Tengo un hijo de la generación NiNi. Ni estudia, Ni trabaja

 
Colaboración Francisco Gras – micumbre.com
 
 
Foto: Freepik 
 
 

Los jóvenes de la generación NiNi, salvo lamentables excepciones, son un grupo social con edades entre los 18 y los 30 años, que viven mantenidos en la casa de sus padres y que justifica su existencia, pasando los días sin hacer nada. Ni trabajan. Ni estudian, ni buscan trabajo y ven llegar su incierto futuro, entre la indolencia y el conformismo. La mayoría son jóvenes inmaduros, neo adolescentes que no tienen esperanza de nada, ni un proyecto de vida que les ilusione, aunque se crean felices y privilegiados por no hacer nada, se han convertido en esclavos de su propia vagancia. Algunos jóvenes se auto engañan haciendo como que estudian o como que trabajan, cuando solamente emplean el 10% de su capacidad.

 

Son las secuelas demoledoras de una década prodigiosa de consumismo y despilfarro a nivel económico y de haberles consentido en muchos vicios, como el hedonismo y el vivir aquí y ahora. Si hasta la fecha se han librado de tener que hacer esfuerzos y sacrificios, tarde o temprano tendrán que pagar el precio. Los hijos NiNi llevan una vida disfuncional y antisocial. Suelen ser maleducados y arrogantes, cuya energía y objetivos están encaminados únicamente al sexo, al hedonismo, al yo primero, al todo vale y al aquí y ahora. El ocio es la madre de todos los vicios.

 

Fenómeno social

 

La generación NiNi es un fenómeno social que hasta ahora se estimaba minoritario en algunos países. En otros no existe este fenómeno porque los hijos cuando llegan a los 18 años se emancipan o les emancipan sus padres. Se independizan de la casa familiar, dedicándose a estudiar o a trabajar. Han surgido los NiNi por la ausencia de la enseñanza de los padres, de las virtudes y valores humanos, que promueven el sacrificio que supone el trabajo, el estudio y la vida ordenada. La mayoría de ellos, han sido mimados en su infancia y criticados en la pubertad. No son correctas sus alegaciones, de que mantienen esa actitud por el alto desempleo que hay, que los estudios y los trabajos, son cada vez más competitivos y que es mucho más fácil y gratificante, la deserción escolar y el hacer el vago en casa. Que se dejan llevar por los bombardeos de consumismo que les llegan de todas partes, con invitaciones para comprar continuamente, la tolerancia a su forma de vida que les han regalado sus padres, la ausencia de los padres que no han estado, cuándo y dónde los han necesitado, el soborno de sus padres con regalos y dádivas, la lealtad que ellos tenían que haber dado gratuitamente y con agradecimiento.

 

Peligros latentes

 

Los jóvenes NiNi tienen el riesgo de ser presa muy fácil de pandillas, narcotraficantes y demás gente de mal vivir. Tienen mucho tiempo libre y necesitan dinero, para mantener el ocio continuo de sus vidas, circunstancias que atraen a los que para sus fechorías, buscan mano de obra barata, abundante, sin prejuicios, ni valores. Los jóvenes NiNi son una generación fracasada y encaminada a caer en el mundo de las drogas, el sexo prematuro, el dinero fácil, etc. Es más fácil encontrar cómplices en ese grupo, que en el de los que dedican su vida al esfuerzo del trabajo y del estudio.

 

La ausencia del conocimiento y práctica de las virtudes y valores humanos, relacionada con el estudio y con el trabajo, les hacen mucho más vulnerables hacia los embates malignos de la sociedad, como son el consumo de drogas, alcohol, el sexo fuera del matrimonio, el homosexualismo por dinero, etc. Muchos de ellos, entran en las estadísticas de los embarazos no deseados, al no respetar sus relaciones amistosas. No es solamente el que estén desorientados, es que la mayoría de estos hijos, no han tenido, ni tienen, una brújula que les guíe.

 

Responsabilidad de los padres

 

Los padres tienen que decir en algún momento un “hasta aquí hemos llegado”. Estudias o trabajas, o las dos cosas a la vez, o te vas de la casa. Los hijos tendrán que cambiar de actitud o asumirán, que tienen que buscar otra forma de vivir fuera del hogar familiar. Si no se marchan de la casa, conducirán a sus padres hacia la bancarrota. Aunque algunas veces, a los padres les es mas cómodo pensar a corto plazo, que a largo plazo, en sus concesiones familiares y económicas. No es la solución mirar para otro lado, cuando ven el tipo de vida que llevan. Tienen que enfrentarse a la cruel realidad, que muchas veces, es el resultado de haber consentido que los hijos vayan ganado terreno poco a poco, en ese camino hacia el desorden de sus vidas. Si los hijos NiNi tienen hermanos menores, es un ejemplo muy pernicioso el que les ofrecen, dándoles falsas expectativas sobre lo que es el sacrificio y los beneficios del estudio y del trabajo.

