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La forma en que te tratas también educa a tus hijos

Cuando pensamos en la educación de los hijos solemos pensar en lo que les decimos. Les enseñamos a ser respetuosos, a decir la verdad, a pedir perdón, a ser agradecidos y a tratar bien a los demás.

Sin embargo, hay una lección que aprenden mucho antes que cualquier consejo: observan cómo nos tratamos a nosotras mismas. Una madre puede decirle a su hija que es valiosa, pero si constantemente se critica frente al espejo, minimiza sus logros o se exige hasta el agotamiento, el mensaje que realmente está transmitiendo es otro.

Los hijos aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Por eso, hablar de amor propio no es hablar únicamente de bienestar personal. También es hablar del ejemplo que damos en nuestra casa.

Muchas mujeres crecieron creyendo que una buena madre es aquella que siempre está disponible para todos. La que resuelve, organiza, acompaña y sostiene. Y aunque la entrega forma parte del amor, existe una diferencia importante entre servir y olvidarse de sí misma.

Con el tiempo, algunas mujeres se acostumbran tanto a atender las necesidades de los demás que dejan de preguntarse qué necesitan ellas. Se pospone el descanso, se aplaza una cita médica, se normaliza el cansancio y, casi sin darse cuenta, la propia vida empieza a quedar en segundo plano.

La psiquiatra Marian Rojas explica que el estrés sostenido afecta nuestra capacidad para disfrutar, conectar emocionalmente y vivir el presente. Cuando una persona vive constantemente en modo supervivencia, le resulta mucho más difícil experimentar calma, gratitud y bienestar.

Por eso cuidarte no es un lujo, es una necesidad humana. Una mamá que se trata con respeto también enseña respeto, que pone límites saludables enseña límites saludables, que reconoce sus errores sin destruirse emocionalmente enseña compasión. Una mamá que entiende que no tiene que ser perfecta, transmite a sus hijos una de las lecciones más importantes de la vida: el valor de aceptarse con humanidad.

Una herramienta para poner en práctica

Esta semana presta atención a tu diálogo interno.

Cada vez que te descubras pensando algo como:

“Soy muy mala en mi trabajo.”

“No estoy haciendo suficiente.”

“No puedo equivocarme.”

Detente y pregúntate:

¿Le hablaría así a una hija, a una amiga o a alguien que amo profundamente?

Si la respuesta es no, intenta reformular esa frase con más comprensión y realismo.

La manera en que te hablas influye mucho más de lo que imaginas en tu bienestar emocional.

Recomendación de la semana

Libro: Cómo hacer que te pasen cosas buenas, de Marian Rojas Estapé.

Es una lectura sencilla y cercana que ayuda a comprender cómo nuestros pensamientos, emociones y hábitos influyen en nuestra calidad de vida. Además, ofrece herramientas prácticas para gestionar mejor el estrés y cultivar una mayor paz interior.

Para reflexionar

Tus hijos no necesitan una mamá perfecta. Necesitan una mamá que les enseñe con su ejemplo, que una persona puede cuidarse, respetarse y valorarse mientras sigue amando profundamente a los demás.

***

Marcela Londoño Jaramillo

Life Coach, mentora y consultora del Instituto Latinoamericano de Liderazgo.
Esposa, Mamá de 3, administradora.
@marcela.lifecoach

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