Por estos días tuve la oportunidad de asistir, junto con mi familia, a la ordenación episcopal de Monseñor Jesús Alberto Torres Ariza. Para mí fue una experiencia profundamente llena de gracia y alegría.
Monseñor Jesús Alberto, como sacerdote perteneció al clero de la diócesis de Valledupar.
Su ordenación fue una verdadera celebración de fe. En la Catedral Ecce Homo se congregaron más de tres mil personas, entre ellas obispos de distintas diócesis —como Monseñor Pablo Salas, arzobispo de Barranquilla; Monseñor Dimas Martínez, obispo de El Banco (Magdalena); Monseñor José Mario Bacci, obispo de Santa Marta—, así como comunidades religiosas, parroquiales, movimientos eclesiales y autoridades civiles.
Fue, sin duda, una auténtica fiesta de la Iglesia: un momento para agradecer a Dios por las vocaciones, por la misión y por la entrega generosa de tantos hombres y mujeres al servicio del Reino.
Después de la ceremonia, ya con un grupo más reducido, se realizó una tertulia en las instalaciones del Seminario Diocesano San Juan Pablo II de Valledupar. Allí el recién ordenado obispo compartió con mayor cercanía su experiencia frente al nombramiento.
Uno de los momentos que más me marcó fue cuando relató cómo comunicó la noticia a su familia. Lo hizo de manera directa:
“El Papa León XIV me ha nombrado obispo.”
Sus hermanos le respondieron: “Sabíamos que en algún momento te ibas a ir lejos”. Y su padre, con la sencillez de la sabiduría profunda, le dijo: “Hazlo bien.”
Esa frase se me quedó grabada en el corazón. Hazlo bien. Sentí que no era solo un consejo paterno para un nuevo obispo, sino un llamado de Dios para todos nosotros.
Inmediatamente recordé el mensaje del Concilio Vaticano II, en la constitución dogmática Lumen Gentium, donde se nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad. Es una invitación que ha estado presente desde el inicio de la historia de la salvación, pero que el Concilio ayudó a comprender con renovada claridad: la santidad no es privilegio de unos pocos, sino vocación de todo bautizado.
Hazlo bien es, entonces, vivir nuestra fe con generosidad, cualquiera que sea nuestra condición o estado de vida. Es caminar hacia la plenitud sabiendo que no estamos solos: el Señor nos acompaña, nos sostiene con su gracia y nos envuelve con su amor.
Hazlo bien es responder cada día al llamado de Dios en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que nadie ve, pero Él sí.
Sin duda, esta ha sido una de las experiencias más significativas para mí en este 2026.
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Jesús Morales Pérez
Ayudo a jóvenes, adultos y familias a transformar sus desafíos emocionales en crecimiento personal. Psicólogo clínico, orientador familiar y conferencista. Autor del libro La fuerza de lo sencillo