 

Es muy difícil para los padres oponerse a esa situación, pues a lo mejor les recuerdan el abandono que les han tenido, al no haberse ocupado de los hijos y les han consentido todo lo que querían. Nunca es tarde para sentarse a dialogar y negociar con los hijos, su actitud presente y futura. Más vale hacerlo pronto y bien que tarde y mal. Cuando más tiempo estén los hijos NiNi sin estudiar ni trabajar, antes llegarán a acostumbrase y después, será más difícil que les apetezca cambiar.

 

Algunos padres incluso derrochan el dinero de sus ahorros, conseguido durante muchos años y guardado para posibles emergencias o para su jubilación, manteniendo a sus hijos sin estudiar, ni trabajar. Se olvidan de que cuando surja algún problema grave, van a ser los mimos hijos, los que van a pretender que los padres sean los que les resuelvan sus problemas, además de que posiblemente, les echen en cara que su situación, ya irreversible, se la deben a ellos. Muchas veces los padres prefieren no enfrentarse con sus hijos NiNi, porque están muy ocupados en sus trabajos, para acumular riquezas y prefieren comprar con dinero sus ausencias del hogar familiar, dándoles a los hijos lo que les pidan y consintiéndoles hacer lo que quieren. El dios falso del tener y del poder, castiga a los hijos, con la ausencia de los padres.

 

Los hijos NiNi convierten el domicilio familiar en una especie de hotel. Otras generaciones, ni se permitían el lujo de plantear a los padres que no querían seguir estudiando, ni ir a trabajar. Había unas normas no negociables, donde todos tenían que hacer el máximo esfuerzo, para cumplirlas en el presente, de forma que pudieran estar preparados para el futuro.

 

Es muy difícil para los jóvenes NiNi iniciar y mantener un noviazgo serio, que les pueda conducir a un feliz matrimonio, ya que no tienen nada que ofrecer a su pareja y tienen que saber, que después de pasados los primeros momentos del noviazgo o del matrimonio, al llegar a la cruda realidad de la vida cotidiana, las posibilidades de ruptura son muy elevadas. Su pareja les verá como seres carentes de personalidad, voluntad y firmeza, para enfrentarse a las situaciones que una vida normal les pide. Tampoco podrán alegar a su favor ninguna circunstancia atenuante, ni dirimente, que les impida enfrentarse al hecho de tener que estudiar o trabajar, para después poder compartir su vida futura con otra persona. Es casi seguro que se quedarán descalificados, para mantener unas relaciones de noviazgo o matrimonio dignos y duraderos y entrarán a formar parte, de la enorme cantidad de matrimonios divorciados, por culpa de la falta de dinero o de no querer esforzarse y poner los medios para conseguirlo. Es casi imposible que puedan formalizar una familia, si no tienen bien afianzadas las virtudes del estudio y del trabajo.

 

Incluso si encuentran un trabajo, cosa muy difícil al tener que pasar por una selección, que prácticamente les descarta por su indolencia, ya que las empresas siempre están interesadas para seleccionar a los candidatos en función, entre otras cosas, de conocer lo que han hecho estos durante su tiempo libre, es decir fuera del tiempo dedicado a sus obligaciones normales de formación. Ese vacío de actividades es el que, seguramente les eliminará como candidatos. También tendrán que hacer los hijos NiNi un esfuerzo extraordinario, para poder adaptarse a la disciplina que supone la aceptación de las órdenes y la obediencia a los superiores, así como al orden en los estudios, cuando decidan volver a empezarlos.

 

Los hijos NiNi son el fruto de décadas de crecimiento económico ininterrumpido, jamás conocidas, dentro de una gran abundancia de bienes materiales y consumismo voraz. Lo que han generado una educación muy permisiva, la práctica del esfuerzo mínimo para obtener todo lo que querían, e incluso cualquier capricho. No han aprendido a controlar sus apetencias, ni a mantener un equilibrio entre lo que son y lo que quieren ser. Los hijos NiNi han crecido sin raíces ni convicciones, porque lo han tenido todo sin hacer el mínimo esfuerzo. Se creen que han disfrutado de una infancia afortunada, sin darse cuenta que después de esa infancia, llega la juventud, la madurez y la vejez, a las que tienen que enfrentarse ya, bajo su propia responsabilidad. No se quieren dar cuenta que su generación, la primera desde hace muchos siglos, tendrá una calidad de vida inferior a la de sus padres, incluso sin haber tenido que vencer los obstáculos que tuvieron las generaciones precedentes.

