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El creciente fenómeno del divorcio después de los 50 años

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Foto: magnific

En las últimas décadas, la esperanza de vida ha aumentado y cada vez más matrimonios llegan juntos a la madurez. Sin embargo, también ha crecido un fenómeno que hace algunos años era poco frecuente: el llamado “divorcio en la tercera edad” o grey divorce, la separación de parejas después de los 50 años, e incluso tras varias décadas de matrimonio.

¿Qué lleva a esposos que han compartido buena parte de su vida a decidir poner fin a su relación? El creciente divorcio en la tercera edad responde a una combinación de expectativas, cambios personales y desafíos propios de esta etapa. A continuación, compartimos algunos de los hallazgos más relevantes presentados por Angelus News.

Las cifras del divorcio en la tercera edad

Un informe del Instituto de Estudios sobre la Familia de 2025 calcula ahora que la tasa de fracaso de los primeros matrimonios es del 40 % —lo que, de hecho, supone una mejora con respecto a años anteriores— y los matrimonios de principios del siglo XXI ya están durando más que los de la generación anterior.

Sin embargo, hay un grupo que sigue siendo la excepción.

Las parejas estadounidenses mayores de 50 años se divorcian al doble de la tasa registrada en 1990, y las tasas de divorcio entre los estadounidenses mayores de 65 años se han triplicado. En 2019, alrededor del 36 % de todos los divorcios afectaban a personas de 50 años o más. Esa cifra, por ahora, se mantiene estable.

En su libro “Generaciones: Las verdaderas diferencias entre la Generación Z, los millennials, la Generación X, los baby boomers y la generación silenciosa, y lo que significan para el futuro de Estados Unidos” (Atria Books), la psicóloga Jean Twenge especula que el aumento de la tasa de divorcios entre los baby boomers está relacionado con su convicción de que el matrimonio debe ir “más allá del deber para satisfacer las más altas expectativas de placer sexual y de compañía”.

Dejando a un lado los problemas graves —el maltrato, la coacción, una unión contraída sin verdadera libertad—, muchos deciden poner fin a su relación cuando el matrimonio no alcanza ese alto nivel de exigencia, a veces tras décadas de mala comunicación y distanciamiento.

Y, tal y como analizó recientemente “The Wall Street Journal”, el coste del divorcio a partir de los 50 años es elevado: la reducción del nivel de vida y el reparto de los bienes dejan a muchos en una situación peor, al igual que el deterioro de las relaciones sociales y la pérdida de una pareja con la que afrontar el deterioro de la salud y el envejecimiento.

Aunque el divorcio suele presentarse como una decisión personal, los estudios en ciencias sociales son claros: sus efectos se prolongan a lo largo de varias generaciones, afectando tanto a los hijos como a los nietos que ni siquiera habían nacido en el momento de la separación.

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Foto: magnific

¿Qué lleva a algunas parejas a divorciarse después de los 50 años?

No existe una única respuesta. Expertos consultados por Angelus News señalan que, además de los problemas graves que pueden afectar cualquier matrimonio, existen cambios propios de esta etapa de la vida que ponen a prueba la relación.

1. El síndrome del nido vacío

Uno de los factores más frecuentes es el síndrome del nido vacío. Cuando el hijo más pequeño se va de casa, a muchas parejas les cuesta recuperar el equilibrio como marido y mujer.

Si deseas conocer más sobre esta etapa, te invitamos a leer nuestro artículo sobre cómo afrontar el síndrome del nido vacío.

2. Descuido de la relación de pareja

El padre Jack Dickinson, vicario judicial de la diócesis de Portland (Maine), advierte que incluso la alegría de criar a los hijos puede hacer que los esposos concentren toda su atención en ellos y dejen en un segundo plano su matrimonio.

Precisamente por eso, en LaFamilia.info hemos abordado este desafío en el artículo “La etapa más retadora del matrimonio: cuando los hijos son pequeños”, donde explicamos por qué cuidar la relación durante los años de crianza puede marcar la diferencia cuando los hijos crecen y comienza una nueva etapa para la pareja.

Como párroco y especialista en derecho canónico, Dickinson acompaña tanto a novios que se preparan para el matrimonio como a personas que solicitan una declaración de nulidad.

Su consejo es claro: “Insisto en la necesidad de que las parejas antepongan su relación con Dios y cuiden su matrimonio por encima de otras obligaciones, incluidas las profesionales. Así crean el espacio necesario para conocer y amar a su cónyuge, y para ser conocidos y amados por él o ella.”

En esa misma línea, Ester Munt-Brooks, conferencista católica de Faith with Joy Talks, destaca que una de las claves para un matrimonio duradero es conservar la amistad y la curiosidad por el otro.

Ella y su marido, Arthur Brooks, profesor de Harvard y autor de varios libros sobre felicidad, llevan décadas dirigiendo programas de preparación y acompañamiento matrimonial. Según Munt-Brooks, nunca se deja de conocer al cónyuge:

“Siempre hay más cosas que puedes llegar a saber sobre la otra persona. Cuando nos sentimos cómodos, damos por sentadas ciertas cosas de nuestro cónyuge. Pero deberíamos seguir haciéndonos preguntas: ¿Por qué hace esto? ¿Qué está viviendo? ¿Qué siente?”

Mantener esa curiosidad y cultivar la amistad ayuda a que el matrimonio siga fortaleciéndose con el paso de los años.

3. Los cambios físicos y emocionales

La salud también puede convertirse en un desafío para la vida matrimonial. Caroline Gindhart, enfermera especializada en salud de la mujer, explica que la perimenopausia y la menopausia pueden traer sofocos, insomnio, cambios de humor, aumento de peso, dolor durante las relaciones sexuales y disminución del deseo.

Todo ello puede afectar la comunicación, la intimidad y la estabilidad emocional de la pareja, precisamente en una etapa en la que ambos están redefiniendo su identidad y su proyecto de vida.

4. La jubilación y la búsqueda de un nuevo propósito

Otro momento de transición llega con la jubilación. Al dejar de trabajar, muchas personas descubren que no solo han perdido una ocupación, sino también una parte importante de su identidad, su rutina y su sentido de pertenencia.

La escritora Allison Beauparlant resume este proceso con una reflexión: “Cuando llegas a los cuarenta o cincuenta años, empiezas a preguntarte: ‘¿Qué es mi vida? ¿Esto es todo lo que hay?'”

Estas preguntas pueden convertirse en una oportunidad para crecer juntos, pero también pueden generar tensiones si la pareja no afronta unida esta nueva etapa.

Conclusión

Aunque cada historia de matrimonio es única, estos datos recuerdan la importancia de cuidar la relación de pareja en todas las etapas de la vida. La comunicación, la amistad, la vida espiritual compartida y la decisión de seguir conociéndose mutuamente pueden marcar la diferencia cuando llegan los cambios propios del paso de los años.

Al fin y al cabo, un matrimonio no se fortalece solo en los grandes momentos, sino también en las pequeñas decisiones de amor, escucha y entrega que se renuevan cada día.

*Redacción LaFamilia.info con información de Angelus News – Omnes 

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