El corazón de la sociedad, es decir la familia, está sufriendo un deterioro que es patente. Por ejemplo, hay mucho miedo al compromiso o al fracaso para contraer matrimonio, aumentan las separaciones y divorcios, se confunde amor con el sentimiento o lo más grave la secularización, de modo que las personas que desean formar una familia no tienen convenciones firmes y se encuentran lejos de Dios, siendo el matrimonio un sacramento de la Iglesia Católica.
También influye en la crisis de la sociedad y en la familia, el individualismo que favorece personas egoístas que solo se preocupan de sus cosas y se siente ajeno a las necesidades de los demás. Además, las personas que componen la familia y en especial el matrimonio están influidos también por el materialismo consumista o el emotivismo (actuar de acuerdo con las emociones y sentimientos).
Un egoísta no puede amar, porque amar supone entrega, darse, sacrificarse sin límites por la persona amada. Recordemos que «La necesidad más profunda del ser humano es amar y sentirse amado». Esta frase la he leído en bastantes libros y documentos, además de ser una experiencia universal. Me gusta decir que para ser feliz hace falta: saber amar, sentirse amado y tener un proyecto claro de vida.
En esta situación, me parece necesario hablar, escribir y dedicar tiempo a tratar de ayudar a resolver los problemas que se plantean a las familias. Mi experiencia es que generalmente falta formación, ideas, argumentos, etc. En este sentido procuro conocer y difundir algunas web o blog que tratan de esos temas de manera positiva. Hoy quiero presentarte un blog, que he conocido recientemente y que me ha encantado. Su autora es María José Calvo y su título es Optimistas Educando y Amando.
En su presentación se indica que es necesario tener un «norte» que guíe y oriente, a modo de «estrella polar», con unos principios y unos valores humanos nobles, que podemos hacer vida, seduciendo con su belleza, y disfrutando del tiempo en familia.
Mi tema favorito es el de una familia optimista, también en el sentido de excelente. Porque lo mejor es lo más propio de la persona. Hace falta apuntar alto para movilizar energías, poniendo el corazón. Además, cada persona encierra en su interior unas posibilidades y capacidades enormes, pero hace falta ser buscadores de talentos, motivar, confiar, que se sientan muy queridos, y luego ir dando libertad para que se puedan desarrollar y puedan volar alto con esas virtualidades específicas.
El sentirse querido es como la “varita mágica” que estimula lo mejor de cada uno. Y en familia se crea un ambiente de confianza y libertad donde se forma cada persona, y donde se aprende a amar a los demás de forma natural.
Por eso, el “secreto” de la educación está especialmente en la armonía y cariño entre los padres, en pensar primero en el otro, en priorizar la relación, y también en manifestar la alegría del encuentro. Y ese cariño se desborda eficaz hacia los hijos, que se sentirán acogidos, valorados y muy queridos. ¡Felices! Y eso es lo que les permite desarrollarse bien y desplegar todo su potencial, concentrado desde el maravilloso momento de su concepción, con ese amor tan grande que los trae a la vida.
Escribo en este blog, dice María José, por este motivo: ayudar a otras familias en el arte de educar a sus hijos, y especialmente en el arte de quererse cada día mejor, disfrutando. Porque todo lo que se hace bien conlleva alegría y un disfrute de la vida, por ser algo único y muy valioso. Y el optimismo y el entusiasmo, junto con la afectividad y el corazón, me parecen fundamentales en las relaciones personales. Nos ayudan a querer.
José Miguel Ponce
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José Miguel Ponce
Nació en Sevilla, España. Profesor universitario y Mentor. Especialista en Marketing y Gestión de Servicios, Calidad de Servicio, Marketing Financiero, el Marketing de ideas, valores y estilos de vida. «Estoy convencido de que la necesidad más profunda del ser humano es querer y sentirse querido»