 

Los padres originan hijos NiNi en algunas ocasiones, porque ambos trabajan mucho o porque quieren darles una mejor forma de vivir, que la que ellos tuvieron, y les rodearon de toda clase de comodidades, hasta convertirlos en las auténticas joyas de la casa, olvidando la virtud de la austeridad.

 

Los hijos NiNi, aunque aparentemente parecen felices, pues no pegan ni un palo al agua, viven sin ilusiones, están totalmente desanimados, incluso se dan cuenta de que no tienen esperanza de futuro, ni fe en sí mismos. Han abandonado la lucha por la vida, los estudios y el trabajo, no quieren crecer, ni esforzarse. Son la antítesis de la juventud triunfadora. Pero la sociedad en general, se da cuenta y les pasa la factura, arrinconándolos y despreciándolos.

 

Los padres de los hijos NiNi se desesperan, cuando se dan cuenta de su fracaso como educadores de sus hijos. Incluso no saben o no quieren saber, como resolver el problema, sin darse cuenta que cuanto más tarden en hacerlo, será más difícil obtener buenos resultados. Se tienen que enfrentar a las malas caras, cuando les proponen soluciones realistas, o simplemente la visita a profesionales, como son los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes o médicos, que les puedan ayudar a cambiar de actitud y volver a encontrar la ilusión de vivir.

 

Los hijos NiNi no quieren ni oír hablar de intentar cambiar, prefieren seguir haciendo lo que están haciendo, que es hacer nada, lo mismo que obtendrán en el futuro, nada. Les aterra escuchar la frase de: “El que no estudie o no trabaje, que no coma” y que alguien intente reconducirlos hacia unos horarios, obligaciones y pautas concretas de convivencia con la familia y la sociedad.

 

Los hijos NiNi, aunque se crean o sean inteligentes, poco a poco se van convirtiendo en jóvenes déspotas y tiranos con sus padres, hermanos y familiares. Acaban inhabilitados, marginados e inadaptados para la vida social y laboral.

 

Los padres suelen ser la causa principal de los problemas de inserción laboral y social de los hijos NiNi. Pero, ¿quién se ocupa de los padres? ¿Cuántos padres están dispuestos a cambiar de actitud, asistiendo a Escuelas para Padres o pidiendo consejos a los que tienen experiencia demostrada? También es cierto que muchos padres se encuentran solos, porque no piden ayuda y por lo tanto nadie les ayuda.

 

Padres: Negocien con mucha energía esta situación con sus hijos, antes de que se demasiado tarde para ellos y para ustedes. No se olviden que ellos se están condenando al fracaso familiar y social, y puede que les arrastren a ustedes. Arriésguense a asumir la impopularidad, de poner límites a sus hijos y a explicarles, que tienen que pensar en las graves consecuencias de su modelo de vida actual. Los padres son parte del problema y, por tanto, tienen obligación de ser parte de la solución, no dejársela solamente a los hijos para que decidan, si quieren o no mejorar su situación de hijos NiNi.

 

Colaboración de Francisco Gras –Blog Escuela para padres– para LaFamilia.info. 

¿Despenalizar la marihuana en Perú?

José Antonio Varela – Cortesía de Aleteia.org
19.05.2014

El debate sobre la despenalización de las drogas, específicamente de la marihuana, también llegó al Perú. Es un hecho que este debate en positivo no lo promueven los padres de familia ni los buenos amigos de los cerca de noventa mil adictos a este alucinógeno que hay en el país. Y según un reciente reporte de la organización Cedro, tampoco hay dudas al respecto: el 93% de peruanos está en contra de la legalización de las drogas. Entonces, ¿por qué alentarlo?

Las voces que se escuchan son de tipo liberal, con algún componente de consumidores por recreación que no llegan al 10% en las principales ciudades del país. Los argumentos, por lo tanto, varían entre quienes lo llevan al ámbito de la libertad y la moral personal, hasta quienes quieren tenerla a la mano para «relajarse», olvidarse unas horas de la migraña, o para potenciar ciertas actitudes para la vida social o los procesos creativos en el arte, por ejemplo.

