La mujer, entre el trabajo y la familia

Por LaFamilia.info

Se acerca la celebración del Día de la Mujer y es importante resaltar el aporte que ella le confiere a la sociedad, tanto como fuerza laboral, como formadora de la familia, siendo ésta la base de la sociedad. De ahí la importancia de sentar las bases para conciliar ambos espacios.

Mujer es sinónimo de intuición, ternura, elegancia, amabilidad e inevitablemente maternidad, ese don exclusivo de engendrar vida. Las mujeres humanizan al mundo con su inteligencia, su capacidad de dar amor y el carisma que las caracteriza. Todas estas virtudes hacen de las mujeres seres únicos, que a su vez son necesarios en los espacios laborales e irremplazables en los familiares. Por eso, hablaremos de la conciliación entre trabajo y familia, dos espacios que exigen el mejor desenvolvimiento de las féminas.

¿Cómo conciliar?

La incorporación de la mujer al trabajo por elección o por necesidad, ha generado la necesidad de conciliar ambos espacios, de forma que ninguno de los dos se vea afectado.

Nuria Chinchilla -una de las expertas en el tema de la conciliación trabajo y familia- expresa la necesidad de poner límites, pues si cada quien lo permite, el trabajo puede copar todos los espacios de la agenda agotando el tiempo libre: “los momentos que decidimos pasar con la familia, la pareja, los hijos y los amigos tienen que estar señalados en la agenda con un rotulador bien vistoso. Como una cita laboral más, pero no como un compromiso cualquiera. De hecho, tenemos que proteger estos espacios con uñas y dientes, como si de reuniones con el presidente se trataran”.

La experta señala además, que no hay que contraponer el trabajo y la familia, ambas cosas se enriquecen mutuamente, dando la posibilidad de aprender en un ámbito y aplicarlo en otro.

Las empresas tienen mucha parte…

Algunos países, culturas y empresas, han avanzado en este tema de la conciliación, permitiendo a las mujeres compaginar su naturaleza materna y realizar con eficiencia su trabajo.

Estas empresas han partido de la base que una mujer que trabaja bajo condiciones humanas y flexibles, será mucho más eficiente y comprometida con su trabajo. Igualmente han comprendido que si la mujer puede dar a sus hijos una educación rica en valores y virtudes, serán esos hijos nada más y nada menos que las futuras generaciones que encabezarán las compañías donde ellas se desempeñan.

De otro lado, también están aquellas empresas que con sus políticas poco afables a la calidad de vida de sus empleados, dificultan ese equilibrio entre el trabajo y familia, instalando horarios rígidos y extendidos, negando permisos para atender a los hijos, cónyuges o personas mayores al cuidado de la mujer. También es cierto que hay empresas que no les agrada que las mujeres tengan hijos por sus ausencias durante la licencia de maternidad. Esto es una falla y un error.

Sin embrago, más tarde que temprano, la misma sociedad se encargará de mostrar a las empresas que las mujeres son transcendentales en el equipo humano de una organización, pues con su instinto femenino logran cometidos inigualables.

¿Cómo encontrar la verdadera realización?

Lucrecia Rego de Planas, Directora de Catholic.net habla de las maravillas que es ser mujer y con ello de la verdadera realización de la mujer, puesto que se ha observado que tanto la mujer que trabaja como la que se queda en casa con los hijos, están insatisfechas. Pero afirma que la verdadera realización está en aquellas que aman, se sienten amadas y se entregan de manera plena, a su marido, a sus hijos y a la sociedad; en sus palabras lo expresa de la siguiente manera:

“Hoy más que nunca, el mundo necesita de la mujer. La mujer no puede, ni debe, desperdiciar los dones que ha recibido, aún cuando haya decidido no trabajar para una empresa de manera formal.

Es injusto, no sólo para ella, sino para la sociedad completa, que una mujer que ha estudiado, que tiene una carrera profesional, que sabe varios idiomas, que tiene un corazón enorme para entregarlo a los demás, se quede con esos dones escondidos, guardados e inutilizados, llenando su tiempo libre en los gimnasios, los cafecitos, los centros comerciales y los salones de belleza.

La mujer plenamente realizada no es aquella que obtiene grandes éxitos profesionales a costa del descuido de su familia. Tampoco aquella que se queda en casa de una manera egoísta, cómoda e insatisfecha. La mujer que se siente realizada, es la que ama y se siente amada, la que se entrega de manera plena, a su marido, a sus hijos y a la sociedad.

Así como comer, dormir, bañarse y cocinar, jugar tenis e ir a visitar a la amiga, son compatibles con la maternidad y la correcta educación de los hijos, también es compatible trabajar. Nunca debió de hacerse esa separación, pues el trabajo no es un derecho de la mujer, sino una responsabilidad natural para con el mundo entero.

El secreto está en hacerlo por amor y no por egoísmo, por compartir lo mucho que se ha recibido con el mundo y no por querer ocupar un lugar exitoso. Los hijos se darán perfecta cuenta de las intenciones de su mamá. Así como aborrecerán a una madre egoísta que los abandona sólo por buscar su propia satisfacción, la admirarán en cambio, si saben que los deja un rato por ir a hacer el bien en un mundo urgido de su sabiduría, ternura y cariño.”

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