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Marzo: mes de la Misericordia

“Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso. Así glosa la caridad San Pablo en su canto a esa virtud: la caridad es sufrida, bienhechora; la caridad no tiene envidia, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se huelga de la injusticia, se complace en la verdad; a todo se acomoda, cree en todo, todo lo espera y lo soporta todo”. San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, Punto 232.

La misericordia como palabra clave en este mes de marzo implica vivir en carne propia lo que significa el pensar en los demás. Somos egocéntricos por nacimiento y continuamos siendo el centro de atención en todos los espacios de nuestra vida. Estamos tan centrados en nosotros mismos que no vemos más allá, que no sentimos el dolor del otro.

Estamos tan insensibles que no nos preocupa cómo se sienten las personas que están a nuestro alrededor. A veces está tan cerca la necesidad que no la sentimos porque no la vivimos directamente. Esa situación difícil puede estar en la vida de un amigo, de un hermano, de un compañero de estudio o de trabajo y no nos sentimos tocados con ese dolor porque esta sensibilización no se hará presente sino vivimos ni conocemos de la misericordia.

Estamos llenos de noticias cada vez más tristes por causa de la falta de conciencia en el actuar, al colmo de estar atentando contra nosotros mismos al descuidar el medio ambiente. Al no tomar conciencia de nuestras acciones y dejar a la deriva el timón de nuestra propia vida, nos dejamos llevar por la vida mundana, la de “pasarla bien”, sin reconocer que otras personas pueden estar necesitándonos. No hablo de una necesidad material porque muchas veces se alivian más las penas con un soporte de calidez, de alegría, de compañía y de buen consejo.

Para el papa Francisco (qepd), la misericordia no es una palabra abstracta, sino un rostro para reconocer, contemplar y servir. Y así lo manifestó en la Bula de la Misericordia con la que convoca al Jubileo: “Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios. Nada en Él es falto de compasión”.

Jesús es ejemplo de vida, de acción bondadosa, de edificar en el bien, de emprender tareas en pro de los demás, de hasta sacrificar su vida por nosotros. Cuántos de nosotros nos sacrificamos en nuestro hogar, en el trabajo, en la vida cotidiana, entendiendo el sacrificio como ofrecernos a los demás para lograr su bienestar, en el dedicarnos a dar lo mejor de nosotros por aquellos seres queridos y las personas que nos necesitan.

Hemos venido al mundo para construir y la mejor manera de hacerlo es brindando una mano amiga, reconociendo la belleza y la perfección en el otro. Descubriendo que somos los llamados a desarrollar acciones sencillas como saludar, escuchar, comprender, reconocer, ayudar, compartir.

No es fácil emprender esta tarea de abrir nuestro corazón a la bondad, a la piedad, a la compasión. Somos en muchas ocasiones muy críticos con los demás, muy duros cuestionándolos o juzgándolos y los actos de misericordia implican ponerse en el lugar del otro también para entenderlos. Sólo así podremos lograr que las acciones que tenemos pensadas realizar verdaderamente estén enfocadas a hacerlas de corazón, no por cumplir un deber como cristianos, sino por sentir realmente que es importante crecer en el hacer para ganarse el cielo, cara a Dios, para construir un mundo realmente humano.

Para tal fin debemos estar llamados a la benevolencia, a la generosidad, a la caridad, para hacer el bien sin mirar a quien; para estrechar lazos eternos con Dios por hacer lo que nos corresponde en el trabajo, en el hogar, con los hijos, el conyugue, los familiares, los amigos, los vecinos.

La misericordia comienza en nosotros, con nosotros y se proyecta a los demás. Pues será arduo dar de lo que no tenemos. Comencemos con actos de misericordia y de agradecimiento con lo que tenemos y hemos conseguido día a día; con amar a la familia y reconocerlos como los seres más importantes en nuestro proyecto de vida; valoremos todos los dones que tenemos y a las personas que nos rodean. Si hacemos esto como hábito de vida, será más llevadero emprender actos de misericordia hacia los demás.

Una forma tangible y real es tener presente las obras de misericordia, y más en este tiempo que coincide con la preparación para vivir la Semana Santa.

  • Obras de misericordia corporales: visitar a los enfermos; dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; dar posada al peregrino; vestir al desnudo; visitar a los presos; enterrar a los difuntos
  • Obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que se equivoca; perdonar al que nos ofende; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos del prójimo; rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

En marzo luchemos por dar un poco más de nosotros mismos, escuchando, valorando, ayudando, bendiciendo y agradeciendo a Dios a cada instante por todo lo recibido y por lo que podemos compartir con los demás.

 

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Vivian Forero Besil

Especialista en Pedagogía e Investigación en el aula, Gerencia de Instituciones Educativas. Licenciada en Educación Básica. Con amplia experiencia en docencia y formación. Felizmente casada y madre de un adolescente. Creadora de contenido en las redes sociales con mensajes positivos y motivadores a través de Tiktok e Instagram: @Santa_Pureza. vivian_forero@hotmail.com

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