Son estos argumentos sobre los que insiste una minoría, evadiendo la realidad de que la marihuana es más cancerígena que el tabaco, causa enfisemas pulmonares y es un agente que intoxica. O que los hijos de las adictas nacen con bajo peso y talla, y son propensos a enfermedades respiratorias e inmunológicas.

También olvidan que una droga en exceso fomenta desórdenes sociales como el robo y la criminalidad; estos últimos, debido a la relajación de la conciencia y de las percepciones sensoriales que se producen al fumarla.

Cifras que alarman

Según el sicólogo clínico Milton Rojas, quien es también especialista de Cedro, este tipo de medida puede “disparar” el número de adictos a cifras que impidan al mismo estado y a las organizaciones clínicas y terapéuticas, asumir miles de casos de dependencia que necesitarían rehabilitación.

Porque según Rojas, el 30% de los consumidores de marihuana consume otras drogas, lo que potencia los casos de psicosis y esquizofrenia en población joven. Además, el comercio se incrementará porque siempre habrá venta ilegal de droga que cruzará los límites de cualquier “legalidad”.

Debido a que la drogadicción es un problema de salud pública en el Perú (junto a otras enfermedades como la Tuberculosis y el Cólera, propias de países pobres), no creemos que exista un estado sensato en América Latina que vaya a abrirse un nuevo frente que atender –la drogodependencia–, con los escasos recursos con que se cuenta.

No bajar la guardia

Ante esto, Milton Rojas no ve una tendencia oficial de los gobiernos de turno ni de los organismos internacionales por promover una comercialización o venta libre que sea alentada por los estados.

Lo que hay más bien es una presión de algunos grupos organizados que, llevados por los casos de despenalización en otros países o estados norteamericanos -en algunos de estos por recreación-, piden en plazas y medios de comunicación el libre comercio de la droga para consumirla a su antojo.

Ante este panorama, convendría mirar a países como Holanda, pionero del consumo de marihuana en Coffee shops desde 1976, el cual desde 2004 aplica una legislación más estricta luego de reconocer ante el mundo que el uso de la marihuana no era tan inocua como se pregonaba.

Esto lo llevó en 2011 a clasificarla dentro de las llamadas «drogas duras», y a escuchar voces de alerta como la del Observatorio de Drogas de Europa, que ubica a Holanda en el primer lugar del número de adictos que solicitan tratamiento, con una cifra escalofriante de sesenta mil consumidores de droga.

Por otro lado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, ha informado que Holanda es el mayor productor en Europa de drogas sintéticas, el mayor cultivador de cannabis y la puerta de entrada para la cocaína, la heroína y el hachís a Europa.

Ante este panorama, los especialistas sugieren a los gobiernos latinoamericanos a no abandonar las políticas de prevención y erradicación de la droga, que en algunos casos viene trayendo resultados.

Cortesía de Aleteia.org para LaFamilia.info

Al colegio por primera vez: qué deben hacer los padres

LaFamilia.info
11.08.2014

 

Algunos niños viven este momento sin inconvenientes, se adaptan con facilidad a los cambios y disfrutan de su nuevo colegio. Otros en cambio, les cuesta este proceso y aunque ya cuenten con la experiencia del jardín infantil, la entrada al “colegio de grandes” les causa temor, angustia y ansiedad. En este caso la actitud de los padres es fundamental. Aquí les aconsejamos cómo actuar frente a esta situación.

 

Qué hacer

 

Adaptarse a los cambios, los lugares y las personas, son situaciones que se les presentará a los hijos continuamente en su futuro, por eso es importante enseñarles desde las primeras edades cómo afrontar estos escenarios. Estas son algunas sugerencias de lo que debe hacer.

 

Prepararlo. Aproveche las diferentes ocasiones que van surgiendo para explicarle las bondades del colegio, puede apoyarse en cuentos infantiles que tanto atraen a los pequeños.

 

Visitar la escuela antes del «gran día». Algunos colegios hacen actividades para los primerizos antes de comenzar el año escolar, con el fin de que los niños se conozcan y se familiaricen con el espacio. Si no existe esta posibilidad, entonces hágalo usted. Visiten juntos el colegio, muéstrele las instalaciones, conozcan los profesores y explíquele que podrá jugar y aprender con muchos amigos.

 

Ajustar los horarios a la nueva vida escolar. La jornada será más larga que la del jardín y por lo tanto habrá que hacer algunos ajustes en los horarios. Ir a la cama más temprano y levantarlo antes de lo habitual, puede ser una ayuda para aminorar el cambio. También los horarios de comidas deberán ser replanteados.

