Las series de televisión no son solo entretenimiento: influyen profundamente en la manera en que los jóvenes perciben la realidad, construyen sus valores y desarrollan su comportamiento.
Según el profesor Alfonso Méndiz, de la Universidad Internacional de Catalunya de Barcelona, fenómenos como Adolescencia, que se volvió viral en todo el mundo casi de inmediato, demuestran hasta qué punto este tipo de contenidos puede influir en la identidad de los menores y generar debates sobre salud mental, violencia y relaciones sociales.
En España —donde se centra el estudio, aunque sus conclusiones son aplicables de forma más amplia— el consumo televisivo ha pasado de ser un momento compartido en familia en los años cincuenta a una experiencia individual dominada por el binge-watching en plataformas de streaming, ampliando la brecha entre padres e hijos.
Las series también influyen en la forma en que el público percibe la ciencia, la medicina y la historia. Las series “procedimentales policiales” como CSI han despertado interés por la ciencia forense, pero también han distorsionado las expectativas sobre el sistema judicial.
Dramas médicos como House y Grey’s Anatomy suelen ofrecer una representación poco realista del comportamiento profesional y de los principios éticos en el ámbito sanitario. Producciones históricas como The Crown y The Great combinan realidad y ficción de manera que pueden remodelar sutilmente la memoria colectiva.
El impacto en los menores es especialmente evidente. Series como El juego del calamar y Por trece razones han demostrado cómo los temas de violencia y suicidio pueden ser interiorizados por los jóvenes espectadores, mientras que Euphoria, Élite y Sex Education tienden a normalizar la promiscuidad, el consumo de drogas y comportamientos emocionalmente problemáticos.
Estos efectos se explican mediante mecanismos psicológicos como la socialización, la legitimación, la sugestión y la identificación con los personajes, que hacen que las experiencias vividas en pantalla resulten más inmediatas e influyentes que los modelos educativos tradicionales.
Por ello, Alfonso Méndiz subraya la importancia de una “dieta digital familiar”: ver las series juntos, comentar sus contenidos y analizar posibles distorsiones o conductas problemáticas puede ayudar a los jóvenes a desarrollar pensamiento crítico y valores sólidos.
Sin este filtro educativo, la ficción corre el riesgo de sustituir a la familia y a la escuela en la formación de la identidad, con posibles efectos duraderos en el carácter y en las decisiones de vida de los menores.
Por Fabrizio Piciarelli – FamilyandMedia



