“De los niños del mundo, siempre amigos” es el lema de uno de los movimientos más significativos y fecundos de la Iglesia Católica: la Infancia Misionera.
En el territorio de la Diócesis de Santa Marta, específicamente en el departamento del Magdalena, este movimiento hace presencia en varios municipios, gracias al acompañamiento cercano y constante de las Hermanas Filipenses, verdaderas animadoras y sembradoras de esperanza en estas comunidades.
La Infancia Misionera en esta región tiene una particularidad que llama profundamente la atención: su presencia viva y comprometida en zonas rurales ribereñas del río Magdalena. Allí, donde muchas veces se piensa que no llega nadie, la Iglesia camina con los niños.
Con frecuencia se señala a la Iglesia por una supuesta ausencia en los territorios rurales, acusándola de indiferencia o de centrar su acción únicamente en las grandes ciudades. Sin embargo, esta realidad concreta derriba ese argumento y muestra una Iglesia cercana, encarnada y misionera.
Por eso, para mí, los niños de la Infancia Misionera son verdaderos pequeños gigantes. Lo son porque desafían las difíciles condiciones de su entorno: caminos de herradura, largas distancias para llegar a los encuentros, y los riesgos propios de territorios apartados. Aun así, caminan con alegría y entusiasmo.
Son pequeños gigantes porque en su interior están sembrando valores y principios sólidos que, con el tiempo, los convertirán en personas capaces de transformar positivamente la sociedad en la que vivirán.
Son pequeños gigantes porque aprenden que, incluso si en algún momento se extravían del camino, siempre existe la posibilidad de retomarlo con esperanza y sentido.
Son pequeños gigantes porque cultivan desde ahora una vida abierta a la vocación, dando significado al estado de vida al que Dios los llame.
Son pequeños gigantes en la entrega generosa de su tiempo, de su infancia y de su vida, transmitiendo esperanza desde el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
Son pequeños gigantes porque, con su testimonio sencillo, recuerdan a quienes se creen sabios y entendidos el peligro de aburguesarse y perder de vista lo esencial.
Mucho más podría decirse de este movimiento; este escrito apenas alcanza a rozar su riqueza. Lo verdaderamente importante es que la Infancia Misionera garantiza la continuidad de la fe en nuestros pueblos y regiones, sembrando hoy lo que dará fruto mañana.
Mi gratitud profunda a las Hermanas Filipenses por el inmenso bien que realizan a través de su servicio generoso, reflejado en estos niños y en sus familias.
Como bien lo dijo nuestro Señor en el Evangelio: “Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 19,14).
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Jesús Morales Pérez
Ayudo a jóvenes, adultos y familias a transformar sus desafíos emocionales en crecimiento personal. Psicólogo clínico, orientador familiar y conferencista. Autor del libro La fuerza de lo sencillo