 

Acudir a las motivaciones. Se recomienda hacer partícipe al niño de la compra de los útiles escolares, la lonchera, la mochila, el uniforme. Déjelo que él elija y verá lo motivado que se sentirá.

 

Tomar de ejemplo a los hermanos. Cuando hay hermanos mayores este proceso puede ser más fácil, pues el niño ya está familiarizado con el tema y es muy posible que le anime el hecho de ser grande como su hermano.

 

Contarle su experiencia. Los padres son para los niños su principal referente, así que compártale su vivencia, cuéntele lo bueno que la pasaba y los amigos que aún conserva desde su época de estudio.

 

Qué NO hacer

 

Atemorizarlo con frases necias. No se le ocurra decirle al pequeño; “en el colegio no te seguirán los caprichos”, “cuando será que entras a la escuela para ver si te portas bien”. Por el contrario, estimúlelo con otros mensajes como “¡qué divertido será el colegio con tantos amigos!”, “¡qué suerte que ya seas mayor para ir al colegio!».

 

Dramatizar la despedida. Muchas veces los niños están emocionados por su ingreso a la escuela, pero los padres -sin quererlo- dramatizan demasiado de esta situación y lo único que logran es crearles inseguridades. Llenarlos de advertencias tampoco es conveniente.

 

Hacer comentarios negativos. No lo vea como una experiencia negativa porque así lo entenderá el pequeño. Muéstrese tranquilo, sereno, oculte los nervios y evite el llanto; mejor imprímale seguridad y fortaleza.

 

Acompañarlo más de la cuenta. Durante el primer día puede que sea necesario un poco de compañía, como por ejemplo llevarlo a su salón de clases y saludar a los compañeros y profesores; pero recuerde, es sólo un rato, no todo el tiempo.

 

Llegar tarde. Tardarse para llevar o buscar al niño en su primer día puede ser un mal precedente, esto le puede producir angustia y hasta sentimiento de abandono.

 

La forma como los padres afronten esta nueva experiencia, se verá reflejada en los pequeños, ellos aprenden por imitación y ejemplo. Si los padres le hacen una positiva sensibilización, además de una buena preparación, lo más seguro es que los primeros días de la vida escolar sean amables y alegres.

 

Más de este tema >

Ayudar en las tareas: ¿sí o no?

Por LaFamilia.info 

20142403fyc

¿Hasta dónde deben ayudar los padres en las labores escolares de sus hijos? ¿Deben limitarse a supervisar? ¿O deben dejar que los hijos se valgan por sí solos? Depende de varios factores.

La familia educa y el colegio la apoya

Por LaFamilia.info

20142001fycFoto: FreeImages

Frente a la formación humana de los hijos, ¿qué debe hacer el colegio y qué debe hacer la familia? La respuesta correcta sería: la familia hace todo y el colegio la acompaña en el proceso educativo de los hijos. Delegar la función paterna, es un error.

Cómo no enfrentarse al bullying

Aceprensa
11.11.2013

El suicidio de una chica en Florida después de haber sufrido bullying ha vuelto a abrir el debate sobre cómo tratar este problema, y si los actuales programas «anti-bullying» están bien planteados.

La consternación por el caso de Rebeca Sedwick, que solo tenía 12 años, ha provocado una ola de artículos en los principales medios norteamericanos. Muchos de ellos citan un reciente estudio sobre la influencia de distintas variables en el comportamiento de los “agresores”. Una de sus conclusiones es que los programas anti-bullying tienen una incidencia negativa: los alumnos que asisten a colegios donde se han llevado a cabo estos programas, tienden a sufrir más acoso que los que van a otros colegios.

Se podría pensar que esto se debe a que los colegios que optan por implementar estos programas lo hacen porque tienen un alumnado problemático (y por tanto más proclive al bullying), pero la muestra del estudio es suficientemente amplia y variada para desmentir esta hipótesis. Además, no es el primer estudio en obtener una conclusión parecida. En 2004 un equipo de investigadores publicó un meta-análisis de las investigaciones hechas sobre la influencia de los programas anti-bullying, y sus resultados fueron desalentadores: el 86% de estos programas no habían mejorado el ambiente, o incluso lo habían empeorado.

No criminalizar al acosador o a la escuela

Israel C. Kalman es un “psicólogo escolar” (en Estados Unidos forman un cuerpo especial) que ha trabajado durante más de 25 años en distintos colegios del distrito de Nueva York. Ha dedicado numerosos estudios y libros al tema del bullying.

