«La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia». Con esta frase comienza Amoris laetitia, la Exhortación Apostólica que el papa Francisco publicó hace diez años y cuyo aniversario se conmemoró este 14 de octubre con una Santa Misa en la Plaza de San Pedro, presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle.
La homilía, preparada por el papa León XIV y leída durante la celebración, destacó el camino recorrido desde la publicación del documento y la importancia de seguir profundizando en sus enseñanzas y poniéndolas en práctica en la vida de las familias. El Pontífice no pudo asistir a la celebración, pues se encuentra en recuperación tras la intervención quirúrgica que concluyó con éxito.
La verdadera alegría del amor es la lenta fusión de los esposos
En la homilía, pronunciada por el decano del Colegio Cardenalicio, León XIV subraya que la liturgia de hoy “invita a reflexionar sobre este tema”. Y pone de relieve que, en la primera lectura se proclamó el “himno a la caridad” de san Pablo, que la Exhortación “sitúa como base de una profunda meditación sobre las virtudes del matrimonio cristiano, una unión «afectiva, espiritual y oblativa» e icono del amor de Dios”.
“Es a través de estos valores que los esposos, a imagen de la Trinidad y con la ayuda de la gracia, crecen juntos día a día, madurando cada uno en su propia singularidad y, al mismo tiempo, realizando esa semejanza recíproca que crece a partir del «proyecto estable de compartir y construir juntos toda la existencia»”, remarca el Pontífice.
“Así pues, la verdadera alegría del amor es una lenta fusión de ambos esposos, en la que la singularidad de uno florece, en el don, a través de la presencia del otro”, indica el Papa, quien destaca que el apóstol, además, dirigió sus palabras a una “comunidad rica en dones y carismas”, pero “necesitada de madurar en la caridad”, recordando a los corintios que, “sin ella, a pesar de todos los talentos recibidos, el hombre es como «un metal que resuena o platillos que retumban»: una voz desprovista de amor, un oído incapaz de transmitir mensajes al corazón, una individualidad distante, fría e impenetrable”.
“No estamos hechos para esto”, recalca León XIV, subrayando que el Salmo responsorial también lo recuerda, “llamándonos ‘pueblo’ y ‘rebaño’ de un Dios cuyo «amor permanece para siempre» y cuya fidelidad se extiende «por todas las generaciones», de un Señor que ama sin cesar, sin dejar jamás de buscarnos, de confiar en nosotros y de renovar su amistad con nosotros”.
Educar a los jóvenes que se preparan para el matrimonio
“Esta es la caridad que Amoris laetitia nos invita a establecer como fundamento de nuestras familias”, precisa el Pontífice, enfatizando que “es por amor verdadero” que “exhorta especialmente a educar a los jóvenes que se preparan para el matrimonio, enseñándoles «la importancia de las virtudes», entre las que se otorga un lugar especial a la castidad, «condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal»”.
En este sentido, el Papa expresa que “son dignos de elogio” los programas específicos que se llevan a cabo a nivel parroquial o pastoral, pero recuerda que, sin embargo, “estos programas por sí solos no bastan si no van precedidos y apoyados por una educación en el amor que acompañe todo el crecimiento del niño, desde la infancia”.
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Y cita al Papa Francisco, quien, al respecto, observó que «aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio», y explicó: «En realidad, cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento», y todo lo que un joven experimenta en el hogar debe contribuir a «capacitarle para un compromiso pleno y definitivo».
La caridad doméstica es la primera escuela del afecto
“Así, la caridad doméstica -concreta, con sus momentos de dificultad, errores y fracasos, pero maravillosa en su impredecible rutina diaria- es la primera escuela del afecto, el primer aprendizaje precioso e irremplazable en la ‘alegría del amor’”, por lo que merecen ser “valorados y apoyados” los esfuerzos de tantas familias que “viven su vocación y misión día a día, con discreción, pero con una fidelidad a veces heroica”, resalta León XIV.
“Son una respuesta generosa y universalmente comprensible” a las palabras de Jesús en el Evangelio: «No me eligieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, y un fruto que permanezca»”, subraya el Pontífice, destacando que, “a través del testimonio de estos padres, hijos, abuelos, jóvenes y mayores, de todas las edades, el mensaje evangélico de verdad y plenitud de vida se difunde eficazmente por todo el mundo”.
