¿Qué dice la Iglesia ante la investigación biomédica?

Monseñor Elio Sgreccia
06.06.2008

En una última entrevista concedida a Radio Vaticano, el Vicepresidente de la «Academia Pontificia para la Vida», Mons. Elio Sgreccia, respondió a las interrogantes surgidas en torno a la decodificación del genoma humano, al alcance de todo el mundo vía Internet, y sobre el uso que de estas informaciones podrían hacer algunos científicos.

La Academia Pontificia para la Vida es la institución fundada por el Papa Juan Pablo II con el objetivo de «estudiar, informar y formar sobre los principales problemas de la medicina y el derecho relativos a la promoción y la defensa de la vida.

– Ante todo, monseñor Sgreccia, ¿La Iglesia está a favor o en contra de la investigación biomédica?

Monseñor Elio Sgreccia: Es conocido el pensamiento oficial de la Iglesia católica, que ha manifestado en repetidas ocasiones su aprecio y aliento por la investigación científica, especialmente cuando está dirigida a la prevención y el tratamiento de enfermedades y el alivio del sufrimiento humano. Este tipo de investigación es considerado como coherente con la fe en Dios creador.

Se podrían citar muchos textos del Magisterio de la Iglesia en este sentido. Basta pensar, por ejemplo, en el pasaje del Concilio Vaticano 11 que dice: «la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser» «(Gaudium et Spes 36).

– ¿Colabora la Iglesia en la investigación biomédica actual?

Monseñor Elio Sgreccia: La historia confirma esta colaboración ya desde los descubrimientos en el campo genético realizados por el monje Gregor Johann Mendel (1822-1884). Este apoyo es hoy de elocuente actualidad en las instituciones de investigación, en las facultades de Medicina y en los hospitales dirigidos por la Iglesia. En ellos, se cultiva la investigación científica con un reconocido empeño y resultados eficaces, a pesar de que a veces carecen de recursos. Particularmente son reconocidos por sus resultados en la prevención y tratamiento de las enfermedades.

La estima y el aprecio que siente la Iglesia por los científicos han sido testimoniados también por la presencia de muchos científicos de otras religiones, o no creyentes, en instituciones académicas de la Iglesia, como sucede por ejemplo en la Academia de las Ciencias de la Santa Sede.

– Sin embargo, la Iglesia pone límites a la investigación. ¿Cuáles son?

Monseñor Elio Sgreccia: No cabe duda de que la ciencia experimental, al igual que toda actividad humana, tiene que estar orientada al bien del hombre y al respeto de cada persona, ya sea en los objetivos que persigue, ya sea en los medios que utiliza. Siempre tiene que respetar al hombre, a todo sujeto humano implicado en la experimentación, especialmente en las fases de la vida más frágiles, o cuando el sujeto sometido a la experimentación no puede dar su consentimiento. Una investigación científica que pretendiera evitar un examen riguroso ético de sus objetivos, de sus métodos, y de sus consecuencias, no sería digna del hombre, y correría el peligro de ser utilizada contra los más débiles e indefensos. Este uso desfigurado de la ciencia ha escrito páginas oscuras en la historia, no demasiado lejanas, y una investigación de este tipo no debe volver a surgir, pues no sólo atentaría contra Dios, sino contra el mismo hombre y la civilización.

– La Iglesia se ha metido particularmente en el debate surgido por los interrogantes éticos que plantea la experimentación con células madre (o estaminales). ¿Cuál es la posición de la Academia Pontificia para la Vida en este sentido?

Monseñor Elio Sgreccia: En este sentido, vale la pena recordar que, en el documento de nuestra Academia dedicado al uso de las células estaminales (Cf. Zenit, 24 de agosto), se expresa el aliento a la investigación con las células estaminales extraídas del organismo del adulto o, en el nacimiento, del cordón umbilical, así como también de los fetos abortados involuntariamente, en conformidad con hipótesis convalidadas por investigaciones acreditadas internacionalmente.

El auspicio de tratar de poner remedio a graves enfermedades por este camino ha sido repetido, alentado y aplicado en las mismas instituciones de investigación de inspiración católica. El hecho de que nuestra misma Academia haya expresado un juicio negativo desde el punto de vista ético de la utilización destructiva de embriones con el objetivo de investigar con células estaminales y de toda forma de clonación humana, también de la llamada de manera inapropiada «terapéutica», se debe a motivos basados en la ética racional y no en una instancia basada únicamente en la fe religiosa.

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