar de un exceso de trabajo a la abuela, aunque sin mermar su autoestima.

 

"La curación o liberación definitiva se alcanza cuando se consigue el equilibrio entre los cometidos asignados a la abuela y su fortaleza física y emocional". De este modo, en el momento en que se cancelan responsabilidades excesivas y se produce un contacto equilibrado con la familia, la mujer con este síndrome siente una notable mejoría.

 

Reparos a la teoría

 

A pesar del interés que ha despertado el libro del profesor Guijarro ("El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del siglo XXI"), no todos sus colegas de profesión están de acuerdo con la existencia de este síndrome.

 

El doctor José Mercé, especialista en Geriatría del Hospital Doctor Peset de Valencia, considera que se le da demasiada importancia a un hecho que es normal.

 

Para este especialista en la Tercera Edad, al contrario de lo que afirma el doctor Guijarro, "los mayores tienen sus propias enfermedades y la relación y el contacto entre los mayores y los nietos provoca que los niños vean la vejez como algo necesario y respetuoso, no como un problema".

 

Reconoce que es una responsabilidad para los mayores hacerse cargo de los niños, pero también ayuda a los más pequeños a conocer y responsabilizarse de personas mayores. En este sentido, considera que tan esclava puede considerarse una madre trabajadora o cualquier padre que "sienta el agobio de la responsabilidad de educar a un hijo".

 

En un punto intermedio entre las dos posturas se encuentra la organización ABUMAR (Abuelos en Marcha) que trata de potenciar la imagen de los abuelos, así como de dignificar su persona hacia los nietos. Esta asociación persigue precisamente el encuentro intergeneracional y defiende la figura del abuelo y los derechos que tiene hacia sus descendientes.

 

Fuente: Consumer.es