El matrimonio es la unión de dos personas que, para crecer juntas, deben aprender a perdonar. Como se dice con sabiduría: “El matrimonio consta de dos buenos perdonadores”. Pero, ¿por qué a veces nos cuesta tanto perdonar a quien más amamos? ¿Por qué nuestra peor versión suele manifestarse en casa?
Sanando heridas para poder perdonar
Las heridas interiores muchas veces nos impiden perdonar. El perdón no es un sentimiento, es una decisión que requiere voluntad. Si lo basamos en emociones volátiles, nos traicionarán.
Las heridas necesitan tiempo para sanar. Nuestra psicología es como una cebolla, con múltiples capas que requieren ser descubiertas y sanadas. El perdón no ocurre de la noche a la mañana, Es un proceso que demanda paciencia.
Un paso concreto es transformar la herida en compasión y la ofensa en intercesión: orar por quien nos ha lastimado ya es un acto de perdón, aunque el dolor persista.
La fragilidad en la cultura actual y el desafío de amar con libertad
Vivimos en una cultura narcisista que genera personas “de cristal”, frágiles y débiles, con poca capacidad para sobrellevar las diferencias. Una madurez afectiva nos ayuda a no escandalizarnos ante la debilidad del otro ni a ofendernos fácilmente. ¿Por qué tenemos tantas expectativas sobre los demás? Aceptar al otro implica renunciar a la pretensión de que sea como yo quiero.
Claves del perdón en el matrimonio
Humildad como camino del perdón: El orgullo nos ciega y nos impide ver la fragilidad del otro. Nos encierra en el “yo”. Ser humildes nos abre a la verdad y al amor.
Conocimiento de uno mismo: Solo a la luz de Cristo nos conocemos realmente. Sin Dios, el autoconocimiento puede llevar a la soberbia o la desesperanza.
Convicción de que Dios ha entrelazado nuestras vidas: El matrimonio es un camino de santidad alimentado por la gracia del sacramento.
Olvido de uno mismo: La familia es el mejor lugar para ejercitar este olvido. Mi cónyuge tiene los defectos y virtudes que necesito para ser santo. Correr acompañado es más lento, pero se llegas más lejos.
Firmeza en los ideales y paciencia en la práctica: Corregir desde el amor y no desde el orgullo herido. San Agustín lo decía bien: “Ama al delincuente, odia el delito”.
“Si llevas cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir?” No usar los errores pasados como munición contra el otro.
Sanar las heridas con amor: Lo que realmente nos sana es vivir intensamente el presente en reparación de amor, haciendo actos de amor al otro.
Pedir ayuda cuando sea necesario: A veces, solos no podemos. El perdón es un proceso que puede necesitar acompañamiento.
El matrimonio es una escuela de amor donde aprender a perdonar es clave para crecer en unidad y libertad. No dejes que el rencor apague el amor. Hoy, da el primer paso y permite que Dios transforme tu corazón.
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María Fabiana Casteigts
Coach profesional, Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Magister en Matrimonio y Familia, con más de 20 años de experiencia en liderazgo, comunicación y acompañamiento de personas y equipos. Ha desarrollado programas de formación para padres y acompaña procesos de crecimiento personal, familiar y espiritual desde una visión integral de la persona. Linkedin