En un ensayo publicado en la edición de junio de la revista International Journal on World Peace, Kalman argumenta que el fracaso de la mayor parte de los programas anti-bullying se debe, por un lado, a una especie de psicosis social que lleva frecuentemente a criminalizar indiscriminadamente conductas claramente acosadoras junto con otras propias de cualquier patio de colegio; por otro lado, y a consecuencia de lo anterior, se ha tratado el problema desde una perspectiva legalista más que psicológica: en vez de tratar de entender los problemas del acosador –y del acosado–, se refuerzan las medidas de seguridad, o se incita a los alumnos a denunciar cualquier tipo de “molestia”, instaurando un clima policial totalmente contraproducente.

Por otra parte, políticas como la del Departamento de Educación de no renovar las ayudas económicas a los colegios que no atiendan todas las demandas llevan a los centros a reforzar ese “estado policial”. Para Kalman, igual que el 11-S instauró un clima de psicosis en cuanto a la seguridad, la tragedia de Columbine –la masacre perpetrada por dos ex-acosados en un colegio en 1999– supuso el comienzo del enfoque criminalista del bullying. Se habla de criminales y víctimas, y se olvida que detrás de una conducta acosadora muchas veces hay un problema psicológico, o simplemente la típica relación entre adolescentes marcada por la popularidad.

Recuperar el sentido común

Según Kalman, la retórica en torno al bullying se ha desquiciado: como ejemplo cita la organización Bully Police USA, que presiona a los estados para que adopten leyes anti-bullying, y que en su web se refiere a los “matones” como “terroristas a pequeña escala”. Este tipo de descripciones, donde se demoniza a los “acosadores” –como si fuera su profesión estable–, esconde según Kalman un desconocimiento del problema (u otro tipo de intereses: por ejemplo, en la web mencionada se venden todo tipo de libros sobre el tema, además de una pulsera con mensaje). En la realidad, aunque a veces hay perfiles patológicos de violencia compulsiva, muchas otras veces la frontera entre los que abusan y los que reciben abusos es bastante permeable.

Otro problema es la propia definición de bullying. Se toma como referencia los estudios de Dan Olweus, catedrático de psicología e inventor del término. Según Kalman, para Olweus puede ser bullying cualquier conducta que moleste a otro, incluso “negarse a satisfacer sus deseos”.

A base de insistir en que la violencia puede ser también verbal, se incita a los niños a denunciar como acosadoras conductas que no pasan de ser la normal competencia en el aula: “El enfoque legal es necesario para enfrentarse a delitos como el robo, la violación o el asesinato. Pero la mayoría de los actos que calificamos como bullying no son actos delictivos. Son comportamientos cotidianos que ocurren en casi cualquier grupo: insultos, críticas, rumores, exclusión social”. De hecho, recuerda Kalman, muchos psicólogos explican que pasar por este tipo de experiencias desagradables es una piedra de toque para el desarrollo de una personalidad madura.

Kalman propone volver a tratar este problema como corresponde: a través de la psicología, que muchas veces consistirá en una charla de los padres con el niño molestado para hacerle ver cómo puede aprender de la situación y ayudarle a quitar hierro al asunto. En caso de que el problema sea realmente serio, la psicología debe encargarse de diagnosticar el trastorno de conducta que corresponda, con un nombre más preciso y científico que el de bullying.

En cualquier caso, la solución no pasa por declarar una epidemia nacional que no se corresponde con los hechos, ni en convertir las escuelas en pequeños estados policiales donde, eso sí, se colocan un par de carteles anti-bullying con caras sonrientes.

Más de este tema:
Ciberbullying: el acoso también en la red
La dura realidad de la intimidación escolar

Qué deben hacer los papás durante el año escolar

Por LaFamilia.info
 

 

Así como los profesores y alumnos están llamados a asumir unos deberes, los padres también deben tomar parte activa en la vida escolar de los hijos. Este tema es de vital importancia si lo que se pretende es educar a los hijos de forma integral, logrando un trabajo conjunto entre la escuela y la familia.

Los niños y las niñas no aprenden de igual manera

Por LaFamilia.info 

20122603fycFoto: FreeImages 

La ciencia ha comprobado que el cerebro masculino difiere claramente del femenino, lo que conlleva a que las condiciones del aprendizaje también sean particulares en cada sexo. No obstante, algunos educadores y colegios exigen por igual a niños y niñas sin percatarse de sus diferencias innatas.