Crecer como una Iglesia que es una «familia de familias»
Recordando el “sencillo y claro mensaje” de Jesús: «Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros como yo los he amado»”, el Papa exhorta a ponerlo en práctica “para crecer como una Iglesia que es una «familia de familias», en un clima de cuidado mutuo del que todos nos beneficiaremos: los jóvenes esposos, que se sentirán alentados al iniciar su vida matrimonial; los padres, que contarán con ayuda para afrontar los exigentes retos de la crianza de los hijos y la vida familiar; los ancianos, que verán reconocido y valorado su papel como testigos de sabiduría y virtud, incluso cuando su fuerza física disminuya”.
“Aquí, incluso los más frágiles, o quienes atraviesan situaciones difíciles y momentos de crisis, encontrarán apoyo y motivación, rodeados de afecto y protegidos del juicio y los prejuicios”, recalca León XIV, quien cita la Relatio finalis de la XIV asamblea general del Sínodo de los Obispos: «por muy herida que puede estar una familia, esta puede crecer gracias al amor».
“Esta caridad, fundamental para nuestra existencia y nuestra convivencia como seres humanos, sustenta también los valores de apertura y respeto por la vida, desde la concepción hasta la muerte natural”, insiste el Pontífice, reiterando que la familia es “depositaria por excelencia de estos valores, faro del bien de la humanidad”.
La familia es un lugar privilegiado de oración
“El Papa Francisco, en este sentido, subrayó que «ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad»”, recuerda León XIV, quien advierte que, “sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, atentas a su educación y crecimiento, el mundo no tiene futuro”.
En los textos de la liturgia proclamados, hay una “importante invitación” de Jesús: «pidan al Padre en su nombre», palabras que nos recuerdan que “la familia es un lugar privilegiado de oración”, remarca el Papa, quien señala que “hay que reconocer, lamentablemente, que hoy, en muchas partes del mundo, el hábito de rezar juntos en el hogar” se ha “debilitado considerablemente”.
“Amoris laetitia nos recuerda que esto es fundamental: «Es preciso resaltar la importancia de la espiritualidad familiar, de la oración y de la participación en la Eucaristía dominical», y recomienda que las familias se reúnan también «regularmente para que crezca la vida espiritual y la solidaridad en las exigencias concretas de la vida»”, subraya el Pontífice.
“La oración común y los sacramentos desempeñan un papel muy importante en la vida familiar, porque, al abrir los corazones a la acción de Dios, nos permiten llegar juntos a lugares a los que nunca llegaríamos solos. Son alimento sólido y medicina sanadora”, recalca León XIV, quien exhorta “fervientemente” a todos a “redescubrir y promover esta práctica”.
Comunión eclesiástica concedida al Patriarca de Bagdad de los caldeos
“Queridos hermanos y hermanas, tengo además el honor de presidir esta celebración con un mandato especial del Santo Padre León XIV, con el fin de manifestar públicamente la comunión eclesiástica que Él ha concedido a Su Beatitud Polis III Nona, Patriarca de Bagdad de los caldeos, que participa en esta Eucaristía”, dijo el cardenal Tagle tras pronunciar la homilía preparada por el Papa León XIV.
El decano del Colegio Cardenalicio recordó que la comunión de un Patriarca con el Sucesor de Pedro “remite a una práctica antigua, que consagraba la unidad en la fe y en la caridad de una Iglesia patriarcal con la Sede de Roma y, en aquella época, de las propias Iglesias entre sí”. Y precisó que “no representa, por tanto, una mera formalidad, sino una realidad viva, que hunde sus raíces en la comunión eucarística, fuente y culmen de la unidad de la Iglesia en Cristo”.
“Beatitud, su presencia nos ayuda a comprender mejor nuestro ser Iglesia, comunión en Cristo Señor de Iglesias de diversos ritos y tradiciones en la unidad visiblemente manifestada con el Sucesor de Pedro. Le aseguramos el afecto de toda la Iglesia católica y la oración por los fieles confiados a su cuidado pastoral, que desde hace tiempo son puestos a prueba, pero que se mantienen firmes y, a menudo, heroicos al dar testimonio de la fe en Jesús en medio de muchas adversidades”, le dijo al Patriarca el cardenal Tagle, quien concluyó invitando a encomendar a todas las familias y a toda la Iglesia a la Sagrada Familia de Nazaret, con la oración que el Papa Francisco ofreció al final de Amoris laetitia:
«Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas. […]
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
[…] haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.» (Al, 325).
*Publicado por vaticannews



