La adolescencia se puede definir, como “el arte de saltar al vacío sin mirar dónde caer”, es una etapa de profundos cambios donde se deja atrás la infancia para habitar un cuerpo y un entorno que exige madurar a toda costa, para muchos padres y/o cuidadores es una etapa de miedos, angustias, estrés, ansiedad, preocupación, porque no saben cómo manejarlos.
En este sentido, el error más común de los adultos es confundir la rebeldía adolescente con desobediencia, desconociendo que el adolescente actúa movido por una necesidad biológica y psicológica, la cual se podría llamar separación y exploración; separación, porque a nivel físico se deja a un lado el cuerpo infantil y se adentra en los cambios y transformaciones de un cuerpo joven y exploración, porque se quiere conocer, probar, sentir, ver cosas diferentes a las acostumbradas de niños.
Por consiguiente, los padres y/o cuidadores deben entender que el cerebro adolescente está diseñado para buscar novedad, cuestionar las normas familiares, siendo un paso indispensable para construir la identidad, el peligro no es el salto en sí, sino la falta de una red afectiva que amortigüe la caída.
Dentro de los cambios que se generan en los adolescentes se encuentran los físicos y psicológicos, estos últimos los más importantes para tenerlos en cuenta porque no se observan a simple vista, si no, que se debe conocer en profundidad a la persona, entre ellos se tienen:
La puerta de apatía: Muchos adolescentes levantan muros, contestan con monosílabos o muestran una actitud “solitaria” o distante ante sus padres o personas cuidadoras.
La situación real: Detrás de ese adolescente duro o con una coraza suele haber una necesidad masiva de aceptación, una sensibilidad y un deseo profundo de conectar.
Riesgos modernos: hay una vulnerabilidad, como salud mental mal gestionada, presión social, sobre exposición digital, provocando en el adolescente que todo lo sabe y que es invulnerable a estas realidades sociales.
El problema: los adolescentes deben aprender a protegerse y sobrevivir en las dinámicas del mundo de las redes sociales, dinámicas escolares, modas y expectativas, lo que a veces los obliga a actuar sin empatía, y se le agrega que algunos adultos no comprenden estas dinámicas, lo que generan que sea menos agradable la transición de esta etapa de la vida.
De acuerdo con lo anterior, los padres y/o cuidadores, son las personas más importantes en esta etapa de vida, dado que son los que deben sostener el vínculo, mientras el adolescente aprende a volar. Por lo que el reto no es evitar que experimenten el mundo, sino ofrecerles un espacio seguro al cual regresar cuando descubran que el mundo exterior no es tan fácil como ellos lo imaginan, los cuales requieren del apoyo continuo de una adulto responsable.
Por consiguiente, algunos aspectos prácticos que se pueden tener en cuenta para el paso por esta etapa son:
La comunicación positiva: los padres y/o cuidadores deben tener las herramientas necesarias para establecer un dialogo abierto y cercano, donde se evidencie la honestidad siendo fundamental en la construcción de relaciones cercanas con el adolescente.
Apoyo emocional: prestar atención a las preocupaciones y dudas es esencial para reforzar el vínculo, además de celebrar los logros y triunfos del adolescente.
Privacidad: es muy importante este aspecto donde se deba brindar confianza y respetar las opiniones del adolescente respetando su privacidad y puntos de vista.
Autonomía: en esta etapa de la vida, este aspecto es el que los adolescentes buscan y exigen, por tal razón acompañarlos para que tomen decisiones apropiadas es muy importante para su desarrollo.
Cuidar su salud mental: Como se ha mencionado, los adolescentes están en la búsqueda de identidad, una etapa en la que hay una profunda reorganización interna a nivel emocional y cerebral, lo que hace que las emociones se vivan con mayor intensidad. Por ello, los adultos responsables deben estar pendientes de cambios de humor bruscos y desproporcionados, por ejemplo: irritabilidad, enfados intensos por situaciones pequeñas, tristeza persistente, aislamiento, cambios continuos de humor o bajo rendimiento académico, dado que este último puede estar influenciado por un estado emocional.
Cuando el caso lo requiera, es importante solicitar ayuda profesional a tiempo. Este aspecto no significa exagerar ni renunciar al papel de padres y/o cuidadores; significa reconocer que hay situaciones que, como adultos, no podemos solucionar y que requieren otra mirada, con herramientas acordes a las necesidades de cada familia.
En conclusión, esta es una etapa pasajera, donde los adultos deben entender los cambios que se viven, la reestructuración del cerebro, donde acompañar, estar disponibles, es un gesto de amor y bienestar emocional.
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Vivian Cristina Obregón García
Trabajadora social, especialista en Gerencia Educativa, máster en Violencia doméstica y de género, además magíster en Asesoría familiar y gestión de programas para la familia. Con una trayectoria profesional de más de 11 años en temas de familia, infancia y adolescencia.



