Dejar que un niño explore solo el potencial de la inteligencia artificial (IA) es similar a dejarlo solo con un adulto “que es brillante pero moralmente ambiguo”. Esta comparación fue propuesta por Taylor Black, Director de IA de Microsoft, en una entrevista con los medios vaticanos.
Black reflexionó sobre el valor de la encíclica Magnifica humanitas, publicada el 25 de mayo, y las implicaciones tiene para los desarrolladores de las nuevas tecnologías y para toda la sociedad en su conjunto.
Valorando especialmente cómo puede utilizarse la primera encíclica del Papa León para enseñar a los jóvenes a interactuar con la IA, el ejecutivo de Microsoft destacó que en el documento el Santo Padre recomienda “ser muy cuidadosos con el tipo de interfaces de pantalla, interfaces de redes sociales y, por supuesto, interfaces de IA para los niños”.
“Esto es vital porque se requiere una gran cantidad de juicio al usar estas interfaces de IA agéntica y generativa, ya que hay que discernir si lo que te dicen es verdad”, dijo.
Black señaló que, en relación a los niños y jóvenes, existe la preocupación de que desarrollen su propia voz antes de que los sistemas de IA lo hagan por ellos. En ese sentido, se refirió al beneficio que significa “minimizar la exposición tecnológica” de los más jóvenes “antes de que tengan la capacidad intelectual para lidiar bien con ella”.
También bromeó sobre los problemas de software y de hardware que tienen los jóvenes, recordando que “no tienen un lóbulo prefrontal completamente formado” sino hasta una edad más avanzada, por lo que es deber de los adultos reflexionar “sobre el tipo de experiencias” que las nuevas tecnologías les ofrecen.
Hace algunos días, Black ofreció una charla en la escuela católica de sus hijos. Allí dió el ejemplo “de dejar a tu hijo a solas con un amigo tuyo adulto que es brillante pero moralmente ambiguo”.
Un amigo que podría hablarles sobre cualquier tipo de conocimiento científico y filosófico, pero que “también podría decirles a tus hijos cosas que no deberían oír, o que no se les debería contar, o decirles que digan cosas que probablemente no deberían decir, y ni siquiera de una forma maliciosa”.
“Es en un sentido de probabilidad puramente estadística. El niño carece de las herramientas para hacer ese discernimiento tan bien como lo haríamos nosotros, los adultos completamente formados”, añadió.
“Ser dueño de la propia voz y de la propia imagen”
Black recordó que en Magnifica humanitas, León meditó en el valor que significa para cada joven “ser dueño de la propia voz y de la propia imagen”.
Los adultos contemporáneos, continuó el ejecutivo de Microsoft, “tuvimos el beneficio de crecer y pasar mucho tiempo desarrollando nuestra propia forma de pensar, escribir y hablar sin el uso de estas herramientas de IA generativa”.
“Las herramientas de IA generativa, en su empeño testarudo por ser útiles, moldean nuestro lenguaje. Pueden cambiar el sonido de nuestra voz. Pueden cambiar el aspecto de nuestro rostro en los medios digitales, de tal manera que ya no es el nuestro”, dijo.
“Nos está formando de una manera que podemos aceptar si así lo deseamos. Pero, de nuevo, si somos niños, entonces no podemos aceptar plenamente ese moldeamiento sin nuestra propia aportación creativa, de nuestra voz, de nuestra forma de ser en el mundo, como sí pueden hacerlo los adultos”, añadió.
El mal uso de la IA generativa, señaló, puede ocasionar que la propia voz de los niños “sea empujada en una dirección que ellos mismos tal vez no deseen por completo”.
*Publicado en aciprensa



